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Título original
Costantino il grande

Año
1962

Duración
129 min.

País
Italia

Director
Lionello De Felice

Guión
Lionello De Felice, Ennio De Concini, Diego Fabbri, Ernesto Guida, Fulvio Palmieri, Franco Rossetti, Guglielmo Santangelo



Música
Mario Nascimbene

Fotografía
Massimo Dallamano

Reparto
Cornel Wilde, Belinda Lee, Massimo Serato, Christine Kaufmann, Fausto Tozzi, Tino Carraro, Carlo Ninchi, Vittorio Sanipoli, Elisa Cegani, Nando Gazzolo, Carlo Tamberlani

Productora
Beaver-Champion Attractions / Jadran Film / Jonia Film

Género
Aventuras. Drama | Antigua Roma

Sinopsis: A su regreso de la Galia, Constantino, hijo de Constancio Cloro, es víctima de las arteras maniobras de Majencio, hermano de Fausta, la prometida de Constantino, Majencio desea eliminarlo para convertirse en Emperador de Roma, pero la conspiración fracasa y Constantino se salva gracias a la ayuda de algunos cristianos. Tras ser nombrado Augusto de la Galia, se casa con Fausta. En las proximidades del puente Milvio, Constantino derrota a las tropas de Majencio. La noche anterior, había visto la cruz de Cristo que le anunciaba la victoria ("Con este signo vencerás").



Título original
Zycie za zycie

Año
1991

Duración
90 min.

País
Polonia

Director
Krzysztof Zanussi

Guión
Jan Józef Szczepanski, Krzysztof Zanussi



Música
Wojciech Kilar

Fotografía
Edward Klosinski

Reparto
Edward Zentara, Christoph Waltz, Artur Barcis, Gustaw Lutkiewicz, Krzysztof Zaleski, Andrzej Szczepkowski

Productora
Coproducción Polonia-Alemania; Ifage Filmproduktion / Zespol Filmowy

Género
Drama | Histórico. Biográfico. Nazismo. II Guerra Mundial

Sinopsis
En 1941, el sacerdote polaco Maximilian Kolbe fue arrestado por los nazis. Sería recluido en el campo de concentración de Auschwitz. Con motivo de la fuga de un prisionero, los nazis escogieron a varios hombres al azar, para ser ejecutados y desalentar nuevas escapadas. Cuando uno de los prisioneros elegidos, padre de familia, suplicó por su vida pensando en los suyos, Kolbe se ofreció voluntario para sustituir a ese hombre. Juan Pablo II canonizó a Kolbe en 1982, proponiéndolo como mártir de la caridad.




Título original
Chiara e Francesco (TV)

Año
2007

Duración
200 min.

País
Italia

Director
Fabrizio Costa

Guión
Francesco Arlanch

Música
Marco Frisina

Fotografía
Giovanni Galasso



Reparto
Ettore Bassi, Maria P. Petruolo, Lando Buzzanca, Ángela Molina, Gabriele Cirilli, Antonella Fattori, Ivano Marescotti

Productora
Lux Vide / Rai Fiction

Género
Drama | Histórico. Siglo XIII. Telefilm

Sinopsis
Italia, siglo XIII. La historia de amistad de dos jóvenes que dedicaron sus vidas a Dios y a los demás: San Francisco y Santa Clara de Asís. Hijos de la burguesía y la nobleza, respectivamente, renunciaron a sus vidas acomodadas por una vida de sacrificio, humildad y proselitismo...


Título original
Annibale

Año
1959

Duración
100 min.

País
Italia

Dirección
Carlo Ludovico Bragaglia, Edgar G. Ulmer

Guión
Mortimer Braus, Sandro Continenza, Ottavio Poggi, Edgar G. Ulmer

Música
Carlo Rustichelli

Fotografía
Raffaele Masciocchi

Reparto
Victor Mature, Gabriele Ferzetti, Rita Gam, Milly Vitale, Rik Battaglia, Franco Silva, Terence Hill, Mirko Ellis, Andrea Aureli, Andrea Fantasia, Renzo Cesana, Bud Spencer

Productora
Liber Film

Género
Aventuras | Histórico. Antigua Roma

Sinopsis: Segunda guerra Púnica (218-201 a.C.) El plan romano de realizar un doble ataque contra los cartagineses, en Hispania y en África, fracasa ante la sorprendente ofensiva de Aníbal (Victor Mature), que cruza los Pirineos y los Alpes con 50.000 hombres, 9.000 caballos y 37 elefantes. En su avance hacia Italia conoce a Silvia (Rita Gam), una mujer que ha escapado de prisión para unirse a las tropas romanas al mando de Fabio Massimo. Tras muchas batallas, Aníbal, gran estratega y estadista, acaba comprendiendo cuál es su verdadero destino.


Título original:
Dominic: Light of the Church

Año:
2011

Idioma:
Inglés

País:
Filipinas

Duración:
99 minutos

Director:
Marcelino Sari

Director de Fotografía:
Larry Manda

Productora:
Provincial Media Board

Género:
Religión. Vidas de Santos. Biográfico. Histórico. 

Reparto:
Jemi Paretas - Santo Domingo de Guzmán
Jaques Allaire - Padre Raúl
Florie Amorin - Hermana Cecilia
Lena Athane - Maria
Robin Calvert - Benito
Alexandre Charlet - Pedro Seila
Stacy DeVorzon - Madre Provence
Joaquim Ducos - Miguel
Pepe Flores - Tío sacerdote
Rafael Gallardo - Gentil Monje Silos
Jesús Godoy - Padre Alonso
Cherokee Goldberg - Lorenzo
Julien Masdoua - Juan Navarra
Graciela Milán - Juana de Aza

Sinópsis:
Nació en Caleruega (Burgos), a fines de 1171. Su padre se llamaba Félix de Guzmán, "venerable y ricohombre entre todos los de su pueblo". Y era de los nobles que acompañaban al rey en todas sus guerras contra los moros. Y muy emparentado con la nobleza de entonces. Su madre, la Beata Juana de Aza, era la verdadera señora de Caleruega, cuyo territorio pertenecía a los Aza por derecho de behetría. Mujer verdaderamente extraordinaria, era querida y respetada por todos, muy caritativa, sinceramente piadosa y siempre dispuesta a sacrificarse por la Iglesia y por los pobres. De ella recibió Domingo su educación primera.

Hacia los seis años fue entregado a un tío suyo, arcipreste, para su educación literaria. Y hacia los catorce fue enviado al Estudio General de Palencia, el primero y más famoso de toda esa parte de España, y en el que se estudiaban artes liberales, es decir, todas las ciencias humanas, y sagrada teología. A esta última se dedicó Domingo con tanto ardor que aun las noches las pasaba en la oración y el estudio sobre todo de las Sagradas Escrituras y de los Santos Padres. Sobre estos textos sagrados iba él organizando en sus cuadernos una síntesis ordenada de toda la doctrina teológica.

Vivía solo, con su pequeño mobiliario y sus libros. Y así podía distribuir mejor su tiempo en el día y en la noche. Para mayor mortificación suprimió el vino, que en su casa tomaba. Suprimir el sueño para estudiar no era para él mortificación, sino gozo, pues la doctrina sagrada le embelesaba. Por eso su estudio tenía tanto de oración y de meditación como de estudio propiamente dicho. Tenía fama de vivir tan recogido, que más bien parecía un viejo que un joven de dieciocho o veinte Su vida anterior le había preparado para ello, tanto en su propia casa como en la de su tío el arcipreste.

Por aquellos tiempos de guerras casi continuas con los moros y entre los mismos príncipes cristianos, con arrasamientos de campos, de pueblos y ciudades, con dificultades enormes para traer de fuera lo que en un pueblo o en una región faltaba, eran, como no podía por menos de suceder, frecuentes las hambres, y en ciertos momentos espantosas. Por toda la región de Palencia se extendió una de esas hambres terribles que llevaban a la muerte muchas gentes. Domingo convirtió su cuarto en una Limosna, como entonces se decía, o sea en un lugar donde se daba todo lo que había y todo lo que se podía alcanzar. Y, claro está, en esa su habitación no quedaron bien pronto más que las paredes. ¡Ah! Y los libros en que Santo Domingo estudiaba, su más preciado tesoro. Tan preciado, que de ellos podía depender su porvenir. No había entonces librerías para comprarlos; había que copiarlos o hacerlos copiar; y de estas dos clases eran los libros de Domingo. Pero, además, esos libros suyos estaban llenos de anotaciones y resúmenes dictados por él mismo. Labor, como se ve, de dinero y de trabajo, nada fácil de realizar. ¡Y cómo duele desprenderse de un manuscrito propio —al que se tiene mas cariño que a un hijo— para nunca más volverlo o ver!...

Pues cuando a estos libros de Domingo les llegó su vez, ahí está ese tesoro suyo del alma para venderse también. ¿Que el corazón se le desgarra al venderlos? "Pero, ¿cómo podré yo seguir estudiando en pieles muertas (pergaminos), cuando hermanos míos en carne viva se mueren de hambre?" Esta fue la exclamación de Domingo a los que le reprochaban aquella venta. Y bien vale la exclamación por toda una epopeya. Pero hay todavía más: Domingo vendió cuanto tenía. Pero, ¿y las palabras del Señor: "Amaos como Yo os he amado?" ¿Y no quiso el mismo Cristo ser vendido por nosotros y para nuestro bien? A la Limosna, que Domingo había establecido en su propia habitación, llega un día una mujer llorando amargamente y diciendo: "Mi hermano ha caído prisionero de los moros". A Domingo no le queda ya nada que dar sino a sí mismo, Pues bien; ahí está él; irá a venderse como esclavo para rescatar al desgraciado por el cual se le rogaba.

Estos actos de Domingo conmovieron a Palencia; y entre estudiantes y profesores se produjo tal movimiento de piedad y caridad que se hizo innecesario vender libros ni vender personas, sino que de las arcas, en que se hallaba escondido, salió en seguida dinero suficiente para todo. Y hasta salieron de aquí algunos que luego, al fundar Domingo su Orden, le siguieron, consagrándose a Dios hasta la muerte. Y no sólo por Palencia corrió la voz de estos hechos, sino por todo el reino de Castilla, dando lugar a que el obispo de Osma, don Martín Bazán, que andaba buscando hombres notables para su Cabildo, viniese a Domingo, rogándole que aceptase en su catedral una canonjía.

  La aceptación de esta canonjía suponía para Domingo un paso decisivo hacia el ideal de vida apostólica con que soñaba. Estos Cabildos regulares bajo la regla de San Agustín, fundados durante el último siglo con espíritu religioso y ansias de perfección, con vida común y pobreza personal voluntaria, eran verdaderas comunidades religiosas, aunque en los últimos tiempos habían decaído mucho. El obispo de Osma, en cosa de seis años, tuvo que sustituir a nueve de sus doce canónigos por inobservantes. Por eso buscaba santos, como el joven Domingo, para sustituirlos. Y fue tan honda la reforma de este Cabildo, que perseveró en su vida de perfección hasta fines del siglo XV, en que todos los Cabildos de España se habían ya secularizado. Tenía Domingo unos veinticuatro años cuando aceptó esa canonjía. Y poco después, al cumplir la edad canónica de veinticinco, fue ordenado sacerdote.

  Desde el primer momento el canónigo Domingo comenzó a brillar por su santidad y ser modelo de todas las virtudes; el último siempre en reclamar honores, que aborrecía, y el primero para cuanto significaba humillaciones y trabajos. Su virtud atraía. Y, como de él se dijo en su vida de apostolado, nadie se acercaba a él que no se sintiese dulce y suavemente atraído hacia la virtud. Era entonces prior del Cabildo don Diego de Acevedo, elemento importante de esta reforma y sucesor del obispo don Martín a su muerte en 1201. A Domingo debieron elegirle subprior sus compañeros apenas le hicieron canónigo, pues como tal subprior aparece bastante antes de la muerte del obispo Bazán. En 1199 aparece también, como sacristán del Cabildo, es decir, director del culto de la catedral. Estos dos cargos obligaron a Domingo a darse más de lleno al apostolado y ser modelo de perfección en todo.

  A diferencia de los antiguos monjes, que alternaban la oración con el trabajo manual, los canónigos regulares debían dedicarse más de lleno que a la vida contemplativa, al culto divino y a los sagrados ministerios; a éstos, sobre todo, los que para ellos eran especialmente dedicados. Domingo, pues, como subprior del Cabildo y como sacristán, tendría a su cargo la enseñanza de la religión, que en la catedral se daba; la predicación no sólo en la catedral, sino también en otras iglesias que del Cabildo dependían, bautizar, confesar, dar la comunión, dirigir el culto, etc., todo ello junto con una vida de apartamiento del mundo y de pobreza voluntaria, teniéndolo todo en común a imitación de los apóstoles.

  El rey Alfonso VIII había encargado al obispo de Osma, don Diego de Acevedo, en 1203, la misión de dirigirse a Dinamarca a pedir para su hijo Fernando, de trece años, la mano de una dama noble. El obispo aceptó. Y por compañero espiritual de viaje escogió a Domingo, subprior suyo, dirigiéndose con él por Zaragoza a Tolosa de Francia. Pero allí observaron que toda esta región, y aun, al parecer, toda Francia, Flandes, Renania, y hasta Inglaterra y Lombardía, estaban, grandemente infectadas de perniciosas herejías. Los cátaros, los valdenses o pobres de Lyón, y otras herejías procedentes del maniqueísmo oriental, lo llenaban todo. Tenían hasta obispos propios. Y hasta llegaron a celebrar un concilio, presidido por un tal Nicetas, que se decía papa, venido de Constantinopla. Los poderes civiles, en general, de manera más o menos solapada, les favorecían. Su aspecto exterior era de lo más austero: vestían de negro, practicaban la continencia absoluta y se abstenían de carnes y lacticinios. Negaban todos los dogmas católicos, la unicidad de Dios, la redención por la cruz de Cristo, los sacramentos, etc., etc. Con la afirmación de dos dioses, uno bueno y otro malo, su religión venía a ser solamente una actitud pesimista frente a la vida, de la cual había que librarse por esa austeridad y mortificaciones con las que deslumbraban a las muchedumbres.

  Desde San Bernardo, sobre todo, se venía luchando contra ellos sin conseguir apenas resultado alguno. En esta zona de Francia se les llamaba albigenses, por tener en la ciudad de Albi uno de sus centros principales. Providencialmente la misma primera noche de su estancia en Tolosa tuvo Domingo ocasión de encontrarse cara a cara con uno de ellos, su propio huésped, quedando horrorizado. Le pidió razón de sus errores, y el hereje se defendió como pudo. Y así la noche entera. Hasta que, al fin, el hereje, profundamente impresionado por el amor y la ternura con que le hablaba Domingo, reconoció sus propios errores y abandonó la herejía. A la mañana siguiente Acevedo y Domingo continuaron su viaje a Dinamarca, donde cumplieron bien su misión, aunque el matrimonio, concertado así por poder o por procurador, no llegó jamás a consumarse, a pesar de un segundo viaje hecho en 1205 por los mismos dos embajadores. Los cuales habían descubierto al norte de Europa un mundo no ya de herejes, sino de paganos, con mucho mayores dificultades para su evangelización, mundo que ya no se borrará jamás de su alma.

  Vueltos Acevedo y Domingo a Provenza, y conociendo más y más los estragos de la herejía, que todo lo iba dominando, pues se servía de toda clase de armas, la calumnia, el incendio, el asesinato..., decidieron quedarse allí. La lucha entre herejes y católicos era sumamente desigual. Pues, además de que los herejes no reparaban en medios, tenían bandas de predicadores que iban por todas partes propagando su doctrina. Por parte de los católicos, en cambio, sólo podían predicar los obispos o algunos delegados suyos; y algunos, muchos menos, delegados del Papa, pero siempre, y en todo caso, con misiones muy concretas de tiempos y lugares. Además, los herejes apenas tenían otros dogmas que negaciones. Pero, en cambio, alardeaban de practicar a la perfección la moral evangélica y acusaban a la Iglesia de no practicar nada de lo que enseñaba. Para esto se fijaban, sobre todo, en la forma como venían a predicarles los legados pontificios, que solían venir con grande pompa y boato, por creer que lo contrario hacia desmerecer su autoridad.

  En el seno de la Iglesia hacía un siglo que se venían haciendo reformas en Cabildos catedrales, como hemos visto, y en Ordenes religiosas, como la de Cluny, la del Cister y otras. Pero estas reformas no siempre lograban, mantenerse en el primer fervor y con frecuencia fracasaban por completo, a poco de haberse iniciado.

  Además, estas comunidades, por mucha perfección que practicasen, vivían separadas del pueblo, mientras que los herejes vivían con el mezcladísimos. Por otra parte, al pueblo suelen preocuparle menos los dogmas que la moral, y cree siempre más en las obras que en las palabras. Cuando el obispo de Osma y el subprior llegaron a darse cuenta por completo de la situación, comenzaron a advertir al Papa que no era nada a propósito para combatir a los herejes presentarse como sus legados se presentaban. Entre aquella inmensa corrupción, que lo inundaba todo, comenzaban a sentirse por doquier ansias de verdadera vida evangélica, y se hacía cada vez más claro que para conquistar al mundo, tan extraviado y corrompido, había que volver al modo de predicar y de vivir que los mismos apóstoles practicaron.

  En la primavera de 1207 hubo un encuentro en Montpellier entre algunos legados cistercienses del Papa, por una parte, y el obispo de Osma y Domingo, por otra, sobre el sistema a seguir en la lucha contra los herejes. El de Osma renunció a todo su boato episcopal para abrazar con Domingo la vida estrictamente apostólica, viviendo de limosnas, que diariamente mendigaban, renunciando a toda comodidad, caminando, a pie y descalzos, sin casa ni habitación propia en la que retirarse a descansar, sin más ropa que la puesta, etc., etc. Domingo por ese tiempo ya no quería que le llamasen subprior ni canónigo, sino tan sólo fray Domingo, y su obispo se había adaptado también perfectamente a esta pobreza de vida.

  Con estas cosas el aspecto de la lucha contra los herejes fue cambiando más y más a favor de los católicos. Los misioneros papales aumentaron notablemente en cantidad y calidad, llevando una vida enteramente apostólica y repartiéndose por toda la región en torno a ciertos centros escogidos. Domingo se quedó en un lugarcito llamado Prulla, cerca de Fangeau, junto a una ermita de la Virgen y algunas pocas viviendas, pero con buenas comunicaciones. Era ya predicador pontificio y delegado del Papa para dar certificados de reconciliación con el sello de toda la Empresa Misional. Este sello contenía solamente la palabra Predicación. Al jefe de la misión, en este caso a Domingo, se le llamaba magister praedicationis. Se fundaron no pocos de estos centros; pero como el personal de la misión, en general, era temporero, a los pocos meses comenzaron a cansarse y se fueron a sus abadías, quedando en pie solamente el centro de Prulla, que dirigía y sostenía Domingo.  Por este mismo tiempo comenzó Domingo a reunir en Prulla un grupo de damas convertidas de la herejía, a las que él fue dando poco a poco algunas normas y reglas de vida, que más tarde se convirtieron en verdaderas constituciones religiosas, calcadas sobre las mismas de los dominicos. Y habiéndose ido a sus abadías los abades cistercienses que formaban el grupo principal de la misión; habiéndose ido, por otra parte, a Osma don Diego de Acevedo para arreglar sus asuntos y volver a Francia, cosa que no pudo realizar por sorprenderle la muerte; habiendo sido asesinado el principal legado del Papa y director de aquella gran misión, las cosas cambiaron súbitamente, y Domingo, cuando más ayudas necesitaba, se quedó solo. El asesinato de Pedro de Castelnau se atribuyó al conde de Tolosa, por lo cual éste fue excomulgado, el Papa exoneró a sus súbditos de la obediencia debida y promovió contra él una cruzada, capitaneada por Simón de Montfort, que marca uno de los períodos más sangrientos y difíciles de toda esta época.

  Domingo no era partidario de estos procedimientos; para defender la religión no aceptaba otras armas que los buenos ejemplos, la predicación y la doctrina; por lo cual, cuando toda aquella región era el escenario de una guerra de las más sangrientas, él se recluyó en Prulla, para sostener allí, cuando menos, un grupito de compañeros, que ya tenía, y otro grupo mayor de mujeres convertidas, base del convento de monjas que allí se estaba formando. En 1212 quisieron hacerle obispo de Cominges; pero él rehusó humildemente, alegando que no podía abandonar la formación de esta doble comunidad, en edad tan tierna todavía.

  En 1213, calmada un poco la guerra, aparece Domingo predicando la Cuaresma en Carcasona. En esta ciudad, emporio de la herejía, peligraba hasta la vida de los predicadores; se les escupía, se les tiraba piedras y barro, se les dirigía toda clase de insultos y calumnias; y precisamente por eso Domingo tenía a esta ciudad un especial cariño. El obispo le nombró vicario suyo in spiritualibus, es decir, en cuanto a la predicación, al confesonario, a la reconciliación de herejes, etc., pero no en causas judiciales o administrativas. Al año siguiente le nombró capellán suyo, es decir párroco en Fangeaux (25 de mayo de 1214). En 1215 el arzobispo Auch, con el voto unánime de sus canónigos, quiso hacerle obispo de Conserans, diócesis sufragánea suya. Domingo vuelve a resistirse con invencible tenacidad.

  Estando en Fangeaux una noche en oración, parece haber tenido una revelación especial, de la cual, como es natural, no queda documento fehaciente; queda solamente un monumentito de tiempo posterior llamado Seignadou. Y allí parece haber tenido el Santo cierta visión que le impresionó grandemente. ¿La revelación del rosario? Los santos nunca suelen sacar al público estos secretos. Entrar con más detalles en esto de la fundación del rosario no es cosa nuestra. La tradición, unánime hasta tiempos muy recientes, avalada por gran multitud de documentos pontificios y con multitud de argumentos de toda clase, a Santo Domingo atribuye la fundación del rosario.

  Desde 1214 vuelve Domingo a sus continuas andanzas de predicación y apostolado, y en plan verdaderamente apostólico. Los testigos del proceso de su canonización nos ofrecen datos abundantísimos. Nunca iba solo, sino con un compañero por lo menos, pues Jesucristo enviaba a sus discípulos a predicar de dos en dos. Solía llevar consigo un bastón con un palito atravesado en lo alto, como empuñadura. Uno de estos bastones se conserva todavía en Bolonia. Ninguna clase de equipaje ni bolsillos ni alforjas, sino tan sólo, en la única túnica remendada y pobrísima con que se cubría, una especie de repliegue sobre el cinturón, en el que llevaba el Evangelio de San Mateo, las Epístolas de San Pablo y una navajita sin punta, sin duda para cortar el pan duro que pidiendo de puerta en puerta le daban. Iba ceñido con una correa, a estilo de los canónigos de San Agustín a que pertenecía.

  Caminaba siempre descalzo. Lo cual dio lugar a que un hereje se le ofreciese en cierta ocasión como guía para conducirle a un lugar desconocido, en que tenía que predicar. Lo llevó por los sitios más malos, llenos de piedras y espinos, de modo que al poco rato Domingo y su compañero llevaban los pies deshechos y ensangrentados. Domingo entonces comenzó a dar gracias a Dios y al guía, porque con aquel sacrificio, decía, era bien seguro que su predicación produciría gran fruto. Y así fue, porque hasta el mismo guía se convirtió.

  En los caminos iba siempre hablando de Dios y predicando a los compañeros de viaje. Y cuando esto no era posible se separaba del grupo y comenzaba a cantar himnos y cánticos religiosos. Cuando el concilio de Montpellier, para diferenciarles de los herejes, prohibió a los predicadores católicos ir descalzos, Santo Domingo llevaba sus zapatos al hombro y sólo se los ponía al entrar en pueblos y ciudades. Ninguna defensa llevaba en sus viajes contra el sol, aun en lo más ardiente del verano, ni contra la lluvia o la nieve. Y cuando llegaba a un pueblo con su túnica de lana empapadísima y le invitaban a que, como todos los demás, se acercase al fuego para secarse, él se disculpaba amablemente yéndose a rezar a la iglesia. A consecuencia de lo cual solía estar lleno de dolores, en los que se gozaba. Sus mortificaciones eran continuas e inexorables. Su camisa estaba tejida con ásperas crines de cola de buey o de caballo, como declaran en su proceso las señoras que se la preparaban. Por debajo de ella tenía otros cilicios de hierro y, fuertemente ceñida a la cintura, una cadena del mismo metal, que no se quitó hasta su muerte. Con cadenillas de hierro también se disciplinaba todas las noches varias veces. No tuvo lecho jamás, y, cuando en sus viajes se lo ponían, lo dejaba siempre intacto, durmiendo en el suelo y sin utilizar siquiera una manta para cubrirse, aun en tiempos de mucho frío. En los conventos ni celda siquiera tenía, pasando la noche en la iglesia en oración en diversas formas, de rodillas, en pie, con los brazos en cruz o tendido en venia a todo lo largo. Para morir tuvieron que llevarle a una celda prestada. Parcísimo en el comer, ayunaba siempre en las cuaresmas a sólo pan y agua.

  Jamás tuvo miedo a las amenazas que los herejes continuamente le dirigían. El camino que desciende a Prulla desde Fangeaux era muy a propósito para emboscadas y asaltos. Y, sin embargo, casi a diario lo recorría Domingo bien entrada la noche. Un día unos sicarios, comprados por los herejes, le esperaban para matarle. Mas providencialmente aquel día no pasó por allí el siervo de Dios. Y, habiéndole encontrado tiempo más tarde, le dijeron que qué hubiera hecho de haber caído en sus manos, a lo cual Domingo les respondió: "Os hubiera rogado que no me mataseis de un solo golpe, sino poco a poco, para que fuese más largo mi martirio; que fuerais cortando en pedacitos mi cuerpo y que luego me dejaseis morir así lentamente, hasta desangrarme del todo". ¡Qué grandeza! ¡Que amor a la cruz y al que en ella quiso por nosotros morir!

  Dejemos a Domingo seguir en sus ininterrumpidas predicaciones. Por el mes de abril dos importantes caballeros de Tolosa se le ofrecieron a Domingo para seguirle, no como los demás discípulos que le acompañaban, sino incorporándose plenamente con él, con un juramento o voto de fidelidad y de obediencia. Uno de ellos, Pedro Seila, iba a heredar de su padre tres casas en la ciudad de Tolosa, y de aquí salió la primera fundación de dominicos, pues antes del año estaban las tres llenas de gente. El obispo, al aprobarles la fundación, había declarado a Domingo y a sus compañeros vicarios suyos en orden a la predicación, y esto en forma permanente y sin especial nombramiento, cosa hasta entonces completamente desconocida en la historia de la Iglesia. Como no podemos seguir paso a paso esta historia, baste recordar que, cuando, en vez del obispo, sea el Papa el que tome una determinación parecida en orden a Domingo y sus compañeros, la Orden de Predicadores quedará fundada. Los compañeros de Domingo eran todos clérigos y vestían, como él, túnica blanca, como los canónigos de San Agustín. Y Domingo se preocupó inmediatamente de buscarles un doctor en teología que les pusiera clase diaria, a fin de prepararles para la predicación. Primero doctores y luego predicadores.

  Por el mes de noviembre de 1215 celebróse en Roma el IV Concilio de Letrán, el más importante acaso de la Edad Media. En este concilio, canon 13, se prohibió la fundación de nuevas Ordenes religiosas. ¿Qué sería de la recién nacida, aunque aún no confirmada por Roma, Orden de Predicadores? El Papa, sin embargo, declaró, como ampliación de ese canon prohibitivo, que admitiría fundaciones con tal de que se acogiesen a una de las antiguas reglas, completada en los detalles por especiales constituciones, para mejor adaptarlas a los tiempos. Esto lo dijo el mismo Inocencio III a Domingo, asegurándole que cuantas constituciones adicionales le propusiese él se las confirmaría. Pero, unos meses después, muere el Papa y es elegido Honorio III. Domingo había reunido a sus hijos el día de Pentecostés de 1216 para redactar esas nuevas constituciones, que son aún hoy la base de las constituciones de la Orden dominicana; pero, cuando quiso ir a Roma, para que el Papa cumpliese su palabra de confirmárselas, el Papa era nuevo y se resistía a prescindir de un canon del concilio para aprobar una Orden que con tantas novedades se presentaba. Sobre todo lo de la predicación, como privilegio concedido a los dominicos sólo por serlo, levantaba por todas partes una grande oposición. Había también en esta nueva Orden otras novedades, por ejemplo, las constituciones hechas por Domingo, a diferencia de las de todas las Ordenes religiosas existentes, eran leyes meramente penales, pues no obligaban a culpa, sino a pena. Además, la doctrina de las dispensas se cambiaba por completo. No sólo se dispensaba una ley por no poder cumplirla, sino también cuando, aun pudiendo, estorbaba a otra ley o precepto de orden superior y más directamente conducente al fin último de la Orden, etc., etc.

  El Papa, sin embargo, quería y veneraba mucho a Domingo, y cuanto más le iba tratando más le veneraba y le quería. Y, al fin, después de algunas vacilaciones y muchas consultas, dio su bula de 21 de enero de 1217, concediéndole a Domingo la confirmación deseada. Y tan amigo de Domingo y protector de su Orden llegó a ser que desde esa fecha hasta 1221, por agosto, en que Domingo expiró, le fueron dirigidos por el Papa sesenta documentos entre bulas, breves, epístolas, etc., llegando a eximirle de pagar los gastos que todos estos documentos debían pagar en la curia pontificia.

  Por este tiempo, estando Domingo en Roma, se le aparecieron una noche en oración los apóstoles San Pedro y San Pablo y, entregándole un báculo y un libro, le dijeron ambos a la vez: "Ve y predica". Esto lo refirió el mismo Domingo más tarde a alguno de sus hijos, que lo transmitió a la historia.

  Confirmada la Orden, volvió Domingo a Francia, y el 15 de agosto de 1217 reunió a sus dieciséis discípulos en Tolosa, para dispersarles por el mundo contra la opinión de casi todos, incluso algunos obispos amigos. De estos dieciséis dominicos envió siete a París, dándoles por superior al único doctor con que hasta entonces contaba, fray Mateo de Francia, y poniendo, además, entre ellos dos con fama de contemplativos, uno de éstos su propio hermano. A España envió cuatro. Tres los dejó en Tolosa, y los otros dos se quedaron en Prulla, donde, además de las monjas, habían comenzado a congregarse hacía algunos años un grupito de discípulos. Poco tiempo más tarde envió también religiosos a Bolonia, al lado de la otra universidad de fama mundial que entonces brillaba.

  En 1219 visitó Domingo su comunidad de París, que tenía ya más de treinta dominicos, varios de ellos ingresados en la Orden con el título de doctor. De este modo, no sólo tenían derecho a enseñar, sino que podían hacerlo en su propia casa, que ya entonces estaba establecida en lo que fue después, y vuelve a ser hoy, famosísimo convento de Saint Jacques. En Bolonia le sucedió una cosa parecida, pues en 1220, por la acción del Beato Reginaldo, doctor también de Paris, y otros varios, que por él habían ingresado, en la Orden, la universidad se encontraba en las más íntimas relaciones con los dominicos. Podemos decir que tanto el convento de París como el de Bolonia comenzó a ser desde el principio una especie de Colegio Mayor, o, aún más, una sección de la misma universidad, incorporada a ella totalmente.

  En 1220 las herejías de cátaros, albigenses, etc., se habían extendido muchísimo por Italia, especialmente por la región del norte. El papa Honorio III, para detener los progresos de la herejía, determinó organizar una gran Misión. Pero, en vez de poner al frente de ella algún cardenal como legado suyo, o algunos abades cistercienses, encomendó la dirección a Domingo, no sólo con facultad para declarar misioneros a cuantos quisiese de sus propios hijos, sino también para reclutar misioneros entre los mismos cistercienses, benedictinos, agustinos, etc. Esto era una novedad que, aunque presentida, llamó mucho la atención. Seguir las peripecias de esta gran misión nos es absolutamente imposible. Domingo acabó en ella de agotar sus fuerzas por completo. Venía padeciendo mucho de varias enfermedades, sin querer cuidarse lo más mínimo ni dejar de predicar un solo día muchas veces y a todas horas.

  El día 28 de julio por la noche llegó a su convento de Bolonia verdaderamente deshecho y casi moribundo. Pero no quiso celda ni lecho, sino que, como de costumbre, después de predicar a los novicios, se fue a la iglesia a pasar la noche en oración. El 1 de agosto no pudo levantarse del suelo ni tenerse en pie, y por primera vez en su vida aceptó que le pusieran un colchón de lana en el extremo del dormitorio, y poco después en una celda, que le dejaron prestada, pues en la Orden no hubo nunca dormitorios corridos, sino celditas, en las que cabía un colchón de paja —de lana para los enfermos— y un pupitre para estudiar y escribir. La intensidad de la fiebre le transpone a ratos. Otras veces toma aspecto como de estar en contemplación y otras mueve los labios rezando, otras pide que le lean algunos libros; jamás se queja; cuando tiene alientos para ello habla de Dios, y la expresión de su rostro demacrado sigue siempre dulce y sonriente.

  El 6 de agosto habla a toda la comunidad del amor de las almas, de la humildad, de la pureza, condición necesaria para producir grande fruto. Después hace confesión general con los doce padres más graves de la comunidad, que más tarde declararon no haber encontrado en él ningún pecado, sino muy leves faltas.

  Después, ante la sospecha, que le sugirieron, de que quisieran llevar a otra parte su cuerpo, dijo: "Quiero ser enterrado bajo los pies de mis hermanos”. Y viéndoles a todos llorar, añadía: "No lloréis, yo os seré más útil y os alcanzaré mayores gracias después de mi muerte". Y ante una súplica del prior levantó las manos al cielo, diciendo: "Padre Santo, bien sabes que con todo mi corazón he procurado siempre hacer tu voluntad. He guardado y conservado a los que me diste. A Ti te los encomiendo: Consérvalos, guardalos". Y volviéndose a la comunidad, preparada para rezar las preces por los agonizantes, les dijo: "Comenzad". Y, al oír: "Venid en su ayuda, santos de Dios", levantó las manos al cielo y expiró. Era el 6 de agosto de 1221, cuando no había cumplido aún cincuenta años. Ofició en sus funerales el cardenal Hugolino, legado del Papa, al que había de suceder bien, pronto, y que le había de canonizar.

  Una de las monjas admitidas por él en el convento de San Sixto, de Roma, hace de Domingo la siguiente descripción, confirmada por el dictamen técnico que sobre su esqueleto se dio en 1945, al abrir su sepultura, por temor de que fuese Bolonia bombardeada: "De estatura media, cuerpo delgado, rostro hermoso y ligeramente sonrosado, cabellos y barba tirando a rubios, ojos bellos. De su frente y cejas irradiaba una especie de claridad que atraía el respeto y la simpatía de todos. Se le veía siempre sonriente y alegre, a no ser cuando alguna aflicción del prójimo le impresionaba. Tenía las manos largas y bellas. Y una voz grave, bella y sonora. No estuvo nunca calvo, sino que tenía su corona de pelo bien completa, entreverada con algunos hilos blancos."

  Fue canonizado por Gregorio IX en 1234. Y sus restos descansan en la magnífica basílica del convento de Predicadores de Bolonia, en una hermosísima y artística capilla.



Título original
El capitán de Loyola

Año
1949

Duración
100 min.

País
España

Dirección
José Díaz Morales

Guion
José Díaz Morales (Historia: Francisco Bonmatí de Codecido, José María Pemán, Ricardo Toledo, Carlos M. De Heredia)

Música
Manuel Parada

Fotografía
Ted Pahle (B&W)

Reparto
Rafael Durán, Manuel Luna, Maruchi Fresno, Alicia Palacios, José María Lado, José Emilio Álvarez, María Asunción Sancho, Manuel Arbó, Ricardo Acero, Manuel Dicenta, Eduardo Fajardo

Productora
Distribuida por CEPICSA, Simplex Religious Classics. Calderón

Género
Drama | Biográfico. Histórico. Religión

Sinopsis: Película que cuenta la vida de Ignacio de Loyola, un religioso español, fundador de la Compañía de Jesús.



Título original
The Blue and the Gray

Año
1982

Duración
381 min.

País
Estados Unidos

Dirección
Andrew V. McLaglen

Guion
Ian McLellan Hunter (Historia: Bruce Catton, John Leekley)

Música
Bruce Broughton

Fotografía
Al Francis

Reparto
Stacy Keach, John Hammond, Lloyd Bridges, Rory Calhoun, Colleen Dewhurst, Warren Oates, Geraldine Page, Rip Torn, Robert Vaughn, Sterling Hayden, Paul Winfield, Gregory Peck

Productora
Columbia Pictures Television

Género
Serie de TV. Drama. Bélico | Miniserie de TV. Histórico. Siglo XIX. Guerra de Secesión

Sinopsis: Virginia, 1859. John Geyser, un joven de una familia de granjeros, gran aficionado al dibujo, decide probar suerte en esta profesión. Para ello se traslada a Gettysburg y pide empleo a su tío Jacob, propietario de un periódico. Su primer trabajo consiste en ilustrar un juicio contra el abolicionista John Brown.



Título original
The Blue and the Gray

Año
1982

Duración
381 min.

País
Estados Unidos

Dirección
Andrew V. McLaglen

Guion
Ian McLellan Hunter (Historia: Bruce Catton, John Leekley)

Música
Bruce Broughton

Fotografía
Al Francis

Reparto
Stacy Keach, John Hammond, Lloyd Bridges, Rory Calhoun, Colleen Dewhurst, Warren Oates, Geraldine Page, Rip Torn, Robert Vaughn, Sterling Hayden, Paul Winfield, Gregory Peck

Productora
Columbia Pictures Television

Género
Serie de TV. Drama. Bélico | Miniserie de TV. Histórico. Siglo XIX. Guerra de Secesión

Sinopsis: Virginia, 1859. John Geyser, un joven de una familia de granjeros, gran aficionado al dibujo, decide probar suerte en esta profesión. Para ello se traslada a Gettysburg y pide empleo a su tío Jacob, propietario de un periódico. Su primer trabajo consiste en ilustrar un juicio contra el abolicionista John Brown.



Título original
The Blue and the Gray

Año
1982

Duración
381 min.

País
Estados Unidos

Dirección
Andrew V. McLaglen

Guion
Ian McLellan Hunter (Historia: Bruce Catton, John Leekley)

Música
Bruce Broughton

Fotografía
Al Francis

Reparto
Stacy Keach, John Hammond, Lloyd Bridges, Rory Calhoun, Colleen Dewhurst, Warren Oates, Geraldine Page, Rip Torn, Robert Vaughn, Sterling Hayden, Paul Winfield, Gregory Peck

Productora
Columbia Pictures Television

Género
Serie de TV. Drama. Bélico | Miniserie de TV. Histórico. Siglo XIX. Guerra de Secesión

Sinopsis: Virginia, 1859. John Geyser, un joven de una familia de granjeros, gran aficionado al dibujo, decide probar suerte en esta profesión. Para ello se traslada a Gettysburg y pide empleo a su tío Jacob, propietario de un periódico. Su primer trabajo consiste en ilustrar un juicio contra el abolicionista John Brown.



Título original
Désirée

Año
1954

Duración
110 min.

País
Estados Unidos

Dirección
Henry Koster

Guion
Daniel Taradash (Libro: Annemarie Selinko)

Música
Alex North

Fotografía
Milton R. Krasner

Reparto
Marlon Brando, Jean Simmons, Merle Oberon, Michael Rennie, Cameron Mitchell, Elizabeth Sellars, Charlotte Austin, Cathleen Nesbitt, Evely Varden, Isobel Elsom, John Hoyt, Alan Napier

Productora
20th Century Fox

Género
Drama | Histórico. Biográfico. Siglo XVIII. Siglo XIX. Guerras Napoleónicas

Sinopsis: En 1794 Napoleón (Marlon Brando) conoce a Desirée (Jean Simmons), una bella joven de la que se enamora locamente. Sin embargo, el absorbente mundo de la política y de la guerra llega atrapar por completo la atención y el interés del brillante general. El dilema que se le plantea es el siguiente: renunciar a la gloria o renunciar al amor.

Premios
1954: 2 nominaciones al Oscar: Mejor dirección artística (Color), vestuario color



Título original
Napoléon

Año
2002

Duración
380 min.

País
Francia

Dirección
Yves Simoneau

Guion
Didier Decoin (Novela: Max Gallo)

Música
Richard Grégoire, Michel Cusson

Fotografía
Guy Dufaux

Reparto
Christian Clavier, Isabella Rossellini, Gérard Depardieu, John Malkovich, Anouk Aimée, Heino Ferch, Sebastian Koch, Ennio Fantastichini, Guillaume Depardieu, Alexandra Maria Lara, Toby Stephens, Julian Sands, Ludivine Sagnier, Yves Jacques, Jessica Paré, Florence Pernel, Claudio Amendola, Marie Bäumer, Florence Darel

Productora
Coproducción Francia-Estados Unidos-Reino Unido-Alemania-Canadá-Italia-España-Hungría-República Checa;

Género
Serie de TV. Aventuras. Drama | Miniserie de TV. Siglo XIX. Guerras Napoleónicas. Histórico. Biográfico

Sinopsis: Gran superproducción europea y norteamericana sobre Napoleón Bonaparte. Miniserie televisiva.

PRIMERA PARTE. En 1815, después de ser derrotado en la batalla de Waterloo, Napoleón es desterrado a la isla de Santa Elena, en el Atlántico Sur. Allí evoca los tiempos en que era un joven general: sus ambiciones, sus convicciones republicanas, su amor por Josefina, sus brillantes campañas militares en Italia y Egipto. Recuerda también cómo conquistó el poder gracias al golpe de estado del 18 Brumario de 1799.

SEGUNDA PARTE (1800-1807). En la Nochebuena de 1800, siendo Primer Cónsul, Napoleón se salva de un atentado. Aconsejado por el ministro Talleyrand, ordena el arresto del duque de Enghien, primo de Luis XVI y presunto cabecilla del complot. La ejecución de Enghien le asegura el apoyo de los jacobinos, que ven en él al único hombre capaz de impedir el retorno de la monarquía. En 1804, Napoleón se autoproclama Emperador de Francia. Las potencias absolutistas europeas, sin embargo, no lo reconocen como tal y le declaran la guerra.

TERCERA PARTE (1807-1812). Después de la cruenta batalla de Eylau (1807), se reanudan las relaciones entre la Rusia de Alejandro I (1801-1825) y la Francia napoleónica. El Imperio, no obstante, parece no tener futuro, pues Josefina no puede darle un heredero. Finalmente, se impone la razón de estado: Bonaparte se divorcia y contrae matrimonio con María Luisa de Austria. Para su desgracia, la guerra de España (1808-1814) y la traición del Zar lo ponen en una situación muy comprometida.

CUARTA PARTE (1812-1821) El invierno sorprendió a las tropas francesas en la inmensidad de las llanuras rusas. El desastre fue tal que sus enemigos le exigieron que renunciara a sus conquistas anteriores. Napoleón intentó hacer valer su matrimonio con María Luisa, que lo había emparentado con la casa de Habsburgo (Austrias), pero sin éxito. Cuando estalla de nuevo la guerra, los que siempre le fueron fieles empiezan a abandonarlo.

Premios: 
2003: Emmy: Mejor vestuario. 7 nominaciones, incluyendo mejor miniserie


Título original
Napoléon

Año
2002

Duración
380 min.

País
Francia

Dirección
Yves Simoneau

Guion
Didier Decoin (Novela: Max Gallo)

Música
Richard Grégoire, Michel Cusson

Fotografía
Guy Dufaux

Reparto
Christian Clavier, Isabella Rossellini, Gérard Depardieu, John Malkovich, Anouk Aimée, Heino Ferch, Sebastian Koch, Ennio Fantastichini, Guillaume Depardieu, Alexandra Maria Lara, Toby Stephens, Julian Sands, Ludivine Sagnier, Yves Jacques, Jessica Paré, Florence Pernel, Claudio Amendola, Marie Bäumer, Florence Darel

Productora
Coproducción Francia-Estados Unidos-Reino Unido-Alemania-Canadá-Italia-España-Hungría-República Checa;

Género
Serie de TV. Aventuras. Drama | Miniserie de TV. Siglo XIX. Guerras Napoleónicas. Histórico. Biográfico

Sinopsis: Gran superproducción europea y norteamericana sobre Napoleón Bonaparte. Miniserie televisiva.

PRIMERA PARTE. En 1815, después de ser derrotado en la batalla de Waterloo, Napoleón es desterrado a la isla de Santa Elena, en el Atlántico Sur. Allí evoca los tiempos en que era un joven general: sus ambiciones, sus convicciones republicanas, su amor por Josefina, sus brillantes campañas militares en Italia y Egipto. Recuerda también cómo conquistó el poder gracias al golpe de estado del 18 Brumario de 1799.

SEGUNDA PARTE (1800-1807). En la Nochebuena de 1800, siendo Primer Cónsul, Napoleón se salva de un atentado. Aconsejado por el ministro Talleyrand, ordena el arresto del duque de Enghien, primo de Luis XVI y presunto cabecilla del complot. La ejecución de Enghien le asegura el apoyo de los jacobinos, que ven en él al único hombre capaz de impedir el retorno de la monarquía. En 1804, Napoleón se autoproclama Emperador de Francia. Las potencias absolutistas europeas, sin embargo, no lo reconocen como tal y le declaran la guerra.

TERCERA PARTE (1807-1812). Después de la cruenta batalla de Eylau (1807), se reanudan las relaciones entre la Rusia de Alejandro I (1801-1825) y la Francia napoleónica. El Imperio, no obstante, parece no tener futuro, pues Josefina no puede darle un heredero. Finalmente, se impone la razón de estado: Bonaparte se divorcia y contrae matrimonio con María Luisa de Austria. Para su desgracia, la guerra de España (1808-1814) y la traición del Zar lo ponen en una situación muy comprometida.

CUARTA PARTE (1812-1821) El invierno sorprendió a las tropas francesas en la inmensidad de las llanuras rusas. El desastre fue tal que sus enemigos le exigieron que renunciara a sus conquistas anteriores. Napoleón intentó hacer valer su matrimonio con María Luisa, que lo había emparentado con la casa de Habsburgo (Austrias), pero sin éxito. Cuando estalla de nuevo la guerra, los que siempre le fueron fieles empiezan a abandonarlo.

Premios: 
2003: Emmy: Mejor vestuario. 7 nominaciones, incluyendo mejor miniserie


Título original
Napoléon

Año
2002

Duración
380 min.

País
Francia

Dirección
Yves Simoneau

Guion
Didier Decoin (Novela: Max Gallo)

Música
Richard Grégoire, Michel Cusson

Fotografía
Guy Dufaux

Reparto
Christian Clavier, Isabella Rossellini, Gérard Depardieu, John Malkovich, Anouk Aimée, Heino Ferch, Sebastian Koch, Ennio Fantastichini, Guillaume Depardieu, Alexandra Maria Lara, Toby Stephens, Julian Sands, Ludivine Sagnier, Yves Jacques, Jessica Paré, Florence Pernel, Claudio Amendola, Marie Bäumer, Florence Darel

Productora
Coproducción Francia-Estados Unidos-Reino Unido-Alemania-Canadá-Italia-España-Hungría-República Checa;

Género
Serie de TV. Aventuras. Drama | Miniserie de TV. Siglo XIX. Guerras Napoleónicas. Histórico. Biográfico

Sinopsis: Gran superproducción europea y norteamericana sobre Napoleón Bonaparte. Miniserie televisiva.

PRIMERA PARTE. En 1815, después de ser derrotado en la batalla de Waterloo, Napoleón es desterrado a la isla de Santa Elena, en el Atlántico Sur. Allí evoca los tiempos en que era un joven general: sus ambiciones, sus convicciones republicanas, su amor por Josefina, sus brillantes campañas militares en Italia y Egipto. Recuerda también cómo conquistó el poder gracias al golpe de estado del 18 Brumario de 1799.

SEGUNDA PARTE (1800-1807). En la Nochebuena de 1800, siendo Primer Cónsul, Napoleón se salva de un atentado. Aconsejado por el ministro Talleyrand, ordena el arresto del duque de Enghien, primo de Luis XVI y presunto cabecilla del complot. La ejecución de Enghien le asegura el apoyo de los jacobinos, que ven en él al único hombre capaz de impedir el retorno de la monarquía. En 1804, Napoleón se autoproclama Emperador de Francia. Las potencias absolutistas europeas, sin embargo, no lo reconocen como tal y le declaran la guerra.

TERCERA PARTE (1807-1812). Después de la cruenta batalla de Eylau (1807), se reanudan las relaciones entre la Rusia de Alejandro I (1801-1825) y la Francia napoleónica. El Imperio, no obstante, parece no tener futuro, pues Josefina no puede darle un heredero. Finalmente, se impone la razón de estado: Bonaparte se divorcia y contrae matrimonio con María Luisa de Austria. Para su desgracia, la guerra de España (1808-1814) y la traición del Zar lo ponen en una situación muy comprometida.

CUARTA PARTE (1812-1821) El invierno sorprendió a las tropas francesas en la inmensidad de las llanuras rusas. El desastre fue tal que sus enemigos le exigieron que renunciara a sus conquistas anteriores. Napoleón intentó hacer valer su matrimonio con María Luisa, que lo había emparentado con la casa de Habsburgo (Austrias), pero sin éxito. Cuando estalla de nuevo la guerra, los que siempre le fueron fieles empiezan a abandonarlo.

Premios: 
2003: Emmy: Mejor vestuario. 7 nominaciones, incluyendo mejor miniserie


Título original
Napoléon

Año
2002

Duración
380 min.

País
Francia

Dirección
Yves Simoneau

Guion
Didier Decoin (Novela: Max Gallo)

Música
Richard Grégoire, Michel Cusson

Fotografía
Guy Dufaux

Reparto
Christian Clavier, Isabella Rossellini, Gérard Depardieu, John Malkovich, Anouk Aimée, Heino Ferch, Sebastian Koch, Ennio Fantastichini, Guillaume Depardieu, Alexandra Maria Lara, Toby Stephens, Julian Sands, Ludivine Sagnier, Yves Jacques, Jessica Paré, Florence Pernel, Claudio Amendola, Marie Bäumer, Florence Darel

Productora
Coproducción Francia-Estados Unidos-Reino Unido-Alemania-Canadá-Italia-España-Hungría-República Checa;

Género
Serie de TV. Aventuras. Drama | Miniserie de TV. Siglo XIX. Guerras Napoleónicas. Histórico. Biográfico

Sinopsis: Gran superproducción europea y norteamericana sobre Napoleón Bonaparte. Miniserie televisiva.

PRIMERA PARTE. En 1815, después de ser derrotado en la batalla de Waterloo, Napoleón es desterrado a la isla de Santa Elena, en el Atlántico Sur. Allí evoca los tiempos en que era un joven general: sus ambiciones, sus convicciones republicanas, su amor por Josefina, sus brillantes campañas militares en Italia y Egipto. Recuerda también cómo conquistó el poder gracias al golpe de estado del 18 Brumario de 1799.

SEGUNDA PARTE (1800-1807). En la Nochebuena de 1800, siendo Primer Cónsul, Napoleón se salva de un atentado. Aconsejado por el ministro Talleyrand, ordena el arresto del duque de Enghien, primo de Luis XVI y presunto cabecilla del complot. La ejecución de Enghien le asegura el apoyo de los jacobinos, que ven en él al único hombre capaz de impedir el retorno de la monarquía. En 1804, Napoleón se autoproclama Emperador de Francia. Las potencias absolutistas europeas, sin embargo, no lo reconocen como tal y le declaran la guerra.

TERCERA PARTE (1807-1812). Después de la cruenta batalla de Eylau (1807), se reanudan las relaciones entre la Rusia de Alejandro I (1801-1825) y la Francia napoleónica. El Imperio, no obstante, parece no tener futuro, pues Josefina no puede darle un heredero. Finalmente, se impone la razón de estado: Bonaparte se divorcia y contrae matrimonio con María Luisa de Austria. Para su desgracia, la guerra de España (1808-1814) y la traición del Zar lo ponen en una situación muy comprometida.

CUARTA PARTE (1812-1821) El invierno sorprendió a las tropas francesas en la inmensidad de las llanuras rusas. El desastre fue tal que sus enemigos le exigieron que renunciara a sus conquistas anteriores. Napoleón intentó hacer valer su matrimonio con María Luisa, que lo había emparentado con la casa de Habsburgo (Austrias), pero sin éxito. Cuando estalla de nuevo la guerra, los que siempre le fueron fieles empiezan a abandonarlo.

Premios: 
2003: Emmy: Mejor vestuario. 7 nominaciones, incluyendo mejor miniserie


Título original
Napoléon

Año
1955

Duración
182 min.

País
Francia

Dirección
Sacha Guitry

Guion
Sacha Guitry

Música
Jean Françaix

Fotografía
Pierre Montazel

Reparto
Raymond Pellegrin, Daniel Gélin, Orson Welles, Jean Gabin, Yves Montand, Maria Schell, Erich von Stroheim, Pierre Brasseur, Michèle Morgan, Jean Marais, Luis Mariano, Jean-Pierre Aumont, Danielle Darrieux, Maurice Teynac, Jeanne Boitel, Gianna Maria Canale, Sacha Guitry, Jean Chevrier, Jacques Dumesnil, O.W. Fischer, Lana Marconi, Henri Vidal, Sami Frey, Dany Robin, Nicole Maurey, Serge Reggiani, Howard Vernon

Productora
Coproducción Francia-Italia; Courts et Longs Métrages (CLM), Filmsonor, Francinex, Rizzoli Film

Género
Drama. Aventuras. Bélico | Biográfico. Histórico. Guerras Napoleónicas. Revolución Francesa. Siglo XVIII. Siglo XIX

Sinopsis: Film épico sobre la vida del emperador francés.


Título original
Gli amici di Gesù - Maria Maddalena (TV)

Año
2000

Duración
98 min.

País
Italia

Dirección
Raffaele Mertes, Elisabetta Marchetti

Guión
Gareth Jones, Gianmario Pagano

Música
Marco Frisina

Fotografía
Giovanni Galasso

Reparto
María Grazia Cucinotta, Massimo Ghini, Giuliana de Sio, Gottfried John, Nathalie Caldonazzo, Roberta Armani, Benjamin Sadler, Thure Riefenstein, Ambra Angiolini, Vittorio Amandola, Danny Quinn, Imanol Arias

Productora
Coproducción Italia-Alemania; Epsilon TV Production, Lux Vide

Género
Drama | Histórico. Biblia. Telefilm

Sinopsis: Repudiada por su marido, tratada con brutalidad por los soldados romanos, María de Magdala buscó siempre el amor y la redención. Fue uno de los personajes más enigmáticos y polémicos que formaron el séquito de Cristo.


Título original
La virgen que forjó una patria

Año
1942

Duración
110 min.

País
México

Dirección
Julio Bracho

Guión
Julio Bracho, René Capistrán Garza

Música
Miguel Bernal Jiménez

Fotografía
Gabriel Figueroa

Reparto
Ramon Novarro, Domingo Soler, Gloria Marín, Julio Villarreal, Paco Fuentes, Felipe Montoya, Alberto Galán, Ernesto Alonso, Manuel Pozos, Víctor Urruchúa, Mario Gil, José Morcillo, Octavio Martínez, Margarita Cortés, José Elías Moreno, Roberto Cañedo

Productora
Clasa Films Mundiales

Género
Drama | Histórico. Religión. Siglo XIX. Siglo XVI

Sinopsis: A manera de un vasto fresco fidedigno, se recapitula en esta película un importante capítulo de la historia mexicana, que arranca en 1810, con una reunión los conspiradores Hidalgo, Allende, Aldama, Lazo y la Corregidora, Doña Josefa Ortíz de Domínguez, quienes deciden que lo mejor para el país, es la insurrección armada y que el mejor estandarte y representante de este movimiento es la Guadalupana.
El Cura Hidalgo repasa ante Allende los antecedentes históricos de México a manera de recapitulación fidedigna, sin olvidar la fábula de cuando la Virgen del Tepeyac se le aparece a Juan Diego con las rosas del milagro. Acto seguido, se inicia la gesta independentista con la Virgen como estandarte.


Título original
El rayo del sur

Año
1943

Duración
100 min.

País
México

Dirección
Miguel Contreras Torres

Guion
Miguel Contreras Torres

Música
Miguel Bernal Jiménez

Fotografía
Alex Phillips (B&W)

Reparto
Domingo Soler,  Carlos López Moctezuma,  Dolores Camarillo,  Consuelo Frank, Estela Inda,  Miguel Arenas,  Ramón Vallarino,  Víctor Urruchúa,  Antonio R. Frausto, Arturo Soto Rangel,  Francisco Jambrina,  Antonio Bravo,  José Baviera, Alejandro Cobo,  Rafael María de Labra,  Agustín Sen,  Luis Alcoriza,  Luis Mussot, Manuel Dondé,  Manuel Arvide,  Edmundo Espino,  Enrique García Álvarez, Raúl Guerrero,  Miguel Inclán,  Marichu Labra,  José Elías Moreno,  Salvador Quiroz, Ángel T. Sala,  Mario Tenorio,  Armando Velasco,  Víctor Velázquez

Productora
Hispano Continental Films

Género
Drama | Histórico. Siglo XIX. Secuela

Sinopsis: El padre José María Morelos y Pavón continúa su campaña militar a favor de la independencia de México. Nombrado Jefe del Sur por el cura Miguel Hidalgo, Morelos toma las plazas de Oaxaca y Acapulco. A partir de que se jura la Constitución de Apatzingán, los insurgentes que encabeza Morelos sufren varias derrotas, Morelos finalmente es capturado por el ejército español y sentenciado a muerte



Título original
Austerlitz

Año
1960

Duración
166 min.

País
Francia

Dirección
Abel Gance

Guion
Abel Gance, Nelly Kaplan, Roger Richebé

Música
Jean Ledrut

Fotografía
Henri Alekan, Robert Juillard

Reparto
Claudia Cardinale, Jack Palance, Orson Welles, Rossano Brazzi, Pierre Mondy, Leslie Caron, Vittorio De Sica, Jean-Louis Trintignant, Martine Carol, Anna-Maria Ferrero, Ettore Manni, Jean Marais, Georges Marchal, Jean Mercure, Anna Moffo

Productora
Coproducción Francia-Italia-Yugoslavia-Liechtenstein;

Género
Drama. Bélico | Histórico. Siglo XIX. Guerras Napoleónicas. Cine épico

Sinopsis: La batalla de Austerlitz (2-XII-1805) fue una de las más brillantes victorias de Napoleón en su lucha contra las potencias absolutistas europeas. Más de treinta años después de la publicación de su biografía sobre Napoleón, Abel Gance volvió a inspirarse en la figura de Bonaparte para dirigir esta épica y colosal reconstrucción de la batalla de Austerlitz (o de los Tres Emperadores), en la que el emperador francés derrotó a los austríacos y a los rusos. Fue producida por Alexander Salkind (Superman) y contó con un reparto estelar.


Título original:
Reds

Año
1981

Duración
200 min.

País
Estados Unidos

Dirección
Warren Beatty

Guión
Warren Beatty, Trevor Griffiths

Música
Stephen Sondheim, Dave Grusin

Fotografía
Vittorio Storaro

Reparto
Warren Beatty, Diane Keaton, Jack Nicholson, Edward Herrmann, Jerzy Kosinski, Paul Sorvino, Maureen Stapleton, Nicolas Coster, M. Emmet Walsh, Gene Hackman, Ian Wolfe, Bessie Love, George Plimpton

Productora
Paramount Pictures

Género
Drama | Política. Biográfico. Histórico. Revolución Rusa. Años 1910-1919. Cine épico

Sinopsis: El periodista John Reed es el único americano enterrado en el Kremlin. Mientras vivió fue un activista que luchó por defender sus ideales en la tumultuosa América de 1915. Se enamoró de Louise Bryant, una inquieta mujer que luchaba por su emancipación y por triunfar como escritora. Tras dejar a su marido, Louise se fue a vivir con Reed y se integró en un grupo de intelectuales activistas de izquierdas. Sin embargo, la frenética actividad de Reed en contra de la intervención de los Estados Unidos en la Primera Guerra Mundial, provocó las primeras desavenencias de la pareja... 

Premios
1981: 3 Oscars: Mejor director, actriz secundaria (Stapleton), fotografía. 12 nom.
1981: 1 Globo de Oro: Mejor director. 7 nom., incluyendo mejor película y actor
1981: National Board of Review: Mejor película (ex-aequo)
1981: Círculo de Críticos de Nueva York: Mejor película. 6 Nominaciones
1981: Asociación de Críticos de Los Angeles: Mejor dirección, actriz sec. y fotografía
1981: 2 Premios BAFTA: Mejor actor sec. (Nicholson ) y actriz sec. (Stapleton). 6 nom.

Críticas
"Drama de tintes políticos que narra las relaciones de un periodista comunista y una escritora. Excelente fotografía de Storaro y conseguidas interpretaciones en una historia muy interesante"
Fernando Morales: Diario El País

Con 3 Oscars y 12 nominaciones, Warren Beatty estuvo personalmente nominado nada menos que a 4 estatuillas.

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