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Interior de la cúpula del Santuario de Atotonilco./ FOTO: Eugenio Amézquita Velasco
Eugenio Amézquita

ATOTONILCO, GTO.- "Hablar de Atotonilco es hablar de la Gloria de Dios que se hizo piedra", reconoce el Pbro. Fernando Manríquez Cortés, párroco de la Parroquia Jesús Nazareno, que tiene su templo en el Santuario de Atotonilco.


Señala que "Todos sabemos que un patrimonio es el conjunto de bienes adquiridos por herencia familiar y otro origen. Pero le llamamos de la humanidad a los monumentos, espacios naturales, ciudades, etc., considerados de tan gran valor que son reconocidos y se sujetan a un régimen especial para preservarlos como un tesoro incalculable".


"-Hablar de Atotonilco es hablar de la Gloria de Dios que se hizo piedra, pintura mural, escultura y cuadros de caballete en el proyecto del Padre Alfaro que fue la niña de sus ojos en los 36 años de plenitud de su vida después de los 11 años que dejó en San Miguel el Grande (son obra suya la iglesia de Nuestra Señora de la Salud, la"poética y pequeña Capilla del Calvario al terminar una cuesta", comenta el P. Bravo Ugarte S.J.)."


"-Hablar de Atotonilco es siempre gratificante. A diario escucho comentarios de toda clase de personas que, admiradas, expresan la belleza de este espacio creado para el pueblo de Dios y para todas las personas que pueden sentir el gozo de aquello que define Santo Tomás como esplendor de la forma y más concretamente del arte como creación del hombre que hace resplandecer su idea a través de la materia; y lo más hermoso que ese esplendor siga deslumbrando hoy y siempre a las siguientes generaciones".


"-Hablar de Atotonilco es afirmar que nada procede de la nada. Hay que beber en las fuentes de la tradición para sentir a fondo nuestro país y sus raíces ancestrales".

"-Hablar de Atotonilco es acercar a las generaciones de hoy a la belleza con la que hace 2000 años se ha manifestado nuestra fe, y que para México desde el siglo XVI hasta llegar al esplendor del siglo de oro del barroco en el siglo XVIII virreinal, se pudo consolidar el patrimonio cultural y religioso del pueblo mexicano que hoy debemos seguir custodiando como memoria de nuestra identidad a la que hay que acudir para apostar por nuevos pasos hacia el mañana e integrarnos social y culturalmente afianzados en nuestras raíces; creando belleza en nuevos lenguajes artísticos para el tercer milenio, conociendo y amando nuestro pasado, porque no recuerdo bien si lo dijo Dalí u otro artista del siglo XX: Todo lo que no provenga de la tradición, es plagio".


"-Hablar de Atotonilco es recuperar nuestras raíces cristianas en fecundo diálogo con otras religiones y creencias, superando los límites humanos como ventana abierta al cielo evocando la trascendencia. Ya lo dijo el escrito Gabriel Magallanes: Occidente debe volver a mirarse en su espiritualidad como alternativa al laicismo ciego de la actualidad que ha eliminado el horizonte personal de la eternidad. Y tiene razón, porque sólo la eternidad nos vuelve humanos en el sentido más profundo de la palabra. ¿Por qué tanta violencia? Sin horizonte eterno no pasamos de animales carnívoros dotados de inteligencia. El único poder que construye es la fe, que se manifiesta en el amor".

"-Hablar de Atotonilco es hablar de honda espiritualidad y belleza estética como testamento y legado del Padre Alfaro. Todas sus poesías diseminadas en muros y bóvedas son la tinta enamorada de sus versos a lo divino".

Ubicación Geosatelital del Santuario de Atotonilco
y de la Santa Casa de Ejercicios



Eugenio Amézquita

En agosto de 2017, fue impresa la obra "El Santuario de Jesús Nazareno de Atotonilco y el Padre Luis Felipe Neri de Alfaro". De 32 páginas, la publicación lleva la firma del Señor Cura Fernando Manríquez Cortés, originario de Pátzcuaro, Mich., y quien es precisamente el párroco de Atotonilco.

La obra me fue entregada en propia mano por su autor y de entrada le pedí el permiso para reproducirla electrónicamente, cosa que de muy buen agrado accedió, con la intención de que no se quedara muerta en papel, dado que sólo se hicieron mil ejemplares de esta, sino que se compartiera la fructífera pluma del padre Fernando -como la mayor parte de la gente lo conoce en San Miguel de Allende- vía internet y especialmente en las redes sociales. El Padre Fernando, a quien conozco desde 1978 -sí, más de 40 años, aunque no lo crean- me dio el visto bueno, y aquí tienen ustedes cumplido lo que le ofrecí, que de antemano ya había sido publicado por El Sol del Bajío, a través de este servidor.

Así, empecé a capturar electrónicamente el contenido, y que ahora comparto con ustedes y donde iré respetando cada uno de los elementos de esta sencilla, pero preciosa obra, como una muestra de agradecimiento a quien se ha preocupado por el arte sacro en la Diócesis de Celaya, el Padre Fernando.

La edición, en su contraportada, hace un agradecimiento a quienes hicieron posible esta obra, sin dejar de precisar "Santuario de Jesús Nazareno de Atotonilco. Patrimonio Cultural de la Humanidad (2018-2017). Y cita: "Esta edición cultural es posible gracias al generoso auspicio de los siguientes miembros de "Amigos de San Miguel, A.C." y enlista al Dip. Juan José Álvarez Brunel, María Guadalupe Álvarez Brunel. Licenciados Clemente y Lucha Carbajo, Gilberto Díaz López y Aarón Díaz; al Dr. Antonio F. García González. Lic. Santiago González e Irene León. Lic. Patricia Jurado Maycotte. Lic. Samuel Jurado e Isabel Villarreal. José Antonio Madrazo Gálvez. Lic. Amado Rubio Sánchez. Aurelio Rafael Tovar Campos y Álvaro Zubeldía Grave y consigna en imagen al buen amigo y Cronista de San Miguel de Allende, el Maestro Luis Felipe Rodríguez, al Dr. Francisco J. López M., al Arq. Sergio Zaldívar G., y al Lic. Ignacio Reyes Retana.

Es este último abogado, el Lic. José Ignacio Reyes Retana Pérez Gil, reconocido en San Miguel de Allende, quien realiza a manera de prólogo una interesante exposición de esta obra sobre el Santuario de Atotonilco y que a continuación les comparto.

Un propósito común, San Miguel de Allende

"El pasado 6 de julio fui invitado por los organizadores del Quinto Congreso Nacional del Patrimonio Mundial, para improvisar la presentación ante el auditorio del Señor Cura fernando Manríquez Cortés".

"Lo que tuve el honor de hacer obsequiando a la brevedad que correspondía y ahora quiero presentar el folleto que hemos mandado imprimir, correspondiendo a la dedicatoria que el señor Cura que he mencionado hizo para Amigos de San Miguel, A.C. que es una institución que él ha presidido por varios años".

Pbro. Fernando Manríquez Cortés, párroco de la Parroquia Jesús Nazareno, en
Atotonilco, Gto., autor del folleto.
"Y la que corresponde a la dedicatoria del sacerdote con la publicación del presente folleto y la repetición de mis palabras en lo que dije, en lo que omití y que ahora hago, en la inteligencia de que el Padre Fernando es por todos conocido, querido y respetado en el ejercicio de la profesión en que se ordenó, reconociendo su honradez y su preocupación en las inquietudes del espíritu y en su servicio generoso para el prójimo".

"Y debemos reconocer y decirlo para todos, que es una de las personas que, después de sus estudios en Roma y de su ordenación sacerdotal por haber cursado sus asignaturas en el Seminario de la ciudad de México, lo hace ser considerado como uno de los mejores y más preparados teólogos del Obispado de Celaya, al que pertenecen San Miguel de Allende y Atotonilco, y que lo llevó a la cátedra actual en el Seminario de Celaya, en la materia de Arte Sacro".

"Hago resaltar, que después de haber sido nombrado Cura de San Miguel de Allende, y ofreciéndole ejercerlo en un curato importante de la ciudad de Celaya, a petición suya fue nombrado Cura del Santuario de Jesús Nazareno en Atotonilco por el obispo Velázquez Garay".

"El es por nacimiento originario de Pátzcuaro, Michoacán y se le considera por todos los habitantes de nuestro estado, cual si fuese guanajuatense".

"En mi búsqueda de cumplir con la encomienda de la presentación de su magnífico trabajo, he revisado mi último libro y he pedido a mi hijo el Lic. José Ignacio Reyes Retana Lanuza, me permita consultar de sus archivos y biblioteca, todo lo que tiene vinculado con el Santuario de Jesús Nazareno y muy en especial lo escrito hace muchos años por su bisabuelo el Lic. Agustín Lanuza Romero".

Atotonilco - Atotonil co - La escritura es ideográfica y polisilábica: el signo atl, agua, en la boca de
una olla colocada sobre dos piedras que forman el tlecuilli, hogar o fogón; la olla pintada de negro en el asiento para indicar la acción del fuego, significa atotonilli, agua caliente, "En las aguas termales"; de co, en, y   atotonil li, agua termal. Universidad de Berkeley

"Debo empezar ocupándome de la palabra ATOTONILCO: Que significa donde se calienta el agua, en otras palabras "lugar de aguas termales", definición netamente indígena de la lengua náhuatl y que se deriva del sustantivo, atl, que significa agua; del verbo totonitl que quiere decir calentarse el agua y de la preposición co y la reunión de las tres voces nos da atltotonitlco. Y de acuerdo con las reglas del náhuatl, se pierde lo de agua y la t de calentarse, siendo en definitiva más dulce pronunciar como se dice ATOTONILCO".

"Los primitivos dieron al lugar este nombre, muy apropiado por tratarse de un lugar de tiempos inmemorables donde existe un manantial de aguas termales".

"En apoyo de esta definición se hace alusión también a la existencia de un jeroglífico que ilustra por medios figurativos y de cuya explicación resulta: Una olla expuesta al fuego de un fogón (tenamaztle), sobre la boca de la olla se figura el agua en acción de rebosar. La reunión de estos caracteres daba el nombre a la cosa y su significación. Esta significación emblemática es por dem´satinada y cierta y nos revela el significado de la voz ATOTONILCO con la más viva elocuencia objetiva".

Arzobispo de México y luego Cardenal, Don Francisco Antonio de Lorenzana y Butrón


"El jeroglífico está copiado del célebre Códice Mendocino que publicó Lord Kingsborough, y puede verse la forma simbólica del agua, aunque más imperfecta, en una lámina de las Cartas de Hernán Cortés que publicó el Antiguo Arzobispo de México Don Francisco Antonio Lorenzana, editadas en Nueva York, en la Casa White, en 1828".

En sus anotaciones el Licenciado Lanuza nos hace resaltar en que se considere como una cuestión histórica y relacionada con la fundación del Santuario de Atotonilco, por su íntima relación, la fundación del Colegio de San Francisco de Sales edificado por los padres Filipenses del oratorio de San Felipe Neri en San Miguel. Y nos dice:"

Ubicación Geosatelital del Santuario de Atotonilco
y de la Santa Casa de Ejercicios




Se "concedió permiso a una antiquísima cofradía llamada gente de color mulatos, fundada con la autoridad pontificia para que erigieran en el pueblo de San Miguel el Grande un pequeño santuario que se denominó "Nuestra Señora de la Soledad o del Santo Ecce Homo".



Monumento al Muy Reverendo Padre Dr. Don Juan Antonio Pérez de Espinoza,
ubicada en el atrio del Templo del Oratorio, en San Miguel de Allende, Gto.
"Corrieron los años y allá por 1712, estando al frente del curato de San Miguel don Cristóbal Ramírez, quien había escuchado las predicaciones de don Juan Antonio Pérez de Espinoza, cura de Pátzcuaro y quien fue compañero en las tareas apostólicas del célebre misionero Fray Antonio Margil de Jesús y quien se encontraba en el convento de Santa Cruz de Querétaro, lo invitó en la Cuaresma fuera a predicar a San Miguel".

Ubicación Geosatelital de la Zona Centro
de San Miguel de Allende, Gto.




"Varios de los vecinos acaudalados de San Miguel el Grande, entre ellos el caballero vizcaíno don Severino de Jáuregui, capitán de caballeros corazas, estimularon al referido padre Don Juan Antonio Pérez Espinoza para que fundara la congregación del Oratorio de San Felipe Neri en la nueva iglesia que se estaba construyendo".

"Y así terminadas las predicaciones cuaresmales y habiendo estimulado al vecindario, pasó la Pascua a Valladolid, hoy Morelia, con el fin de obtener del Obispo la licencia correspondiente. Extendida la autorización para fines mencionados,regresó a San Miguel, y el 2 de mayo de 1712 con más de 300 vecinos se verificó la fundación y se procedió a construir las habitaciones de su colegio bajo la protección de don Severino Jáuregui, lo que lograron en sólo dos años. Desde luego, llamó poderosamente la atención la suntuosa fachada plateresca del templo del Oratorio y sus canteras; resultando ocioso entretenerse en mayores detalles, y tan sólo no olvidar que el altar de la capilla es de mármol de Carrara".
Imágen, en el Santuario y templo parroquial de Jesús Nazareno, de Atotonilco.
"El Santuario de Atotonilco. -sigue escribiendo el poeta Lanuza- no distante de la ciudad San Miguel el Grande se levanta majestuoso como en medio de aquel lugar silencioso y solitario y rodeado de aguas termales de rumoroso manantial, el santuario de Atotonilco en construcción empezó el 3 de mayo de 1740".

"Y es un hecho histórico que el Filipense Luis Felipe Neri de Alfaro, viendo que en los alrededores del lugar se cometían con frecuencia asaltos, robos y actos ilícitos, para asegurar la paz a los moradores y a los caminantes que venían de Dolores, edificó desde sus cimientos el magnífico Santuario y casa de ejercicios de Jesús Nazareno".

"Cualquier viajero -dice un historiador Guanajuatense- al contemplar este lugar se sorprenderá al ver unos majestuosos edificios que lo conllevan a detenerse y examinarlos y en su recinto no hallará otra cosa que vivos los recuerdos de la vida, pasión y muerte del Salvador del mundo", siendo una casa amplia para tomar los días de registro espiritual. Nos reseña las partes o departamentos de que se componen el santuario; que fueron concluidas en 1763".

Escenas de la vida del Padre Alfaro: Construcción del Santuario. Sacristía del Templo Parroquial de Jesús
Nazareno, en Atotonilco, Gto.
"Considera en sus memorias el señor Lanuza que se debe trazar a grandes rasgos del celebérrimo místico Luis Felipe Neri de Alfaro y yo creo que ésto lo realiza con éxito, escrúpulo y con pasión el adre Fernando en el tema y desarrollo de la muy grata conferencia de que nos ocupamos y señala que el propio Gamarra y Dávalos los refirió en público en el sermón de las exequias de Alfaro, lo que se consideró como cierto y verídico".

Mural. Replica del cuadro con la imagen del Padre Luis Felipe
Neri de Alfaro. Obra del pintor Juan José Guadalupe Soto Martín.
Iniciado el 1 de febrero de 2017 y finalizado el 6 de mayo de 2017.
Santa Casa de Ejercicios Espirituales de Atotonilco.
"Luis Felipe Neri de Alfaro de noble familia de la ciudad de México, como lo eran don Esteban Valero de Alfaro y doña María Velázquez de castilla, trasladándose al famoso Colegio de San Francisco de Sales, pasó a vivir muchos años en el santuario y siempre comía y dormía poco; vestía con modestia y la penitencia era su costumbre, pues dormía bajo el altar, donde tenía un ataúd, acomodándose dentro de este con los ojos cerrados y el cuerpo extendido, gastaba la noche preparándose para la muerte. Y tantas veces ejecutó esta operación que se pudrieron tres ataúdes y alguna vez dijo: "ya se me han podrido tres chalupas".

Del interior de este templo, el Padre de la Patria, Don Miguel Hidalgo y Costilla, cura de la
Parroquia Nuestra Señora de los Dolores, en el hoy Dolores Hidalgo, CIN, Gto., tomó el cuadro de la
Virgen de Guadalupe con el que abanderó la lucha Insurgente en 1810.
"Para terminar mis comentarios sólo debo mencionar que se hace resaltar la importancia que tuvo para los mexicanos el que el padre Hidalgo haya enarbolado en Atotonilco, como bandera,la imagen de la Virgen de Guadalupe que, sin duda, simboliza la unión de los mexicanos como pueblo".

"Finalizo estos detalles y esta presentación para dejar a quien esto lea, en manos de lo escrito por el Padre Fernando Manríquez Cortés, quien llevó a cabo con grado de excelencia, en mi concepto, sus investigaciones; las que dijo y explicó con altos dotes de orador".

"Concluyo esta introducción el 11 de julio de 2017, reconociendo en nombre de Amigos de San Miguel, A.C. e insistiendo en la alta calidad del autor Manríquez Cortés. Sin olvidar lo que mencionó el Doctor Francisco Javier López Morales, al recibir la Medalla 7 de Julio, quien refirió que sin Atotonilco qué difícil o imposible hubiera sido que San Miguel de Allende fuera patrimonio de la humanidad.
                                                                                  Lic. José Ignacio Reyes Retana Pérez Gil".

Escopeteros de Apaseo el Alto./ FOTO: Archivo Francisco Sauza Vega
Francisco Sauza Vega
Cronista Municipal de Apaseo el Alto

Apaseo el Alto al igual que todos los pueblos precolombinos era un pueblo artesanal por naturaleza y necesidad. Los metates y molcajetes, utensilios pétreos para sus cocinas eran indispensables entre las familias y la gran variedad de formas y tamaños hacían la diferencia entre lo artesanal y lo estrictamente utilitario.

Los hallazgos en las múltiples zonas arqueológicas del territorio de Apaseo el Alto lo confirman como un pueblo de naturaleza artesanal.

Enmarcado en la zona de influencia de la Cultura de Chupícuaro, el prehispánico poblado se caracterizó por la confección de todo tipo de vasijas de barro, cuyos diseños no reflejaron homogeneidad en sus trazos, esgrafiados, texturas y tinturas, debido probablemente a lo trashumante de sus tribus. En los múltiples sitios arqueológicos existentes en el municipio, abundan los vestigios de nuestros ancestrales alfareros, muestra inequívoca de su cotidiano quehacer que, además de ser satisfactor de primera necesidad se convirtió en oficio y forma de vida.

En Apaseo el Alto, los alfareros se establecieron en un barrio en donde cohabitaban los más prolíficos y especializados productores de ollas, cántaros, chondos y muy especialmente platos finamente terminados que abastecían y ocupaban un lugar preponderante en las cocinas de las vetustas chozas, jacales y casitas de adobe de toda la región. Don Juan Martínez Sauza fue un artesano del barro que reencarnó en un artista de la Talla de Madera y que aparecía en el teatro de la vida, portando sus fantásticas máscaras que hacía para representación de las representaciones teatrales.

El pueblo fue adquiriendo otras modalidades para darle variedad a los enseres domésticos y cuando inventó la alfarería, adquirió identidad como una aldea altamente especializada en la elaboración de variados objetos de barro de uso doméstico, tales como los platos , ollas, cántaros, chondos, silbatos y ocarinas y demás utensilios imprescindibles en las humildes chozas del poblado.

Con el paso de los años Apaseo el Alto no abandonó su vocación de alfareros. Los tianguis del pueblo y la región eran amenizados por los Chonderos que ofrecían bellas piezas de barro diseñados y elaborados por los naturales del lugar. Desafortunadamente un día se descubrieron y comercializaron los objetos de plástico y paulatinamente, los alfareros fueron desapareciendo y con ellos la Calle de los Chonderos.

Los vendedores de "chondos"./ FOTO: Archivo Francisco Sauza Vega 

Las fértiles tierras y la abundancia del agua en las inmediaciones del poblado, eran huertas de frutos oriundos del lugar como las guayabas, los nísperos y los Ates o Chirimoyas, cuyos solares eran protegidos por artesanales cercas de piedra y asegurada su entrada con una “Puerta de Golpe” fabricada con madera de Sabino, Mezquite, Sauz o Fresno, producto de quienes fueron los primeros carpinteros del pueblo, quienes además fabricaban las puertas de las primorosas casas de adobe que
aún prevalecen en nuestra localidad.

Estos mismos hombres elaboraron de acuerdo a sus particulares necesidades, los arados que jalados por los parsimoniosos bueyes, dejaron atrás las primitivas Coas con las que los hombres primitivos de Apaseo el Alto hicieron sedentaria la agricultura.

Cuando llegaron los españoles e impusieron su religión sobre la de los naturales y una de las costumbres implícitas era la de ponerles la cera a sus difuntos, angelitos y santitos en Apaseo el Alto hubo personas especializadas en la fabricación de velas de cera o cebo animal. La costumbre de arrimar las veladoras a los santos prevalece, pero ya no se fabrican y usan las velas tradicionales ni tampoco son hechas por familiares de aquellos veleros.

Fue tal la religiosidad del pueblo de Apaseo el Alto, que desde el siglo XVI se familiarizaron con la costumbre hispana de poner a los recién nacidos el nombre que de acuerdo al calendario les correspondía, sin importar si fuera agradable o no; no les importaba que se llamaran Crisóforo, Nicomedes, Herculano, Silvestre o Primitivo, de tal suerte que el niño recién nacido ostentaba un nombre de un santo que a lo mejor ni existió y a ese santito se le encomendaba. Cuando la criatura enfermaba de gravedad lo llevaban a la iglesia y le pedían al santo en cuyo honor lo habían bautizado,
que les hiciera el milagro de devolverles la salud… y así nacieron los Exvotos, pequeños retablos dibujados en madera, cartón o lámina en la que un artesano del pueblo plasmaba las circunstancias del milagro. 

Esta costumbre desapareció aunque no por completo, porque ahora lo sustituyen con fotografías de quien recibe el favor y los Exvotos de aquellos años ahora son materia prima de comerciantes de arte sacro. Con la llegada de los españoles también, arribó un oficio que se puede calificar de artesanal su producto: el Pan. Como los españoles no se acostumbraron de inmediato a los alimentos elaborados con maíz, calabaza y ante todo de chile, trajeron desde el viejo continente a los expertos tahoneros y su variedad de productos, que se enriqueció con la inventiva del mexicano.

Pequeños artesanos./ FOTO: Archivo Francisco Sauza Vega

El pan es tan diverso, como variadas sus denominaciones: Pan de Muerto, Roscas, Orejas, Bolillos, Chilindrinas, Cancanes, Conchas, Polvorones, Huesos, Campechanas, Alamares, etc. En Apaseo el Alto, desde 1538 hubo molinos para el trigo que luego los panaderos convertían en piezas de pan
para los españoles y en pleno siglo XXI aún prevalece esa artesanía que difícilmente veremos desaparecer. ¡No creo que los chinos nos traigan pan desde su tierra, porque seguramente llegará duro!

Las vetustas y pesadas carretas que transitaban el Camino Real al llegar a las Postas ubicadas en la misma vía, requerían del mantenimiento del que los quincalleros o buhoneros de Apaseo el Alto eran especialistas. Cualquier pieza de hierro forjado lo reproducía fielmente. Cotidianamente esos herreros fraguaban los sables que los españoles portaban para ahuyentar el miedo que les tenían a los mexicanos y salteadores de caminos; en sus hornos forjaban el hierro para los machetes, hoces y
pizcadores que usaban en las labores agrícolas.

En esos primitivos talleres hacían los primeros quinqués y linternas que se usaron durante más de tres siglos como único medio de iluminación artificial.

Terminada la Revolución Mexicana, nacieron los talleres para la fabricación de escopetas de chispa para uso agrícola. Cada arcabuz fabricado en talleres Apaseo el Alto era una obra de arte que durante muchos meses adornaba las improvisadas salas de armas de los campesinos. También nacieron los fabricantes de chapas, herrajes, clavos y todos los enseres que adornaban las coloniales casonas que los peninsulares tenían en todos los pueblos y ciudades del país.

Aún prevalecen en Apaseo el Alto otros artesanos que en su momento tuvieron gran auge en la población, como son los ladrilleros, que se derivaron de la alta especialización de los alfareros. Muchas de las grandes casonas que existen en el centro del poblado, siguen siendo las que las artesanales manos de Apaseoaltenses fabricaron con sus asombrosas manos. Pero también hacían tejas, baldosas y tabiques.

En la actualidad los han venido desplazando los fabricantes de tabiques de concreto y tablaroca.
En las haciendas de Apaseo el Alto, no obstante las quejas que pudiera haber en su contra, supieron hacer que la madre tierra produjera miles de cuarterones de cereales que el hombre requería para su sobrevivencia. La gente pobre que sembraba un pequeño solar, una parcela, depositaba las semillas en los surcos en espera de un buen temporal.

Tanto los ricos hacendados como los humildes labradores, se llenaban de vida cuando sus maizales comenzaban a jilotear, pero entonces también eran presa de las preocupaciones por las probables pérdidas provocadas por miles de pajarracos que buscaban hurtar los granos que sin mucho esfuerzo conseguían.

La fragua al rojo vivo, a golpe de martillo y auxiliados por otras herramientas hechizas que ellos mismos fabricaban, los herreros de Apaseo el Alto elaboraban escopetas de chispa como las que habían traído los españoles y que tanto pavor habían provocado; dichas escopetas fueron mejoradas en diseño, funcionamiento y efectividad. Fabricaron nuevos modelos y lo más común era que en las haciendas tenían hasta sala de armas con escopetas de Apaseo el Alto exclusivamente. En cualquier casa de los humildes agricultores existía al menos una de ellas, colgada de una de las paredes de
adobe, presta para ahuyentar con su detonador estruendo a los pájaros parásitos que amainaban sus cosechas.

En los paisajes de la época post-revolucionaria, no podía faltar el cazador con su escopeta al hombro, como evocando los días en que anduvieron en la bola.

Con su ingenio y creatividad, esos herreros fabricaban también los herrajes de los portones de las haciendas, los barandales de sus alcobas, los chapetones de sus cofres, los arados para sus yuntas, los diferentes tipos de hoces para la siega de sus cultivos. Fue así como las escopetas y herrajes de los forjadores de Apaseo el Alto circularon en todo en centro de la Nueva España y del México post-revolucionario.

Pero un día, esos pacíficos artesanos fabricantes de escopetas, fueron acusados de ser fabricantes de armas y hasta de guerrilleros, les clausuraron, encarcelaron y decomisaron sus artesanales artefactos y no guardaron una sola para recuerdo…

Casarse es un paso ineludible en nuestro transitorio paso por la vida; que la novia luzca hermosa en el momento de jurar amor eterno ante Dios como testigo, es una ilusión que las desposadas quisieran se volviera realidad. Los artesanos de Apaseo el Alto hicieron posible ese sueño a miles de jovencitas que vestidas de blanco complementaron su atuendo con un ajuar diseñado y fabricado a mano por hábiles artesanos Apaseoaltenses, que veían en la prenda que estaban haciendo, la misma que
quisieran lucir el día de su boda.

En la década de los setentas Apaseo el Alto produjo el 90% de los enseres para novia que se elaboraban a nivel nacional; también capacitaron a los que ahora ocupan su lugar.

En 1967, las familias de Don Heraclio Galván y Ma. Asunción García y Francisco García y Senorina Galván, vivían el D.F., trabajaban haciendo Ramos para novia a base de azahar, migajón y vidrio soplado, pero ellos no sabían que tres años después que se regresaron a su tierra natal, iban a detonar una nueva artesanía de calidad y mercado extrafronteras.

Cuando estas dos familias estuvieron de regreso en Apaseo el Alto, nació un oficio artesanal que aún tiene prestigio a nivel nacional. En muchos hogares había un pequeño taller que hacía ramos de azahar, flores de migajón, de vidrio que eran parte de los enseres que se confeccionaban en los talleres de Don Laco o Doña Senorina. En la actualidad Carlos, Dagoberto y Antonio García tratan de mantener el prestigio de su oficio, con menor producción, pero con calidad y diseños novedosos
que las felices novias portan el día de su boda.

Fue una industria artesanal fugaz, artesanos que hicieron suyo un oficio de un origen distinto al de sus antepasados, que escribieron una página que dejó como enseñanza que el Apaseoaltense puede
convertir en realidad los quiméricos sueños.

Y era de madera el santo, por eso pesaba tanto tamañota…escultura.

El origen de la artesanía en Talla de Madera, tuvo su cuna en el Rancho de Galvanes, sí, ese pequeño caserío vecino de la Hacienda de la Cuevita. En los primeros años del siglo XX, Don Francisco Sauza Girón, a quien los Apaseoaltenses conocieron como “Don Panchito el Campanero”, originario de aquella comunidad, aprendió el oficio y construyó para su familia unos muebles zoomorfos, fruto de su intrínseca creatividad; unos simples troncos de madera los convirtió en artísticas colmenas para la producción de miel.

Sus trabajos resolvieron una necesidad familiar, talentosa forma de plasmar su habilidad, pero que nunca trascendió, quizás porque él era un hombre que había nacido para ser un artista en el repique de las campanas. Don Juan Martínez Sauza, sus orígenes y antepasados tuvieron asiento también en el
Rancho de Galvanes. De genio e ingenio incomparables; creó sus propias técnicas y obras, le dio un toque especial o lo tradicional: soñó con crear un centro de capacitación artesanal. Lo mismo trabajaba el barro que la madera con igual talento, pero fue único para plasmar las humanas emociones en las máscaras que sus hábiles manos fabricaban.

Don Domingo Galván Malagón, su padre y madre dejaron el cordón umbilical en el Rancho de Galvanes. Su infancia la vivió en la comunidad en la que desde niño hacía sus propios juguetes; de cualquier trozo de madera hacía arcaicas figuras que arrancaba desde sus adentros.

Aprendió a retocar y restaurar imágenes sacras; luego comenzó a hacerlas de Patol, después de Palo Santo, para terminar haciéndolas de Pirúl y dejar a un lado aquello que versa la canción en el sentido de “Pobre leña de Pirúl que no sirve ni pa´rder”.

Cuando Don Domingo Galván dejó el Magisterio, se propuso dedicarse de lleno a la Talla de Madera y enseñar lo que había aprendido de consumados artistas queretanos. Y fue así como nacieron nuestros primeros artesanos en Talla de Madera, familias enteras comenzaron a aprender el oficio y a crear sus estilos propios y a fabricar algo que los distinguiera de los demás. Así creció el árbol genealógico artesanal con Don Constantino Calzada, Luciano Ulloa, Aurelio Girón, Leonardo Cárdenas, Antioco Paredes, Ramón Álvarez. Paralelamente Don Juan Martínez tuvo como sus primeros discípulos a Gabriel Navarrete J., Salvador Camacho Mandujano, Leobaldo Serrano,
Roberto Juárez Girón y muchos más a quienes pido disculpas por no mencionarlos en este espacio.

Esos primeros alumnos fueron instalando sus propios talleres en sus casas; sus hijos aprendieron y el número de artistas artesanos se incrementó; las figurillas de Caballitos, San Francisco, Ángeles, Cristos, Tecolotes, Biombos y Baúles policromados y enchapopotados comenzaron a Alto comenzó a ganar prestigio aparecer en todos los talleres, de Apaseo el Alto paulatinamente. También se fue diversificando la familia de artesanos, con una visión un tanto distinta a los primeros, pero con igual talento y creatividad. Actualmente los jóvenes ya no solo hacen Santos; los autodidactas artesanos muestran capacidad para hacer lo inimaginable. 

A la tradicional Talla en Madera le han sumado el policromado, dorado y estofado; el relieve, las figuras a escala, los rasgos perfeccionistas y las maderas más finas de la región.

Ahora existen grandes talentos como Ruelas, Camacho, Gustavo Mandujano, Antonio, Juan, Efraín y Heriberto Pulido, Fernando Girón, Efraín Juárez, Juan Luis Vázquez, Salvador Girón, Gabriel Navarrete, Nicolás Ávila, Ramón, Pedro y Magdalena Centeno y muchos más que son orgullo del pueblo de Apaseo el Alto, herencia ancestral que las siguientes generaciones seguramente seguirán perpetuando.

Uno de los carritos de Navidad y Posadas en el siglo XX./ FOTOS: Cortesía Rafael Soldara Luna
Eugenio Amézquita

En Celaya, hace casi 200 años, Fray Mariano Sánchez OFM, entonces guardián del Templo de San Francisco, ideo una forma simple y sencilla de evangelizar a la población en la época navideña: sacar un carrito con escenas de la época decembrina, a fin de sensibilizar a la población en el Nacimiento de Jesucristo, el Niño Dios.



El actual guardián del Templo de San Francisco, Fray Arturo Ríos Lara OFM, sucesor y depositario de esta tradición ideada por su centenario antecesor, así como el Pbro. Rogelio Segundo Escobedo, rector del Templo de la Virgen de Guadalupe de Tierras Negras y el historiador Lic. Rafael Soldara Luna, coordinador del Museo de Celaya, Historia regional, salieron al rescate de esta tradición y este domingo 15 de diciembre, saldrá nuevamente el carrito, como hace dos siglos, a recorrer las calles de los 9 barrios antiguos que componen la ciudad, contándose con el apoyo de los párrocos que atienden los mismos.

El padre Guardián de San Francisco indicó que la tradición iniciada por Fray Mariano Sánchez empleaba básicamente los días 24 y 25 de diciembre para hacer el recorrido, dado que en ese entonces Celaya era una población pequeña. Ahora, la pretensión es no solamente recorrer estos barrios, sino promover la tradición por toda la ciudad, que actualmente cuenta con más de 20 parroquias y dos cuasiparroquias, buscando tentativamente, que cada parroquia y sus colonias promuevan su propio carrito y posteriormente, en un día determinado, efectuar un desfile o procesión con todos los representativos de la ciudad.


Y es obvio que el depositario de la tradición, el Guardián del templo de San Francisco es quien cuenta con la autoridad para hacer los ajustes necesarios para que dicha tradición cumpla los fines, metas y objetivos por la que fue creada en 1840: La Evangelización.

Sin embargo, para esta ocasión, la tradición llevará el recorrido desde el día 15 de diciembre, comenzando en el templo de San Francisco para seguir por el Barrio del Zapote, hasta su templo parroquial de Nuestra Señora dela Asunción.

La escena para ese día en el carrito que presentará el templo franciscano será "La Anunciación", con el doble significado del anuncio de la Encarnación por el Arcángel Gabriel y el inicio del anuncio de las fiestas navideñas, para que al día siguiente, la escena sea San José y la Virgen María embarazada, buscando posada.


Continuaría por el Barrio de San Antonio, Santiaguito, Tierras Negras, Santo Cristo, San Miguel, San Juan Bautista, Tierra Blanca y La Resurrección, hasta donde el proyecto marca para este año 2019 y que crecerá, con el favor de Dios, en el 2020.

La historia de los carritos de Navidad y Posadas

Luis Velasco y Mendoza, historiador celayense y autor de la obra "Historia de Celaya, narra en sus tomos II, III y IV, detalles significativos de esta tradición.

Cita el celayense que "el franciscano Fray Mariano Sánchez, que se había distinguido en la población por su dinamismo y amplio espíritu de caridad, ya que para entonces había hecho que se terminara la suntuosa fachada del templo de San Francisco, ocupándose en seguida de que fuera
derribada la antigua cúpula que tenía el mismo templo, para reemplazarla con la que ahora luce; había reparado la casa y la iglesia de la Compañía, estableciendo allí una casa de Ejercicios y una Santa
Escuela; había prestado su eficaz ayuda al Hospital de Curaciones de San Juan de Dios; y había hecho construir muchas pequeñas casas destinadas para habitación de gentes pobres y menesterosas, en la calle que después llevó su nombre llamándose del "Padre Sánchez" (hoy 3ª de Allende); deseoso de dar mayor auge y esplendor al "Rosario de Navidad" que tenía verificativo durante las nueves noches que preceden al 24 de Diciembre, en cuya ocasión se acostumbraba llevar por las calles un carro adornado en el que iban colocados los "Santos Peregrinos", que era conducido en procesión hasta cada uno de los barrios de indios que rodean a Celaya, mientras que en el recorrido se rezaba el "Rosario" con el que se cantaban villancicos y letrillas al son de panderetas y pitos de aguinaldo; decidió representar en carros alegóricos algunas de las invocaciones de la "Letanía Lauretana" y escenas bíblicas; y como lo pensó así lo hizo ayudado eficazmente por el Ayuntamiento y por algunos vecinos acomodados, que se echaron a cuestas el compromiso de vestir los referidos carros".

El Bautismo del Señor./ FOTO: Cortesía Rafael Soldara Luna


"Así pues, en la Navidad de 1840, tuvo verificativo el primer desfile de estos carros alegóricos, en los que las personas encargadas de arreglarlos desplegaban todo su ingenio, asesorados por el escultor Don Longinos Núñez, no escatimando gastos en el adorno y confección que aquél les sugería; y en esa forma, tenían fama y eran admirados por los celayenses y sus visitantes: "El Paraíso", "La Torre de David", "La Fuente de la Gracia", "La Estrella de los Mares", "El Espejo de Justicia", "La Ciudad de Sión", "La Casita de la Virgen", "La Cabaña de los Pastores", "El Nacimiento", etc., etc., seguidos por la comitiva de los Reyes Magos con su recua de mulas cargadas con cofres y barriles dorados; llegando con los años este desfile a alcanzar un gran renombre y celebridad, pues hubo vez en que llegó a treinta el número de carros que hacía el recorrido por las calles, y para fines del Siglo ya era complementada esta fiesta con una famosa feria, en la que no faltaban las corridas de toros, las peleas de gallos, los bailes populares y el juego en la "Partida" de grandes sumas de dinero".
Las revoluciones y el daño a la tradición

"Las revoluciones, y sobre todo la última, a pesar de las exacciones y de la pérdida de vidas,  alcanzaron en medio de esos males hacer evolucionar las costumbres de los habitantes de Celaya, consiguiendo que con el cambio se acabara en ellos para siempre el carácter campirano y sencillo de los tiempos coloniales; pero aunque se logró encauzar su vida hacia el progreso, también es cierto que mucho se perdió en la emotividad y tradicionalismo de la población, pues la lucha sectaria al acabar entre otras cosas, con las celebraciones religiosas que antaño habían constituido el gozo del vecindario, borró con su supresión una de las características que habían sido más notables en la existencia de la ciudad, en parte por la divergencia de ideas que brotó hasta en el seno de las familias, y en parte por la dura represión de las nuevas autoridades, que se mostraban cada vez más celosas por hacer efectivos los preceptos reformistas de la Constitución del año de 57; por cuya razón hasta el desfile de carros alegóricos que, desde el año de 1840, se venía acostumbrando sacar en la Navidad, había perdido mucho en su presentación y lucimiento; y ya ni los indios organizaban tampoco aquellos ruidosos festejos que en otros tiempos preparaban en la solemnidad de la Santa Cruz, en las de sus Santos patrones y cuando las Juras de los Reyes, pues que habiendo sido muchos de ellos obligados a ingresar en los ejércitos contendientes, volvieron en su mayoría al hogar, ya con nuevos hábitos y manera de ser, que adquirieron en tierras extrañas y en la vida de los campamentos".

En 1876, en Celaya se respiraba tranquilidad luego de la reforma y el jacobinismo existente. "Así estaban las cosas, y se disfrutaba en la ciudad de las ventajas proporcionadas por el renacimiento que allí se operaba, tanto que hasta se hacían ya grandes preparativos para que las fiestas de "Navidad" resultaran más suntuosas que en años anteriores, tomando parte las familias en el arreglo de los carros alegóricos que habrían de desfilar, mientras que los comerciantes se disponían a obtener ganancias de importancia en la feria que tenía verificativo con ocasión de los mismos festejos".

En 1902, "se conservaba sí, algo de lo de antaño, sobre todo en sus fiestas; y en las de "Navidad" no dejaba de salir el tradicional desfile de carros alegóricos, que había llegado entonces a alcanzar una inusitada importancia por su número y por lo vistoso de su arreglo".

"En 1906, Siguieron los festejos para el Gobernador Joaquín González Obregón, y el 23 de diciembre se le ofreció un nuevo Banquete en el interior del mercado que se acababa de inaugurar; por la tarde asistió a una gran corrida de toros, en la que lidió el matador "Reverte Mexicano", y por la noche presenció el famoso y espectacular desfile de "carros alegóricos", que eran el número más gustado de las fiestas de "Navidad", desde que a mediados del pasado Siglo se celebraban en Celaya; volviendo a ver ese paseo el 24, día en que hubo otra corrida de toros, en la que alternaron los diestros "Bonarillo" y "Jaqueta", y el 25 en que también tuvieron verificativo unas "carreras de caballos" y una lucida "Kermés" en el nuevo mercado que tenía su nombre por divisa".
Los carritos y las escenas que se presentaban a principios del siglo XX

"Y aunque de las fiestas populares, con la aplicación de las Leyes de Reforma, se habían proscrito por completo aquellas suntuosas procesiones que antaño constituían la delicia de los habitantes, en cambio se hacía ya muy lucida la celebración patriótica del "16 de Septiembre", no dejándose de solemnizar el día de la "Purísima Concepción", Patrona de la ciudad; y también en ese entonces, la semilla tradicional y romántica que había sembrado en Celaya la inventiva del religioso franciscano, Fray Mariano Sánchez, germinaba de manera aparatosa con la restauración del desfile de carros alegóricos, que con pasajes bíblicos, salía en la "Navidad"; y que por sí solo constituía la mayor atracción de la feria que entonces se organizaba".

"La gente se arremolinaba en espera de la procesión de carros alegóricos, en el que la ciudad ponía todo su orgullo y entusiasmo. Para su arreglo, los Ayuntamientos no escatimaban su cooperación; pues todo lo contrario, aunque las familias se ocupaban de la confección de muchos de ellos, el Cuerpo municipal también participaba en la compostura, y "vestía" varios de los más bonitos y elegantes que desfilaban en la simbólica procesión. Algunas veces su número fue hasta de veinticinco y treinta carros, entre los que nunca faltaban: "el Paraíso", "la Ciudad de Sión", "la Cabaña", "la Fuente de la Gracia", "la Torre de David", "la Estrella de los Mares", "la Casita de la Virgen" y "el Nacimiento"; a los que seguían los Reyes Magos, jinetes en buenos caballos, ricamente enjaezados, a cuya retaguardia iba la llamada "recua" que, en cofres y barriles dorados, simulaba llevar los regalos que los Magos de Oriente iban a ofrecer al "Niño Dios" que acababa de nacer".

"En los últimos meses del año de 1917, en Celaya el tiempo iba poniendo de relieve el carácter ligero y jovial de los habitantes, pues aunque no faltaban motivos de inquietudes porque la paz aun no se
restablecía del todo en la República, algunos de los vecinos apoyados por el Ayuntamiento, se preparaban ya a reimplantar las fiestas de "Navidad", que hacía tres o cuatro años no se celebraban; con el aplauso de las clases populares, que en medio de las estrecheces y necesidades por que habían tenido que pasar, conservaban siempre latente el irrefrenable deseo de divertirse".


Nuevamente, las revoluciones demeritan la tradición

En 1918, narra el historiador Velasco y Mendoza, fueron atrapados unos forajidos que asolaban la región, "pudiéndose entonces celebrar las fiestas de "Navidad" de aquel año, en un ambiente en que el donaire de las conversaciones y el bullicio entre las gentes le daban su mejor y más simpática fisonomía a la ciudad".

"Aunque no con el esplendor acostumbrado en la época de la "Dictadura", el 24 y 25 de Diciembre salió el desfile de carros alegóricos, que desde tiempos pretéritos constituían el mayor incentivo de esas fiestas; pues como no se consiguió que las autoridades permitieran la representación de pasajes bíblicos en la confección de esos carros, el paseo resultó a la postre muy deslucido, porque no fue sino un remedo del atrayente desfile que salía cuando la ciudad disfrutaba de una floreciente situación, ya que no fueron sino unos cuantos carros los que se pudieron arreglar, simbolizando al "Comercio", "la Industria", "las Artes" y algún otro motivo del conjunto de ramos que constituyen la riqueza del país; y eso, con tan poco gusto y mezquindad en su confección, que a las claras ponían de manifiesto la estrechez de recursos en que entonces se vivía, resultando unos verdaderos adefesios, a pesar de que en ellos iban las señoritas más agraciadas de la población".

Ya en el último tercio del siglo XX, la Srita. Sara Montoya Patiño, tomó para sí la organización de los carritos, con alguna participación de parroquias y barrios. Sin embargo, casi 200 años después, la tradición regresa a sus orígenes, siendo precisamente el depositario del mismo, el Guardián del Templo de San Francisco, sucesor de aquél Fray Mariano Sánchez que tuvo la inspiración de hacerlo de manera devota y organizada, sumando a los barrios de la ciudad primero, y luego, en una planeación adecuada y dialogada con los párrocos y rectores de templos, llegar a toda la ciudad para recuperar ese lustre que los celayenses supieron darle a lo largo de casi dos siglos.

La Taumaturga Imagen de la Purísima Concepción de Celaya: Reina, Madre, Patrona y Protectora de Celaya.
Eugenio Amézquita

Alegría, regocijo, paz y un sin número de manifestaciones que demuestran el cariño, respeto, veneración y amor de los celayenses -así como de vecinos de otros municipios- a la Purísima Concepción de Celaya, se manifestaron durante todas las fiestas patronales de la Ciudad de Celaya, que con el apoyo de la gente y de los frailes franciscanos del Templo de San Francisco así como de la familia franciscana, se dieron cita para colaborar en el lucimiento de las mismas, en medio de una nutrida participación que año con año se va incrementando, en una franca recuperación de la presencia de la Madre de Dios, de la Patrona, Madre y Reina de Celaya, los celayenses le manifestaron su amor.

Desde la procesión de anuncio de las fiestas patronales de Celaya, la Fiesta de Fiestas, hasta eventos culturales-religiosos como el Panegírico, las consagraciones de jóvenes, niños y familias a la Patrona de Celaya, hasta la celebración de las Mañanitas a las 5:00 horas del día 8 de diciembre, pasando por la celebración eucarística solemne presidia por el Obispo de Celaya, Mons. Dr. Don Benjamín Castillo Plascencia, hasta llegar a la tradicional procesión por las calles con la imagen casi cinco veces centenaria, que ha velado por su pueblo durante todo este tiempo y que tan celayense es que el escudo de la misma ciudad la contiene, marcan la importancia de su presencia.

Compartimos a ustedes algunos de los videos que ponen de manifiesto este amor de los hijos de Celaya a su Real Patrona, Reina y Madre: La Purísima Concepción de Celaya.














































David Carracedo
Cronista Municipal de Comonfort

Las tortillas ceremoniales se conocían como “tortillas pintadas”, o tortillas con dibujos, no se deben confundir con las tortillas a cuya masa se añade un colorante vegetal y salen en bellos tonos de verdes y rojos o cualquiera otro. 

El término de Tortillas Ceremoniales es acertado, no obstante que sólo se utilice en el contexto de las ferias artesanales, eventos oficiales o promoción turística. 



A grandes rasgos se puede decir que son Tortillas Ceremoniales son una hermosa y antigua tradición que practican algunas comunidades de la cuenca del Río Laja, concretamente de los municipios de Allende y Comonfort, en Comonfort nos referimos a las comunidades de Orduña, Morales, La Palma, por citar algunas, en estos lugares  a las tortillas, en su confección, se les añade un hermoso y simbólico dibujo producto de sabias y depuradas técnicas que trataremos de describir. 


Son ceremoniales porque se les utiliza en las festividades, principalmente religiosas de estas comunidades y, en menos ocasiones, en festejos particulares; es decir, no son de uso cotidiano.
El proceso de elaboración parte de una tortilla común, bueno ni tan común, tortilla hecha a mano y de maíz, como a todos nos gusta.


De paso espero que nunca lleguen a existir máquinas de estampar tortillas, pero quizá cabe mencionar que en alguna ocasión que ponderábamos la exquisitez de las tortillas hechas a mano, don Guillermo Velázquez recordó una cuarteta al respecto:
Eres tortilla corrientede esas de tortilleríatardas pa’ que te calientey luego, luego te enfrías.
Ya cada lector sabrá si extrapola estos versos para referírselos a su pareja haciendo una metáfora no implícita. Regresando a dónde estábamos antes de que me perdiera  en mis remembranzas, si la tortilla se fabrica de manera tradicional, dándole forma con una prensa, el dibujo se impregna con la utilización de un tinte natural obtenido de una planta llamada muicle (justicia spiciglera), que se hierve o se coloca en el comal según el método preferido de la especialista. 



El dibujo se plasma en la tortilla mediante el uso de un molde de madera de mezquite en sobrerrelive, que recibe el congruente nombre de Pintadera. Estas pintaderas tendrán un espesor de tres o cuatro centímetros y el diámetro del dibujo (aunque el molde puede ser cuadrado y con mango), de unos quince centímetros.  El proceso de fabricación es sumamente arduo, como es de imaginarse se trata de quitar a la superficie de la pintadera, unos tres milímetros de todo lo que no se desea transferir a la tortilla, para crear el relieve con el dibujo.

 La buena noticia es que una vez terminada la pintadera, ésta durará varias generaciones, como está comprobado, llenando las tortillas ceremoniales con símbolos religiosos, flores, animales o lo que sea congruente con el motivo de las celebraciones, del gusto del artesano o de quién encargo el artefacto. No es raro que, para aprovechar el mezquite, la Pintadera tenga dibujo en ambas caras.




Últimamente se fabrican pintaderas en madera de pino, lo cual es comprensible y, créame, yo sé de eso, tallar madera de pino es cuatro o cinco veces más fácil que tallar madera de mezquite, sobre todo para hacer un sobrerrelieve.

Pero necesariamente no será tan duradera como la fabricada en mezquite, y no es de dudar que el tatarabuelo de alguien por eso decidió utilizar mezquite, para garantizar, como ya dijimos, que su esfuerzo y su pericia serían patentes durante siglos. 



Como se intuirá, el molde tiene que ser tallado en sentido inverso a lo que se quiere transferir a la tortilla, como se hace con un sello de goma, esto amerita un poco más de cuidado, sobre todo si lleva algún texto, o si, por ejemplo se va a plasmar la Santísima Trinidad, será engorroso que el Hijo aparezca a la izquierda del Padre.



Pero todavía no le digo como es el proceso, a reserva de que mi explicación parezca una receta le diré que la masa, luego de que sale de la prensa, se coloca en el comal, pero no hasta su cocción total, digamos que a la mitad nada más.  Entonces, utilizando un olote como brocha, se aplica el muicle sobre la pintadera y, a continuación, se coloca la tortilla a medio cocer sobre esta y se presiona un poco. La tortilla se impregnará con el tinte y transferirá el motivo. Regresa al comal y se  coloca con la cara que recibió el dibujo hacia abajo.



Eso es todo, se dice muy fácil pero, como es fácil entender, se requiere de mucha habilidad y práctica para que el resultado sea tan bello como lo llegamos a ver. Ahora bien, es evidente que esta es una forma de expresión artística con un significado y un simbolismo muy profundos, pero lo que motivó a los primeros pobladores de estas comunidades a desarrollar esta tecnología, encontrar un tinte y fabricar pintaderas es algo que queda, necesariamente, perdido en los años transcurridos desde entonces, y sabemos, como siempre en estos casos, de testimonios de gente muy mayor que nos dice que su abuela le contó que cuando ella, la abuela, era niña ya se pintaban las tortillas con esta técnica, pero no podemos precisar en que momento surge esta práctica que acabó por volverse una hermosa tradición, pero permítaseme otra digresión, parafraseo a Canek en la obra de Abreu Gómez:


 “—Aunque no se conozca, existe el número de las estrellas y el número de los granos de arena. Pero lo que existe y no se puede contar y se siente aquí dentro, existe una palabra para decirlo. Esta palabra, en este caso, sería inmensidad. Es como una palabra húmeda de misterio. Con ella no se necesita contar ni las estrellas ni los granos de arena. Hemos cambiado el conocimiento por la emoción: que es también una manera de penetrar en la verdad de las cosas.” 

Después de algo tan bello me siento fuera de lugar tecleando mis ideas, pero muy al margen de las verdaderas motivaciones que tuvieron quienes decidieron pintar tortillas, hace muchos años, hoy en día podemos imaginarlo y, más aún, algo de esta motivación se habrá transmitido, más sutil que explícitamente, de madres a hijas y hoy día, cada una de las sabias mujeres que hacen estas tortillas tendrá o intuirá que le significa personalmente realizarlas al mismo tiempo que sabe o intuye que tanto de lo que le viene de herencia se patentiza en cada una de sus pequeñas, y comestibles, obras de arte. 



Ahora permítame otra digresión, hoy ando muy digresor: Chamacuero ha estado poblado por pueblos civilizados desde hace más de dos mil años. Desde que recibió su nombre hace 670 años su poblamiento ha sido constante, cuando los españoles llegaron, casi doscientos años después, había un núcleo de población indígena donde una buena parte, una mayoría,  eran de origen otomí, aunque en esta región convivieron pacíficamente, grupos de diferentes orígenes.

Si uno ve, en los archivos parroquiales, la cantidad de libros dedicados al registro de nacimientos, matrimonios o defunciones dedicados a “Indios y castas” y el número de libros dedicados a “españoles”, comprende en una ojeada, que la población de los primeros era 10 veces superior a la de los segundos, luego entonces, no es un despropósito decir que todos los chamacuerenses descendemos de los otomíes, unos no nos consideramos merecedores de tal honor, otros no se preocupan de asumirse como tales, aun cuando incluso conocen la lengua Ñah Ñuh, lo cual no implica que no se sientan orgullosos de sus abuelos y sus ancestros a los que escucharon muchas veces hablar en esta lengua. 

¿Y por qué mi digresión? Hace unos doce años, esta tradición comenzó, merecidamente,  a llamar la atención de las instituciones relacionadas con la cultura, a nivel municipal y estatal. Qué bien, pero no sé en qué momento se perdió la percepción de que esta tradición se ejerce actualmente en varias comunidades del municipio, sin que a las personas que la ejercen les haya interesado asumirse como otomíes, sin que por ello renieguen de su origen, pero pretender que ésta o cualquiera otra tradición es más valiosa por ser propia de un grupo indígena, o pero aún que es exclusiva de éste, me parece un despropósito y una sobrevaloración que, por ese motivo, brinda una visión demasiado estereotipada de la realidad de los habitantes de nuestro municipio y en este caso particular de las sabias mujeres que con el gusto heredado por esta tradición elaboran sus tortillas, por motivaciones que en realidad sólo ellas conocen pero, me consta, no son nunca una pose para los promotores culturales o turísticos ni para los medios de comunicación que, a veces, y con sobrado merecimiento, reparan en tan bella práctica. 

Ojalá que tan ajenos preceptos no consigan permear hasta el espíritu de la práctica de esta tradición y las personas que a ella se avocan no se crean obligados a decir: “Vamos a hacer Tortillas Ceremoniales Otomíes”, sino que cada uno de ellos se asuma como tal, como otomí, en la medida que por sus convicciones o motivaciones propias así lo considere. No por nada, durante siglos, los chamacuerenses, todos, han ejercido su cultura y sus tradiciones, sin importarles la forma en que los bienintencionados investigadores, incluido este cronista, quieran encasillarlos, aun cuando sea para otorgarles un mérito que nunca han necesitado.


Eugenio Amézquita

ACÁMBARO, GTO.-  Con éxito comenzó el proyecto de Café Cultural de Acámbaro: Leyendas, Historia y Tradición, con la presentación de la conferencia “La Leyenda de la Marquesa del Pedreguero” a cargo del Lic. Otoniel Guerrero Ferreira; la cual fue organizada por la
Dirección de Desarrollo Económico y Turismo, en coordinación con la Corresponsalía del
Seminario de Cultura Mexicana.



El evento tuvo lugar en el patio del Antiguo Hotel París de esta ciudad, el cual lució lleno de gente deseosa de participar en este proyecto cultural promovido de manera directa por el Gobierno Municipal en coordinación con ciudadanos y organismos interesados en la difusión cultural.


El evento contó con la presencia del Presidente Municipal de Acámbaro, Lic. Alejandro Tirado Zúñiga, quien estuvo acompañado por integrantes del Ayuntamiento Constitucional y funcionarios de la administración municipal. Así mismo destacó la asistencia del Lic. Gerardo Argueta Saucedo, Presidente de la Asociación Estatal de Cronistas de Guanajuato; el Profr. Octavio Guerra Pérez, Presidente de la Corresponsalía del Seminario de Cultura Mexicana.



En la conferencia el Lic. Otoniel Guerrero, se adentró a la verdadera historia de Doña María Micaela Gregoria Romero de Terreros y Trebuesto, a quien popularmente a través de los años y de generación en generación se le ha conocido como “La Condesa”, pero en realidad su título nobiliario fue la Segunda Marquesa de San Francisco de Acámbaro o Marquesa del Pedreguero.


Guerrero Ferreira se adentra a través de una seria investigación en los antecedentes de este personaje, indicando que a muy corta edad, se convirtió en marquesa a la muerte de sus padres, sabiendo administrar de manera ejemplar las haciendas y propiedades familiares, y que fue un personaje de renombre dentro de la sociedad acambarense del Siglo XVIII.

Con el tiempo se fueron creando leyendas e historias sobre ella, más apegadas a lo sobrenatural, que trascendieron a través de la historia, sin que hasta el momento se haya comprobado que hayan sido verídicos.


De igual manera, el Cronista de la Ciudad, Gerardo Argueta, dio lectura a la popular leyenda que gira en torno a este personaje y que ha pasado de generación en generación entre la población acambarense.

Al final, hizo uso de la voz el Presidente Municipal, para señalar que fue exitoso esta primera emisión del Café Cultural de Acámbaro: Leyendas, Historia y Tradición, pues el público acudió de gran manera, interesados en el tema.

Dijo que el objetivo esencial del proyecto es que haya una presentación mensual, el último jueves de cada mes, donde se puedan presentar todas las expresiones artísticas que hagan alusión a la historia y tradición que hay en el municipio de Acámbaro; dijo “esto para que niños y jóvenes conozcan más de su municipio y se puedan identificar mejor con él”.

Agradeció a todas las áreas del gobierno municipal que apoyan y contribuyen para que se lleve a cabo este proyecto, el cual no tiene costo alguno para el municipio, dijo “simplemente se hace por el amor que se siente por nuestro querido Acámbaro”.

Así mismo agradeció a los empresarios panaderos de la localidad que aportan sin costo alguno las piezas de pan que se distribuyen entre el público asistente a estos eventos; dijo “también un agradecimiento a las personas que contribuyen haciendo café o champurrado para los asistentes”.

Al final se entregaron reconocimientos por parte de la Corresponsalía del Seminario de Cultura Mexicana al Lic. Otoniel Guerrero Ferreira y al Lic. Gerardo Argueta Saucedo, por su participación en esta primera emisión del Café Cultural de Acámbaro: Leyendas, Historia y Tradición.



Eugenio Amézquita

El Barrio de Tierras Negras participará en la III Feria de la Cajeta dando a conocer las tradiciones de este tradicional asentamiento humano y efectuando el Anuncio de las Fiestas de Tierras Negras en el Jardín Principal, este domingo 1 de diciembre de las 16:00 a las 21:00 horas. Habrá obsequio de Gorditas de Tierras Negras a los asistentes.

Lo anterior fue dado a conocer en entrevista por el Pbro. Rogelio Segundo Escobedo, rector del Templo de Nuestra Señora de Guadalupe de Tierras Negras y coordinador de Pastoral del Turismo en la Diócesis de Celaya.

El programa, expresó, iniciará con la apertura del anuncio de las citadas fiestas, corriendo a cargo del mismo Padre Rogelio Segundo dicho anuncio. La conductora de este evento lo será María Estela Lemus Martínez.

Proseguirá con la Procesión con la Imagen de Nuestra Señora de Guadalupe de Tierras Negras, a la usanza del barrio, tal y como se realiza en las actividades tradicionales de este lugar, nacido en tiempos de la colonia y asentamiento totalmente otomí.



Continuará con la Presentación de la Tradición de la Virgen de Guadalupe de Tierras Negras, coordinando María Estela Ramírez Vargas, con la participación de varios niños que irán pasando con estandartes de la tradición, acompañando con música de fondo de la Orquesta, con la Guadalupana.

El siguiente número será la Danza de Niños, coordinado por Daniela Vianney Arriaga Ramírez. Los pequeños se presentan con su danza y la participación de sus mamás con la imagen de la Virgen María de Guadalupe y presentan una coreografía posteriormente, acompañados por la Banda Infantil y Juvenil, con una marcha de entrada.

Seguirá la Danza Prehispánica, coordinada por Adela Martínez Bautista, efectuando un rito tradicional de purificación y después realizan unas danzas.

La Maestra Lupita Leal Rangel coordinará el Coro Ángeles Cantores, para luego dar paso al Coro de Niños de Tierras Negras coordinado por el Maestro Héctor Medina Delgado y continuar el Coro Ángeles Terrae, con la Maestra Lupita Leal Rangel.

Se realizará la presentación de algunas familias que han mantenido viva la tradición; luego varios coros de Tierras Negras y encargados de la Fiesta, cantando La Guadalupana. De ahí el Padre Rogelio Segundo Escobedo llevara a cabo la invitación a las Fiestas, para entregar de reconocimientos a los grupos y maestros.

Se llevará a cabo la repartición de las Gorditas y Panes de Tierras Negras y finalizar con la participación de la Banda Infantil y Juvenil de Tierras Negras.

Reiteró el Padre Rogelio Segundo Escobedo la invitación a este evento el próximo Domingo a las 16:00 horas.

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