Misa Crismal en San Francisco, este Miércoles Santo a las 11:00 horas

Guanajuato Desconocido
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Eugenio Amézquita Velasco

La Santa Misa Crismal se celebrará este Miércoles Santo a las 11:00 horas en el Templo de San Francisco, presidida por Mons. Víctor Alejandro Aguilar Ledesma, Obispo de Celaya. Es importante recordar que se realiza una Hora Santa previa a la Santa Misa Crismal, con la participación del presbiterio de la Diócesis de Celaya y que se efectúa en la Catedral de Celaya y de ahí se sigue una procesión hacia el Templo de San Francisco, sede de la Patrona y Reina de Celaya, la Purísima Concepción, para la ceremonia litúrgica crismal.

¿Qué es la Misa Crismal?

Es la celebración donde el Obispo, rodeado de su presbiterio, consagra el Santo Crisma y bendice los óleos. Es una manifestación de la comunión de los sacerdotes con su Obispo. En ella, los sacerdotes renuevan sus promesas sacerdotales, reafirmando su entrega a Cristo y a la Iglesia.

El rito de la celebración, tiene fundamentalmente seis partes. La primera, que es la Procesión de Entrada donde el clero entra manifestando la unidad del presbiterio. Luego, la renovación de las Promesas Sacerdotales, donde, tras la homilía, el Obispo pregunta a los sacerdotes si quieren renovar su fidelidad a las tareas confiadas. Prosigue en tercer término, la Procesión de los Óleos donde los diáconos o ministros llevan al altar las ánforas con el aceite de oliva -o de otros vegetales según la región-.

Se lleva a cabo la Bendición del Óleo de los Catecúmenos, donde se pide que Dios fortalezca a quienes se preparan para el Bautismo. La quinta parte de este ritual se lleva a cabo con la Bendición del Óleo de los Enfermos, donde se pide alivio para el cuerpo y el alma de los dolientes. Prosigue con la Consagración del Santo Crisma. Es el momento culminante. El Obispo vierte bálsamo sobre el aceite, sopla sobre el ánfora -como signo del Espíritu Santo- y pronuncia la oración consecratoria.

Los tres aceites sagrados y su aplicación

El Santo Crisma, que es el más noble de los aceites, pues no solo se bendice, sino que se consagra mediante una oración especial y el soplo del Obispo. Su composición consiste en una mezcla de aceite de oliva y bálsamo aromático, lo que le otorga una fragancia distintiva. 

Su significado es el más elevado de los tres. Representa el "buen aroma de Cristo" que el cristiano debe difundir en el mundo, así como la participación en la dignidad real, profética y sacerdotal de Jesús. Al ser una marca indeleble, se utiliza en los sacramentos que imprimen carácter: en el Bautismo, en la Confirmación y en el Orden Sacerdotal -donde se ungen las manos de los presbíteros o la cabeza de los obispos-. También se emplea de manera extraordinaria para la Dedicación de nuevos Templos y Altares, consagrándolos exclusivamente al servicio de Dios.

El Óleo de los Catecúmenos, donde este aceite está compuesto exclusivamente por aceite de oliva puro. Su nombre hace referencia a los "catecúmenos", que son aquellas personas que se están preparando para recibir el sacramento del Bautismo. 

Simboliza la fuerza y la protección necesaria para la lucha contra las tentaciones del mal y el proceso de conversión. Históricamente, se relaciona con el uso que los antiguos atletas hacían del aceite para fortalecer sus músculos y escapar de las manos del contrincante. En la liturgia, se utiliza exclusivamente en el rito del Bautismo, antes de que el agua sea vertida, como un signo de preparación y robustecimiento del alma del nuevo creyente.

Por su parte, el Óleo de los Enfermos, al igual que el de los catecúmenos, este se compone de aceite de oliva puro, aunque su finalidad es totalmente distinta. Es el signo visible de la misericordia divina aplicada a la debilidad humana. 

Su significado radica en ser la "medicina de Dios", proporcionando alivio en el dolor físico, paz en el alma ante la angustia de la enfermedad y, fundamentalmente, el perdón de los pecados cuando el fiel no puede confesarse. Su uso sacramental es exclusivo para la Unción de los Enfermos, donde el sacerdote unge la frente y las manos del doliente, pidiendo al Espíritu Santo que le conceda la salud del alma y, si es voluntad de Dios, también la del cuerpo.

El origen histórico del uso de aceites en los ritos religiosos

Desde el Antiguo Testamento, la unción era el rito para elegir a reyes, sacerdotes y profetas -como Samuel ungiendo a David-. En el cristianismo primitivo -siglo II y III-, ya se menciona la bendición del aceite para los enfermos y el bautismo. El término "Cristo" significa, literalmente, "El Ungido".

En el Nuevo Testamento, el fundamento de la Unción se plasma en el Evangelio de Marcos, cuando se menciona que los apóstoles "ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban". En la Misión de la Iglesia, expuesta en la Carta del Apóstol Santiago 5:14-15, donde está la base doctrinal de la Unción de los Enfermos, al señalar que "¿Está enfermo alguno de ustedes? Llame a los presbíteros... y que oren sobre él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor". Es además el signo del Espíritu Santo. El aceite es el signo sensible de la acción invisible del Espíritu. En el Catecismo de la Iglesia Católica, se explica que la unción con el crisma significa el sello espiritual que marca al cristiano para siempre.

Sobre el por qué aceites en los sacramentos, la explicación es sencilla y práctica. El aceite penetra, suaviza, da brillo y fortalece. La Iglesia enseña que, así como el aceite físico penetra en la piel, la gracia divina penetra en el alma del fiel para sanar -Enfermos-, fortalecer -Catecúmenos- o consagrar -Crisma-. 

La renovación de las promesas sacerdotales dentro de esta Santa Misa

La renovación de las promesas sacerdotales es un acto litúrgico de profunda relevancia teológica y pastoral que se lleva a cabo anualmente durante la Misa Crismal, generalmente celebrada el Jueves Santo, aunque por motivos pastorales se efectúa en la Diócesis de Celaya este Miércoles Santo.

Desde el punto de vista de la doctrina católica, la renovación de las promesas no es una "re-ordenación", ya que el sacramento del Orden imprime un carácter indeleble. Se define este acto de renovación como la manifestación de comunión y es la expresión pública de la unidad del presbiterio -los sacerdotes- con su Obispo, cabeza de la Iglesia local.
Es también la revitalización del don recibido, siguiendo la exhortación de San Pablo a Timoteo -"te amonesto que despiertes el don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos"-, el sacerdote reafirma su voluntad de configurarse con Cristo, Cabeza y Pastor, además de ser un vínculo con la Institución de la Eucaristía, porque se realiza en el contexto de la Semana Santa para subrayar la relación intrínseca entre el sacerdocio ministerial y el sacrificio eucarístico instituido en la Última Cena.

El rito tiene lugar inmediatamente después de la homilía del Obispo. Los sacerdotes se ponen en pie y el Obispo se dirige a ellos con una monición inicial, recordándoles el día en que fueron ordenados y la misión que recibieron de manos del Señor.

El diálogo e interrogatorio del Obispo

El rito se estructura en tres preguntas fundamentales que el Obispo dirige a sus presbíteros, a las cuales ellos responden "Sí, quiero".

La primera pregunta, sobre la configuración con Cristo
-Obispo: "¿Queréis renovar las promesas que hicisteis ante vuestro obispo y ante el pueblo santo de Dios, de uniros más fuertemente a Cristo y configuraros con él, renunciando a vosotros mismos y reafirmando los sagrados deberes que, por amor a Cristo, aceptasteis con alegría para el servicio de su Iglesia el día de vuestra ordenación sacerdotal?".
-Sacerdotes: Sí, quiero.

La segunda pregunta, sobre el ministerio de la palabra y los sacramentos
-Obispo: "¿Queréis ser fieles dispensadores de los misterios de Dios por medio de la sagrada Eucaristía y de las demás acciones litúrgicas, y cumplir fielmente el sagrado oficio de enseñar, siguiendo a Cristo, cabeza y pastor, sin codicia de bienes terrenos, sino movidos únicamente por el celo de las almas?".
-Sacerdotes: Sí, quiero.

La tercera pregunta, sobre la obediencia y el celo pastoral
-Obispo: "¿Queréis, en fin, permanecer como fieles colaboradores del orden episcopal, para que, bajo la dirección del Espíritu Santo, la palabra de Dios sea anunciada con fidelidad y el pueblo de Dios sea conducido a la salvación?".
-Sacerdotes: Sí, quiero.

Tras el compromiso de los sacerdotes, el Obispo se dirige a los fieles presentes para pedirles que oren por sus presbíteros y por él mismo. Este acto subraya que el sacerdocio es un servicio para el pueblo de Dios Se hace una petición por los sacerdotes, para que el Señor derrame sobre ellos sus dones y sean fieles ministros de Cristo y la petición por el obispo, para que sea imagen viva y auténtica de Cristo, Sacerdote, Buen Pastor y Maestro. El rito concluye con la bendición del Obispo sobre el pueblo y la posterior procesión de los óleos -Catecúmenos, Enfermos y el Santo Crisma- para su consagración y bendición. #MetroNewsMx #GuanajuatoDesconocido

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