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*Por Eugenio Amézquita Velasco*

Se narra en la obra del General Vicente Riva Palacio, "México a través de los siglos" la llegada de las tropas insurgentes a Celaya y la entrada de los mismos a la ciudad, deteniéndose a la altura del actual templo parroquial de San Antonio, así como lo sucedido momentos después y la creación del Ayuntamiento Insurgente y su salida hacia Guanajuato capital.

El Maestro y Pintor guanajuatense Luis Valentín, plasma con el colorido que le es representativo, dos de los momentos de la presencia del Sr. Cura Don Miguel Hidalgo y Costilla en su presencia en CELAYA, a través de dos pinturas recientemente inauguradas y puestas en comodato -junto con otra obra de tema de las Batallas de CELAYA- en el Museo de CELAYA, Historia Regional que tan atinadamente dirige el Lic. e Historiador Rafael Soldara Luna.

El momento de la llegada al templo de San Antonio, en la hoy calle de Insurgentes y que hace unos 60 años tuvo a las afueras de este sitio la cabeza de águila de la Ruta de Hidalgo -esquina de 20 de Noviembre e Insurgentes- y la presencia del Padre de la Patria en el Jardín Principal celayense, a las afueras de la antigua Casa Real, hoy edificio de la Presidencia Municipal de CELAYA.


Dice textualmente la obra que "rodeando la sierra de Guanajuato con dirección aparente hacia Querétaro, los independientes al llegar a Chamacuero cambiaron bruscamente de rumbo enderezándolo a Celaya y pernoctando en la hacienda de Santa Rita. Durante este nuevo trayecto se les fueron agregando voluntarios en número tan considerable, que en la mañana del día 20, al llegar ante Celaya, el ejército insurgente constaba de veinte mil hombres".


"Hidalgo intimó rendición á la ciudad, pues por un oficio interceptado en el pueblo de San Juan de la Vega pudo presumir que el subdelegado don José Duro intentaría quizás la defensa. La intimación estaba concebida en estos términos: 

«Nos hemos acercado á esta ciudad con el objeto de asegurar las personas de todos los españoles europeos. Si se entregan a discreción, serán tratadas sus personas con humanidad; pero si por el contrario, se hiciese resistencia por su parte y se mandaré dar fuego contra nosotros, se tratarán con todo el rigor que corresponde á su resistencia: esperamos pronto la respuesta para proceder. Dios guarde á ustedes muchos años. Campo de batalla, setiembre 19 de 1810".  —Miguel Hidalgo. — Ignacio Allende. 

P.I).— En el momento en que se mande dar fuego contra nuestra gente, serán degollados setenta y ocho europeos que traemos á nuestra disposición.—Hidalgo. — Allende. — Señores del Ayuntamiento de Celaya.»" 


"Pero el subdelegado Duro y el jefe militar don Manuel Fernández Solano no estaban apercibidos á la defensa, y en consecuencia salieron violentamente para Querétaro, seguidos de pocos soldados y de todos los españoles residentes en aquella población".

*La entrada solemne a Celaya*

"El día 21 hizo Hidalgo su entrada solemne en Celaya, adonde se incorporaron á su ejército dos compañías del regimiento provincial. El cura de Dolores iba a la cabeza de sus tropas, rodeado de Allende, Aldama, Abasolo y los jefes de más graduación, precediéndole el cuadro de la Virgen de Guadalupe tomado en el santuario de Atotonilco; seguíale la música del regimiento de la Reina, escoltada por cien dragones del mismo cuerpo al mando de un oficial que alzaba un estandarte con el retrato de Fernando VII, y en seguida marchaban las masas compactas de la infantería y caballería". 


"En este orden desfilaba el ejército, cuando un tiro disparado, quizás casualmente, fue la señal para el saqueo: las masas insubordinadas de que estaba formada la gran mayoría de aquel improvisado ejército, unidas a la clase baja del pueblo de Celaya, se desparramaron por las calles, forzando las puertas de las tiendas y apoderándose de los efectos almacenados en ellas. Algunas horas duró este lamentable desorden, que no eran parte a evitar los esfuerzos de los principales jefes de la revolución". 

"Alamán dice en su Historia que Aldama, indignado por lo que estaba pasando en Celaya, manifestó su disgusto al cura de Dolores, quien le contestó que él no sabía otro modo de hacerse de partidarios, y que si Aldama lo tenía, se lo propusiese". 


"Lejos de nuestro ánimo la intención de disculpar lo que es esencialmente inexcusable; deploramos que en los orígenes de la independencia de México aparezcan esas manchas que amortiguan el brillo de las causas más nobles; pero examinando estos tristes sucesos con la serena imparcialidad de la historia, y juzgándolos con la calma que aseguran los ochenta años que de aquella época nos separan ya, nuestro criterio no puede ser el ardiente y apasionado del escritor que acabamos de mencionar".

"Testigo de los sucesos que refiere, educado con principios diametralmente opuestos á los que sirvieron de base á la revolución de independencia, actor prominente en la política nacional, á poco de consumada la emancipación y cuando los odios estaban recientes y las heridas vivas; hombre de ardientes pasiones e historiador de sucesos contemporáneos, Alamán escribió una obra de partido, y su historia es una inmensa diatriba contra la independencia de México y sus autores". 


"En la especie que acabamos de citar se ve su empeño en arrojar sobre el Padre de la independencia toda la culpa de los horrores que presenció aquella época angustiosa. Esto no es digno del que al empuñar la pluma del historiador debiera tener siempre en el corazón y en la conciencia la máxima que inspiró al inmortal autor de los Anales, cuando juzgó á los hombres y á las cosas de su tiempo sin odio y sin favor". 

"Aceptando como cierta la contestación que Hidalgo dio á Aldama con motivo de los desórdenes en Celaya, ella no expresa más que la fatal exigencia de la guerra, y de una guerra como la iniciada en Dolores, eminentemente insurreccional: del pueblo contra la autoridad, de las muchedumbres contra el gobierno, de los que carecían de toda suerte de elementos contra los que todo lo poseían en abundancia; de una guerra que debían sostener en los primeros momentos turbas indisciplinadas á las que no podía exigirse ni templanza en la victoria, ni conciencia exacta de su grandiosa misión, ni instintos mejores que los que su ignorancia y abyección les inspiraban". 

"Si hubiéramos de condenar todos los horrores de la guerra de independencia, si pretendiésemos que ella se hubiese llevado á cabo sin que la humanidad ni la historia deplorasen más calamidades que las inherentes á la guerra misma, aparte de mostrar una ignorancia indisculpable acerca de la situación de México a principios del siglo XIX, tendríamos que convenir con los correligionarios de Alamán en que es preferible la quietud de la servidumbre á las fecundas tempestades de la libertad".

En tanto que las masas del improvisado ejército cedían ante los esfuerzos de sus jefes para contener el saqueo, la tropa disciplinada de los regimientos que habían abrazado la causa de la independencia se ocupaba en trasladar á la tesorería de los insurgentes las considerables sumas de dinero que los españoles, antes de retirarse á Querétaro, habían depositado en los sepulcros del convento del Carmen, adonde también se hallaba guardada con anterioridad una cantidad no despreciable que las autoridades realistas recogieron pocos días antes del pueblo de Chamacuero", hoy Comonfort, Pueblo Mágico..

"Restablecida en lo posible la tranquilidad pública en Celaya, Hidalgo, al día siguiente, 22, nombró subdelegado de aquella localidad al abogado don Carlos Camargo; hizo que se reuniesen los regidores que habían quedado en la población para que proveyesen á cubrir las vacantes del cuerpo municipal, y convocó á junta á los principales jefes del ejército con el objeto de fijar la posición militar de cada uno de ellos, medida que exigían imperiosamente las circunstancias, que hacía indispensable el portentoso aumento que hora tras hora iban teniendo las filas de los independientes, y que no debía aplazarse ya, en víspera de las grandes empresas que los principales caudillos estaban dispuestos á intentar. La junta de militares, reunida en las orillas de la ciudad y en presencia del cuerpo de ejército, nombró á Hidalgo capitán general, á Allende teniente general y confirió otros empleos de menos categoría á los demás jefes. Concluida esta importante tarea, el jefe de la insurrección se trasladó á las Casas del Ayuntamiento y arengó á los munícipes que acababan de instalarse, recomendándoles el mayor celo en pro de la causa de la independencia, y salió luego con dirección á su alojamiento seguido de inmensa multitud que le aclamaba entusiasmada; al llegar, dispuso que se colocase en el balcón el cuadro de la Virgen de Guadalupe, y presentándose con Allende, Aldama, Abasolo y los demás jefes dirigió al pueblo un discurso que fue aplaudido con verdadero frenesí".

Engrosado más y más el ejército, y engreídos sus jefes con la buena suerte que hasta entonces les había acompañado, salieron uno y otros de Celaya el 23 de setiembre con el intento de atacar á Guanajuato. Detuviéronse algún tiempo en Salamanca e Irapuato, adonde  nombraron nuevos funcionarios municipales y agregaron á sus filas las compañías sueltas del regimiento del Príncipe que guarnecían ambas poblaciones. El 28 de setiembre llegaban á la hacienda de Burras, distante seis leguas de Guanajuato, desde cuyo punto intimó Hidalgo la rendición á la plaza".


*Bibliografía*:
México a través de los siglos
Historia general y completa del desenvolvimiento social, político, religioso, militar, artístico, científico y literario desde la antigüedad más remota hasta la época actual
Publicada bajo la dirección del General D. Vicente Riva Palacio
Tomo Tercero
La Guerra de Independencia
Escrita por D. Julio Zárate
México
Ballescá y Compañía, Editores
2, Avenida del 5 de Mayo, 2
Barcelona
Espasa y Compañía, Editores
221, Calle de Cortés, 223
Páginas 110-112




*Por Carlos Francisco Rojas Gómez*

Casi todas las imágenes religiosas que logran reunir en torno suyo un gran número de expresiones de devoción cuentan con una o varias leyendas o acontecimientos milagrosos sobre su origen o establecimiento en el lugar donde se les rinde culto. La Virgen de los Remedios de Chamacuero no es la excepción y en torno a ella se han construido algunas leyendas, o una leyenda con diferentes versiones que nos permiten observar el fervor religioso de las personas, además de que evidencian rasgos sociales, culturales, económicos y políticos que dan identidad al chamacuerense.  Una de estas versiones dice lo siguiente: 

[…] pasaba por ahí un arriero con sus remudas [mulas]. Una se le perdió en el magueyal donde actualmente se levanta el templo. Esta remuda que cargaba una caja con la imagen de la Virgen fue encontrada [tiempo después] por un ‘tlachiquero’. El [sic] llevó esta imagen de la Virgen de los Remedios al convento franciscano de Chamacuero, pero la Virgen se regresó al lugar donde había sido encontrada. Este suceso se repitió tres veces, al ver el prodigio se levantó ahí el templo.[1]

Otra leyenda narra que dos viajeros llevaban consigo la pequeña imagen, en su paso por Chamacuero decidieron descansar, cuando emprenden el viaje, al poco tiempo se dan cuenta que la Virgen ya no está, regresan al lugar del descanso y allí la ven, reanudan su marcha y nuevamente sucede lo mismo, hasta la tercera vez, por lo que interpretan que la Virgen deseaba quedarse en este lugar. Incluso hay versiones donde los  viajeros llegan en ferrocarril, lo cual nos permite observar que las leyendas se van conformando a partir de acontecimientos de relevancia para la población. 

Por mucho tiempo estos relatos han dado respuesta a las preguntas sobre el origen de la Virgen de los Remedios en nuestro pueblo, y seguramente también seguirán dando vida a la tradición oral y al folklor de los comonforenses, sin embargo debemos tener muy claro que estos son relatos fantásticos y milagrosos que no requieren ser comprobados, pues su riqueza radica precisamente en lo maravilloso del relato. Por otro lado, la historia apoya sus resultados sobre una fuente documental que permite sustentar cómo sucedieron las cosas en el pasado; lo que a continuación se presenta son los primeros resultados de investigación sobre la imagen que mayores muestras de devoción recibe y en torno a la cual se desarrollan las celebraciones más concurridas e importantes del año. 

La historia de la Virgen de los Remedios es el origen de muchas de las formas y expresiones culturales de la vida cotidiana de los comonforenses y en particular de los habitantes del barrio de los Remedios, pues se trata también del origen de esa población. Esta histórica relación de la Virgen con el pueblo de Chamacuero comienza el 13 de septiembre de 1690 cuando Agustín Castillo, español residente en este pueblo, hizo donación de la pequeña imagen que había sido un obsequio de su hermano el franciscano Fray Antonio Castillo, y quien la había traído de España [2].  El acontecimiento quedó plasmado en un acta de donación que Agustín Castillo realizó para otorgar y ceder todos los derechos de la imagen a los naturales y principales indígenas del pueblo:

[…] los naturales y principales de este Pueblo la han recibido y me la han pedido con obligación de ha[c]erle capilla y santuario como lo tienen puesto en efecto [s]eñalado sitio y comensado [sic] a disponer para su efecto y con [dicha] mira y del devoto afecto con que lo hacen en aquella via [sic] y forma que mejor haya lugar, les hago gracia  y donación de dicha  hechura pura mera perfecta e irrevocable con todos los requisitos vínculos y firmeza que a su validación sean necesarios con renunciación que hago de todas las leyes que me puedan favoreser [sic] para desaser [sic] dicha donación [3]. 

A partir de este momento la Virgen de los Remedios era del pueblo de Chamacuero, de los indígenas, que fueron quienes la solicitaron como obsequio a Miguel Castillo y quien al observar el devoto afecto que le tenían tuvo a bien hacer la donación. Es muy importante considerar esta particularidad, pues explica en parte las grandes muestras de devoción que persisten hasta nuestros días y que muy pocas imágenes religiosas tienen en nuestro municipio. 

La Virgen es entregada a los naturales para que éstos le hagan una capilla y allí le muestren su fervor y reconocimiento, es decir la imagen no fue entregada a ninguna congregación religiosa, o sacerdote secular, ni tampoco a ninguna persona en particular, la imagen fue donada a la República de indios [4] del Pueblo de Chamacuero, a sus habitantes indígenas para que aquí la veneraran. Esto influyó en la rápida expansión de su culto en la región porque fueron precisamente los indios quienes se comprometieron a expandir el culto por medio de una hermandad, realizando colectas en el pueblo y la región, rentando algunos bienes donados por la feligresía a la Virgen y organizando la fiesta, es decir  administrando todos los bienes materiales con la única finalidad de rendir culto a la Virgen de los Remedios. 

La Hermandad de Nuestra Señora de los Remedios de Chamacuero surge a principios del siglo XVIII, muy probablemente en 1725 pues es la primer mención que se hace a un mayordomo de esta hermandad en su libro de cuentas, Don Francisco Xavier de León, quien mandó dorar el sagrario de la Virgen. Se menciona también que en 1726 se colocaron “los lienzos del corateral [sic] [retablo], y otros dos pequeños”,  y en 1727 se mandó dorar el frontal. Ahora bien, aquí no se menciona cuando se comenzó a elaborar el retablo, pero sabemos que para 1726 ya se encontraba bien avanzado pues se colocaron los lienzos. A partir de este dato se puede inferir que para esta fecha ya estaba construida la capilla de los Remedios, aunque por otro lado, en este mismo documento, se dice que en 1728 se compró un solar para que “sea finca de Nuestra Señora de los Remedios”, y que en 1729 “se empezó a fabricar dos casas, sala y tienda que [se] ha hecho poco en poquito hasta el de treinta y uno [1731]” [5], lo que hace pensar que se trata de la compra del terreno donde se construyó la capilla de la Virgen, y que además ésta, o por lo menos una etapa, se construyó entre 1729 y 1731. 

     Surgen entonces algunas dudas respecto a la construcción de la capilla pues por una parte el retablo ya estaba terminado y por otro lado la información hace pensar que es hasta 1728 cuando se compra el terreno para fabricar la “finca de Nuestra Señora”. Si esto es cierto, ¿dónde se encontraba el retablo?, o acaso esta mención a una compra de un solar se refiere a un bien adquirido por la hermandad para rentarlo o usarlo para obtener algún beneficio económico para los gastos de las festividades y del cuidado de la imagen, o es que efectivamente se trata de la compra del terreno para la capilla y el retablo estaba colocado en otra capilla o en la casa de algún mayordomo. Interrogantes que probablemente en otro momento se puedan aclarar, así como la misma elección del sitio para construir la capilla, pues en ese tiempo quedaba fuera del pueblo. 

     Aunque se menciona que el retablo estaba terminado, todavía no estaba dorado, pues fue hasta 1741 cuando esta obra quedó concluida siendo mayordomo Don Paulino Téllez. En noviembre de 1740, cuando aún era mayordomo Don Pedro de la Cruz Hernández, antes de entregar el cargo tuvo que verificar la calidad del trabajo del dorado, por lo que con el ministro de doctrina, el notario y otros testigos acudieron a la casa de “Don Santiago de Silva yndio [sic] principal [sic] de este pueblo maestro de dorador en casa de quien se esta [sic] dorando el coratheral [sic] de mi Señora de los Remedios” [6]. El hecho resulta de importancia porque nos permite observar que en el pueblo había personas capacitadas para este tipo de trabajos, además de que, según asentaron otros testigos “Don Santiago de Silva quien tiene la obra a su cargo, ser maestro en la facultad por haver [sic] hecho en distintos lugares obras muy pulidas y de mayor quantia [sic]” [7]. Queda la duda de quién fue el autor de las pinturas del retablo, pero sigue siendo interesante que haya sido un indio del pueblo quien realizó el dorado de la obra y que además se mencione que realizó trabajos en otros lugares. 

     Por otra parte también es importante señalar que la compra que se hace del terreno, que pudo o no ser para la capilla,  se hace a nombre de la Virgen como si tuviese personalidad legal para realizar este tipo de contratos, lo cual era totalmente común y muy normal en la época colonial; es por esto que hasta hoy en día los habitantes del barrio de los Remedios viven en los terrenos de la Virgen, sin poseer ellos algún documento legal que los haga dueños del terreno. Lo que no se ha podido localizar es el documento de la compra, donde se puedan encontrar datos como la extensión del predio y el nombre del vendedor. 

     Hablando sobre el terreno es importante mencionar que algunos vecinos del barrio de los Remedios comentan, que antes en ese lugar estaba el antiguo pueblo de San Lucas, una de las tres poblaciones que se asentaron en el valle de Chamacuero a finales del siglo XVI, es más, cuentan que allí había casas y hasta un fuerte, y que luego se hizo el templo a la Virgen y gradualmente fue cambiando el nombre de San Lucas a Los Remedios. Aunque esta versión resulta muy interesante los documentos no hacen alusión a esta antigua población, es más mencionan que no había ninguna casa o población alrededor del templo. 

     En enero de 1732, la capilla fue robada, “amanesio [sic] la Virgen Santisima [sic] sin corona, sin media luna, sin setro [sic] ni sin todo el adorno de perlas y joyas”; [8]. En ese tiempo el mayordomo era Don Lorenzo Juárez, quien con el cargo que ocupaba dentro de la hermandad tenía en su poder el cuidado de la capilla y por lo tanto las llaves para abrir dicho santuario. Los feligreses se dieron cuenta del robo un día sábado pues era costumbre que la misa se celebraba ese día. Algunos vecinos, indios caciques del pueblo, describieron el hecho: 

[…]bajaron dicha Ymagen [sic]del propisatorio [sic] y colateral en que la hemos tenido y en una de las gradas de su altar tubieron [sic] el espaci[o] de a punta de tijera cortar las sedas y puntadas que aseguraban la tal vorda [sic] de perlas y preseas de oro, sin lastimar nada el cuerpo de la Señora ni de su bestuario [sic], cuyas motas o puntadas de seda cortada estaban tiradas sobre dicha grada, y efectuando tan osada irreberensia [sic] bolvieron [sic] a colocar y poner a la Señora en su propisiatorio [sic] [9]. 
     El robo causó polémica entre la población porque según los declarantes ni las puertas ni las ventanas de la capilla tenían señas de haber sido forzadas, por lo que el primer sospechoso fue el mayordomo, Lorenzo Juárez. Como las autoridades locales realizaron una investigación en la que el mayordomo negó haber cometido el robo, resultó también que en una visita que realizaron a su casa lo encontraron en su cuarto con una mujer que no era su esposa y que además era viuda, por lo que la acusación ya no sólo fue de robo sino que ahora también se le acusaba de vivir en pecado. En las declaraciones también salió a la luz que esa semana Lorenzo Juárez no tenía en su poder las llaves sino que las tenía un diputado de la hermandad (los diputados ayudaban con las actividades para conseguir dinero y prestar sus servicios en la capilla), Cristóbal de Mendoza quien declaró no saber “nada del robo que a María Santísima de los Remedios le an [sic] echo [sic] […], pues la capilla se halla fuera del pueblo, sin vezindario [sic] ni ninguno que l[o] cuide”. [10]

     Tanto Lorenzo Juárez como el diputado Cristóbal de Mendoza fueron encarcelados por esta situación, más allá de si fueron ellos los ladrones o no, lo relevante aquí es que se menciona que no había ninguna población alrededor de la capilla, como pudiera pensarse tomando la idea de que Los Remedios era San Lucas. Otro de los declarantes en este asunto fue un comerciante español Juan Ortiz de Celis, quien dijo ser “vezino [sic] del Santuario de Nuestra Señora de los Remedios que se alla [sic] fuera de este lugar” [11].  Esta declaración no debe confundir y hacer pensar que entonces si había personas viviendo alrededor del santuario, cuando se presenta como vecino hace alusión a la cercanía pero no necesariamente a que su casa está a un lado de la capilla; probablemente este comerciante español tenía su casa en lo que ahora es la calle de Ocampo o por el lado de la actual plazuela Álvaro Obregón. 

     Otro de los indicios de que para la primera mitad del siglo XVIII el barrio de los Remedios aún no existía es que no aparece ningún lugar con este nombre en los padrones levantados por el obispado de Michoacán durante este tiempo, pero tampoco se menciona un San Lucas. Es hasta 1782 que se alude al barrio de los Remedios en una lista de lugares en que se colectó limosna para la Santa Cruz del camposanto [12]. Seguramente se trataba tan sólo de algunas pequeñas casas de piedra, adobe y paja construidas por los indígenas para estar al cuidado y protección de la capilla y por supuesto al servicio de la Virgen de los Remedios. 

     Pero la prueba más concluyente en relación a que antes de la capilla no había población alguna, del periodo novohispano por supuesto, es que en 1821 algunos vecinos del pueblo se quejaron por:

los perjuicios que sufrian [sic],  con motivo de haberseles [sic] repartido solares para poblar y custodiar la Iglesia en que está colocada la Santísima Virgen de los Remedios, sin mas [sic] titulos [sic] de propiedad que un papel simple, dado por los mayordomos de la Hermandad de la Santisima [sic] Señora con lo que cometian [sic] varios abusos quitando a unos y poniendo a otros de que resultaba el poco amor que estos [sic] debian [sic] tener a sus sitios, repugnancia para fabricar sus casas y cultivar sus terrenos. [13].

     A partir de esta queja el alcalde primero constitucional Don Manuel Díaz de la Madrid tomó la determinación, basándose en la Constitución de Cádiz, que eran las leyes que regían en la todavía Nueva España, de establecer que los mayordomos no podían entregar solares y quitarlos sino que a quienes se les entregaran solares se les daría posesión de la tierra para “hacer guarda al templo, fabricar casa de terrado en términos que sirva de ornato, asistir a las obligaciones precisas de la Hermandad y tener buena conducta” [14] y así poder asegurar sus terrenos, con la única condición de servir en lo necesario a la imagen y a la hermandad. Y aunque ya desde las dos últimas décadas del siglo XVIII se menciona al barrio de los Remedios se puede decir que es hasta este momento, 1821, en que existe un establecimiento formal de esta población, amparados por la Constitución de Cádiz. 

 Este sistema prácticamente sigue funcionando hasta nuestros días, aunque las leyes con las que comenzó ya no tienen vigencia, los vecinos de los Remedios viven en terrenos de la Virgen y sólo pagan una contribución cada año el día Domingo de Ramos, esto lo hacen ante una junta o mesa directiva del barrio, que se encarga de llevar las cuentas; además también tienen como obligación servir en el cuidado del templo y colaborar en las actividades relacionadas con las fiestas de la Virgen, lo cual, según algunos mismos vecinos del barrio ha venido en disminución. 

 A pesar de esta situación, es innegable que la imagen de Nuestra Señora de los Remedios sigue generando innumerables muestras de aprecio y amor de muchos comonforenses y de personas de otros lugares que cada año modifican sus actividades cotidianas para servir, visitar y festejar a esta pequeña imagen que desde hace más de 332 años habita entre los chamacuerenses.      
     

NOTAS:
[1] Flores Solís, Miguel, La Virgen de los Remedios en España, México y Centroamérica, s/e, México, 2001, p. 64. 
[2] “Acta de donación de Nuestra Señora de los Remedios”, Libro de la Hermandad de Nuestra Señora de los Remedios de Chamacuero [versión digital], Centro de Estudios de Historia de México, Fundación Carlos Slim, consultado en: http://www.archivo.cehmcarso.com.mx 
[3] Ibídem.
[4] La República de indios era, 
[5] Libro de la Hermandad de Nuestra Señora de los Remedios de Chamacuero [versión digital], Centro de Estudios de Historia de México, Fundación Carlos Slim, consultado en: http://www.archivo.cehmcarso.com.mx  
[6] Ibídem.
[7] Ibídem. 
[8] Archivo Histórico Casa Morelos, Fondo Diocesano, Procesos criminales, sacrilegios, siglo XVIII, Clasificación 0282, C.837, Exp. 2, f. 1r. 
[9] Ibídem, f. 1. 
[10] Ibídem, f. 14v.
[11] Ibídem, f. 7r.
[12] Fondo Chamacuero, Cofradías, Cofradía de la Santa Cruz, bienes, C 2, L 2, Doc. 43, f. 131r.
[13] Fondo Chamacuero, Cofradías, Cofradía Virgen de los Remedios, bienes, C 1, Doc. 8, f. 31. 
[14] Ibídem. 

Artillería decomisada a tropas villistas tras Batalla de Celaya. El botín de guerra fue:
31 cañones, 5000 armas, 100 caballos, 6000 prisioneros / FOTO: Cortesía Fototeca INAH


Eugenio Amézquita Velasco

El documento denominado Parte Oficial de la Batalla en CELAYA, por los días 6 y 7 de abril de 1915, es una copia emitida por el General Brigadier del Ejército Nacional, subjefe del Departamento de Estado Mayor de la Secretaría de Guerra y Marina para la Secretaría de Gobierno del estado de Guanajuato y que es el parte de guerra enviado por el General del Ejército de Operaciones de las Batallas de CELAYA, Álvaro Obregón Salido, a su superioridad. El citado parte consta de 4 páginas y el total, de 13 páginas contiene también las siguientes operaciones de estas batallas en la zona. Nuestro agradecimiento al Historiador Lic. Rafael Soldara Luna, director del Museo de CELAYA, Historia Regional por los valiosísimos aportes documentales y gráficos proporcionados.

Se citan escenas interesantes y personajes que en su momento podrían pasar desapercibidos pero que posteriormente figuran em la historia de la Revolución Mexicana. Entre estos, el "Niño corneta", Jesús Martínez, de 10 años de edad, y el entonces Mayor Abelardo Rodríguez, quien resultó herido en la Batalla de CELAYA del día 7 de abril de 1915 y que en los años 30´s del siglo XX sería Presidente de la República, al igual que lo fue el mismo Gral. Álvaro Obregón.

General Fortunato Maycotte, quien combatió en las Batallas de Celaya. Llegó a ser
Gobernador de Durango. Murió fusilado en Pochutla, Oax.


*El documento contiene el siguiente texto*

"Tengo el honor de informar a usted que, en cumplimiento de sus superiores órdenes la noche del día 10 de marzo del año actual, el Ejército de Operaciones, que me honro en comandar, hizo su salida de la ciudad de México para emprender la campaña contra los reaccionarios en el Centro y Norte de la República, habiendo llegado a la Ciudad de Tula, estado de Hidalgo, la noche del día siguiente, lugar donde quedó establecido el Cuartel General, para hacer allí la reconcentración de todas las fuerzas e impedimentas, teniendo a la vanguardia los batallones 1/o., y 21/o., de Sonora, comandados, respectivamente, por los CC. Coronel Eugenio Martínez y Teniente Coronel J. Manuel Sobarzo, y la Brigada de Caballería del C. General Fortunato Maycotte cuyas fuerzas, con anterioridad habían consolidado la posesión del territorio hasta San Juan del Río Qro., tras de reñidos combates con el enemigo, en Huichapan y en el kilómetro 169, que libraron los dos batallones citados, con la cooperación de las fuerzas del C. General Gonzalo Novoa, que guarnecían la ciudad de Tula".

"La reconcentración terminó de hacerse el día 22 del mismo mes, en cuya fecha el Cuartel general se transladó a estación Cazadero, 82 kilómetros al Norte de Tula, adonde ya habían sido movilizadas las infanterías y la artillería. De ese punto se emprendió la marcha el día 25, a San Juan del Río, llegando a esta última población el mismo día y allí se hizo la concentración final de las fuerzas, emprendiendo el avance sobre Querétaro el día 30".

Estación Guaje, hoy estación de Villagrán. No opera ya como espacio ferroviario sino
como un Museo atendido por el municipio. / FOTO: Eugenio Amézquita Velasco

"Tras de algunos tiroteos con el enemigo, que fue obligado a retroceder, la ciudad de Querétaro fue ocupada por nuestras fuerzas el día 31, permaneciendo allí hasta el día 3 de abril, fecha en que continuamos la marcha al norte, llegando a CELAYA el día 4, después de derrotar al enemigo en un ligero combate sostenido en APASEO. De CELAYA avanzó nuestra vanguardia, al mando del C. General Fortunato Maycotte, hasta estación GUAJE, a 18 kilómetros al norte, sobre la vía del Central. Al siguiente día -5 de abril- tuve conocimiento de que una columna enemiga, mandada por Francisco Villa, emprendía un avance al Sur de IRAPUATO, aproximándose a nuestra vanguardia inmediatamente procedí a hacer un reconocimiento topográfico de los contornos de CELAYA y ordené al C. General Cesáreo Castro, Jefe de la División de Caballería, para que, a su vez, lo hiciera con el General Maycotte, que si la columna enemiga era poderosa, no presentara combate y retrocediera hasta incorporarse a CELAYA, donde yo me encontraba con el grueso del Ejército, recomendándole, a la vez, que cada cuatro horas rindiera parte de novedades al Cuartel general".

Gral. Benjamín Guillermo Hill Pozos, quien combatió
en las Batallas de Celaya. Llegó a ser Secretario de Guerra
y Marina y Gobernador de Sonora


"El día 6, a las 10:00 horas de la mañana, recibí un parte del General Castro, reproduciendo el que a el habíale rendido el General Maycotte, relativo a que tres poderosas columnas lo atacaban, y que su situación era muy comprometida. En seguida, ordené al C. General Benjamín G. Hill, Jefe de la 1/a. División del Noroeste, alistara un tren para embarcar 1,500 infantes, y al General Martín Triana, salir con sus fuerzas y los Regimientos de los Coroneles Juan Torres, Cirilo Elizalde y Vidal Silva, sobre la vía del ferrocarril, al GUAJE. Con el tren de infantería salí personalmente a las 12 m. para dar auxilio al General Maycotte, y darme cuenta aproximada del efectivo del enemigo. Habíamos caminado 10 kilómetros, cuando empezados a encontrar nuestras fuerzas de caballería de la vanguardia, batiéndose en retirada, casi envuelta por dos columnas enemigas, que cargaban por los flancos, informándome que el General Maycotte estaba sitiado en GUAJE; hice entonces avanzar más el tren, ordenando al maquinista que diera algunos pitazos, para denunciar nuestra presencia al enemigo que sitiaba al General Maycotte. El enemigo al darse cuenta de la llegada de nuestro tren, abandonó las posiciones que tenía, y se abalanzó sobre nosotros, permitiendo, así que las fuerzas sitiadas salieran por el flanco derecho y empezaran a batirse en retirada también, rumbo al campamento en CELAYA".

En la antigua Estación Guaje, hoy estación de Villagrán,
se vivió el paso de los trenes con tropas villistas. / FOTO: Eugenio Amézquita Velasco

"Ordené que nuestro tren retrocediera con igual velocidad que la que el enemigo traía, con el fin de que este continuara teniendo la esperanza de apoderarse de él, y de este modo, hacer más fácil la reconcentración de nuestras tropas a CELAYA, cosa que sólo logró a las 4 p.m. Entretanto, el General Hill, a quien habíale ordenado preparar toda la columna de infantería y artillería para protejernos, en caso necesario, al darse cuenta que de nos reconcentrábamos al campamento, ordenó a las infanterías el dispositivo de combate. Inmediatamente comuniqué órdenes al General Hill para que dispusiera la colocación de las infanterías en la forma siguiente: por el frente, desde la vía del ferrocarril hacia la izquierda, los batallones 8/o. 10/o. 4/o. 2/o. y 1/o. de Sonora; por la derecha, los batallones 9/o. 21/o. 17/o. 22/o. 20/o. y 15/o. de Sonora, lo que se efectuó desde luego, tomando posiciones en los bordes de las labores de cultivo que existen en ese rumbo. Al Coronel Kloss, jefe de la artillería, ordené que emplazara sus piezas, también al frente, un poco a la retaguardia de las posiciones de la infantería. Igualmente comuniqué órdenes al General Triana, para que con las fuerzas de su mando y los Regimientos de Caballería que comandan los C.C. Coroneles Torres, Silva y Elizalde, tomara también posición, lo que efectuó, colocando el 1/o. y 2/o., Regimientos de su Brigada y el 4/o. de la Brigada "Antunez", en las posiciones que ocupaba nuestra artillería; el 5/o., Regimiento a las órdenes del Coronel Elizalde, un poco a la izquierda de la fábrica "La Internacional", y el 1/o., de la Brigada "Antunez", comandado por el Coronel Torres a la derecha de las posiciones de la Infantería".

Las instalaciones de "La Internacional", fabricaban alcohol cuando se vivieron
las Batallas de Celaya. En 1930 se transformaría en la fábrica de cigarros "El Buen Tono",
nombre con el que actualmente es conocido este edificio. Ahí se apostó un poco a
la izquierda de esta fábrica el 5/o. Regimiento al mando del Coronel Cirilo Elizalde.
 / FOTO: Cortesía Museo de Celaya, Historia Regional

"Entretanto, el combate se había generalizado por todo el frente, haciéndose cada vez más reñido, especialmente en el arma de Artillería, pues la nuestra y la del enemigo, entablaban un duelo reñidísimo. El General Castro, ordené que reconcentraran las Caballerías de que podía disponer, dentro de la ciudad, y poner la caballada en descanso, en lugares convenientes, mientras que con los soldados, cubrir en nuestro flanco izquierdo de nuestra retaguardia, la parte del círculo de defensa que quedaba descubierta. También le ordené que enviara dos correos a comunicar órdenes a los Generales Alejo G. González y Alfredo Elizondo, para que se incorporaran inmediatamente con sus columnas de Caballería, con que ese mismo día habían ocupado ACÁMBARO; y otro correo, sobre la vía del ferrocarril que va a San Luis, para comunicar iguales órdenes al General Porfirio G. González, que marchaba en aquella dirección con una columna de 1,500 dragones. La infantería enemiga se posesionaba de los bordes que quedan al frente de los que ocuparon nuestros infantes, y la caballería villista cargaba impetuosamente sobre nuestras posiciones, estrellándose en cada uno de sus intentos. Así se prolongó la lucha, durante toda la tarde, siendo cada vez más desesperada; continuando también durante la noche el nutrido fuego de fusilería, ametralladoras y cañones, sin que lograra el enemigo desalojar de su puesto a uno solo de nuestros soldados. Cuando amaneció, podía verse el campo por donde el enemigo daba sus cargas, literalmente sembrado de cadáveres, y los caballos muertos constituían ya un obstáculo para continuar sus cargas; sin embargo, desde las 8 a.m., el enemigo, con nuevos bríos, emprendió una serie de cargas de caballería, sin dar tregua a nuestros soldados, que sin haber sido relevados continuaban inquebrantables en sus posiciones".

El General Porfirio González quien también participó en las Batallas de Celaya.
 Llegó a ser 2 veces gobernador de Nuevo León /FOTO: Cortesía INAH

"La artillería enemiga, que se componía de doce cañones, seguía batiendo las posiciones de los nuestros con la misma energía del día anterior. La nuestra había tenido que reconcentrarse a la ciudad, para reparar algunos desperfectos sufridos por su continuo disparar. A las nueve de la mañana de ese mismo día (7), seguido de mi estado mayor, me transladé a la línea del fuego del frente, cuando el combate se hacía más desesperado, para darme cuenta exacta de la situación. Había llegado al lugar donde tenía su cuartel el General Manzo, en momentos en que este recibía parte de que los batallones 8/o., 9/o., 17/o., y 22/o., y parte del 21/o., empezaban a abandonar sus posiciones por habérseles agotado por completo el parque. El espectáculo era doloroso y desesperante; nuestros heroicos soldados exponían la suerte de la batalla y su propia vida, abandonando sus posiciones para ir en busca de cartuchos, agotados por el incesante fuego que habían tenido que contrarrestar durante toda la noche y esa mañana. Inmediatamente di órdenes a los miembros de mi estado mayor, para que, con toda actividad, se hiciera llegar parque del depósito de reserva, a la línea de fuego y se movilizaran el 15/o., batallón de Sonora que ocupaba nuestra derecha, bajo las órdenes de su comandante, C. Coronel Severiano Talamante y las fuerzas que comandaba el C. Coronel Cirilo Elizalde, para cubrir la línea abandonada".

Jesús Martínez, a los 10 años, "El Niño corneta" quien tocó diana en batalla.

*Jesús Martínez, "El Niño corneta"*

"Pedí en seguida un trompeta, habiéndoseme proporcionado uno del 9/o., Batallón, Jesús Martínez, que sólo cuenta con 10 años de edad, único que pudo conseguirse en aquellos momentos, y, con él, me trasladé a las posiciones de defensa que, para aquellos momentos, habían quedado casi por completo abandonadas, y ordené al trompeta que tocara diana; este obedeció inmediatamente, desorientando con ello al enemigo que contuvo su avance y empezó a tomar precauciones, creyendo que aquella retirada obedecía a un plan estratégico, para hacerlos acercar a nuestra línea, la que conceptuaban quizá más fuerte. Mientras el niño continuaba tocando diana, recorría yo la línea distribuyendo los pocos soldados que quedaban quienes repelían con sus fuegos los del enemigo". 


(Toque 3 de Diana: "Se usará para anunciar el buen éxito de una acción. Para manifestar regocijo al dar a conocer a un general, jefe u oficial, o en la imposición de condecoraciones o insignias a los miembros del Ejército o Fuerza Aérea mexicanos".  Si buscamos el significado del término Tres de Diana, encontraremos que es: "Un toque Militar del Ejercito Mexicano que se utiliza tradicionalmente desde el periodo del Porfiriato para anunciar el buen éxito de una acción y manifestar regocijo por cualquier hecho meritorio". Por lo que es fácil deducir que 3 de Diana significa "Éxito")

"Hice avanzar una fracción del 17/o. batallón al mando del Teniente Coronel Fernando F. Félix y al Coronel Talamante, que en estos momentos se presentaba con el 15/o., batallón, y en media hora, nuestra línea quedó tan fuerte como lo había estado antes. Al mismo tiempo, llegaba el parque pedido, y los soldados llenaron de nuevo sus cananas y volvieron a ocupar sus posiciones llenos de entusiasmo y con el mismo inquebrantable ánimo que les caracteriza. Dispuse que el General Castro alistara todas sus caballerías, inclusive las de los Generales Alejo G. González y Alfredo Elizondo, que acababan de incorporarse, para efectuar un movimiento envolvente por ambos flancos; y cuando el General Castro recibió esta orden, ya él había determinado hacer avanzar sobre el flanco derecho del enemigo, las Brigadas de los Generales Fortunato Maycotte, Jesús S. Novoa y Alfredo Elizondo. Entonces ordené que la Caballería del General González hiciera el movimiento sobre el flanco izquierdo".

Abelardo L. Rodríguez, herido en las Batallas de Celaya el 7 de abril
de 1915. Luego sería Presidente de México de 1932 a 1934. Fue el último
presidente sujeto al Maximato de Plutarco Elías Calles.

*Logra Obregón retirada de los villistas*

"Esos movimientos, efectuados con toda rapidez y energía, eran el comienzo de nuestra ofensiva contra las posiciones del enemigo, y desde la 1 p.m., en que empezaron a desarrollarse, nuestra caballería, con sus respectivos jefes al frente, cargaban sobre los villistas, con los bríos que siempre los han distinguido, lo cual hizo que el enemigo empezara a batirse desesperadamente en retirada; y si en esta vez logró salvar su artillería, fue debido al desconocimiento, por parte de nuestros jefes, del terreno en que hicieron la persecución, pues el valle que nuestras caballerías recorrieron, está cruzado, en distintas direcciones, por un sinúmero de canales y acequias de irrigación, que favorecieron a los traidores en su precipitada fuga. La persecución se prolongo hasta las 6 p.m., en una distancia de 16 kilómetros, de donde nuestras caballerías regresaron, por lo que la noche que cerraba ya, los impedía continuar sus movimientos. Las pérdidas sufridas por el enemigo, son de gran consideración, pues en el campo que ocupó, fueron contados más de 1,800, muertos; se les capturaron poco más de 500 prisioneros, gran número de armas, caballos y municiones, tanto de fusil como para cañones, y estimó que el número de heridos que sufrió, debe ser mayor de 3,000., pues en su retirada hacia el Norte, ocuparon con ellos cinco trenes". 

El General villista Agustín Estrada había reemplazado al General Pascual Orozco
en el mando de las fuerzas rurales de Chihuahua. Es quien cayó en la Batalla de CELAYA
según el Parte de Guerra del Gral. Álvaro Obregón./ FOTO: Otis A. Aultman

"Entre los muertos del enemigo, se encuentra el llamado General Agustín Estrada. Por nuestra parte tenemos que lamentar la muerte de los Coroneles Alfredo Murillo, Jefe del 17/o., Batallón de Sonora, y Tomás Estrada, Jefe del 8/o., Batallón de Sonora y Mayores Arturo Gutiérrez y José Ángel Guerra, de la Brigada Regional de Coahuila, que comandaba el C. General Alejo G. González, y 27 oficiales y 526 de tropa; y heridos, los Coroneles Eugenio Martínez, Jefe del 1/er. batallón de Sonora y Paz V. Faz, de la Brigada Maycotte; mayores Roque Chávez, del 10/o. batallón; Dolores Cuarizapa, del 18/o., y Abelardo Rodríguez, del 4/o., y 20 oficiales y 340 de tropa, conforme al pormenor adjunto".

"Paréceme como inútil hacer especial mención de los Generales, jefes y oficiales que se distinguieron en esta batalla, pues todos, por igual, estuvieron a la altura de su deber, desplegando actividad, energía y valor, como han sabido hacerlo siempre. Permítome reiterarle, en mi nombre, y en el del valiente Ejército de Operaciones, que me honro en comandar, nuestras felicitaciones muy sinceras por el triunfo obtenido, protestándole las seguridades de mi respetuosa consideración y subordinación.- Constitución y Reformas.-CELAYA, GTO., a 10 de abril de 1915.- El General en Jefe, Álvaro Obregón".--------







Redacción

ACÁMBARO, GTO.- El investigador acambarense, Leonardo Amezcua Ornelas dio a conocer su más reciente descubrimiento urbano-arquitectónico dentro del contexto del centro histórico de Acámbaro, donde reveló lo que en algún tiempo fue una Casa Real, inmueble histórico del siglo 16 donde sesionaron los ayuntamientos de ese entonces, la cual hoy la gente desconoce.

Acámbaro fue fundado el 19 de septiembre de 1526 por misioneros franciscanos en medio de dos montañas, el Cerro del Toro y el Cerro del Chivo donde se trazaron 5 calles rectas de norte a sur y 5 calles rectas de oriente a poniente, dentro de estos trazos se construyó el Templo del Hospital con su convento anexo, un acueducto, entre otros monumentos; en el acta de fundación también se menciona que a partir del año de 1526 fue nombrado un primer gobernador de estas tierras llamado Pedro de Granada y Mendoza.

Además de este nombramiento también quedó integrado un Ayuntamiento que encabezó Pablo de León, alcalde ordinario y regidores fiscales, un gobierno del año de 1526, en el acta consta que cada día primero de enero después de escuchar la misa era obligación de los naturales de este pueblo reunirse en la casa real para elegir nuevas autoridades que gobernaría durante un año.

La plaza de la fuente taurina del siglo 16, nunca fue parte del atrio parroquial, esta plaza era del ayuntamiento donde se representan los tres poderes tal y como era en una fundación novohispana del siglo 16; en este punto se ubica el poder espiritual representado por la Iglesia que nunca mira hacia la plaza del ayuntamiento, sino que simplemente esta aun costado de la plaza, así mismo aun costado se encuentra el poder económico donde se encontraba el mercado y en el centro de la plaza el edificio del antiguo ayuntamiento de Acámbaro, casa real de los siglos XVI, XVII y XVIII, así lo dio a conocer el investigador acambarense, Leonardo Amezcua Ornelas.  

Agregó que en la segunda mitad del siglo 19 mediante las leyes de reforma todos los bienes que estaban en manos muertas fueron subastadas y pasaron a manos de particulares, de tal manera que en la mitad del siglo 19, a esta construcción se le hicieron algunas modificaciones porque se dividió entre varios propietarios, recalcó que “las casas reales están íntegras, es un hallazgo trascendente para la historia no solo para Acámbaro incluso del País porque nos define la tipología de una fundación novohispana”.

El edificio que se ubica entre las calles de Pipila, Pino Suárez y Jardín Nigromante tiene una proporción de 30 metros de frente por 60 metros de fondo, es un edificio que se conserva totalmente con sus características virreinales aunque con algunas modificaciones en sus fachadas porque a partir de la mitad del siglo 19 se subdividió en tres propiedades donde cada dueño le dio su propio estilo, sin embargo, su patio central, muros y habitaciones siguen siendo las del siglo 16,17 y 18.

Por último, el investigador dijo que “es un edificio que se puede rescatar con ayuda de los gobiernos tanto municipal, estatal incluso federal para hacerse un concepto cultural que enriquezca Acámbaro donde se pueda colocar un museo del pan, un tipo casa de los 11 patios como en Pátzcuaro, donde la cultura florezca donde todos los acambarenses nos sintamos orgullosos de haber recuperado este inmueble que ni siquiera sabíamos que existía y que forma parte de la plaza de la fuente del águila”.



Título original
Sandino

Año
1990

Duración
155 min.

País
Chile

Dirección
Miguel Littin

Guión
Miguel Littin, Leonardo Benevenuti, Ramiro Lacayo Deshon, Tomás Pérez Turrent, Giovanna Koch, Diego de la Texera, John Briley (Novela: Augusto Sandino)

Música
Joaquin Bello

Fotografía
Hans Burmann

Reparto
Joaquim de Almeida, Kris Kristofferson, Dean Stockwell, Victoria Abril, Ángela Molina, Omero Antonutti, Blanca Guerra, José Alonso, Fernando Balzaretti, Alonso Echánove, Ernesto Gómez Cruz, Alicia Hermida, Alejandro Bracho, Reynaldo Miravalles, Rufino Echegoyen, Judith Roberts, Wally Michaels, Richard Borg, Gustavo Ganem, Hansford Rowe, Tom Feary-Campbell, Alejandro Parodi, Josefa Calderon De Calero, Édgar Sánchez, Bernard Dheran

Productora
Coproducción Chile-España-Cuba-Nicaragua-México-Italia-Reino Unido; Umanzor Beta Films, Televisión Española (TVE), ICAIC, Reteitalia, Granada Television, Miguel Littin P.C.

Género
Drama | Histórico. Biográfico. Años 20. Años 30

Sinopsis
Narración de un periodo de la vida (entre 1926 y 1934) del líder de la revolución nicaragüense Augusto Sandino, quien fuera conocido en su tiempo como "El general de los hombres libres".

Imagen captada desde la torre del Templo de San Francisco, en CELAYA. Vista parcial estereoscópica, año 1890 aproximadamente./ FOTO: Colección Felipe Teixidor – Fototeca Nacional INAH / Secretaría de Cultura –
CONACULTA / MID 77_20140827-134500:464571.
 
Rafael Soldara Luna*

A partir de la fundación del templo y convento de los religiosos franciscanos en Celaya, Gto.,  al iniciar la década de 1570,  la conquista espiritual y cultural a través de la evangelización, hizo posible que las transformaciones de su conjunto arquitectónico tuviera una singular detonación en el siglo XVII y parte del siglo XVIII, gracias a las aportaciones que sus bienhechores hicieron en especie, con dinero y por disposiciones testamentarias como la de Martín de Ortega y Magdalena de la Cruz, quienes donaron la imagen de la Purísima Concepción (Patrona de Celaya) o don Pedro Núñez de la Roja, quien heredó su fortuna a su muerte en 1617.

Los religiosos franciscanos no desaprovecharon la oportunidad para mejorar las condiciones de su convento, como del aprovechamiento del privilegiado terreno que se les había concedido.

Después del templo y convento, el colegio tuvo un lugar prioritario, como también, el acondicionamiento de espacios adyacentes, tal fue el caso de la gran huerta, localizada hacia el oriente y un conjunto de capillas que circundaron el entorno atrial del mismo templo que predomina por sus dimensiones y monumentalidad. Seguramente, a similitud de las metrópolis que marcaron pauta en la urbanización virreinal como México y Puebla. 

Aquellas capillas principales, tuvieron por nombre: capilla del Cordón (que fue cedida al clero secular en 1767) y que algunos especialistas en arquitectura han sugerido como la gran capilla abierta que pudo existir en la época novohispana para la evangelización de los indígenas.  La capilla de la Tercera Orden de San Francisco, que continúa con la misma dedicación, a devoción de la comunidad terciaria.

Finalmente, la tercera capilla se dedicó a la Santa Cruz, que de mayores proporciones respecto al templo adjunto, fue derribado en 1934 para ampliar la calle que se conoce actualmente como José María Morelos y Pavón. Todas estas capillas que fueron creadas como templos de menores dimensiones con respecto al templo de San Francisco, conservaron su unidad estética y espacial, en su diseño y trazo,  la Tercera Orden y la Cruz “tuvieron una orientación poniente, de acuerdo a las normas del siglo XVI” , predominando los muros de mampostería, torres campanario sobre el muro del Evangelio con revestimiento de cantera rosa, al igual que sus arcos y remates de flores de lis. Sus fachadas muy propias del plateresco, destacaron por su sencillez y limpieza, distando del recargado barroco virreinal.

Frente al templo de San Francisco, se trazó el atrio con su camposanto, sitio útil para los actos procesionales y el entierro de creyentes difuntos.

Estaba delimitado por una barda atrial, de superficie cuadrangular, la delimitaban cuatro capillas en sus extremos, contando con otro conjunto menor de capillas que fueron intervenidas y algunas de ellas reconstruidas bajo la moda neoclásica por el arquitecto celayense Francisco Eduardo Tresguerras (1759 – 1833), durante la segunda década del siglo XIX, tal como lo hizo con distintas mejoras del mismo convento, donde intervino celdas, la escalera principal, fachada del templo y posteriormente los retablos mayor y laterales de la nave.

Iglesia de la Tercera Orden, vista exterior, año anterior a 1910. FOTO:/ Colección Guillermo Kalho – Fototeca Nacional INAH / Secretaría de Cultura – CONACULTA / MID 77_20140827-134500:826767

Las capillas menores tuvieron como finalidad el rezo del Vía Crucis, denominado así por tratarse de una práctica religiosa procesional que tiene como objetivo memorar y representar mediante estaciones, el camino que Cristo hizo del Pretorio, hasta el Calvario, donde murió. Vía Crucis, significa “camino a la cruz”.

Estas últimas capillas resultan de especial interés porque su articulación y existencia, fue trastocada y destruida paulatinamente, no sin la resistencia por evitar el apoderamiento de imágenes por el clero secular , luego, por la desamortización de los bienes de la Iglesia en México a mediados del siglo XIX, período en el que el atrio con su camposanto, fue convertido en plazuela pública. Fue eliminada la barda atrial que se caracterizaba por su regular altura y de arcos invertidos, contando con cuatro puertas de acceso. En la superficie de la zona fueron instaladas jardineras y una fuente central que todavía era posible apreciar en fotografías a principios del siglo XX.

Al iniciar el siglo XX, ya no se aprecian las dos capillas que existieron en los extremos de la barda atrial del lado de la actual Calzada Independencia. Se atribuye al Ing. José María Maldonado Medina, el traslado y desplante de la Columna de la Independencia, cambiada del centro de la plaza principal de Celaya a su lugar actual en 1906.

Es importante precisar que muy próximo al sitio de su nueva instalación, se localizaba una de las capillas que fueron eliminadas -antes mencionadas-, caracterizadas por tener cúpula y cupulín, en tanto de las otras, tuvieron bóveda, fachada con pórtico y sencillos campanarios.

Otras capillas que existieron y fueron trastocadas con los años, son: la adjunta al templo de la Tercera Orden de San Francisco, convertida en su acceso lateral; la capilla de la Virgen del Pilar, que actualmente alberga a la oficina del Padre Guardián del Convento; la capilla que actualmente se dedica a Nuestra Señora del Rayo, cuya advocación fue adoptada en el siglo XX en el espacio que forma la base de la torre campanario; como también la capilla que existe con acceso al crucero del templo franciscano y que actualmente es acceso a la cripta  -en alguna de las cuales debió alojarse el baptisterio antes de la secularización parroquial- ; además de la capilla de la Porciúncula, convertida en el acceso lateral del templo; la capilla dedicada a Nuestra Señora de los Dolores, adosada al muro del Evangelio del templo de San Francisco y que a decir del maestro Francisco Eduardo Tresguerras, fue construida (o redecorada) por él, gracias a la anuencia de los religiosos franciscanos, abriendo su culto en 1817, cuando aprovechó para imprimir la primera edición de una novena que promovería la devoción a la Virgen María, así como un grabado que reproduce la pintura principal que decora la capilla.

Destaca en las puertas de madera de la capilla adosada al templo de la Tercera Orden, como del mismo templo, la alusión de la iconografía pasionaria, con el corazón herido por tres clavos y una corona de espinas, respectivamente.

Adosado al muro del Evangelio del mismo templo, se ha podido precisar la existencia de otras dos capillas menores, de las cuales únicamente se conserva el acceso de una de ellas, toda vez que se ha transformado en consultorio médico.

El partido arquitectónico era muy diferente con respecto a los espacios abiertos que ahora conocemos. Por ejemplo, el templo de la Tercera Orden siempre tuvo un atrio reducido y el acceso al mismo era por dentro del perímetro de la barda atrial de San Francisco. La capilla de la Virgen de los Dolores tuvo barda atrial y columnas cuadradas que delimitaban el acceso al mismo espacio. Todo ello quedó demolido. Esta capilla, fue la última del Vía Crucis, que de tiempo inmemorial estuvo conformado por 14 estaciones en reducidas capillas.

En esta capilla fue sepultado el arquitecto Francisco Eduardo Tresguerras en 1833, conservándose su interior con la decoración que hizo con esmero y de su propio peculio. De acuerdo a la restauración que se hizo en dicha capilla y que fue entregada en el año 2015, fue posible confirmar la existencia de una bóveda subterránea conteniendo los restos no solamente de Tresguerras, sino también los de su esposa Guadalupe Ramírez de Tresguerras, inhumada en 1838.

     En distintas dependencias del convento franciscano existen algunos elementos decorativos como muebles y pinturas de similar diseño que pudieron formar parte de los revestimientos de las capillas antes descritas, en las que propiamente podría celebrarse misa y recibir el Santísimo Sacramento junto al séquito celebrante, permaneciendo la comunidad en el exterior. Por ese motivo es posible destacar la existencia de un pequeño recinto a manera de sacristía en cada una de las capillas. 

Otro de los testigos que existen en el entorno y que dan cuenta del simbolismo atrial, es la piedra en cantera rosa, que alude al sitio del pretorio, localizada en la fachada del templo de San Francisco, entre la puerta de la Epístola y el acceso al Colegio, que traducido al castellano actual y sin abreviaturas, dice:

“ESTE ES EL LUGAR DEL PRETORIO DONDE LEYEROLE SENTENCIA DE MUERTE A NUESTRO REDENTOR JESU CRISTO (…) CRISTOBAL MARTINEZ AÑO DE 1620”

La inscripción que data de 1620. El lugar del Pretorio, en el Viacrucis./ FOTO: Eugenio Amézquita

A partir de la pérdida de estos recintos religiosos, las estaciones para Vía Crucis, fueron incorporados al interior de los templos, como fue el caso del templo de San Francisco, marcándose las 14 estaciones con cruces en los muros de la nave de cruz latina.

Indagando en el Archivo Franciscano, fue posible encontrar la alusión a las capillas que existieron y su contenido, en el que es posible reconocer la reducida ornamentación, sin demeritar el valor de las imágenes de carácter pasionario, mariano y devocional de la orden, permiten reconocer imágenes centrales de culto, aunque su decoración ampliamente aludía a la Pasión de Cristo:

1.- Capilla de San Andrés.- “Su colateral antiguo de talla dorado, la imagen del Santo y dos a su lado de escultura, en las paredes de los costados tres marcos dorados como de tres varas, pinturas de pincel de tablas y pasajes de Nuestra Señora, un marco como de tres cuartas de talla antiguo y dorado, con una pintura de un calvario muy buena, mesa de altar (…)”.

2.- Capilla de San Sebastián de Aparicio.- “(…) también dos lienzos, el uno de la alma gloriosa, el otro condenada, todo esto de la archicofradía (…)”. 

3.- Capilla de Nuestra Señora del Pilar.- “Primeramente dos láminas con sus marcos dorados, una de Nuestra Señora de Guadalupe y la otra de San Antonio; más una lámina de Cristo crucificado con su marco negro de madera; más una lámina de Nuestra Señora de la Concepción bordada de oro y plata con su marco de listón de tela; más dos láminas, una del Señor San José y la otra de varios Santos, ambos con sus marcos dorados (faltan las láminas); más otras láminas de Nuestra Señora de la Concepción de media vara con su marco de negro embutida en carey; más tres lienzos como de más de vara con sus marcos dorados, uno de Nuestra Señora y dos de la Venerable Madre Ágreda; (…) más una lámina pequeña con su marco en que está bajo de vidriera un velo tocado a Nuestra Señora de Loreto con su auténtica”. 

4.- Capilla de San Antonio, de la enfermería.- “Más es dicha capilla hay veinte y un actos de seda, un pedazo de damasco azul, cuatro laminitas a pincel en las esquinas y un biso bordado seda y oro bordado, así mismo una custodia, entre estos están las alhajas siguientes: Primeramente dos láminas de Nuestra Señora de los Dolores y de San Fernando con sus vidrieras y marcos de cristal; más otras dos láminas de a media vara , una de la Asunción de Nuestra Señora con vidriera y marco negro, otra de San Cayetano con su vidriera, marco de cristal guarnecido con (…) metal sobredorado; más dos laminitas, con marco y vidriera, una de Santa Rosalía bordada con una flor y la otra de San Bernardo”.   Existieron reliquias en esta capilla que fueron recibidas por orden del Ministro Provincial Fr. Felipe Vázquez. 

5.- Capilla de Nuestra Señora de los Dolores.- Se localiza adosada al templo de San Francisco de Celaya, a un costado de la puerta de la Porciúncula, orientada su puerta de acceso al sur y su altar mayor hacia el norte. Fue dedicada a Nuestra Señora de los Dolores o de Nuestra Señora de la Soledad, aunque también se le conoció por el vulgo como la capilla de Tresguerras, en razón de haberla construido y decorado a los 58 años de edad, así como haberse convertido en su tumba al morir.

Fray Bernardo del Espíritu Santo y Ocejo OCD,
obispo de Sonora./ FOTO: Internet 
Él conservó una sobresaliente devoción a Nuestra Señora de los Dolores, cuya advocación había asumido como patrona, no así a San José, patrono de los pintores y arquitectos. Consiguió además que Fr. Bernardo del Espíritu Santo, obispo de Sonora, concediera gracias especiales a los devotos concurrentes de la capilla. En su interior se decoró con una pintura de la Virgen de los Dolores de cuerpo completo, además de dos apostolados e imágenes emblemáticas inspiradas en los grabados de los impresores alemanes Klauber. La bóveda fue decorada con pintura mural y el altar de madera con espejos pintados, textiles bordados y complementado el interior con enseres de distintas procedencias y materiales. 

     La reconstrucción virtual mediante la investigación histórica de la planta arquitectónica del atrio de San Francisco de Celaya, permite reconstruir el contexto religioso y simbólico de un conjunto de gran representatividad y hace posible sugerir la existencia de antiguas cimentaciones y/o depósitos de materiales de construcción novohispanos.

Además de valorar la sobrevivencia de la última capilla convertida en mausoleo de Tresguerras, que a pesar de haber perdido la sacristía y ver mermada su ornamentación, conserva los rasgos fundamentales de la transición del barroco al neoclasicismo que debieron compartir las demás antes de su eliminación.

     La modernidad del siglo XX, irrumpió el entorno para edificar en el centro del atrio franciscano la Torre Hidráulica o “Bola del Agua”, obra para el abastecimiento del agua potable, inaugurada el 15 de septiembre de 1910.
_______________

*Director del Museo de Celaya, Historia Regional

Para saber más:
CABRALES BARAJAS, Luis Felipe y LÓPEZ MORENO ROMERO, Eduardo (comp.). La ciudad en retrospectiva, México, Universidad de Guadalajara, 1998, 408 p.
CHANES NIETO, José. Los centros históricos de México, Universidad Autónoma del Estado de México, 2014, 236 p.
DE LA MAZA, Francisco. “La tumba de Tresguerras”, en Anales del Instituto de Investigaciones Estéticas, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1951, Vol. V, Núm. 19, pp. 105 – 127.
GONZALBO AIZPURU, Pilar. Espacios en la historia. Invención y transformación de los espacios sociales, México, El Colegio de México, 2014, 428 p.
LÓPEZ CAMACHO, María de Lourdes (coord.). Las contribuciones arqueológicas en la formación de la historia colonial. Memoria del Primer Coloquio de Arqueología Histórica, México, Instituto Nacional de Antropología e Historia, 640 p.
MARTÍNEZ DELGADO, Gerardo. La experiencia urbana Aguascalientes y su abasto en el siglo XX, México, Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora – Universidad de Aguascalientes – Universidad de Guanajuato, Historia urbana y regional, 2017, 536 p.
MORENO NEGRETE, Sarbelio. Templos y conventos de la época virreinal. México, Grupo USA, 2002, Tomo II, 240 p., pp. 213 – 219.
ROBIN, Alena. Las capillas del Vía Crucis de la Ciudad de México. Arte, patrocinio y sacralización del espacio, México, Universidad Nacional Autónoma de México, 2014, 309 p.

Siglas:
AHFPM.- Archivo Histórico Franciscano de la Provincia de Michoacán. 



Eugenio Amézquita

Existen muchos personajes en Guanajuato que tienen historia trascendente, no sólo por ser la cuna de la Independencia y sede de batallas, sino también por ciertos papeles que cumplieron en diversas épocas. Es el caso del entonces asaltante Valentín Mancera, cuya parte de historia se recoge en la obra de Don Luis Velasco y Mendoza "Historia de la Ciudad de Celaya.

Don Luis narra que, alrededor de 1881, "en esos días otro de los temas que daba qué hacer a los periódicos locales, era el referente al bandidaje que se había desatado en toda la entidad, pues al amparo de las revoluciones, este mal se había propagado en forma tan escandalosa, que ya ni en el interior de las poblaciones se gozaba de seguridad".

"Los robos y los plagios eran así cosa común y corriente, y en Celaya se llegó a dar el caso de que se apoderaran de las puertas de una casa en la calle de "Mesones", y de que en pleno día una partida de forajidos, compuesta por quince individuos, llegara hasta uno de los barrios de la ciudad, y allí despojara impunemente a los pobres indígenas que cuidaban sus hortalizas, de sus frazadas y hasta de las botas de cuero con que sacaban el agua de las norias para los riegos; todo lo cual daba motivo para que la prensa atacara a la policía municipal, diciendo: "que cuando por evento impartía algún auxilio, lo hacía tan tarde y tan mal, que sólo llegaba para tener noticia del rumbo que habían tomado los bandidos".

"Y no era que el Jefe Político, Catalán, se desentendiera en acabar con ese deplorable estado de cosas, pues que, apoyándose en la terrible Ley que bajo el No. 35 había expedido en contra de los asaltantes y plagiarios la Legislatura de Guanajuato con fecha 1º de Marzo del mismo año, hacía continuas salidas de la plaza para buscar a los malhechores; y cuando éstos caían en sus manos, les daba  irremisiblemente la muerte, aunque después los mismos periódicos, en su afán de criticar a la  administración, lo acusaran de contravenir a los Arts. 13 y 20 de la Constitución Federal".




"Pero el mal estaba ya tan extendido para entonces, que hasta en una ocasión las fuerzas del Estado habían sido vencidas, en las inmediaciones de Munguía, por la cuadrilla de un facineroso al que llamaban "el Chacuis"; y como la seguridad iba siendo cada día más rara en la entidad, la Federación acudió en su ayuda enviando fuerzas a Guanajuato para que cooperaran en la extinción del bandidaje. Con ese objeto llegó a Celaya el 7º Regimiento para perseguir en compañía de las fuerzas locales a las gavillas de ladrones que allí existían, (2) pues a la sazón se había hecho famosa la de un tal  Valentín Mancera, que tenía aterrorizados a los agricultores y viajeros de la región".

Prosigue narrando el historiador que "a todo esto, en la comarca en que se asienta Celaya seguían
haciendo de las suyas las cuadrillas de bandidos; y de entre ellas había alcanzado una triste fama la de Valentín Mancera, que asaltaba a las "Diligencias", plagiaba a los viajeros que tenían algún caudal, y robaba a los agricultores ricos de la región".

"Este forajido había nacido en el vecino pueblo de San Juan de la Vega, y en sus mocedades fue peón de alguna de las haciendas de las cercanías, que en su mayoría eran de españoles; pero el mal trato recibido por él y luego una injusticia que le cometieron y que vengó hiriendo al ofensor, lo orillaron a huir al monte, donde al poco tiempo se reunía con otros hombres que también tenían cuentas pendientes con la justicia, llegando con el tiempo a formar una bien organizada banda de asaltantes y plagiarios, de la que fue al fin jefe; convirtiéndose entonces en el azote de toda la comarca que en el Bajío se extiende desde los cerros de la "Gavia" y "Juan Martín" hasta las estribaciones de la Sierra Gorda de Guanajuato".

"Era generoso con la clase humilde, y a esto se debía en gran parte que no obstante las búsquedas y persecuciones de que en ocasiones lo hacían objeto las fuerzas de seguridad pública de Celaya y demás poblaciones comarcanas, no fuera nunca localizado ni mucho menos aprehendido; a pesar de que a veces penetraba solo a esos pueblos y ciudades para divertirse y hasta para proveerse de parque y de algunas otras cosas que le eran indispensables, porque por todas partes tenía amigos que le daban aviso de los movimientos de sus perseguidores; uno de ellos, desde luego, el Jefe Político de Celaya, quien por más esfuerzos que había hecho para apoderarse del delincuente y destruir a su cuadrilla, hasta entonces siempre le resultaron infructuosos".

"Mas lo que no pudo lograr la constancia, la diligencia y el valor, lo consiguió en cambio el dinero y la traición; porque el Corl. Catalán, viendo que su persecución no le daba ningún resultado práctico, recurrió al arbitrio de ofrecer una cantidad regular de monedas a cualquiera que le entregara a Mancera, y en esa forma sí hubo quien se prestara a traicionarlo para que se apoderara de él la justicia; siendo sus denunciantes tres mujeres de la vida galante que respondían a los nombres de Francisca, Sanjuana y Virginia, a las que el asaltante visitaba en Celaya; y que tenían su casa en la esquina de las calles de "la Humildad" y "San Juan de Dios", frente al templo del mismo nombre".

"En consecuencia, en la mañana del 19 de Marzo de 1882, mientras Virginia y Francisca entretenían a Valentín, que se encontraba desvelado porque la noche anterior la había pasado alegremente en la
casa de sus amigas después de que éstas lo habían ido a invitar hasta la Hacienda de "San Antonio", Sanjuana se fue a la Jefatura Política, o sea al actual Palacio Municipal, y allí se presentó al Corl. Catalán para decirle que Mancera estaba a su disposición. Entonces el Jefe Político convino con ella: en que la señal para que se pudieran presentar los aprehensores, sería una flor arrojada a la calle por la misma mujer; y sin perder un instante dio sus órdenes para que muerto o vivo le trajeran a Valentín a su presencia. Un capitán de las fuerzas de caballería del Estado y el Comandante de la policía, con sus respectivas fuerzas, rodearon la casa en que aquél se encontraba; y como de improviso apareciera la señal convenida, por una ventana fue acribillado a balazos el malhechor, sin que se defendiera porque estaba descuidado y sentado de espaldas a la calle. (6)"




"Ya muerto, los policías se apoderaron del cadáver para llevárselo en rastras, cogido por los pies y con la cabeza rebotando en el empedrado de las calles; pero cuando así pasaban por la casa del "Diezmo" salió de allí el P. Muñoz, capellán del templo de "La Compañía", y este sacerdote les reprochó a los guardianes del orden su proceder, instándolos para que tuvieran compasión cristiana
con el muerto; reflexión que los hizo improvisar una camilla, en la que lo condujeron hasta el portal del "Oficio" donde estaba la "Jefatura"; y una vez entregado el cuerpo al Corl. Catalán, fue allí expuesto a la curiosidad pública para escarmiento de los demás delincuentes que tenían atemorizada a la población".



"La muerte de este célebre bandido fue muy comentada, y dio motivo hasta para que algún poeta vernáculo compusiera un "Corrido" que después se cantaba mucho en la ciudad, al rasguear de las guitarras; y que solamente a título de curiosidad histórica, y para que se vea que aquél gozaba de gran popularidad, copio algunos de sus versos, aunque éstos carezcan de todo mérito literario; dicen así:"

"Decía Valentín Mancera
paseándose en los jardines:
"a seis centavos les doy
cabezas de gachupines!".

"Virginia dijo a Sanjuana:
tú dirás si lo entregamos
dicen que nos dan cien pesos,
con eso la remediamos".
Sanjuana se fue al Oficio,
pasó por San Agustín
y le dijo al señor Jefe:
"Señor, ay'ta Valentín".

"La siguió la policía,
y como a un perro lo mató
al hallarlo descuidado
pues su amiga lo vendió".

"Valentín nació en San Juan
y en San Juan de Dios murió,
y Sanjuana se llamaba
la mujer que lo entregó".

"Decían que cargaba el Diablo,
mentiras, no traía nada;
lo que cargaba en su cuerpo
era una GUADALUPANA!". (7)



"No con la desaparición de Valentín Mancera se dio fin al bandidaje en la comarca, pues aparte de que había otros muchos facinerosos, los subordinados de aquél continuaron dando qué hacer con sus latrocinios, ahora bajo las órdenes de Ascensión Ochoa, a quien llamaban "Lías"; y no fue sino hasta algunos años después, siendo Jefe Político de Celaya el Corl. Don Francisco Ruiz, cuando éste en
una forma implacable exterminó completamente a los ladrones y plagiarios; escapándose "Lías" Ochoa de la muerte, porque muy a tiempo se amnistió con algunos otros de sus compañeros de aventura, a los que les decían: "Los Buches Amarillos"

Valentín Mancera, en el cine

En 1942, la vida de Valentín Mancera es llevada a la pantalla, tomando la historia de ese corrido. En el papel principal, Antonio Badú, acompañado por un joven Pedro Infante, en el papel de segundo amigo. La ficha filmográfica da datos precisos de esta obra:




Título original
La feria de las flores (El valiente Valentín)

Año
1942

Duración
101 min.

País
México

Dirección
José Benavides Jr.

Guion
José Benavides Jr., (Historia: Rafael M. Saavedra)

Música
Manuel Esperón, Chucho Monge

Fotografía
Jack Draper (B&W)

Reparto
Antonio Badú, María Luisa Zea, Estela Inda, Fernando Fernández, Víctor Junco, Pedro Infante, Tito Junco, Ángel T. Sala, Salvador Quiroz, Raúl Guerrero, Arturo Soto Rangel, Luis G. Barreiro, Trío Calaveras, Jorge Arriaga, Roberto Cañedo, Adelita Herrera

Productora
Ixtla Films

Género
Aventuras

Sinopsis
Esta es una historia de aventuras, basada en un corrido histórico del bravo Valentín. En la película se muestra una lucha por el honor de la familia, después de que fue estafada la hacienda. La chica recibe una bala por el héroe (Badú), el que, entonces, se casa con la hermana de la muchacha.

OBRAS CONSULTADAS:
2.- "El Siglo XIX". No. 12892 del 27 de Mayo de 1881.
6.- "El Monitor Republicano". No. 82 del 6 de Abril de 1882.
7.- "El Corrido de Valentín Mancera". Imprenta de Antonio Vanegas Arroyo.

TOMADO DE:
Historia de la Ciudad de Celaya
Luis Velasco y Mendoza
Tomo III
México, D.F.
1948
Pags. 153, 155, 158-161

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