Los padres Tinoco y Estrada, al servicio de la Parroquia de San José

Guanajuato Desconocido
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Eugenio Amézquita Velasco

El ministerio presbiteral no emana de un simple nombramiento administrativo ni de una delegación social; es, ante todo, una configuración ontológica con Cristo, Cabeza y Pastor de la Iglesia. De acuerdo con la rica Doctrina de la Iglesia Católica, plasmada en el Catecismo y en el magisterio conciliar, el sacerdote es un don divino para la comunidad, un puente viviente entre Dios y los hombres, llamado a actuar in persona Christi Capitis. Bajo esta profunda perspectiva de fe, la comunidad de la colonia Las Flores se reviste de júbilo y gratitud al celebrar el inicio del ministerio pastoral del Padre Gabriel Zamudio Tinoco, como nuevo párroco, y del Padre Fernando Estrada Barrientos, como vicario parroquial, en la Parroquia de San José, perteneciente a la Diócesis de Celaya, presidiendo el acto lit´rhgico el vicario general de la Diócesis de Celaya, Pbro. Jesús Palacios Torres.

La llegada de un nuevo párroco y su vicario a esta demarcación de la ciudad episcopal representa la renovación de la alianza de amor que Dios mantiene con su pueblo. El Padre Gabriel Zamudio Tinoco asume la cátedra y el altar de esta porción de la Iglesia particular celayense, portando sobre sus hombros la triple misión asignada a los colaboradores del orden episcopal: santificar, enseñar y gobernar. El párroco, como pastor propio de la comunidad, es el signo visible de Cristo Buen Pastor que conoce a sus ovejas, las busca en el extravío, cura sus heridas y las alimenta con la Palabra y la Eucaristía. Su presencia en la colonia Las Flores es un testimonio de que Dios provee guías espirituales para custodiar la fe y promover la caridad fraterna.

A su lado, el Padre Fernando Estrada Barrientos se incorpora como vicario cooperador, reflejando la comunión eclesial y la corresponsabilidad en el servicio. La teología católica enseña que el presbiterio diocesano es un único cuerpo sacerdotal que trabaja en armonía en torno a su Obispo; la mancuerna entre párroco y vicario manifiesta la riqueza de una Iglesia que camina junta. El vicario no solo comparte las cargas pastorales, sino que aporta la lozanía de un hombro dispuesto a sostener la administración de los sacramentos, especialmente el de la Reconciliación y la Unción de los Enfermos, devolviendo la esperanza y la gracia a los hogares celayenses.

Rendir homenaje a estos dos ministros del altar implica reconocer la entrega de sus vidas a un celibato que se vuelve fecundidad espiritual. Mientras el mundo contemporáneo suele medir el éxito en función del poder o los bienes materiales, el Padre Gabriel y el Padre Fernando recuerdan, a través de su entrega cotidiana en San José, que la verdadera grandeza radica en el servicio sacrificado. Cada absolución pronunciada, cada hostia consagrada y cada consejo en el confesionario son destellos de la eternidad que ellos descienden a la tierra con sus manos ungidas.

La Parroquia de San José, bajo el patrocinio del Custodio de la Sagrada Familia en esta sede diocesana, se convierte a partir de este momento en el taller espiritual donde estos dos sacerdotes gastarán su vida por las almas. Este homenaje es un compromiso de la comunidad para sostenerlos con la oración, sabiendo que el sacerdote, aunque portador de un poder divino, es también un hombre expuesto a las fatigas de la historia. Que el inicio de su gestión sea el preludio de un renacimiento espiritual en Las Flores, donde el párroco y su vicario, reflejen la mirada de la Iglesia de Celaya. #MetroNewsMx #GuanajuatoDesconocido

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