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En CELAYA: Manuel Antonio de Ocio y Ocampo, el primer celayense que fue obispo

El vestigio de que el celayense Mons. Manuel Antonio Ocio y Ocampo existió: una calle

Eugenio Amézquita Velasco

Las actuales generaciones quizá desconozcan que un celayense fue el octavo obispo de Cebú, en las Filipinas, en pleno siglo XVIII, además de ser el primer obispo en la historia de la noble y leal Celaya. Se trata de Manuel Antonio de Ocio y Ocampo.

Una calle de esta ciudad lleva sus apellidos: Ocio y Ocampo. Pero de ahí no se entran en más detalles. 

Había yo querido investigar más sobre este insigne celayense y poco fue lo que pude encontrar. Su cuna, sus estudios, su presencia en Celaya. Pero fue un importante hallazgo el localizar un trabajo de 87 páginas realizado por el investigador Juan Carlos Ruiz Guadalajara denominado "En lo más dilatado de la Monarquía; Manuel Antonio de Ocio y Ocampo, la Nueva España y el horizonte filipino", publicado en la revista Historia Mexicana, vol. LXI, núm. 3, enero-marzo, 2012, pp. 849-933. El Colegio de México, A.C. Distrito Federal, México. 

Catedral Metropolitana de Cebú

Al final de este extenso artículo les compartiremos las notas, las fuentes documentales y todos esos elementos necesarios de la investigación histórica realizados por este detallado investigador.

Si bien, he de reconocer que el trabajo de Ruiz Guadalajara no abunda en el aspecto de la espiritualidad de este insigne celayense nacido en el siglo XVII sino que se concentra en aspectos muy humanos, administrativos, los vericuetos de la política de estado y la parte de la fragilidad humana. 

Da precisiones sobre la genealogía de este obispo de Cebú y sus estudios además de su carrera eclesiástica. Pero el brillo del sacerdote se da precisamente en una importante obra de misericordia realizada a las que se les denominada mujeres incontinentes, de las cuales el lector conocerá y encontrará más adelante.

Sin embargo, el celayense Ocio y Ocampo realizó obras y acciones históricas muy interesantes que nos recuerdan precisamente las características de las personas de estas tierras del Bajío: hombre trabajador, estudioso, de insignes letras y capacidades que permitieron frenar injusticias y afrentas y proteger también a la Iglesia.

Una buena parte de la investigación de Ruiz Guadalajara busca situar al lector en la época y antecedentes de México y las Filipinas. Quise iniciar mi artículo seleccionando lo que me pareció medular de la obra de Ruiz Guadalajara sobre Ocio y Ocampo: su familia, su obra en México y en las Filipinas. 

Presentación

"Esta es la historia de un novohispano que nació en Celaya en el ocaso del siglo XVII y que terminó sus días enfermo e investido como obispo de Zebú, el rincón más apartado de la cristiandad hispánica, en 1737". (1)

"Su nombre: Manuel Antonio de Ocio y Ocampo, descendiente de hidalgos y cristianos viejos de Zamora, en el reino de León". 

"Como muchos personajes de su tiempo, la vida de Manuel Antonio incluye episodios propios de una novela de aventuras, mas todo lo que a continuación se asienta dista mucho de ser una ficción literaria. La increíble distancia entre Celaya y Zebú, en las islas Visayas del archipiélago filipino, es tan sólo un elemento que dimensiona los múltiples caminos que nuestro personaje recorriera en su trayectoria vital, caminos que si bien nos permiten profundizar en la comprensión de un periodo de la Nueva España, nos muestran sobre todo la forma en que muchos de sus habitantes se integraron a la gran movilidad generada en el interior de esa gigantesca entidad política conocida como Monarquía Hispánica, la cual tuvo en las islas Filipinas el punto final de su expansión en el marco de la repartición 
que del orbe hiciera el papado en los Tratados de Tordesillas de 1494". 

"El Archipiélago fue así la última frontera de la cristiandad en Asia, muy diferente a otras y preservada desde la Nueva España por el delgado aunque constante hilo del galeón y su ruta transpacífica". 

"A pesar de la distancia, las Filipinas y todo lo que representaron nada tenían de ajeno para los novohispanos; muy por el contrario, fue una realidad de ida y vuelta, mucho más familiar de lo que la actual población mexicana se pueda imaginar. Por  ello, antes de abordar a nuestro personaje y su momento, este ensayo se remontará al siglo XVI para explorar el proceso que culminó con la integración del espacio filipino a la dominación hispánica, así como el impacto social, económico y cultural que ello provocó en la Nueva España".
 
"Sólo así podremos acercarnos a la vida de Manuel Antonio y contemplar las entrañas de una realidad que se comenzó a desintegrar hace 200 años".

Los Ocio y Ocampo: Origen y Destino

Ruiz Guadalajara narra en su investigación que "no obstante haberse integrado a la migración hacia la América hispánica en el siglo XVII, los Ocio y Ocampo lograron hacer de la Nueva España su tierra prometida".
 
"No fue un camino sencillo y tampoco ajeno a las ventajas que en la época proporcionaba la hidalguía. Si bien es posible que algunos en lo más dilatado de la monarquía los Ocio o algunos Ocampo migraran hacia diversas zonas de la  Monarquía en el siglo XVI, lo cierto es que el apellido compuesto que nos ocupa fue producto del matrimonio entre  Sebastián de Ocio e Isabel de Ocampo, “hijos dalgo”, cristianos viejos, “notorios de sangre”, de nobles antepasados y principales de la ciudad de Zamora en el reino de León, donde les eran guardadas todas las preeminencias y honras propias de su estirpe. Como tales hidalgos, los Ocio y los Ocampo se distinguían a sí mismos como dedicados a  los oficios del gremio del Estado, característica que mantuvieron sus descendientes en América". "

"Los datos sobre Sebastián de Ocio aún son escasos en nuestras investigaciones. Su matrimonio con Isabel lo habría realizado hacia 1605, el mismo año en que comenzó a circular impreso Don Quijote y en el periodo de la unión entre los reinos ibéricos. Por alguna razón que desconocemos, tal vez la muerte de Sebastián, los hijos de esta unión se dispersaron."

"La hija mayor, María de Ocio y Ocampo, partió en 1623 rumbo a Panamá,  Provincia de Tierra Firme, acompañando a su esposo Joan de Burgos, quien había sido nombrado por el rey oidor de aquella Audiencia Gobernadora. María contaba entonces con 18 años de edad y se iba en compañía de su madre Isabel y de su hermana Leonor, de 15 años". (42) 

Esta misma Leonor de Ocio y Ocampo, en 1644 tiene un hijo nacido en Querétaro, producto de su matrimonio con el capitán Juan Caballero de Medina: Juan Caballero y Ocio, considerado patrono y benefactor de obras religiosas.

Rodrigo Pacheco y Osorio, Marqués de Cerralvo.
XV Virrey de la Nueva. España

"Un año después Rodrigo Pacheco Osorio, Marqués de Cerralvo, fue enviado por Felipe IV a la Nueva España como su virrey. Entre los muchos criados y servidores que formaban su casa se encontraba un niño de 12 años, Álvaro de Ocio y Ocampo, registrado como paje del nuevo virrey por los oficiales de la Casa de la Contratación de Sevilla encargados de verificar el embarque de pasajeros en la  flota de 1624". (43) 

"El pequeño Álvaro, en apego a la tradición familiar, había sido colocado al servicio de una casa noble para iniciar sus oficios al servicio del Estado, decisión que lo llevó hacia la Nueva España en un camino sin retorno". 

"Así, Cerralvo arribó a la ciudad de México y en noviembre de ese mismo año asumió el mando, ejerciéndolo hasta 1635". 

"Poco sabemos sobre las actividades de Álvaro en este periodo, salvo el hecho de que su cercanía con el virrey y su condición de descendiente de hidalgos le valieron lo suficiente para iniciar su propio camino. En algún momento el joven Álvaro amplió sus intereses hacia una de las zonas más importantes del reino de la Nueva España, la Provincia de los Chichimecas del Obispado de Michoacán, territorio que habían arrebatado los conquistadores españoles y sus aliados indígenas a los nómadas guamares, guachichiles y zacatecos, y en el que se había desarrollado uno de los procesos de poblamiento más complejos en la historia de la expansión hispánica hacia el norte de las antiguas culturas sedentarias en la segunda mitad del siglo XVI". 

"Se trataba de un territorio que en los inicios del siglo XVII había ya consolidado un rosario de pueblos, villas y  congregaciones españolas de labradores, y que a manera de circuito urbano articulaba social y económicamente a minas, haciendas y ranchos, además de ser el corredor más importante hacia la Tierra Adentro". 

"En 1635 el ya para entonces don Álvaro de Ocio y Ocampo se encontraba casado con Gertrudis Palenzuela y Molina, y le había sido otorgado el cargo de alcalde mayor de la Villa de León y Minas de Comanja, en lo más dilatado de la monarquía además del grado de capitán a guerra en las fronteras del rey".

En 1635, Álvaro Ocio y Ocampo, residente en la Villa de la Concepción de Celaya 

"Sin embargo, en ese mismo año se declaraba como vecino de la ciudad de México y residente en la Villa de Nuestra Señora de la Concepción de Celaya, también en la Provincia de los Chichimecas. Álvaro tenía además bajo su cargo el cobro del tributo a indios laboríos, negros y mulatos libres en la jurisdicción de León, así como la administración de los reales azogues destinados a Comanja". 

"Y mientras el alcalde se movía entre México y León, su casa, su esposa y su prole tuvieron como sede la villa de Celaya, donde los nuevos Ocio y Ocampo, ya como criollos novohispanos,  proliferarían para el servicio de Dios y de su Rey". (44)

"Así, los descendientes varones de este zamorano integraron una primera generación dedicada a los cargos públicos, la propiedad de la tierra y los negocios en la zona de Celaya, donde rápidamente consolidaron su influencia y sus intereses, cuidando siempre de mantener su “limpieza de sangre” y su patrimonio mediante enlaces matrimoniales con españolas criollas o peninsulares".

"Contamos con noticias sobre al menos tres hijos de Álvaro: Sebastián, Agustín y Juan, todos nacidos en Celaya, como los primeros Ocio y Ocampo novohispanos". (45)

Uno de los Ocio y Ocampo funda Dolores

"Sebastián, por ejemplo, había sido alcalde ordinario de Celaya y procreado al menos dos varones, Bartolomé y Álvaro, este último nacido en 1678; ambos siguieron la carrera eclesiástica, siendo Álvaro el más destacado en su trayectoria al obtener el grado de licenciado en sagrados cánones, ser cura beneficiado del partido de Guadalcázar en el obispado de Michoacán entre 1707 y 1710 y, posteriormente, fundar en 1711 la congregación española de Nuestra Señora de los Dolores en la misma diócesis". (46)

"Por su parte el hermano de Sebastián, Agustín de Ocio y Ocampo, tuvo título de capitán, fue dueño de haciendas en  la jurisdicción de Celaya y terminó avecindado en Querétaro, donde tenía entre otros negocios un obraje de paños y bayetas; sabemos que en su segundo matrimonio tuvo dos hijos que también fueron capitanes, Joseph y Agustín, este último muy bien casado hacia 1750 con Josepha Cuervo de Villaseca, hija del general Ildefonso de Cuervo y Valdez". (47)

"En los hermanos Sebastián y Agustín encontramos un punto en común: ambos conocieron la viudez e incluso uno de ellos las segundas nupcias". 

"En el caso de Juan, el tercer hermano y el más importante para nuestro tema, la situación fue diferente".

SIGLAS:
AGI: Archivo General de Indias
AGN: Archivo General de la Nación

NOTAS:
(1) Agradezco a la Escuela de Estudios Hispanoamericanos de Sevilla la beca de estancia con que me apoyó entre septiembre y noviembre de 2010 y que me permitió concluir este ensayo.
(42) AGI, Contratación 5387, núm. 31.
(43) AGI, Contratación 5389, núm. 1.
(44) AGN, Archivo Histórico de Hacienda, vol. 1429, exp. 22, ff. 410-421. 
(45) Sus descendientes, es decir, la segunda generación novohispana de 
los Ocio y Ocampo, se caracterizaron por su inclinación predominante hacia el estado eclesiástico, no sólo por vocación sino como una vía para lograr prestigio y ascenso social.
(46) AGN, Universidad, vol. 368, ff. 749r.-750v.; AGN, Indiferente Virreinal, 4749, exp. 45. 
(47) AGN, Capellanías, vol. 277, exp. 16; AGN, Tierras, 666, 1r.-30v

BIBLIOGRAFÍA:
Juan Carlos Ruiz Guadalajara - "En lo más dilatado de la Monarquía; Manuel Antonio de Ocio y Ocampo, la Nueva España y el horizonte filipino", publicado en la revista Historia Mexicana, vol. LXI, núm. 3, enero-marzo, 2012, pp. 849-933. El Colegio de México, A.C. Distrito Federal, México.
 

Hidalgos novohispanos en desgracia: Virtud, letras y redes sociales

Prosigue el Dr. Ruiz Guadalajara explicando que "sabemos que Juan de Ocio y Ocampo se ostentó como capitán, título que seguramente tuvo su origen en algún cargo desempeñado en el cabildo de Celaya". Es importante recordar que Juan de Ocio y Ocampo es hermano de Sebastián Ocio y Ocampo, y este último es padre de Álvaro Ocio y Ocampo, fundador de la Congregación de Nuestra Señora de los Dolores. 

Juan, "en 1675 se casó con Josepha Arias Villafañes, criolla descendiente de antiguos vecinos de Celaya, con quien procreó doce hijos, ocho hombres y cuatro mujeres, todos Ocio y Ocampo. Hacia
finales del siglo XVII, en fecha que no hemos logrado precisar, el capitán Juan de Ocio y Ocampo falleció. Esto ocurrió en un mal momento para la familia, pues tiempo después Josepha Arias asentaría en su testamento, redactado en San Luis Potosí en 1731, que aunque al tiempo de su matrimonio Juan de Ocio y Ocampo había aportado caudales y capital, lo vino a perder todo de tal suerte que no dejó alguno para la familia, “[…] habiendo educado yo y criado a dichos  mis hixos con notorias cortedades, procurando únicamente el que se adelantasen en virtud y letras[…]”" (48)

"La fórmula de la virtud y las letras en el contexto de una familia de españoles criollos novohispanos, descendiente de hidalgos pero caída en desgracia, fue una alternativa común de ascenso social en múltiples contextos de la Monarquía Hispánica". 

"Si bien dependió de regiones y oportunidades, al menos en la Nueva España de los siglos XVII y XVIII muchos varones criollos resolvieron sus aspiraciones y apuraciones sociales integrándose a la carrera eclesiástica, sobre todo en las filas del clero secular".

"En aquel mundo, el servicio a Dios y por ende al monarca encargado de la defensa de la cristiandad era una alternativa real para muchos españoles que proclamaban su “limpieza de sangre”. Josepha Arias conocía de sobra las oportunidades que a sus hijos traerían el estudio y la profesionalización eclesiástica. Dicha ruta, llevada con altos niveles de preparación, se podía traducir en ingresos estables, en relaciones y ascendente social, en actividad legal en estrados y tribunales, en curatos, prebendas, canonjías eclesiásticas y, por qué no, en posible beatitud y santidad si la vocación, la suerte y el sacrificio daban para ello". 

"Por los sorprendentes resultados que consiguió, podemos afirmar que Josepha Arias estimuló con creces la virtud y las letras en sus hijos varones: siete de ellos abrazaron el estado eclesiástico. Tres lo hicieron en las filas del clero regular: fray Joseph de Ocio y Ocampo (franciscano), fray Miguel de Ocio y Ocampo y fray Francisco Xavier de Ocio y Ocampo (ambos franciscanos descalzos). Y cuatro en las del clero secular: Juan Antonio de Ocio y Ocampo, Antonio de Ocio y Ocampo, Felipe de Ocio y Ocampo y Manuel Antonio de Ocio y Ocampo, todos presbíteros y abogados de 
la Real Audiencia de México". 

"Por su parte, Agustín Julián de Ocio y Ocampo no siguió el sacerdocio, se casó dos veces, fue también abogado de la Real Audiencia, su relator y agente fiscal de la Real Sala del Crimen". (49)

"Si bien desconocemos el orden exacto en que nacieron, es posible apreciar en estos hermanos fuertes lazos de solidaridad a lo largo de sus trayectorias. Dichos vínculos trascendían el ámbito de la familia nuclear y se manifestaban en la familia extensa, en las redes de paisanaje y en la formación de grupos generacionales". 

"En este contexto encontramos en los hermanos Ocio y Ocampo dos tipos de intereses y preparación. Por un lado los frailes, quienes aparecen entregados a la actividad doctrinal: hacia 1731 fray Joseph era guardián del convento franciscano de Taximaroa" -hoy Ciudad Hidalgo, Mich.- "en la Provincia de Michoacán, fray Miguel era predicador y comisario de Terceros en la Villa de las Aguas Calientes de la Nueva Galicia, y fray Francisco Xavier se había convertido en émulo de su onomástico al marcharse como misionero".

"Por el otro lado encontramos a los abogados, especialistas en leyes y cánones, incluidos los cuatro clérigos seculares, quienes desarrollaron su actividad en diversos tribunales y enarbolaron el derecho desde trincheras y causas muy diferentes".

Agustín Julián, por ejemplo, obtuvo el grado de licenciado en leyes y hacia 1710 se encontraba en su primer matrimonio, con María Álvarez de Buen Rostro, con quien procreó cuatro hijos. En el mismo año ya se desempeñaba como abogado, agente fiscal y relator en la Real Audiencia de México, (50) donde lo alcanzó el largo brazo de la real justicia: en 1715 el rey ordenó una visita general a los fiscales de la Audiencia ante la fundada sospecha de excesos cometidos en el cobro de derechos". 

"El visitador designado fue Francisco Garzarón, inquisidor apostólico del Tribunal del Santo Oficio de México y oidor decano de su Audiencia. A Agustín Julián le fueron levantados once cargos por el visitador, ocho de ellos relacionados con cobros indebidos como relator y litigante que le habían reportado 99 pesos mal habidos. Se le acusó también de no mostrar a sus defendidos la tasación de los derechos de los pleitos y de irregularidades en la firma de recibos". 

"En 1717 el visitador lo declaró abogado suspenso, le embargó sus bienes y lo desterró de la ciudad en espera del veredicto del rey, quien a comienzos de 1724 terminó por absolverlo con la consecuente restitución de sus bienes y oficio, no sin antes condenarlo al pago de 610 pesos de costas y apercibirlo a conducirse en adelante con arreglo a las leyes del reino y reales ordenanzas". (51)

"Desconocemos los resortes de la real clemencia, lo cierto es que para Agustín Julián fueron años difíciles en los que incluso enviudó. Hacia 1728 lo encontramos en segundas nupcias con Evarista Sánchez del Cueto, con quien llegó a tener ocho hijos, entre ellos cinco varones para continuidad 
del apellido". (52) 

"Entonces abandonó México y se estableció en Guanajuato, donde fue alcalde ordinario y compraría posteriormente el título de regidor". (53)

"En esa importante ciudad se encontraba en 1731 su hermano Antonio en calidad de vicario y juez eclesiástico, y de quien sabemos fue doctor y también litigante en la Real Audiencia de México". (54) 

"Años antes, al menos desde 1728, Antonio se había desempeñado como cura coadjutor y juez eclesiástico de San Luis Potosí, donde su hermano Felipe era cura beneficiado". (55) 

"Hasta donde sabemos, de los cuatro hermanos que fueron clérigos seculares, Antonio y Juan Antonio serían los de menores logros en la carrera eclesiástica: no les conocemos ningún curato en beneficio, tan sólo se les menciona como presbíteros del obispado de Michoacán. Antonio aparece sobre todo atendiendo asuntos legales entre San Luis Potosí, Guanajuato y México, incluso como apoderado de su hermano Juan Antonio, (56) quien además de haberse acreditado como abogado de la Real Audiencia, se había ordenado sacerdote a título de capellanía para trasladarse, como vicario y juez eclesiástico, a la importante villa de San Miguel el Grande -hoy San Miguel de Allende-, también en la Provincia de los Chichimecas del obispado de Michoacán". (57)

"En contraste, los otros dos clérigos, Felipe y Manuel Antonio, combinarían sus intereses, letras y virtudes con la carrera académica, transitando caminos muy diferentes. Sabemos con certeza que Felipe de Ocio y Ocampo se labró un gran prestigio como estudiante y catedrático en la Universidad de México, también como litigante y celoso sacerdote en las parroquias que tuvo en propiedad en el 
obispado de Michoacán. Siendo un muchacho imberbe dejó Celaya y pasó a la ciudad de México, donde fue testigo, entre otros hechos, de los memorables tumultos de 1692 que destruyeron parte del palacio virreinal y vivió, además, el ocaso de los Habsburgo con los últimos años del gobierno 
de la reina madre Mariana de Austria". 

"Ya desde 1694, antes de cumplir los 20 de edad, había sustentado un acto de toda la física en la Universidad, y tras haber cursado latinidad y artes obtuvo en 1695, año de la muerte de sor Juana, el grado de bachiller en artes. Entre 1696 y 1697 Felipe ya hacía oposición para obtener en propiedad las cátedras de Filosofía y Temporal de Artes". 

"En 1698 entró al Colegio de San Ramón Nonato y un año después obtuvo el grado de bachiller en leyes. Llegado 1700 leyó dos veces en oposiciones las cátedras de Temporal de Instituta, la de Código y la de Vísperas de Leyes, y en 1701 se volvió a graduar, ahora como bachiller en cánones, siendo además aprobado y recibido como abogado de la Real Audiencia de México. Su espectacular y brillante carrera le valió ser escogido para sustentar el acto con que la Universidad dio la bienvenida al arzobispo-virrey Juan de Ortega y Montañés en 1702". 

"Ya ordenado como presbítero, Felipe combinó la abogacía con el ministerio obteniendo plazas importantes que aliviarían la situación familiar: en 1704 fue nombrado defensor de la Real Fábrica de Naipes de la Nueva España por su superintendente Juan de Ozaeta, y en el mismo año el doctor Manuel de Escalante, obispo de Michoacán, lo nombró vicario y juez eclesiástico de San Luis Potosí, “con facultad de que pudiese conocer y determinar todas y cualesquiera causas eclesiásticas, así civiles como criminales”". (58)

"En rápido ascenso, Felipe obtuvo en 1706 su primer curato en propiedad, Maravatío y sus minas de Tlalpujahua, ubicado en la Provincia de Michoacán y con muy buenos ingresos. En octubre de 1710 el Tribunal de la Inquisición accedió a su solicitud, nombrándolo comisario del Santo Oficio y Tribunales de Cruzada, (59) y no conforme con sus logros, presentó certificaciones en la Universidad y sustentó actos con los que obtuvo los grados de licenciado y doctor en sagrados cánones". (60) 

"Desconocemos por ahora el año en que Felipe de Ocio y Ocampo dejó Maravatío, lo cierto es que en 1716 lo encontramos de nuevo en San Luis Potosí, ahora como cura beneficiado. San Luis no sólo lo acercaba a la región de Celaya, sino que representaba mayores rentas. Aquí vivió en compañía de su madre y hermana, y desplegó una importante actividad como comisario del Santo Oficio, enviando a México testimonios y denuncias que habitantes de San Luis hicieron voluntariamente para descargar su conciencia: desde la remisión de libros prohibidos hasta la denuncia de supersticiones, falsas creencias en fantasmas, prácticas de hechicería y uso de peyote". (61) 

"Ninguna generó persecución o castigo, pero nos muestran a Felipe de Ocio y Ocampo como un clérigo escrupuloso, preocupado por corregir las heterodoxias de su feligresía y cumplir al pie de la letra con su misión. Hacia 1731 y como parte de su renuncia a un mundo que seguramente le parecía lleno de pecado, el doctor Felipe de Ocio y Ocampo se había convertido en fraile profeso en el convento franciscano de Zacatecas, donde fue lector de cánones al parecer hasta su muerte". (62) 

"Todo indica que su madre habría quedado en San Luis Potosí, no lejos de Zacatecas en la Nueva Galicia y muy cerca de San Miguel, Dolores, Guanajuato y Celaya en el circuito urbano de la Provincia de los Chichimecas, sitios todos donde sus hijos, parientes y paisanos mantenían su presencia, redes e 
influencia. A la zaga de Felipe encontramos a su hermano  Manuel Antonio, sólo que sus reconocidas prendas literarias como estudiante y abogado, así como su notable ambición por obtener con rapidez la dignidad eclesiástica en la jerarquía de la Iglesia indiana, lo llevaron hacia lo que él mismo denominaría como el lugar del mundo donde sucedían los hechos más atroces".

Tras los parentescos, Álvaro Ocio y Ocampo y Manuel Antonio Ocio y Ocampo, son primos hermanos, hecho que unen y emparentan aún más a Dolores Hidalgo y a Celaya.

NOTAS:
(48) AGI, Indiferente 159, s. n.
(49) AGI, Indiferente 159, s. n.
(50) AGI, Indiferente 159, s. n., 1759. 
(51) AGN, Indiferente Virreinal, 5967, exp. 27.
(52) AGI, Indiferente 159, s. n. 
(53) AGN, Real Hacienda, 80, contenedor 10, vol. 22, exp. 163, ff. 290-291. 
(54) AGN, Indiferente Virreinal, 4894, exp. 5. 
(55) A Antonio de Ocio y Ocampo lo encontramos en San Luis Potosí por un pleito que inició en contra del famoso franciscano José de Arlegui, para impugnar la construcción de una capilla dedicada a la Virgen de los Remedios en el barrio de Tequisquiapan. ACM, Negocios diversos (topografía antigua), s. n. 
(56) AGN, Indiferente Virreinal, 2846, exp. 7.
(57) AGN, Regio Patronato, capellanías, vol. 275, exp. 198, ff. 403v.-405.
(58) AGI, Indiferente, 215, núm. 77. 
(59) AGN, Inquisición, 719, exp. 6. 
(60) AGN, Universidad, 264, ff. 290-309.
(61) AGN, Inquisición, 878, exp. 46, ff. 381r.-399v. 1716; AGN, Inquisición, 1051, exp. 4, ff. 36r.-99r. 
(62) AGI, Indiferente 159, s. n

BIBLIOGRAFÍA:
Juan Carlos Ruiz Guadalajara - "En lo más dilatado de la Monarquía; Manuel Antonio de Ocio y Ocampo, la Nueva España y el horizonte filipino", publicado en la revista Historia Mexicana, vol. LXI, núm. 3, enero-marzo, 2012, pp. 849-933. El Colegio de México, A.C. Distrito Federal, México. 


Manuel Antonio de Ocio y Ocampo: Rumbo a la dignidad eclesiástica

Precisa el investigador Juan Carlos Ruiz Guadalajara en su obra "En lo más dilatado de la Monarquía; Manuel Antonio de Ocio y Ocampo, la Nueva España y el horizonte filipino" que "sobre los primeros años de Manuel Antonio en Celaya lo desconocemos todo, al menos por ahora". (63) 

"Para cuando su hermano Felipe obtuvo su primer curato en propiedad, Manuel Antonio ya había sido estudiante en San Ildefonso y en el Colegio de San Ramón Nonato entre 1700 y 1705. En 1707 se graduó de bachiller en sagrados cánones en la Universidad de México y se ordenó sacerdote, al tiempo que fue aceptado como abogado de la Real Audiencia. Un año más tarde, en diciembre de 1711, el Santo Oficio le concedió una plaza vacante de relator del Tribunal de la Inquisición. (64) 

"Entre dicho año y 1715 Manuel Antonio se dedicó a litigar en la ciudad de México y a servir su plaza de relator, seguramente a la espera de un curato vacante en el obispado de Michoacán, además de aguardar los términos correspondientes para solicitar los grados de licenciado y doctor. Sin 
embargo, el 27 de enero de 1714 el Consejo de Indias remitía en Madrid una consulta al rey Felipe V, planteándole un asunto que terminaría por ser trascendental en la vida de nuestro personaje".

"Los consejeros advertían la imperiosa necesidad de solucionar la falta crónica de sujetos aptos y letrados que para ejercer las canonjías de su catedral metropolitana padecía la ciudad de Manila, capital y nervio de las islas Filipinas ubicadas, de acuerdo a la época, en lo más dilatado de la Monarquía. Desde 1702 el consejo había establecido como un primer intento para solucionar el problema que las oposiciones a dichas prebendas se hicieran en México, donde además del galeón había suficiencia de teólogos y letrados". 

"Aún así se habían experimentado problemas constantes para encontrar pretendientes. Lo mismo sucedía con la Audiencia de Manila ante los constantes ejemplos de falta de letrados en España que quisieran ocupar las plazas de oidores, no sólo por lo remoto de las islas sino también por evitar exponerse “a dos navegaciones tan dilatadas y arriesgadas”." (65)

#En este último caso, el rey había atenuado la carencia de interesados idóneos ofreciendo, a manera de “ventajosas conveniencias”, plazas de alcaldes de Corte en México a los letrados que sirvieran en la Audiencia de Manila por un tiempo prefijado, oferta que no siempre se cumplía. También durante años el consejo había explorado la posibilidad  de que jesuitas y dominicos proveyeran en Manila las cátedras para la creación de la Universidad Real; sin embargo, siempre se excusaron para evitar dicha fundación como una forma de mantener el predominio de sus propios colegios, algunos denominados incluso universidades". (66)

"El universo educativo de Manila estaba destinado fundamentalmente a crear teólogos, filósofos y bachilleres en artes para alimentar las filas del clero regular y mantener viva lo que el autor Ruiz Guadalajara llama "la fantasía católica de la conquista espiritual de Asia", o bien para educar doncellas o dotar de primeras letras a niños huérfanos de españoles". 

"Sin embargo, a principios del siglo XVIII Manila carecía de Universidad Real que la dotara de letrados, médicos, matemáticos, canonistas y otros especialistas necesarios, sobre todo, para la administración de la justicia, incluida la eclesiástica. La solución que planteaba el consejo a Felipe V era, precisamente, establecer en Manila una universidad bajo el amparo del rey fundando, como primer paso, cátedras de cánones, leyes e instituta a través de un mecanismo que permitiera salvar la endémica escasez de recursos que caracterizaba a la Real Hacienda en Filipinas". 

"En el fondo el objetivo era lograr, a corto plazo, la autosuficiencia de las islas en cuanto a sujetos aptos para el desempeño de los oficios más importantes, evitar las prolongadas vacantes que padecían las plazas de togados y doctores tras la muerte de sus titulares y eliminar los crecidos gastos que implicaba para la Real Hacienda el envío de sus reemplazos". 

"Con ello el consejo cumplía con la grave obligación “de solicitar que aquellas Yslas se conserven y dilaten con las Luzes de la Fee, razón y Justicia”, tres responsabilidades esenciales para el descargo de la real conciencia. Con base en las medidas tomadas en 1686 para Guatemala y que derivaron en la creación de su universidad, los consejeros propusieron que la erección de cátedras en Manila también se acompañara de ofrecimientos convenientes que pudieran estimular y garantizar el interés de sujetos idóneos, sobre todo por la falta de recursos y porque los estipendios que se ofrecerían por cubrir las plazas no eran atractivos". 

"En Guatemala había funcionado el ofrecimiento de plazas de oidores en esa audiencia a quienes obtuvieran y leyeran durante cinco años las cátedras de cánones y leyes, y el título de protomédico también de Guatemala a quien hiciera lo mismo con la de medicina. Esto le había funcionado al rey, sin embargo, Filipinas era un caso muy diferente que implicaba reforzar la oferta, siempre bajo el criterio del menor gasto para las reales arcas. El parecer del consejo fue ofrecer 800 pesos anuales de salario a la cátedra de prima de cánones, 800 a la de leyes y 500 a la de instituta. A ello se sumarían otros ingresos y distinciones: el catedrático de cánones pasaría a ocupar automáticamente la canonjía doctoral en el cabildo eclesiástico de la catedral de Manila, y tras seis años en el ejercicio de la cátedra se le tendría muy presente para promoverlo a una canonjía en las catedrales de México o Puebla de los Ángeles; al catedrático de leyes se le otorgaría el goce y los honores de oidor en la Audiencia de Manila, libre de media annata y, tras seis años de leer la cátedra, se le promovería a la plaza de alcalde del crimen en la Audiencia de México; por último, a quien ocupara la de instituta también goce y honores de oidor en Manila, exención de media annata y a los seis años su cambio como oidor a la Audiencia de Guatemala". 

"Todos, además, gozarían de un año de salario como ayuda de costas para poder hacer el largo viaje. (67)

"La convocatoria estaría dirigida a españoles residentes en la Península que además de contar con la preparación adecuada certificaran su limpieza de sangre. Así, con el aval del rey a la propuesta del consejo, se fijaron edictos convocatorios en universidades, audiencias y cancillerías de España, informando las circunstancias con que el rey pretendía honrar a los escogidos y planteando un plazo de dos meses para el proceso de selección. Hacia finales de 1714 fueron nombrados como catedráticos dos graduados de la Universidad de Alcalá de Henares: (68) el doctor Julián de Velasco para la cátedra de prima de leyes y Francisco Fernández Toribio para la de instituta. Sin embargo, en lo tocante a la de  prima de cánones no habían bastado las diligencias y ofrecimientos para encontrar sujeto apto que la regenteara". 

"El consejo sugirió entonces, mediante consulta de 25 de enero de 1715, pedirle al rey que se expidieran edictos convocatorios en la ciudad de México con las mismas bases. Con sus despachos bajo el brazo y la cédula real para buscar catedrático de cánones en México, Velasco y Fernández dejaron España a mediados de 1715, iniciando un larguísimo viaje sin retorno hacia las islas Filipinas, viaje que implicaba, por supuesto, una larga escala en la Nueva España". (69)

"Hacia finales de ese año la Audiencia de México, donde Manuel de Ocio y Ocampo se desempeñaba como abogado, procedió a fijar los edictos y hacer pública la oferta del monarca. Para el contexto académico y eclesiástico de la Nueva España, la idea de servir la cátedra de prima de cánones en una incipiente universidad en las Filipinas, pero sobre todo con un estipendio tan bajo, no era lo suficientemente atractiva como para despertar el interés de muchos doctores". 

"Los 800 pesos que ofrecía el monarca en nada competían con los 3 000 e incluso 5 000 que podían dar en propiedad los curatos pingües de, por ejemplo, la Provincia de los Chichimecas en el obispado de Michoacán, ello sin considerar otro tipo de ingresos más el capital social que representaba ser cura en una cabecera parroquial española. Si bien existían en todas las diócesis de la América septentrional curatos pobres e insalubres, que representaban un máximo de 500 pesos anuales a sus curas beneficiados y generalmente cubiertos por presbíteros de mediana trayectoria, "Ocio y Ocampo estaba muy lejos de considerarse un candidato a ese tipo de pobrezas", según escribe Ruiz Guadalajara". 

"De lo que el rey ofrecía lo más atractivo era, en todo caso, el acceso directo a una canonjía y al mundo de los cabildos eclesiásticos, antesala de la dignidad episcopal como aspiración máxima de un clérigo secular bien preparado".

"Sin embargo, existía también el inconveniente de que los miembros del cabildo catedral de Manila e incluso su arzobispo, a diferencia de lo que ocurría en las catedrales americanas, no basaban sus ingresos en el diezmo, sino en estipendios también fijados por el rey y situados en la Real Caja de México". 

"La última disposición al respecto databa del 28 de mayo de 1680 cuando por cédula real se fijaron los siguientes estipendios anuales: arzobispo de Manila, 5000 pesos de oro común; el deán, 600; las cuatro dignidades, 500 cada uno; los tres canónigos, 400 pesos cada uno; los dos racioneros, 300 cada uno; la media ración, 200; a ellos se agregaba el estipendio de los dos curas de catedral, uno de españoles y otro para naturales y morenos, con 183 pesos 6 reales 7 granos cada uno". (70) 

"Así, quien obtuviera la cátedra de prima de cánones y por ende la canonjía doctoral de Manila contaría con 1 200 pesos de estipendio anual. En ese orden, lo que resultó un efectivo anzuelo fue el carácter temporal de la encomienda en Manila: a la vuelta de seis años el canónigo-catedrático podría moverse, ni más ni menos, que a uno de los dos cabildos eclesiásticos más importantes y opulentos de la América septentrional". 

"Como quiera, lo cierto fue que los eclesiásticos novohispanos con grado de doctor en cánones no parecieron mostrar mucho interés en ir a Filipinas como catedráticos. Salvo para misioneros con vocación y oficiales reales bien pagados, al parecer la decisión de dejar la Nueva España rumbo al archipiélago nunca fue fácil, sobre todo por la incertidumbre del regreso".

"De hecho, en ese mismo año de 1715 se encontraba en la ciudad de México el mercedario descalzo fray Pedro Sáenz de la Vega y Landaverde, quien desde 1703 había sido nombrado obispo de la diócesis del Santo Nombre de Zebú, el rincón más apartado de la cristiandad bajo custodia del rey católico. Al llegar a la Nueva España en 1706 supuestamente de camino a las Filipinas para ir a gobernar su obispado, fray Pedro ya había recibido en España sus bulas del Papa, sus ejecutoriales del rey y su consagración". (71) 

"Ya en México fray Pedro declinó embarcarse en el galeón no obstante cobrar ya parte de sus estipendios, postura en la que se mantuvo sin importar los exhortos que recibiera posteriormente del Consejo de Indias y del mismo Felipe V para que fuera a gobernar su diócesis-archipiélago". (72) 

"En 1709 se hizo dictaminar médicamente por el juanino fray Juan de la Cruz Durango, quien certificó que fray Pedro padecía herpes miliar y se encontraba imposibilitado para la travesía. Con esto 
el mercedario pidió se le aceptara su renuncia a la mitra de Zebú, solicitud que rechazó el Consejo de Indias insistiéndole en hacer el viaje. Fray Pedro, en su negativa, inició en 1710 un pleito en la Audiencia de México, logrando que durante el largo proceso los oficiales de la Real Caja de México le pagaran la mitad de sus estipendios prácticamente hasta su muerte en 1723. Entre los abogados que le rodearon al inicio del pleito se encontraba Manuel Antonio de Ocio y Ocampo, a quien fray Pedro extendió en 1710 una constancia de presbítero". (73)

"Así, en el contexto de la provisión de cátedra de prima de cánones para lo que sería la primitiva Universidad de Manila, Manuel Antonio decidió opositar y aprovechar la coyuntura para obtener los grados de licenciado y doctor".
 
"Todo indica que ante la falta de doctores novohispanos interesados en la mencionada cátedra-canonjía, la Audiencia se la concedió al joven Manuel Antonio a finales de 1715, siendo aún bachiller y con la condición de obtener los grados mayores en el transcurso del año siguiente. Entre enero 
y febrero de 1716 Manuel Antonio realizó en la Universidad los procedimientos de admisión a los grados mayores y la presentación de informaciones, en las que se reitera por parte de diversos testigos y conocidos su parentesco con el entonces prestigiado doctor Felipe de Ocio y Ocampo". (74) 

"El 16 de octubre sustentó en la Universidad de México su lección de grado de licenciado, el cual le fue otorgado un día después frente al altar mayor de la catedral metropolitana. El 19 del mismo mes solicitó edictos para el grado de doctor y el 24, mediante carta, suplicó al virrey Marqués de Valero le dispensara las pompas para poder recibir sin ellas el grado de doctor en sagrados cánones por estar nombrado catedrático de prima de cánones para las islas Filipinas, hallarse enfermo, ser crecidos sus gastos y estar próximo a realizar “viaje tan dilatado”, súplica que le fue concedida". (75)

"Finalmente, el 15 de noviembre, en el salón general de actos y frente a los doctores y maestros de todas las facultades, el celayenseeeeeeee Manuel Antonio sustentó el acto y le fue otorgado el grado de doctor en cánones con licencia para obtener cátedras de dicha facultad y criar bachilleres, con todas las gracias, privilegios, prerrogativas e inmunidades que correspondían a los doctores de las universidades de México y Salamanca". (76)
 
"Durante el año que Manuel Antonio invirtió en ganar la cátedra y obtener sus grados, los otros dos catedráticos habían permanecido en México a la espera de la designación de su tercer compañero. Incluso el doctor Julián de Velasco fue aprovechado como asesor por el virrey Marqués de Valero". (77) 

"Para marzo de 1717 el pequeño claustro académico de la nueva Universidad de Manila ya se encontraba en Acapulco listo para cruzar la Mar del Sur. Hasta ahí había  llegado también el mariscal de campo Fernando Manuel de Bustillo Bustamante y Rueda en compañía de su familia y gentes de servicio. Con la muerte en 1715 del vasco Martín de Ursúa y Arizmendi, Conde de Lizárraga y gobernador de Filipinas, el Archipiélago quedó interinamente en  manos de José Torralva, oidor más antiguo de Manila: un año después el rey designó como sucesor a Bustillo Bustamante, quien hasta ese momento había sido gobernador español de la Provincia de Tlaxcala". 

"Bustillo era un despótico e implacable defensor del real erario que ya en 1692 había salvado milagrosamente la vida. En esa ocasión y unos cuantos días después de los memorables tumultos en la ciudad de México, los indios de Tlaxcala, desesperados ante la escasez de granos, se amotinaron en su plaza principal con la intención de asesinar a Bustillo y deponer a las autoridades españolas; el gobernador logró huir, pero los tlaxcaltecas incendiaron las casas reales con todo y su archivo".

"Ahora, en su nueva plaza de gobernador de Filipinas y presidente de su Audiencia Gobernadora, Bustillo tenía grandes planes para el aumento del Real Tesoro, sin por ello desaprovechar la oportunidad de acrecentar su hacienda personal y convertirse en amo y señor de las islas, todo en servicio más del rey que de Dios". 

"De hecho, al dejar Tlaxcala y pasar por México camino a Acapulco, el nuevo gobernador dijo haber recibido considerables noticias y quejas en contra del oidor Torralva sobre desfalcos y fraudes a la Real 
Caja de Manila". (78) 

"En el fondo, Bustillo preparaba el terreno para desmantelar la Audiencia y hacerse de una a modo. Con este horizonte de conflicto, a finales de marzo o principios de abril de aquel 1717 el celayense y ahora doctor Manuel Antonio de Ocio y Ocampo zarpó a bordo de un galeón cargado de futuros acontecimientos atroces y rumbo a una lejanísima frontera, sin poder imaginar que ya no habría retorno".

NOTAS:
(63) Félix Osores ubica su nacimiento hacia 1683-1684. Osores, “Noticias Bio-Bibliográficas”, pp. 823-824.
(64) AGN, Universidad, 264, ff. 511-534; AGN, Indiferente Virreinal, 
4975, exp. 41.
(65) AGI, Filipinas, 95, núm. 62. 
(66) Desde 1585 se habían dado en Filipinas las primeras fundaciones educativas con el establecimiento del Real Colegio de San José; en 1591, con apoyo del entonces obispo fray Domingo de Salazar, se creó el Colegio Real de Santa Potenciana para doncellas huérfanas. En 1601 los jesuitas fundaron su primer seminario, que a la postre se convertiría en el Colegio de San Ignacio, a veces mencionado en las fuentes como universidad; en 1610 los dominicos, con apoyo del arzobispo fray Miguel de Benavides, que pertenecía a esa orden, fundaron la Universidad Pontificia de Santo Tomás; en 1640 los mismos dominicos crearon el Colegio Seminario de San Juan de Letrán para jóvenes españoles huérfanos. Buzeta y Bravo, Diccionario, t. III, pp. 224, 230; 
Bernal, México en Filipinas, p. 92; Hidalgo, Una corografía inédita, 
pp. 194-194; AGI, Filipinas, 297, núm. 120.
(67) AGI, Filipinas, 95, núm. 62; AGI, Filipinas, 95, núm. 3. 1723.
(68) AGI, Filipinas, 95, núm. 3. 
(69) AGI, Filipinas, 95, núm. 62.
(70) AGI, Filipinas, 294, núm. 62. 1727; Hidalgo, Una corografía inédita, p. 182. 
(71) AGI, Contratación, 5463, núm. 64
(72) AGI, Filipinas, 1026, núm. 7. 1722. 
(73) AGI, Filipinas, 311. 1709-1731; AGN, Universidad, 264, ff. 513v. 
1716.
(74) AGN, Universidad, 264, ff. 512r.-515v., 1716. 
(75) “Pompa: el acompañamiento suntuoso, numeroso y de gran aparato, que se hace en alguna función, ya sea de regocijo, ó funebre […]”. Diccionario de la lengua castellana, v, p. 317. 
(76) AGN, Universidad, 264, ff. 534r.-536r. (77) AGI, Filipinas, 95, núm. 3. 1723.
(78) AGI, Filipinas, 132, núm. 41.

BIBLIOGRAFÍA:
Juan Carlos Ruiz Guadalajara - "En lo más dilatado de la Monarquía; Manuel Antonio de Ocio y Ocampo, la Nueva España y el horizonte filipino", publicado en la revista Historia Mexicana, vol. LXI, núm. 3, enero-marzo, 2012, pp. 849-933. El Colegio de México, A.C. Distrito Federal, México. 


Filipinas: mucha fe, poca razón y menos justicia

"En aquel año de 1717 la ciudad de Manila era, sin la menor duda, una de las poblaciones más cosmopolitas de todo el mundo, consecuencia lógica de su función articuladora del comercio asiático con la monarquía hispánica. La correlación poblacional se había mantenido a lo largo del siglo XVII y los españoles eran una minoría frente a la gran población malaya, china y mestiza", nos explica el investigador Juan Carlos Ruiz Guadalajara en su obra  "En lo más dilatado de la Monarquía; Manuel Antonio de Ocio y Ocampo, la Nueva España y el horizonte filipino".
 
"También persistían los problemas de gobierno con que había surgido la dominación hispánica en las islas y que enfrentaban al clero secular con las órdenes religiosas por conflictos de jurisdicción y preeminencia, y a ambos cleros con el poder temporal en todos los niveles. A pesar de los españoles, las cosas funcionaban". 

"El jesuita Pedro Murillo, contemporáneo de Ocio y Ocampo en Filipinas, asentó que Manila era una de las mayores ciudades de la Monarquía en ámbito y gente, y que ningún asentamiento de cuantos habían fundado los europeos en Asia y África le igualaba en grandeza, en riqueza, en abundancia y vecindario: Y se pueden juntar, sin grave dificultad, de 10 a 15 mil hombres armados, y de bastante brio, con 4 mil Cavallos. El concurso de varias Naciones, no creo tiene semejante en el mundo. Estando una hora en el Tuley, o Puente de Manila se verán passar en lo más dilatado de la monarquía casi todas las Naciones de Europa, Assia, Amèrica, y Africa: se veràn sus trages, y se oiràn sus lenguas. ¿El prodigio es, que todos estos, para comunicar entre sì, hablan en Español; pero cómo? Cada Nacion ha formado una gerigonza, por donde se entienden. Yo oì un dia un gran pleyto, entre un Sangley, un Armenio, y creo, que un Malabàr, todos hablaban en Español; y yo no entendì à ninguno". (79)

"La diversidad de pobladores y visitantes implicaba un margen enorme de tolerancia con respecto a personas que en otras latitudes de la Monarquía habrían sido perseguidas o clasificadas como prohibidas. Era una grey diversa cuyo sector tagalo y mestizo parecía el más apegado a la vida cristiana. A este peculiar ambiente llegó Ocio y Ocampo como canónigo doctoral del cabildo catedral tras cuatro meses de navegación, los cuales aprovechó el gobernador Bustillo para conocer a los catedráticos, sobre todo a Manuel Antonio, a quien invitó como abogado asesor en la Audiencia ante la falta crónica de letrados en las islas". 

"Sin embargo, las acciones emprendidas por Bustillo en sus primeros meses de gobierno dieron al traste con cualquier posibilidad de armonía entre la potestad temporal y la eclesiástica, entorpeciendo además el establecimiento de la Universidad de Manila, cuyo mal parto la llevaría a los pocos años a su primera disolución. Dado que su principal tarea y propósito era la lectura de su cátedra por seis años, Manuel Antonio intentó acelerar el cumplimiento de los reales despachos para solventar la formal fundación de la Universidad Real de Manila, proceso que dependía por completo del gobernador y de las juntas preparatorias para definir estatutos. Pero el gobernador, recién llegó, se encargó de fiscalizar y perseguir a oidores y oficiales reales, y suplantarlos por gente de su confianza".

"Por ejemplo, al oidor decano Torralva lo acusó por un desfalco a la Real Caja de más de 30 000 pesos, le embargó sus bienes y procedió a su confinamiento en el calabozo del Azufre de la fortaleza de Santiago". (80)

"Al oidor Joseph Pavón se le negó la restitución de su plaza y al ser hostigado por Bustillo y ver el destino de Torralva decidió refugiarse en el templo de San Francisco. El otro oidor, Gregorio de Villa, 
también fue presionado por Bustillo para seguir sus indicaciones en estrados, por lo que antes de ser capturado decidió refugiarse con otros cuatro oficiales reales en la catedral". (81)

"Al contador mayor Vicente Lucea lo mandó encarcelar por motivos poco claros en diciembre de 1718, y habiéndose refugiado in sacris en el cementerio de la catedral, fue sacado a golpes y llevado al calabozo de las Ánimas, violando la inmunidad eclesiástica; cuando Ignacio Martínez, apoderado de Lucea, exigió su restitución a la catedral, Bustillo accedió pero metió a Martínez al calabozo y le embargó sus bienes". 

"También el alcalde ordinario Gaspar Sánchez, por no condescender con Bustillo, decidió refugiarse. Por lo que hace a la Audiencia, Bustillo la había eliminado a tan sólo dos meses de su llegada creando una propia, en la cual incluyó como fiscal al bachiller Agustín Guerrero, calificado como 
“iliterato Mestiso ó (como aquí llaman) negrito”." (82)

"En este contexto de irregularidades y no obstante haber sido advertido el gobernador sobre el vicio de nulidad que padecía la nueva Audiencia, ésta comenzó a funcionar hacia noviembre de 1717. En ese mismo mes Bustillo despachó a un calabozo al catedrático de prima de leyes, Julián Velasco, acusado de sedición por haber puesto en duda la legalidad de la nueva Audiencia. A la par el celayense Ocio y Ocampo abandonó sus labores de asesor en este tribunal y se concentró en sus obligaciones como canónigo a la espera de las juntas para fundar universidad". 

"El problema para el gobernador no sólo fue la impugnación de su Audiencia, sino la falta de letrados para despachar la real justicia. Esto lo tuvo muy claro Manuel Antonio, quien como nunca debió de 
acudir al derecho y a la ley como sus más poderosas herramientas para defenderse del gobernador y evitar caer en algún acto que implicara el reconocimiento de la Audiencia".
 
Mas la prioridad de Bustillo no era la justicia. De acuerdo con fray Francisco de la Cuesta, arzobispo de Manila, el gobernador gastaba el tiempo “en ideas de conquistas y embajadas y trazas con que quitar a todos y a cada uno lo que tenían”. (83) 

"Y no era para menos este juicio. Entre enero de 1718 y agosto de 1719 el gobernador había reestablecido el presidio de Samboangan en la punta suroeste de Mindanao y había enviado fuerzas a Calamianes, todo con el objetivo de detener y escarmentar a régulos mahometanos que hacían entradas en contra de los indios; se había dedicado a la apertura del camino terrestre entre Manila y Nueva Segovia; había logrado reestablecer relaciones con el reino de Siam garantizando el abastecimiento de arroz a las Filipinas; también había cobrado más de 200 000 pesos de adeudos a la Real Caja, entre otras acciones que consideraba del real servicio".

"En contraste, la justicia en Manila se hallaba postrada por el cuestionamiento a la Audiencia de una buena parte de la república de españoles. Bustillo, quien ya había instalado un régimen de terror y coacción, incluso escribió al rey denunciando la situación como consecuencia de la ociosidad 
que los chinos generaban: […] siempre es inviolable la oposición a todo lo bueno, maiormente en estas Islas, que siendo sus havitadores de europa, nueva españa, y otras partes: el maior número de estos son personas, que en sus patrias, no tubieron las estimaciones que aqui gosan por lo baxo de sus nacimientos, y por que no hallando sus malas inclinaciones acogida en sus Patrias, consiguen en estas Islas sus aprovechamientos, sin olvidar sus malos principios y malas costumbres […] siendo la causa radical la ociosidad que en estas partes se profesa, pues no ay persona alguna que exersa oficio, o arte mecánica con que buscar la vida, porque esto solo los hacen los chinos, ni divertir los perbersos y malos efectos que el terrible vicio de la ociosidad produce […]". (84)

"Fue hasta el 26 de febrero de 1718 cuando se realizó la primera junta para la fundación de la Universidad. Con el catedrático Velasco en el calabozo, Bustillo se reunió con Francisco Fernández Toribio y el canónigo celayense Ocio y Ocampo, comprometiéndose éste a la redacción de las Constituciones y de la pieza oratoria para el acto inaugural de cátedras. En medio de un juego sutil de potestades, los dos catedráticos se negaron a firmar el acta de la reunión cuando Bustillo la intentó presentar como un real acuerdo de la Audiencia. En esa postura se afirmaron dándole largas a los enviados y pretextando que el acta no decía exactamente lo que se había discutido en la reunión. En marzo Bustillo citó en diversos momentos al celayense Ocio y Ocampo para insistir sobre 
la firma. Las versiones que ambos personajes remitieron al rey sobre estos encuentros tan sólo confirman que Bustillo intentó provocar en el canónigo alguna expresión que pudiera servirle para acusarlo de sedición, pasar sobre su inmunidad y enviarlo al calabozo. Sabedor de ello y cuidadoso en cuanto a mostrar el debido vasallaje al representante del rey, el celayense Ocio y Ocampo abrumó a Bustillo con leyes y pragmáticas a las que aludió para justificar su postura, explicándole además que guardaría silencio sobre la situación de la Audiencia, porque impugnarla se había convertido en delito de lesa majestad". (85)

"En una segunda junta realizada el 27 de junio para establecer la Universidad, Ocio y Ocampo se excusó por no haber hecho las constituciones y tener inconclusa la pieza oratoria, pidiendo ser relevado de dichas tareas. Ofreció además informar al monarca las razones de su decisión.
 
Bustillo, por supuesto, pidió que en el acta se consignara un extrañamiento al canónigo por el sospechoso incumplimiento. La reunión logró avances gracias a los buenos oficios de Fernández Toribio, quien propuso tomar las constituciones de otra universidad y definir la instalación de cátedras". 

"La junta retomó entonces el contenido de tres cédulas reales que no se habían podido cumplir: dos de ellas (junio 12 de 1696 y mayo 28 de 1700) habían ordenado la creación de  cuatro cátedras de lengua china distribuidas entre agustinos, franciscanos, dominicos y jesuitas, quienes en conjunto se 
excusaron entonces de erigirlas; la otra cédula, de 22 de noviembre de 1682, ordenaba discurrir los medios para establecer cátedra de medicina y leyes. Todas las cédulas habían fijado además el monto de estipendios para sus titulares. La propuesta fue tomar las cuatro vacantes de lengua china para establecer en la nueva universidad una cátedra de dicha lengua, otra de lengua tagala, otra de medicina y una última de matemáticas. Para estas últimas la junta deseaba aprovechar la llegada a Manila de dos médicos “de conocida literatura y experiencia”." (86)

"Bustillo dispuso como sede de la Universidad un edificio colindante con el palacio real y el arzobispal, y ofreció fijar edictos convocatorios para la oposición de las plazas de chino y tagalo. Unos días después y sobre todo con el apuro de Bustillo por enviar noticia en el galeón del cumplimiento de la fundación, quedó formalmente inaugurada la Universidad Real de Manila, en un acto dedicado al rey, sin asistencia del gobernador y sin la pompa ni solemnidad necesarias".
 
"Fue un inicio modesto e impugnado por dominicos y jesuitas. Con todo, el claustro académico inició las lecturas con el celayense Ocio y Ocampo como catedrático de prima de cánones y Fernández Toribio con su cátedra de instituta, además de regentear interinamente la de leyes ante el duro 
cautiverio en que aún se encontraba Julián Velasco". 

"La cátedra de medicina quedó bajo la responsabilidad de Antonio Enríquez y la de matemáticas a cargo de Miguel de la Torre". (87) 

"Tagalo y chino permanecían aún vacantes al parecer por la indolencia de Bustillo para fijar la convocatoria a la oposición. De acuerdo con el arzobispo De la Cuesta y a denuncias del mismo celayense Ocio y Ocampo, el gobernador se comportaba como soberano y se encargaba de acaparar y 
encarecer el arroz a las islas para después venderlo a crecidos precios en todas las provincias, todo con ayuda de alcaldes ordinarios y alguaciles puestos por Bustillo para el efecto". 

"Si bien había ingresado enormes recursos a la Real Caja, lo acusaban de hacerlo mediante la coacción y cobro de partidas indebidas a la población y de enriquecerse mediante embargos y fraudes a los vecinos más acaudalados de Manila". (88)

"Más allá de estas denuncias, lo cierto fue que Bustillo tuvo un gesto de servicio de esos que hacían feliz al rey por tratarse de dinero, fastidiando de paso a sus adversarios eclesiásticos: por la gran recaudación que había logrado, decidió pedirle a los oficiales de la Caja Real de México enviar 100 000 pesos menos del Situado, esto es, de la partida con que el rey financiaba desde Nueva España, entre otras cosas, los estipendios de sus oficiales y del clero secular ante la inexistencia de arcas catedralicias en las Filipinas". 

"Con ello el pago de dichas partidas se hacía más dependiente de Manila y de la voluntad del gobernador. Para rematar los enconos, el conflicto entre las dos potestades escaló también en el ámbito del ceremonial. Durante la misa del 28 de octubre de ese 1718 para la publicación de la Bula de la Santa Cruzada, y ante la concurrencia del Tribunal de Cruzada, cabildo eclesiástico, órdenes religiosas, ayuntamiento de la ciudad y un nutrido vecindario, el prebendado subdiácono omitió bajar el libro de los Evangelios para que lo besara el gobernador en su calidad de vicepatrón de las islas, como marcaba el protocolo; aún más, el racionero Manuel Morales, encargado del sermón, omitió dirigirse y mencionar al gobernador y su Audiencia en la salutación de cortesía. Enfurecido, Bustillo hizo que le bajaran el misal hacia el final de la ceremonia y posteriormente culpó ante el arzobispo al celayense Ocio y Ocampo de maquinar la afrenta". 

"Éste, a su vez, argumentó que se había tratado de un lamentable accidente y que se multó con doce pesos al subdiácono responsable, (89) lo cual, por supuesto, era mentira".

"Lo sucedido fue una expresión pública de impugnación y desconocimiento hacia la Audiencia, que generó diligencias y despachos en donde la tónica de Bustillo y del fiscal fue pedir al arzobispo detener los malos influjos de Ocio y Ocampo, quien encabezaba al cabildo eclesiástico sobre todo como abogado". (90)

"El gran obstáculo de Bustillo para consolidar su completa soberanía en las islas era la inmunidad eclesiástica. Los desplantes de Ocio y Ocampo, aunados a su capacidad para usar el derecho, habían llevado las cosas al límite: el gobernador era pragmático y defensor de las regalías del monarca, pero no podía arriesgar en asuntos legales que, más tarde que temprano, llegarían al Consejo y a los reales oídos. Un diagnóstico de la situación se nos revela cuando vemos que entre 1717 y 1719 los excesos del gobernador habían provocado que más de 100,000 españoles, entre ellos muchos funcionarios y oficiales reales, se mantuvieran dentro de templos bajo refugio sagrado, además de los que permanecían en calabozos de la fortaleza de Santiago". 

"Lo urgente para Bustillo era enviar al Consejo de Indias las denuncias sobre el proceder del canónigo doctoral, advirtiendo al rey que de mantenerlo en las islas “resultarán graves inconvenientes”. (91) 

"Para febrero de 1719 el celayense Ocio y Ocampo también acudió mediante carta a la real clemencia, informándole del inicio de su cátedra y haciendo una detallada exposición sobre la situación crítica que se vivía en Filipinas y del peligro de que las islas se perdieran: […] Los estrangeros e infieles, de que hay gran número en esta ciudad están escandalisados de lo que ven, y lo admiran como imposible de suseder entre ellos, y en una palabra, no ay quien no se queje, no se oien más que lamentos, lastimas, prisiones, embargos, calabosos, sepos, grillos, y todo es confusión de confusiones. Protexto delante de Dios a Vuestra Magestad que escribo esto, con desconfianza de que se pueda creer, porque aun los que lo vemos lo dudamos, y no nos persuadimos a que puedan caber en un hombre, que dice que es Christiano […] esta Ciudad que es el Patrimonio de Jesu Christo nuestro bien en todo este Archipiélago, mantenida tantos años a espensas de V.M. está en el estado más peligroso que jamás se ha visto […]. (92)

El celayense "Ocio y Ocampo afirmó también que de no ser por su inmunidad sacerdotal ya estaría muerto o recluido en un calabozo. Para solucionar tantas injusticias, el canónigo le pedía al monarca el envío de un visitador, figura siempre efectiva y temida por los oficiales en toda la Monarquía. Mas la real clemencia estaba muy lejos de Filipinas: esta carta y otras escritas por Ocio y Ocampo en 1718 llegaron a Madrid en 1721. Así, sin ceder en su política, el gobernador se las había arreglado para solventar asuntos de justicia en la Audiencia, obligando al oidor decano Torralva a asesorar los despachos llevándolo con frecuencia de su cárcel al palacio para trabajar al lado de Joseph Correa, uno de los oidores impugnados". 

"A pesar de su cautiverio, Torralva estaba más que comprometido a obedecer ante las amenazas a su familia. Para octubre de 1719 Bustillo estaba decidido a forzar el reconocimiento de su Audiencia, sin imaginar que la definición del conflicto culminaría con un episodio que haría palidecer la historia de Fuenteovejuna".

"Todo empezó cuando Bustillo libró una real provisión al arzobispo De la Cuesta para que el escribano Antonio Ocejo, quien se encontraba refugiado in sacris dentro de la catedral de Manila, entregara los protocolos que tenía consigo".
 
"Para evitar el obedecimiento de la provisión, que en última instancia hubiera significado permitir el ejercicio de la jurisdicción real por sobre la eclesiástica y el reconocimiento de la cuestionada Audiencia, el arzobispo consultó a los miembros del cabildo, incluidos los doctores de la Universidad, entre éstos y de manera especial al" celayense "Ocio y Ocampo. La respuesta fue contundente: la Audiencia era nula según las leyes divinas y humanas y no recibiría obediencia. Con este dictamen, De la Cuesta envió carta pastoral a Bustamante amonestándolo y exigiéndole la extinción de la Audiencia". 

"Bustillo, en respuesta, despachó una segunda provisión que fue respondida por el arzobispo en el mismo sentido y con apoyo de los prelados de todas las religiones, ordenándole en lo más dilatado de la monarquía además al gobernador no inquietar el sosiego público con sus temerarias operaciones". 

"Frustrado, Bustillo decidió escalar a lo más alto y violento del conflicto entre el 10 y el 11 de octubre".

"En un intento por aterrorizar o persuadir al arzobispo, Bustillo publicó un bando que ordenó a los hombres de Manila mayores de 14 años, de cualquier calidad y condición y so pena de vida, se presentaran en la Contaduría para ser reclutados como soldados en defensa de la causa del rey".
 
"Para el día 10 el gobernador había integrado una fuerza de 100 de caballería armada de pistolas y alfanges, y otros 400 de infantería, armada de espadas y mosquetes. La fortaleza de Santiago también fue preparada con pólvora, balas y arroz, y sus cañones apuntaron hacia la plaza. Se trataba de una milicia en su mayoría de indios y mestizos, prácticamente forzada por el temor a Bustillo y poco afín a su causa". 

"Frente a esto, el arzobispo envió a los canónigos Ocio y Ocampo y a Fuentes a que intimaran un auto a los oidores Torralva y Correa por el cual les ordenaba abstenerse de acudir a estrados so pena de excomunión. Ya en la Sala de la Audiencia, mientras Ocio y Ocampo leía el auto a Torralva, éste montó en cólera, le arrebató el documento, lo despedazó e injurió a los canónigos. Sin embargo, el celayense Ocio terminó de notificarle el contenido de memoria, detalle que lo delata como su autor". 

"Entonces Torralva, al grito de “Viva el Rey y mueran estos traidores”, alertó al sargento mayor y castellano de Santiago, que a la sazón lo era Carlos de Bustillo Bustamante, primogénito del gobernador, quien espada en mano detuvo a los canónigos y los envió a la fortaleza de Santiago donde fueron encerrados y amenazados de muerte. Hacia las nueve de la noche el arzobispo envió en busca de sus compañeros al canónigo Grimaldo acompañado de otro sacerdote, sólo para sufrir la misma suerte. En un último intento por obtener noticias y calmar las cosas, envió al canónigo Luis Rico, quien también fue apresado".

"Con los soldados puestos en armas, Manila amaneció el 11 de octubre con sus puertas cerradas. De nuevo el estado eclesiástico, integrado por los prelados de las órdenes religiosas, se organizó en la mañana por convocatoria del arzobispo quien, enarbolando la defensa absoluta de la inmunidad de la Iglesia, les informó de todo lo ejecutado en contra de los miembros del cabildo catedral". 

"El prelado había recibido noticias directas del celayense Ocio y Ocampo, quien desde su cautiverio en Santiago había encontrado la manera de hacerle llegar informes, confirmándole haber realizado completa la notificación del auto de intimación a Torralva y Correa y eliminando con ello cualquier escrúpulo al respecto. Con esta seguridad, De la Cuesta dio inicio a las acciones y fijó las tablillas que hicieron pública la excomunión de ambos oidores, del sargento mayor Bustillo y su ayudante real, sin tocar al gobernador, con la esperanza de moverlo a prudencia y detener los atropellos". 

"Mas el obispo estaba muy equivocado: fue detenido en su dormitorio por dos compañías que le notificaron que algunas piezas de artillería de la fortaleza de Santiago apuntaban al palacio arzobispal para derribarlo en caso de resistencia. Entre protestas el arzobispo se entregó, no sin antes orar a la Virgen prometiendo morir en defensa de la sagrada inmunidad eclesiástica y pidiendo el mismo compromiso a todos los ministros presentes". 

"Montado en su silla de manos, De la Cuesta cruzó las calles de Manila rumbo a Santiago donde fue recluido. Acto seguido todas las iglesias de la ciudad tocaron a entredicho y media hora después Cessatio à Divinis, creando un estado de confusión general". (93)

"Los prelados que quedaron en el palacio del arzobispo fueron conducidos a la Contaduría Real y encerrados en cuartos separados, entre amenazas y gritos de sus captores quienes los calificaban de 
perturbadores de la paz, ignorantes e hipócritas".

"No conforme con haber rebasado todos los límites imaginables en contra de la inmunidad eclesiástica, Bustillo planeó entonces sacar de las iglesias, vivos o muertos, a todos los individuos que permanecían refugiados in sacris. En respuesta, los religiosos que quedaban en los conventos y los refugiados, crucifijos en mano, con una multitud de indios armados, salieron hacia la catedral en una procesión que derivó en tumulto a las puertas del palacio del gobernador".
 
"Tras romper la resistencia bastante simulada de los improvisados soldados, la multitud dio con Bustillo a estocadas y cuchilladas en la cabeza. Sin haberlo matado, aunque pensándolo muerto, la turba buscó a Torralva, Correa y otros funcionarios, a quienes detuvieron sin hacerles daño". 

"Enterado el primogénito de Bustillo de la suerte de su padre, se dirigió al lugar para luchar contra el tumulto y fue muerto de un trabucazo en la cabeza y varias cuchilladas. Su cadáver fue arrastrado y humillado. Después la turba se dirigió a la fortaleza de Santiago. El arzobispo, los canónigos y otros presos fueron liberados, las puertas de la ciudad abiertas y proclamada por las calles de Manila la victoria de la Iglesia a toques de tambor, campanas al vuelo y cargas de artillería. Bustillo, aún con vida, fue arrastrado por los salones del palacio hasta que un jesuita lo asistió. Tras pedir misericordia le fue levantada la censura, tomada su confesión y aplicada la extremaunción, sólo para ser llevado a un calabozo y ponerlo en el cepo donde horas más tarde por fin expiró".
 
"El arzobispo De la Cuesta, en consulta al cabildo eclesiástico y a los prelados de las órdenes, asumió el gobierno de las islas, restituyó en sus plazas al oidor decano Pavón y al oidor Villa, e integró como oidores a los honorarios Julián de Velasco y Fernández Toribio".

"Por último, el ahora arzobispo-gobernador organizó los funerales de Bustillo, quien fue sepultado con la pompa correspondiente a un representante del rey, en medio del júbilo del estado eclesiástico y de los habitantes de la Muy Leal y Muy Noble Ciudad de Manila. De la Cuesta también instruyó al oidor Velasco integrar la averiguación sobre los responsables de la muerte de Bustillo y envió comunicación 
urgente a Nueva España". (94)

"Las noticias lograron llegar a Madrid un año después y de inmediato se dispuso la partida a Filipinas de Joseph Miguel de Cossío, Marqués de Torrecampo, como nuevo gobernador y con orden de proceder contra los responsables del asesinato. En la primera mitad de 1723 el marqués informaba desde Manila al Consejo de Indias de los inconvenientes de mantener la averiguación, "He basado la reconstrucción de este episodio en Retana, pues sería preciso proceder “contra toda aquella República, Religiones y Ecclesiasticos”." 

Para 1726 el tutor de los hijos de Bustillo, en un esfuerzo por lograr el desembargo de sus bienes, comunicó mediante memorial al rey que Torrecampo llevaba ya cuatro años en la pesquisa y que parecía no llevarla a fondo por temor a que le quitaran la vida, “o por otras razones que contemplará suficientes para no entender en ella”, por lo que solicitó al monarca imponer perpetuo silencio al juicio de residencia que se practicaba a Bustillo así como a las pesquisas sobre su muerte, por ser ambas cosas inaveriguables, “pues en caso que se quisiera proceder al castigo de los perpetradores, era necesario destruir dichas Yslas, siendo más competente a la Real Piedad el perdón de estos agravios (expecialmente haviendo concurrido a ello personas eclesiásticas)”." (95)

"Sin resultados claros, el silencio sobre el caso se impuso y el triunfo" del celayense "Ocio y Ocampo en la defensa de la inmunidad fue completo".

NOTAS:
(79) Murillo, Geographia, t. VIII, p. 82
(80) AGI, Filipinas, 132, núm. 41. 
(81) AGI, Filipinas, 140, núm. 2, 1720. 
(82) AGI, Filipinas, 170, núm. 6 (26); AGI, Filipinas, 132, núm. 41
(83) AGI, Filipinas, 132, núm. 41, 1720.
(84) AGI, Filipinas, 132, núm. 41.
(85) AGI, Filipinas, 133, núm. 27
(86) AGI, Filipinas, 133, núm. 27.
(87) AGI, Filipinas, 132, núm. 41. 
(88) AGI, Filipinas, 132, núm. 41; AGI, Filipinas, 133, núm. 27; AGI, Filipinas, 294, núm. 54.
(89) AGI, Filipinas, 297, núm. 48; AGI, Filipinas, 294, núm. 53. 
(90) AGI, Filipinas, 297, núm. 48.
(91) AGI, Filipinas, 133, núm. 27. 
(92) AGI, Filipinas, 132, núm. 41.
(93) Entredicho, “[…] censura que el Juez Eclesiástico fulmina contra el inobediente y rebelde à los mandatos de la Iglesia, prohibiéndole la  entrada en ella y la asistencia à los Divinos oficios, y privándole de los Santos Sacramentos, y de la sepultura Eclesiástica […]”, puede ser sobre una localidad, sobre personas en particular o de ambos tipos, y se 
manifiesta por toque de campana, Diccionario de la lengua castellana, t. III, pp. 517-518.
(94) He basado la reconstrucción de este episodio en Retana, Archivo, 
t. V, pp. 129-145; Montero y Vidal, Historia General de las Filipinas, 
t. I, pp. 421-429.
(95) Gacetas de México, t. I, p. 8; AGI, Filipinas, 95, núm. 46

BIBLIOGRAFÍA:
Juan Carlos Ruiz Guadalajara - "En lo más dilatado de la Monarquía; Manuel Antonio de Ocio y Ocampo, la Nueva España y el horizonte filipino", publicado en la revista Historia Mexicana, vol. LXI, núm. 3, enero-marzo, 2012, pp. 849-933. El Colegio de México, A.C. Distrito Federal, México. 


El gobierno de la arquidiócesis y la cancelación del retorno

Los dos vertiginosos años que vivió Manuel Antonio de Ocio y Ocampo desde su arribo a Manila fueron seguidos por un largo periodo de relativa calma, marcado por las tareas que originalmente le llevaron al Archipiélago: la Universidad y el cabildo eclesiástico. 

De su participación central en los conflictos con Bustillo saldría tan bien librado, que lo más que recibió fue una cédula real de 29 de mayo de 1723, por la cual el monarca, además de responderle a sus 
comunicaciones de hacía cuatro años, le encargó procurar mantener con el gobernador de las islas una buena unión y correspondencia. (96) 

Así, Ocio y Ocampo se mantuvo en su cátedra de cánones hasta 1726, cuando por los pocos progresos y crecidos gastos que implicaba para el real erario la Universidad y en acuerdo con los catedráticos, con la Audiencia de Manila y con el gobernador, se tomó la decisión de depositarla en el Colegio de San Ignacio de los jesuitas.
 
Ya desde 1723 Julián de Velasco y Francisco Fernández Toribio notificaron al Consejo de Indias el cumplimiento de los seis años pactados para su traslado, informando que Filipinas contaba con suficientes discípulos para sustituirlos con un gran ahorro para el rey por evitar costas de viaje. Velasco le recordaba al Consejo su dura estancia en el calabozo hasta el día de la muerte de Bustillo y el haber quedado con secuelas en su salud, por lo que pedía su promoción a la plaza de oidor de México y no de alcalde como se había acordado. 

El Consejo decidió que ambos catedráticos permanecieran en sus plazas hasta que la Audiencia de Manila realizara las oposiciones, y que no se hiciera novedad en los ofrecimientos originales del rey. (97)

Ocio y Ocampo, por alguna razón que desconocemos, se abstuvo de solicitar su promoción a la catedral de México o a la de Puebla y decidió permanecer en Manila. La Audiencia procedió entonces a convocar la oposición a leyes e instituta en el primer semestre de 1726 con magros resultados. 

De los cinco opositores que se presentaron ninguno contaba con grados mayores y eran, además, estudiantes de la misma Universidad. En previsión de la partida de Velasco a México como alcalde del crimen, se buscó una solución que favoreciera el mantenimiento de las cátedras y el ahorro 
de recursos. La Universidad había tenido un promedio de seis estudiantes al año y generaba gastos por renta de casa, estipendios y manutención de colegiales por alrededor de 10000 pesos anuales. En acuerdo con los jesuitas y con el enorme disgusto de los dominicos, el gobernador aceptó la idea de depositar las cátedras en el Colegio de San Ignacio. Faltaba solucionar las próximas vacantes de instituta y leyes. Fernández Toribio ofreció entonces mantenerse en la primera hasta la llegada de su traslado como oidor de Guatemala. Para la segunda, se sugirió aprovechar la presencia 
en Manila del erudito doctor y canonista jesuita Pedro Murillo, quien había sido colegial mayor en Cuenca y estudiante en la Universidad de Salamanca. Todo dependía de Ocio y Ocampo, con quien tendría que permutar cátedras para que Murillo se encargara de cánones, propuesta que aceptó 
sin problemas el canónigo. (98)

Con estos reacomodos se eliminaba la renta de casa, el estipendio del catedrático de cánones y la manutención de colegiales de la que los jesuitas se harían cargo. Se estableció además que se trataba de un depósito de la Universidad Real que correría independiente al Colegio de San Ignacio. 

El Consejo de Indias tan sólo acusó recibo de los cambios en señal de aprobación. Con el celayense Ocio y Ocampo regenteando la cátedra de leyes, el doctor Julián de Velasco pudo partir el 7 de julio de 1727 a bordo del galeón Sacra Familia hacia la Nueva España para ocupar su plaza de alcalde de corte, llegando a Acapulco seis meses después, el 8 de enero de 1728. El Sacra Familia emprendió el retorno a las islas el 29 de marzo llevando a bordo al nuevo arzobispo de Manila, el poblano Carlos Bermúdez, además de 50 hombres reclutados en diversas provincias de Nueva España para reforzar la compañía de soldados del puerto de Cavite. (99)

Por su parte, Francisco Fernández Toribio se quedaría a la espera de un traslado a Guatemala que nunca llegó. Se dedicó a su cátedra de instituta hasta 1730 cuando el rey le dio plaza de oidor en Manila, donde había ya servido como fiscal interino. Hacia 1738 fue promovido a la plaza de alcalde del crimen de la ciudad de México, mas para entonces Fernández ya era de avanzada edad y tenía muy quebrantada la salud con “una destemplanza en la cabeza”, la cual  le impedía no sólo embarcarse sino mantenerse en su plaza en Manila. Envió entonces una carta a Madrid explicando su situación, reseñando sus servicios y pidiendo al monarca lo jubilara con sueldo completo o al menos la mitad. En 1741 el rey jubiló a su vasallo, quien murió en Manila con la mitad de su sueldo. (100)

En la Universidad, dos años después de los ajustes al proyecto, los objetivos de formar letrados no se cumplían. Con el depósito en el Colegio de San Ignacio se esperaba que los colegiales de filosofía y teología definieran su vocación hacia las leyes y el derecho, pero no fue así. Desde 1726 el gobernador decía recibir informes de los frailes sobre “la natural floxedad de los hijos de esta tierra”, a quienes se les debía azotar “aunque sean Philosopos o Theologos para que cumplan con las tareas”.

El mismo Pedro Murillo escribió al rey en junio de 1727 como catedrático de cánones, informándole que con el depósito de la Real Universidad se había logrado algún aumento de estudiantes, pero que nunca podrían ser muchos porque el número de españoles en las islas era muy corto, además de tener poco a qué aspirar, porque en Manila “más se maneja la mercancía que los libros por ser más fácil, más útil y más llena de intereses y conveniencias, y lo que es más por la floxedad y decidia, que aquí es como natural a los ánimos y a los cuerpos por el clima y calor del País”. No obstante, Murillo informaba sobre 15 estudiantes muy buenos, cinco de los cuales se habían ordenado como religiosos. (101) 

De cualquier forma en Madrid el consejo ya había tomado la decisión de eliminar las cátedras por el poco fruto que se había logrado con ellas y el gasto que representaban para los reales bolsillos. Así, el 6 de octubre de 1728 el rey publicó una cédula por la cual declaraba suspensa la Universidad Real de Manila, cuyas últimas lecciones, incluida la de Ocio y Ocampo, se leyeron en julio de 1730. (102)

Si bien fue la cátedra en la Universidad lo que originalmente había propiciado el traslado de Manuel Antonio de Ocio y Ocampo a las Filipinas, el cabildo eclesiástico de Manila terminó por convertirse en el principal espacio de su actividad, poder e influencia. Como cuerpos colegiados, los cabildos de las catedrales en el mundo hispánico tuvieron una sólida posición en sus ciudades sede, y sus miembros generalmente trascendían los gobiernos de uno o varios obispos o arzobispos. Las dignidades, canónigos y racioneros, además de la inmunidad que les daba su condición sacerdotal y de sus comunes obligaciones para el rezo, administraban diversas áreas de la operación catedralicia, gozaban de una posición en el ceremonial público y cultivaban relaciones y capital social".

"Estas características también las encontramos en la catedral de Manila, a pesar de las peculiaridades de su fundación y de estar bajo el directo patrocinio del rey ante la inexistencia de recaudación 
del diezmo. Los miembros del cabildo, así como la fábrica material y espiritual, dependieron casi por completo del Situado proveniente de México, y los estipendios, como hemos visto, no eran muy atractivos, aunque en Manila siempre hubo forma de lograr ingresos complementarios. Como cabildo de una catedral metropolitana, el de Manila tenía amplias facultades sobre los obispados de las islas (Nueva Segovia, Nueva Cáceres y Zebú), cuyas catedrales carecían de cabildos propios". 

"Pero lo más importante en términos de gobierno eclesiástico quizá fue, a ojos de  sus integrantes, la enorme libertad con la que gobernaban en los a veces muy largos periodos de sede vacante, sobre todo porque la mayoría de los arzobispos llegaban de otros reinos de la Monarquía, a veces sólo para morir al poco tiempo".

"Las características de la población, la peculiar realidad de frontera del arzobispado y la predominante presencia de clero regular, nos muestran también a un cabildo muy ensimismado en Manila aunque beligerante cuando de defender la jurisdicción se trataba". (103) 

"Para cuando" el celayense "Ocio y Ocampo se integró como canónigo doctoral en 1717 no parece haber encontrado dificultades para encumbrarse sobre un cabildo que se nutría del poco clero secular que llegaba a las Filipinas o se generaba ahí. La dimensión de este proceso está a la espera de investigaciones, mas lo cierto fue que en su tendencia por ahorrar recursos, el rey intentaba integrar 
listas de seculares en Manila para ocupar las dignidades y canonjías vacantes". 

"En esta misma lógica, del cabildo eclesiástico de Manila se escogieron muchas veces obispos de las diócesis sufragáneas, sobre todo como interinos. Por la lejanía de las islas, la calidad de interino fue la más común a todos los cargos, no sólo los eclesiásticos. Las más de las veces las promociones en el cabildo se definían por el gobernador de las islas como vicepatrono, y el Consejo de Indias sancionaba a la vuelta de dos o tres años. De ahí que el cabildo eclesiástico haya definido sus mecanismos de movilidad interna como una especie de escalafón. Esto le permitió a Ocio y Ocampo asumir interinamente el deanato en unos cuantos años, sin dejar de ser la canonjía doctoral su plaza en propiedad. En esta responsabilidad lo encontramos hasta 1724, cuando pasó a ocupar interinamente la dignidad de maestrescuela, además de haber obtenido nombramiento de consultor en Manila del Tribunal del Santo Oficio de México". 

"En 1725 ya era arcedeán y un año después ocupaba el deanato, posición que tuvo hasta 1732 y que además de darle un poco más de ingresos lo convertía en juez provisor, vicario general y especie de arzobispo de facto en las sedes vacantes". (104)

"Como cabildo eclesiástico, Ocio y Ocampo y sus compañeros hubieron de lidiar permanentemente con la escasez de recursos. El problema no sólo era la inexistencia de rentas para las necesidades del culto y la fábrica material, también los ingresos personales fueron resorte de múltiples peticiones al monarca y de estrategias locales. Entre las mayores afectaciones a los estipendios encontramos los  atrasos en la remisión del Situado desde la Nueva España, dependiente sobre todo del buen destino del galeón y de la eficiencia de la Caja Real de México. Cualquier contingencia administrativa podía representar demoras de uno o más años en la percepción de ingresos. Por ejemplo, en 1718 el cabildo informaba al Consejo de Indias sobre la suspensión que sufrió la remisión de estipendios eclesiásticos desde México, pidiendo que ante estas situaciones el gobernador de las islas supliera la falta de recursos de la Caja Real de Manila". (105)

#En ocasiones el remedio a esta situación dependía de la buena correspondencia entre cabildo eclesiástico y gobernador, quien tenía poder sobre la Junta de Hacienda. Otro factor que incidió fue la tendencia de algunos gobernadores a reducir el monto del Situado, especialmente Fausto Cruzat a finales del siglo XVII y nuestro conocido Bustillo. Entre ambos habían reducido en 210 000 pesos el monto en sus intentos por lograr complacer al rey con la reducción del subsidio a Filipinas". 

"Para colmo, los gastos que generaba el presidio de Samboangan y la hostilidad permanente de los musulmanes de Joló y Mindanao dejaban al Situado muy disminuido y obligaban al gobernador en turno a buscar recursos mediante arbitrios, donativos y empréstitos en Manila". (106)

"Desconocemos por el momento una buena parte de las prácticas locales que a título personal desarrollaron los miembros del cabildo para hacerse de dineros complementarios, incluidas las ilegales. Sin embargo, como cuerpo colegiado, además de realizar constantes solicitudes al monarca 
para intentar un alza en sus percepciones, (107) “pues los estipendios asignados en las Reales Caxas no son competentes siquiera para mal comer”, también participó en los beneficios del galeón como una forma de amortiguar su cortedad económica y como un privilegio concedido por el rey, quien adoptó 
esta política con otras corporaciones de Manila que dependían del real erario. Como soberano del galeón, el rey concedía a los vecinos españoles de Manila el repartimiento del buque o cóncavo de la nave, el cual se traducía en un número de cargas o piezas que variaron de acuerdo a la capacidad del 
barco y que se administraron a partir de una junta en Manila que distribuía el espacio a los vecinos a partir de boletas".
 
"Al menos desde la segunda mitad del siglo XVII el rey había concedido a los miembros del cabildo eclesiástico el privilegio de algunas boletas, con la prohibición de comerciar pero con la autorización de venderlas a otros vecinos para ocupar espacio en el galeón. Dicho privilegio no era perpetuo y debía ser renovado o peleado constantemente".

"En 1694 el cabildo contaba con 132 piezas, pero en 1723 habían disminuido a 48 para un galeón de 3,500, “y esto por pura misericordia y por no negarse tan del todo la pobreza de este Cavildo”. Tras acudir al monarca, éste pidió a la Junta de Manila dar a los prebendados sus cargas en proporción a su rango y necesidades. En 1732, por ejemplo, Ocio y Ocampo contaba como deán con 12 piezas para el galeón Nuestra Señora de Guía, con capacidad para 4,000; a cada dignidad correspondían 10, a los canónigos 8 y a los racioneros 6". 

"El beneficio personal dependió de las relaciones con los comerciantes más acaudalados en Manila para vender o “ceder” las boletas a buen precio, pues las cargas representaban espacio para mercancías de diferente valor (balsas de loza, fardillos con géneros diversos, churlos de canela, marquetas de cera, tibores, taburetes, escritorios, mesas, biombos, arrimadillos, mesas de estrado, tabernáculos, baúles, etc.". (108)

Más allá de las disputas entre los actores sociales de Manila por el privilegio de las cargas y el tráfico de boletas, el cabildo eclesiástico se unía con todas las corporaciones de la ciudad cuando la presión del Consulado de Sevilla provocaba restricciones al comercio de Filipinas con Nueva España, el cual era considerado, con toda razón, como “el universal alivio de estas islas”. (109)

"Por ejemplo, cuando en octubre de 1720 el rey prohibió a Manila comerciar con Nueva España tejidos de seda, oro y plata, la ciudad envió dos representantes a Madrid con memoriales de apoyo, incluido uno del cabildo eclesiástico exponiendo los perjuicios que se seguirían de aplicar la prohibición. En esa como en otras representaciones se puede distinguir la influencia de Ocio y Ocampo como abogado". (110)

"A pesar de que fueron muy pocas las ocasiones en que sucedió, el peor escenario económico para los prebendados y los españoles todos era la pérdida de algún galeón, no sólo por las mercancías 
y despachos, sino por el tiempo de recuperación y el atraso en la llegada del Situado. Cuando en julio de 1726 el Santo Cristo de Burgos naufragó a unos días de su salida de Cavite, el cabildo catedral, encabezado por Ocio y Ocampo, escribió una representación al rey donde advertía lo impredecible del daño, porque el atraso que se generaba con ello recaía sobre atrasos pendientes que tenían exhausta a la Caja Real". (111)

"En este escenario, el cabildo que encabezó Ocio y Ocampo también dio continuidad a las eternas solicitudes de la catedral al rey para que las limosnas de vino, cera y aceite se hicieran a perpetuidad ante el problema que significaba renovarlas periódicamente y el riesgo de que la catedral, como “Iglesia del Real Patronato del maior y más Catholico Monarcha que conoce el orbe”, se quedara sin culto. El deán Ocio y Ocampo incluso informó en 1727 al consejo que el cabildo catedral había llegado al extremo de hipotecar cálices y plata con vecinos de Manila para dar continuidad a las funciones. (112) 

"Algo similar sucedía con las peticiones de apoyo a la fábrica material del templo catedral. Sin diezmos para afianzar sus rentas, la fábrica material se encontraba hacia 1725 con ornamentos muy deteriorados y problemas en sus naves colaterales, sobre todo con graves riesgos por los continuos terremotos que azotaban Manila. El cabildo suplicó por años al rey que le otorgara una encomienda vacante de 2 000 tributos para sostener la fábrica, súplica que continuaba al menos hasta 1731". (113)

"En contraste, los reportes del cabildo sobre funciones, exequias y ceremoniales nos hablan de un esfuerzo por mantener el lustre de la devoción donde el gasto generalmente provenía de los fieles". (114) 

La misericordia, las virtudes y la caridad de Ocio y Ocampo se hacen presentes

"El cabildo al que perteneció Ocio y Ocampo también se mostró solidario con las órdenes religiosas cuando de apoyar el reconocimiento de mártires se trataba, desde muertes de misioneros entre “bárbaros” de las islas o a manos de musulmanes, hasta frailes muertos en Japón; también en las solicitudes dirigidas al rey para el envío de más religiosos para la evangelización de diversas regiones de las islas que nunca terminaron de integrarse a la cristiandad". (115)

"Sobre sus obras de misericordia como deán en Manila, Ocio y Ocampo dirigió sus esfuerzos, desde 1726, a apoyar a las mujeres incontinentes, esto es, que habían perdido la castidad sin matrimonio. Durante el siglo XVII éstas se recogían en el Colegio de Santa Potenciana de Manila, hasta 
que una cédula de 1696 ordenó hacerles un cuarto separado para evitar su contacto con las colegialas y admitir sólo a mujeres denominadas decentes o con demanda de divorcio de sus maridos". 

El celayense "Ocio y Ocampo, a expensas de sus ingresos y con diversas limosnas, construyó una Casa de Recogimiento para las incontinentes que comenzó a funcionar a finales de 1728. En 1730 el rey había sido enterado del asunto por el gobernador de Filipinas, y dispuso una cédula de agradecimiento". (116) 

"Es muy probable que esta obra haya influido para que en ese mismo año el rey nombrara" al celayense "Ocio y Ocampo obispo de Zebú, diócesis que finalmente había quedado vacante". (117)

NOTAS:
(96) AGI, Filipinas, 333, lib. 12, ff. 294r.-295r. 
(97) AGI, Filipinas, 95, núm. 3.
(98) AGI, Filipinas, 175, núm. 19; AGI, Filipinas, 95, núm. 88.
(99) Gacetas de México, t. i, p. 75; I, p. 81; t. i, p. 85. 
(100) AGI, Filipinas, 96, núm. 45.
(101) AGI, Filipinas, 175, núm. 19. 
(102) AGI, Filipinas, núm. 62; AGI, Filipinas, 95, núm. 88.
(103) Rubio, Don Diego Camacho, pp. 10-11.
(104) AGN, Inquisición, 807, exp. 4, ff. 156-168; AGI, Filipinas, 294, 
núm. 58; AGI, Filipinas, 328, núm. 59; AGI, Filipinas, 140, núm. 35
(105) AGI, Filipinas, 294, núm. 54
(106) AGI, Filipinas, 294, núm. 69. 
(107) AGI, Filipinas, 328, núm. 60.
(108) AGI, Filipinas, 294, núm. 62; AGI, Filipinas, 191, núm. 69. Sobre 
prácticas comerciales y sociales asociadas al repartimiento del galeón véase Yuste, “El eje comercial transpacífico”, pp. 24-26. Para dimensionar las 12 piezas de Ocio y Ocampo, cabe decir que el general de ese 
galeón, Francisco Sánchez de Tagle, embarcó 50 piezas; el piloto mayor Félix Pérez 30; el gobernador Valdés Tamón 32; la mayoría de los vecinos, incluidas muchas viudas de capitanes y sargentos, embarcaron 1 pieza; sólo una minoría de comerciantes detentaba grandes volúmenes de cargas.
(109) AGI, Filipinas, 132, núm. 41.
(110) AGI, Filipinas, 95, núm. 17; AGI, Filipinas, 207, núm. 1. 
(111) AGI, Filipinas, 294, núm. 69. 
(112) AGI, Filipinas, 294, núm. 63
(113) AGI, Filipinas, 294, núm. 68; AGI, Filipinas, 294, núm. 71. 
(114) AGI, Filipinas, 294, núm. 59; AGI, Filipinas, 294, núm. 61. 
(115) AGI, Filipinas, 297, núm. 69; AGI, Filipinas, 297, núm. 110.
(116) AGI, Filipinas, 333, lib. 13, ff. 92r.-93r. 
(117) AGI, Filipinas, 327, núm. 15.

BIBLIOGRAFÍA:
Juan Carlos Ruiz Guadalajara - "En lo más dilatado de la Monarquía; Manuel Antonio de Ocio y Ocampo, la Nueva España y el horizonte filipino", publicado en la revista Historia Mexicana, vol. LXI, núm. 3, enero-marzo, 2012, pp. 849-933. El Colegio de México, A.C. Distrito Federal, México. 


Carta con la firma del obispo nacido en Celaya, Don Manuel Antonio de Ocio y Ocampo,
Obispo del Santísimo Nombre de Jesús, en Cebú. Julio 18 de 1735. Manila, Filipinas.


El tramo final: “…rodeado de espinas y moros…”: Ocio y Ocampo, obispo

"Como señalamos párrafos arriba, desde 1703 el mercedario descalzo fray Pedro Sáenz de la Vega y Landaverde había sido nombrado obispo de Zebú y nunca pasó a gobernar su  diócesis, quedándose a vivir en la ciudad de México donde falleció en 1727. Desde 1717 y ante la negativa de fray Pedro para hacer el viaje, el rey había designado al agustino fray José López como obispo auxiliar para evitar el desgobierno eclesiástico en Zebú", narra el invstigador Juan Carlos Ruiz Guadalajara . (118

"En 1722 y ante los éxitos legales de fray Pedro, quien logró que le pagaran la mitad de sus estipendios sin gobernar su obispado, el rey eligió a otro agustino, fray Sebastián Foronda, en ese entonces obispo de Calidonia, como obispo in partibus de Zebú. Así, la renta de 4000 pesos anuales de la plaza se dividió entre fray Pedro y fray Sebastián, hasta la muerte de éste en 1728". (119)

Según datos de Catholic-Hierarchy, el Obispo Manuel Antonio de Ocio y Ocampo nació en 1688 y lo define como fecha incierta. Es preconizado obispo el 20 de enero de 1734 y ordenado como tal el 21 de agosto de 1735 como Obispo de Cebú, Filipinas y fallece el 21 de julio de 1737. Es decir hace exactamente 284 años. Existe la fecha de la expedición de la bula papal con el nombramiento de obispo a Manuel Antonio de Ocio y Ocampo: 30 de enero de 1734.

La diócesis oficialmente se denomina Diócesis del Nombre de Jesús de Cebú y fue erigida el 14 de agosto de 1595. Ha tenido en su historia y hasta la actualidad 24 obispos, siendo este distinguido y erudito celayense Mons. Ocio y Ocampo el 8o. obispo de Cebú. El primero lo fue el mexicano Mons. Fray Pedro de Agurto, de la Orden de San Agustín.

Nació Mons. Ocio y Ocampo -como lo hemos recalcado varias veces- precisamente en la entonces Villa de la Purísima Concepcion de Celaya y es ordenado obispo en Manila, Filipinas dentro de la Arquidiócesis de Manila.

Lo consagra en el episcopado Mons. Jerónimo Herrera y López, obispo de Nueva Segovia. Mons. Ocio y Ocampo duró como obispo un poco más de 22 meses, tras fallecer por una rara enfermedad a los 49 años de edad. 

Desde una visión meramente mundana, Ruiz Guadalajara considera que "con su nombramiento, Manuel Antonio de Ocio y Ocampo llegaba a una silla episcopal tras escalar rápidamente posiciones en el cabildo de Manila y sin haber detentado nunca un curato en propiedad. Zebú representaba un aumento sustancial en sus ingresos, pero en definitiva, era el rincón más apartado de la cristiandad y una de las diócesis más difíciles, formada por las islas Visayas: Samar, Leyte, Bohol, Zebú, Mactán, Ogtón, Isla de Negros, Panay, Masbate, Calamianes y Paragua, con otras 18 islas pequeñas". 

"A esto se agregaban las islas Marianas, ubicadas en el Pacífico a más de 2 000 km de distancia de Zebú hacia el oriente, y la costa norte de Mindanao. Era el espacio de todas las Filipinas con el mayor acoso de musulmanes".
 
"Diversas zonas internas de las islas estaban fuera del dominio hispánico con población aún denominada bárbara, e incluso con indios de diversas naciones que tras ser cristianizados escapaban hacia las montañas como “apóstatas cimarrones”, según el ojo español". 

Según análisis del investigador, "para colmo, Zebú había sido desde el siglo XVI territorio bajo administración de los agustinos. El rey en diversos periodos echó mano de estos frailes para gobernar la catedral y atender parroquias convertidas en misiones. De hecho Ocio y Ocampo representaba el primer clérigo secular en ocupar la sede episcopal en lo que iba del siglo XVIII". 

Sin embargo, existen documentos que echan por tierra la mera visión mundana del investigador Ruiz Guadalajara. Uno de ellos lo conforma la carta Petición del agustino José de Ibáñez de 80 religiosos para Filipinas y donde uno de los que apoya la solicitud es el dean del Cabildo Eclesiástico de Manila, Manuel Antonio de Ocio y Ocampo, el 30 de junio de 1728 así como otras cartas más, tal y como sucede con una previa del 30 de enero de 1728 que es la Petición del dominico Francisco Caballero de 40 religiosos

"La cabecera, ubicada en la ciudad del Santísimo Nombre de Jesús de Zebú, fue el primer asentamiento español de las Islas, y para 1730 se encontraba muy disminuido, con dos conventos agustinos, uno jesuita, alcalde mayor con títulos de gobernador y general de las Armadas de Pintados y Castellano de la Fuerza, tres regidores, dos escribanos y algunos españoles. Al lado se encontraba su parián habitado por chinos sangleyes, que dominaban el comercio y los oficios como en Manila". (120)

"La catedral de Zebú, como hemos señalado, carecía de cabildo eclesiástico y su templo no pasaba de cuatro paredes de piedra muy tosca con techo de paja; por retablos tenía tablas viejas mal pintadas y carecía de lámpara para alumbrar el Santísimo Sacramento; como parroquia carecía de bautisterio y la sacristía era un apartado de tablas viejas; también carecía de cementerio y su campanario eran cuatro 
maderos con cuatro campanas; no tenía órgano ni cantores". 

"Sus rentas eran bajísimas por el cobro de sepulturas debido a los pocos vecinos españoles. Había más de 200 soldados españoles con otros tantos pampangos pobres en el fuerte. Entre 1670 y gracias a los oficios del entonces obispo de Zebú fray Juan López, la Reina Madre había concedido 10 000 pesos de limosna para la nueva catedral; sin embargo, para cuando Ocio y Ocampo llegó sólo se encontraron 
unos cimientos mal hechos". (121) 

"En pocas palabras, el nuevo obispo estaba en el peor de los escenarios y dispuesto, de nueva cuenta, a utilizar las leyes y el derecho para gobernar su jurisdicción y cumplir con lo que marcaba su apostolado". 

"Así, entre 1732 y 1735 Ocio y Ocampo se movió entre Zebú y Manila y actuó como obispo electo en espera de sus bulas y ejecutoriales. Lo hizo en dos frentes muy específicos: por un lado peleó el cumplimiento de viejas cédulas para la fábrica material de la catedral, por el otro, entró en pleito con los agustinos, los verdaderos dueños del terreno".

"El obispo logró mover a la Junta de Hacienda en Manila, con el argumento de que una cédula de 1670 había concedido perpetuamente 2000 pesos anuales sobre tributos de indios vacos a la fábrica material, y que desde 1701 no se había cumplido. Para 1732 se le adeudaban a la catedral de Zebú un total de 60,053 pesos. El hecho fue que en 1733 la Audiencia de Manila ordenó al alcalde mayor de Zebú la entrega al obispo de los 2000 pesos anuales, y cuotas de 4000 también al año para cubrir el adeudo y levantar la nueva catedral. (122) 

"Con este logro, el obispo abrió su segundo frente: en 1733 el provincial de los agustinos calzados, fray Félix Trillo, tras visitar los ministerios agustinos en las islas de Panay, Zebú y Ogtón, decidió mudar en esta última la cabecera de Carcar a la visita de Argao, además de ordenar al ministro de Bolohon abandonar la visita de Tañón, todo sin consentimiento del obispo. Éste aprovechó para defender su jurisdicción e intentar someter a su autoridad a los agustinos, argumentando ante el gobernador de las islas, con base en las Leyes de Indias, que un provincial no puede unir, dividir o suprimir una doctrina sin la autorización del diocesano". 

"Sabedor de las veleidades de los gobernadores, pero sobre todo lejos de Manila, Ocio y Ocampo intentó complacer al gobernador en turno con una carta desde Zebú por la que le ofreció sus dos caracoas para ayudar a combatir a los musulmanes que azolaban las Visayas, deseándole además buena salud e informándole que “la mía en esta soledad es buena, y aunque rodeado de espinas y moros, con el ánimo siempre prompto para ocuparme en todo lo que sea del obsequio y servicio de Vuestra Señoría”. A pesar de sus intentos y cortesías, el pleito fue decepcionante para el  obispo, quien en 1735 se quejó amargamente en carta al rey sobre la lentitud de las diligencias y la falta de una resolución favorable a su causa, aunque en el fondo lo que le pesó fue la facilidad con que los agustinos lo anularon". (123)

"Hacia junio de ese mismo año Manuel Antonio de Ocio y Ocampo por fin recibió sus bulas y fue consagrado en la catedral de Manila. Para entonces el obispo ya tenía claridad de que la situación de su obispado era un desorden plagado de injusticias donde se cometían toda clase de delitos, con “muertes atrosísimas en riñas y pendencias” que quedaban impunes. En el informe que mandó al rey, el celayense Ocio y Ocampo expuso las que consideró como las tres causas principales de lo que sucedía en las Visayas". 

"La primera, que los alcaldes mayores sólo se interesaban por el comercio con Manila. La 
segunda, que los alcaldes no hacían diligencias de los delitos, porque al hacerlas generalmente defectuosas, la Audiencia los multaba, y que cuando detenían a un delincuente, por no hacerle diligencias, los encerraban hasta morir. Y la tercera, el incumplimiento de las Leyes de Indias por parte de los oidores de Manila al no realizar las visitas obligatorias a las provincias Visayas". (124) 

"Descargada su conciencia y de nuevo con la esperanza de la real justicia, el obispo subió a su caracoa y regresó a Zebú. Un año después inició la visita de su diócesis-archipiélago. Cuando recorría la isla de Negros se le manifestó el “accidente de llagas en la boca”, por lo que regresó a Zebú para morir en soledad, el 21 de julio de 1737, rodeado de espinas y moros, en lo más dilatado de la Monarquía".

NOTAS:
(118) AGI, Filipinas, 349, lib. 7, ff. 207v.-210r. 
(119) AGI, Filipinas, 1026, núm. 7; AGI, Filipinas, 191, núm. 73.
(120) Hidalgo, Una corografía inédita, pp. 114-115; Vandermeer, “Population Patterns”, pp. 320-323; Phelan, The Hispanization, pp. 136-144. 
(121) AGI, Filipinas, 145, núm. 2.
(122) AGI, Filipinas, 145, núm. 2.
(123) AGI, Filipinas, 293, núm. 13. 
(124) AGI, Filipinas, 293, núm. 12. 
(125) AGI, Filipinas, 327, núm. 19; Gacetas, t. III, pp. 168-169. La Gaceta 

BIBLIOGRAFÍA:
Juan Carlos Ruiz Guadalajara - "En lo más dilatado de la Monarquía; Manuel Antonio de Ocio y Ocampo, la Nueva España y el horizonte filipino", publicado en la revista Historia Mexicana, vol. LXI, núm. 3, enero-marzo, 2012, pp. 849-933. El Colegio de México, A.C. Distrito Federal, México. 

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