El martirio del Padre Nieves: el largo camino a los altares

Guanajuato Desconocido
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Eugenio Amézquita Velasco

-Fray Elías del Socorro Nieves, sacerdote agustino de la Provincia de Michoacán, fue sacrificado el 10 de marzo de 1928 durante la persecución.
-El martirio ocurrió a medio camino entre Cañada de Caracheo y Cortazar, poblados del Estado de Guanajuato en la República Mexicana.
-El proceso informativo canónico sobre su fama de santidad y martirio concluyó apenas ocho meses antes de la redacción del texto fuente.
-La introducción de la Causa fue solicitada al Arzobispo de Morelia, Dr. D. Luis María Altamirano y Bulnes, por la Orden Eremítica Agustiniana.
-El R.P. Fr. Luis Camblor Vega, Vicepostulador, aportó su experiencia de más de cien procesos canónicos de mártires españoles de 1936-1939.
-El Tribunal fue integrado por figuras destacadas como Leopoldo Mendoza, Jesús Tirado, Edmundo Contreras, Juan Pierres y el notario Ceferino Alfaro.
-El proceso informativo, incluyendo el procesillo de non cultu, se extendió por un año y ocho meses, desde octubre de 1957 hasta junio de 1959.
-En julio de 1959, el Padre Camblor llevó los documentos a Roma para presentarlos ante la Sagrada Congregación de Ritos para efectos canónicos.
-El autor advierte que la Santa Iglesia es rigurosísima y el dictamen definitivo podría tardar años, incluso un siglo o más en resolverse.
-El Tribunal sesionó en Morelia, Celaya, Cañada de Caracheo y Acapulco, buscando incluso el testimonio del capitán que ejecutó al Padre Nieves.
-La biografía se basa en investigaciones minuciosas en archivos y testimonios, publicada inicialmente en la revista agustiniana Toma y Lee.
-Una carta anónima de 1928, escrita por un soldado del pelotón de ejecución, fue el primer documento base para difundir la historia en Europa.
-En 1929, la Imprenta del Real Monasterio del Escorial editó un folleto sobre el Padre Nieves que alcanzó su octava edición sin ser desmentido.
-Raymunda García, testigo presencial escondida en un matorral, ratificó los hechos en 1933, aunque falleció antes de declarar ante el Tribunal.
-El Arzobispo de Morelia clausuró el proceso con el augurio de ver al apostólico sacerdote en los altares para gloria de la Orden Agustiniana.

En la memoria histórica de la Iglesia mexicana, el sacrificio de Fray Elías del Socorro Nieves emerge como un testimonio de fe inquebrantable frente a la hostilidad de la persecución callista. 



Este relato, rescatado de la pluma de Fray Nicolás P. Navarrete OSA, nos sitúa en un México de contrastes, donde la sangre derramada en 1928 se convierte, décadas después, en el cimiento de un riguroso proceso canónico iniciado formalmente en 1957. El texto original no solo narra el fin de una vida, sino el nacimiento de una causa que busca elevar a la gloria de los altares a un sacerdote agustino cuya fama de santidad trascendió fronteras.

El análisis de las fechas revela la meticulosidad del tiempo eclesiástico. Mientras que el martirio ocurrió en marzo de 1928, el proceso informativo concluyó hasta junio de 1959, evidenciando que la construcción de la santidad requiere de una paciencia histórica que desafía la inmediatez de los tiempos políticos. El autor, consciente de su papel como biógrafo y testigo indirecto, defiende la objetividad de su obra frente a las críticas de la época, apoyándose en documentos clave como la carta anónima de un soldado presencial y el testimonio jurado de Raymunda García. 

Esta nota editorial subraya que el camino hacia la beatificación es una labor de recolección de pruebas, donde cada detalle del Viacrucis recorrido en Michoacán y Guanajuato cuenta para la dictaminación definitiva de la Sede Apostólica.

Introducción

Hace apenas ocho meses que concluyó el proceso informativo canónico, sobre la fama de santidad y martirio del Siervo de Dios Fray Elías del Socorro Nieves, sacerdote agustino de la Provincia de Michoacán, que fuera sacrificado en la persecución callista el sábado 10 de marzo de 1928, a medio camino entre el humilde poblado de Cañada de Caracheo y la ciudad de Cortazar, ambos del Estado de Guanajuato en la República Mexicana.

La introducción de la Causa fue pedida al Excmo. y Rvmo. Sr. Arzobispo de Morelia Dr. D. Luis María Altamirano y Bulnes por la Orden Eremítica Agustiniana, especialmente por su Provincia de Michoacán, mediante el Vicepostulador de las causas de los Siervos de Dios de la misma Orden R.P. Fr. Luis Camblor Vega, que auna a su talento relevante una gran experiencia, adquirida en el trato con el Postulador Rvmo. P. Fr. Mariano Rodríguez y en más de un centenar de procesos canónicos que ha entablado para la beatificación y canonización de los Agustinos y otros religiosos españoles, sucumbidos en la persecución comunista -1936 a 1939- de la Madre Patria.

El insigne Metropolitano de Michoacán, teólogo y orador, de primer orden, accedió benignamente a la postulación, instituyendo desde luego el Tribunal, integrado por los Jueces Delegados M.M. II. Sres. Canónigos Lics. D. Leopoldo Mendoza, Filósofo y Jurista; D. Jesús Tirado, egregio orador y Rector del Seminario Arquidiocesano; D. Edmundo Contreras, sociólogo y párroco ejemplar y por el Promotor de la Fe Pbro. D. Juan Pierres, orador y periodista y el Notario Pbro. Ceferino Alfaro, distinguido jurista. Al Sr. Tirado, con motivo de su viaje a Roma, lo suplió por algunos meses el Sr. Cura Aranda, doctor en derecho y párroco de San José en Morelia.

Tardó el proceso informativo, con el procesillo de "non cultu", un año ocho meses (octubre 1957-junio 1959) y en julio último lo llevó consigo el Padre Camblor a Roma, con el fin de presentarlo a la Sagrada Congregación de Ritos para los efectos canónicos posteriores. A nosotros nos toca orar y cooperar con algún óbolo, para obtener del Rey y de la Reina de los Mártires -por medio de su Iglesia- primero la beatificación y finalmente la canonización de este Siervo de Dios. No debemos hacernos ilusiones de una pronta resolución de la Sede Apostólica, ya que pueden pasar años y años y hasta un siglo o más, para que la Santa Iglesia -rigurosísima en estas causas- dictamine en definitiva.

El Tribunal interrogó a multitud de testigos eclesiásticos y seglares y sesionó ordinariamente en Morelia, con excepción de tres sesiones que celebró respectivamente en Celaya, Cañada de Caracheo y Acapulco. En esta última trató de interrogar al Capitán que coronó la vida del Padre Nieves. En vano se le citó a comparecer ante el pacífico Tribunal. Se negó rotundamente y sólo hizo sus declaraciones -muy favorables a la Causa del Martirio- a través del Sr. Pbro. D. Juvenal Porcayo, vicario fijo en la costa Azul de Acapulco y del cronista que esto escribe.

La biografía del Siervo de Dios, que ahora publico, no ha sido documentada en el proceso informativo, pues ya la tenía escrita y en parte publicada en la revista agustiniana Toma y Lee. Más bien, le sirvió de base histórica, pues el P. Vicepostulador así como el promotor de la Fe, la emplearon para formular cuestionarios. Es fruto de una larga, minuciosa y paciente investigación en archivos y testigos de vistas y oídas. Por consiguiente, no es válida la objeción que hacen algunos contra la veracidad de estas páginas o de mi testimonio por el hecho de no haber sido testigo presencial de los acontecimientos, particularmente de la muerte del Siervo de Dios. Salta a la vista que, con este criterio, sólo serían historiadores los testigos presenciales. También se me objeta una excesiva credulidad. Quizá la tenga como defecto congénito, aunque no he podido constatarla, por más que me he aplicado el bisturí del examen de conciencia. Por lo demás, en la redacción de esta biografía, estoy cierto de haber obrado con toda honradez histórica, despojándome de subjetivismos y procurando que prepondere la objetividad del testimonio ajeno.

A raíz de la muerte del Siervo de Dios, recibí en Roma -donde me encontraba como alumno del Colegio Internacional Agustiniano- una carta anónima, fechada en Celaya, Gto., Méx. el 12 de marzo de 1928, por la cual se me informaba pormenorizadamente la muerte heroica de Fray Elías. 

Por las expresiones y alusiones personales del autor, deduje que se trataba de un soldado que era de mi pueblo natal y que formaba parte del pelotón que lo condujo de La Cañada al lugar de su ejecución. Fue sin duda un testigo presencial, a quien después no he podido encontrar. Ese fue el primer documento que me sirvió de base para redactar un artículo en italiano, que publicó el Bolletino Storico Agostiniano de Florencia, artículo que fue traducido a varios idiomas por compañeros míos y hermanos de hábito. Por lo cual, bien pronto fue conocido e invocado el Padre Nieves en algunas regiones de Europa, atestiguando los Padres Agustinos de Malta la curación instantánea de una paralítica que invocó al Siervo de Dios.

Más tarde, en 1929, la Imprenta del Real Monasterio del Escorial me editó un pequeño folleto, que es el que ha circulado entre nosotros desde entonces hasta ahora y que ya va por la octava edición. No ha sido objetado seriamente ni desmentido por nadie. 

Antes bien, lo han confirmado dos testimonios: uno escrito a mano en verso popular, en forma de lo que nosotros llamamos CORRIDO, fechado el 25 de marzo de 1928 y firmado con las iniciales de F.A. y que publicó al final, el otro es la declaración juramentada que me hizo la Sra. Raymunda García el 10 de marzo de 1933, como testigo presencial de la muerte del Siervo de Dios, y que coincide en todo con la antedicha carta anónima.

Los demás testimonios me han servido para el prólogo o el epílogo del drama. Pero el desenlace únicamente lo presenciaron los militares actores y la testigo Raymunda García, escondida en un matorral. Lástima que la muerte segó su vida en 1934 y no pudo refrendar su testimonio ante el Tribunal de la Santa Causa.

Finalmente, para los datos biográficos generales he tenido a la mano, aparte de los testimonios orales de muchos contemporáneos del Siervo de Dios, una relación impresa por sus familiares en 1938 que, no obstante su pésima redacción, contiene datos fidedignos de la vida hogareña de nuestro biografiado.

Al clausurar solemnemente el proceso informativo y entregar los documentos, sellados y lacrados, al P. Vicepostulador, el Excmo. y Rvmo. Sr. Arzobispo formuló el siguiente augurio "hago votos muy fervientes, implorando de Dios Nuestro Señor la gracia de que, en un futuro no lejano, se digne la Santa Iglesia sublimar a los altares a tan apostólico sacerdote y religioso agustino, para gloria de la esclarecida Orden Agustiniana y de su insigne Provincia de Michoacán".

Y también -como yo le contesté en nombre de la Provincia para lustre y prez de la egregia Arquidiócesis de Morelia, en cuyo seno recorrió su Viacrucis el Siervo de Dios. Fr. Nicolás P. Navarrete, o.s.a.

La beatificación del Padre Elías Nieves en 1997

El Padre Mateo Elías Nieves del Castillo, conocido como Fray Elías del Socorro Nieves, nació el 21 de septiembre de 1882 en Yuriria, Guanajuato, y fue ordenado sacerdote agustino. Durante la persecución religiosa de la Guerra Cristera, se mantuvo fiel a su ministerio, atendiendo a los fieles de manera clandestina.  

El 10 de marzo de 1928 fue capturado en Cañada de Caracheo, municipio de Cortazar, Guanajuato, y fusilado por fuerzas federales. Su muerte fue reconocida por la Iglesia como un auténtico martirio “in odium fidei”, es decir, por odio a la fe.  

Su beatificación se llevó a cabo el 12 de octubre de 1997, en la Plaza de San Pedro, Ciudad del Vaticano, presidida por el Papa Juan Pablo II, quien aprobó el decreto de la Congregación para las Causas de los Santos. En esa ceremonia, el Pontífice destacó la fidelidad y valentía del Padre Nieves, convirtiéndolo en el único mártir agustino de la Guerra Cristera.  

La Iglesia celebra su memoria cada 10 de marzo, día de su martirio, como ejemplo de entrega pastoral y testimonio de fe.

Homilía del Santo Padre Juan Pablo II durante la Santa Misa de beatificación de 5 siervos de Dios (entre ellos, el Padre Nieves)

Domingo 12 de octubre de 1997

1. «Maestro bueno, ¿qué he de hacer para heredar la vida eterna?» (Mc 10, 17).

Esta pregunta, que plantea un joven en el texto evangélico de hoy, se la han dirigido a Cristo en el decurso de los siglos innumerables generaciones de hombres y mujeres, jóvenes y ancianos, clérigos y laicos.

 «¿Qué he de hacer para heredar la vida eterna?». Es el interrogante fundamental de todo cristiano. Ya conocemos muy bien la respuesta de Cristo. Ante todo, recuerda a su interlocutor que debe cumplir los mandamientos: «No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no levantarás falso testimonio, no serás injusto, honra a tu padre y a tu madre» (Mc 10, 19; cf. Ex 20, 12-16). El joven replica con entusiasmo: «Maestro, todo esto lo he cumplido desde pequeño » (Mc 10, 20). 

En ese momento —subraya el evangelio— el Señor, fijando en él su mirada, lo amó y añadió: «Una cosa te falta: anda, vende cuanto tienes, da el dinero a los pobres —así tendrás un tesoro en el cielo—; luego, ven y sígueme». Pero, como prosigue el relato, el joven «abatido por estas palabras, se marchó entristecido, porque tenía muchos bienes» (Mc 10, 21-22).

2. Los nuevos beatos, elevados hoy a la gloria de los altares, por el contrario, acogieron con prontitud y entusiasmo la invitación de Cristo: «Ven y sígueme » y lo siguieron hasta el fin. Así se manifestó en ellos el poder de la gracia de Dios y en su vida terrena llegaron a realizar incluso lo que humanamente parecía imposible. 

Al haber puesto en Dios toda su confianza, para ellos todo resultó posible. Precisamente por eso hoy me complace presentarlos como ejemplos del seguimiento fiel de Cristo. Son: Elías del Socorro Nieves, mártir, sacerdote profeso de la orden de San Agustín; Juan Bautista Piamarta, sacerdote de la diócesis de Brescia; Doménico Lentini, sacerdote de la diócesis de Tursi-Lagonegro; María de Jesús, en el siglo Emilia d’Hooghvorst, fundadora del instituto de las religiosas de María Reparadora; y María Teresa Fasce, monja profesa de la orden de San Agustín.

3. «Entonces Jesús, fijando en él su mirada, lo amó» (Mc 10, 21). Estas palabras del texto evangélico evocan la experiencia espiritual y apostólica del sacerdote Juan Bautista Piamarta, fundador de la congregación de la Sagrada Familia de Nazaret, al que hoy contemplamos en la gloria celestial. También él, siguiendo el ejemplo de Cristo, supo llevar a muchos niños y jóvenes a encontrarse con la mirada amorosa y exigente del Señor. 

¡Cuántos, gracias a su acción pastoral, pudieron afrontar con alegría la vida por haber aprendido un oficio y sobre todo por haberse podido encontrar con Jesús y su mensaje de salvación! La labor apostólica del nuevo beato fue muy variada y abarcó muchos ámbitos de la vida social: desde el mundo del trabajo hasta el de la agricultura, desde la educación escolar hasta el sector editorial. Dejó una gran huella en la diócesis de Brescia y en la Iglesia entera.

¿De dónde sacaba este extraordinario hombre de Dios la energía necesaria para sus múltiples actividades? La respuesta es clara: la oración asidua y fervorosa era la fuente de su celo apostólico incansable y del benéfico atractivo que ejercía sobre todos las personas de su entorno. Él mismo, como recuerdan los testimonios de sus contemporáneos, afirmaba: «Con la oración obtenemos la misma fuerza de Dios... Omnia possum ». Todo es posible con Dios, por él y con él.

4. «Sácianos de tu misericordia, Señor » (Salmo responsorial). La conciencia profunda de la misericordia del Señor animaba al beato Doménico Lentini, que en su predicación itinerante proponía incansablemente la invitación a la conversión y a volver a Dios. Por esto, su actividad apostólica iba acompañada por el asiduo ministerio del confesonario. En efecto, sabía muy bien que en la celebración del sacramento de la penitencia el sacerdote se transforma en dispensador de la misericordia divina y testigo de la nueva vida que nace gracias al arrepentimiento del penitente y al perdón del Señor.

Sacerdote de corazón indiviso, supo conjugar la fidelidad a Dios con la fidelidad al hombre. Con ardiente caridad se dirigió en particular a los jóvenes, a los que enseñaba a permanecer firmes en la fe, y a los pobres, a los que ofrecía todo aquello que poseía con una confianza absoluta en la divina Providencia. Su entrega total al ministerio hizo de él, según la expresión de mi venerado predecesor el Papa Pío XI, «un sacerdote cuya única riqueza era su sacerdocio».

5. En la segunda lectura de la liturgia, hemos escuchado: «La palabra de Dios es viva (...), penetra hasta lo más íntimo del alma» (Hb 4, 12). Emilia d’Hooghvorst acogió esta palabra en lo más profundo de su corazón. Aprendiendo a someterse a la voluntad de Dios, cumplió ante todo la misión de todo matrimonio cristiano: hacer de su hogar «un santuario doméstico de la Iglesia» (Apostolicam actuositatem, 11). 

Habiendo quedado viuda, impulsada por el deseo de participar en el misterio pascual, la madre María de Jesús fundó la Compañía de María Reparadora. Con su vida de oración, nos recuerda que, en la adoración eucarística, donde acudimos a la fuente de la vida que es Cristo, encontramos la fuerza para la misión diaria. Ojalá que cada uno de nosotros, cualquiera que sea nuestro estado de vida, «escuche la voz de Cristo», «que debe ser la regla de nuestra existencia», como solía decir ella. 

Esta beatificación es también para las religiosas de María Reparadora un estímulo a proseguir su apostolado, prestando una atención renovada a los hombres de nuestro tiempo. Según su carisma específico, responderán a su misión: despertar la fe en nuestros contemporáneos y ayudarles en su crecimiento espiritual, participando así activamente en la edificación de la Iglesia.

6. A los discípulos, asombrados ante las dificultades para entrar en el Reino, Jesús les advierte: «Es imposible para los hombres, no para Dios. Dios lo puede todo» (Mc 10, 27). Acogió este mensaje el padre Elías del Socorro Nieves, sacerdote agustino, que hoy sube a la gloria de los altares como mártir de la fe. 

La total confianza en Dios y en la Virgen del Socorro, de quien era muy devoto, caracterizó toda su vida y su ministerio sacerdotal, ejercido con abnegación y espíritu de servicio, sin dejarse vencer por los obstáculos, los sacrificios o el peligro. Este fiel religioso agustino supo transmitir la esperanza en Cristo y en la Providencia divina.

La vida y el martirio del padre Nieves, que no quiso abandonar a sus fieles a pesar del riesgo que corría, son por sí mismas una invitación a renovar la fe en Dios que todo lo puede. Afrontó la muerte con entereza, bendiciendo a sus verdugos y dando testimonio de su fe en Cristo. La Iglesia en México cuenta hoy con un nuevo modelo de vida y poderoso intercesor que le ayudará a renovar su vida cristiana; sus hermanos agustinos tienen un ejemplo más que imitar en su constante búsqueda de Dios en fraternidad y en el servicio al pueblo de Dios; para toda la Iglesia es una muestra elocuente de los frutos de santidad que el poder de la gracia de Dios produce en su seno.

7. La primera lectura, tomada del libro de la Sabiduría, nos recuerda que la sabiduría y la prudencia brotan de la oración: «Pedí y se me concedió la prudencia; supliqué y me vino el espíritu de sabiduría» (Sb 7, 7). Estas palabras se aplican muy bien a la existencia de otra nueva beata, María Teresa Fasce, que vivió en constante contemplación del misterio de Cristo. La Iglesia la pone hoy como brillante ejemplo de síntesis viva entre vida contemplativa y testimonio humilde de solidaridad con los hombres, especialmente con los más pobres, humildes, abandonados y afligidos.

La familia agustiniana vive hoy una jornada extraordinaria, pues ve unidos en la gloria de los altares a los representantes de las dos ramas de la orden, la apostólica con el beato Elías del Socorro Nieves, y la contemplativa con la beata María Teresa Fasce. Su ejemplo constituye para los religiosos y las religiosas agustinos motivo de alegría y de legítima satisfacción. Ojalá que este día sea también ocasión providencial para un renovado compromiso en la total y fiel consagración a Dios y en el servicio generoso a los hermanos.

8. «¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino sólo Dios» (Mc 10, 18). Cada uno de estos nuevos beatos escuchó esta esencial aclaración de Cristo y comprendió dónde debía buscar la fuente original de la santidad. Dios es la plenitud del bien que tiende por sí mismo a difundirse. «Bonum est diffusivum sui» (santo Tomás de Aquino, Summa Theol., I, q.5, a.4, ad2). El sumo Bien quiere donarse y hacer semejantes a sí mismo a cuantos lo buscan con corazón sincero. Desea santificar a los que están dispuestos a abandonarlo todo para seguir a su Hijo encarnado.

La primera finalidad de esta celebración es, por tanto, alabar a Dios, fuente de toda santidad. Demos gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, porque los nuevos beatos, bautizados en el nombre de la santísima Trinidad, colaboraron con perseverante heroísmo con la gracia de Dios. 

Participando plenamente de la vida divina, contemplan ahora la gloria del Señor cara a cara, gozando de los frutos de las bienaventuranzas proclamadas por Jesús en el Sermón de la montaña: «Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos» (Mt 5, 3). Sí. El reino de los cielos pertenece a estos fieles siervos de Dios, que siguieron a Cristo hasta el fin, fijando su mirada en él. Con su vida han dado testimonio de Aquel que por ellos y por todos murió en la cruz y resucitó.

Se alegra la Iglesia entera, madre de los santos y los beatos, gran familia espiritual de los hombres llamados a participar en la vida divina.

Juntamente con María, Madre de Cristo y Reina de los santos; y juntamente con los nuevos beatos, proclamamos la santidad de Dios: «Santo, santo, santo es el Señor Dios del universo. Bendito el que viene en nombre del Señor. Hosanna en el cielo». Amén. #MetroNewsMx #GuanajuatoDesconocido

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