Eugenio Amézquita Velasco
-Celaya ha perdido 4,647 hectáreas de cultivo en 15 años; el avance del concreto sobre el surco amenaza la seguridad alimentaria.
-El 41 por ciento de la mejor tierra agrícola de riego desapareció bajo fraccionamientos, sepultando el futuro de la producción.
-La industria automotriz y urbana devoró el 61 por ciento de los campos fértiles, priorizando el motor sobre el sustento humano.
-Un tercio de las tierras de temporal están en total abandono; la migración y falta de apoyo están matando la vida en el campo.
-La ciencia lo confirma: el índice de verdor municipal cayó a niveles negativos, Celaya pierde su vida vegetal ante el gris.
-Se estima una pérdida de 8,000 toneladas de frijol; el costo de la modernidad industrial es un plato vacío para las familias.
-La expansión urbana sobre suelos de riego es un suicidio ambiental; se sacrifican las tierras más ricas por cemento y asfalto.
-Andrés Mandujano Bueno y el INIFAP alertan: el crecimiento desordenado está asfixiando la vocación agrícola de todo el Bajío.
-Sin un ordenamiento territorial estricto, Celaya perderá su capacidad de producir alimentos básicos antes de la próxima década.
-La investigación revela que el crecimiento industrial se logra a expensas de la soberanía alimentaria del pueblo celayense.
En un escenario global donde la seguridad alimentaria se ha vuelto una prioridad crítica, el crecimiento desmedido de las ciudades y la expansión industrial están devorando silenciosamente la tierra que nos da de comer. Una reciente investigación liderada por el M.C. Andrés Mandujano Bueno, especialista del Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (INIFAP) (https://cienciasagricolas.inifap.gob.mx/index.php/agricolas/article/view/3866/8113 ), arroja datos alarmantes sobre este fenómeno en el corazón del Bajío mexicano: Celaya, Guanajuato.
Bajo el título Pérdida de suelo agrícola del periodo 2009-2024 en Celaya, Guanajuato, este estudio no solo es un diagnóstico técnico, sino un llamado de atención urgente para las autoridades y la sociedad civil.
El corazón del problema: cemento sobre surcos
La investigación parte de una premisa inquietante: cada hectárea de tierra agrícola que se pavimenta o se abandona es una capacidad menos para alimentar a una población que no deja de crecer. En los últimos 15 años, el municipio de Celaya ha experimentado una transformación radical que pone en jaque su vocación histórica como productor de granos.
El estudio revela que, entre 2009 y 2024, Celaya perdió un total de 4,647 hectáreas de suelo agrícola. Para dimensionar esta cifra, hablamos de una superficie equivalente a miles de canchas de fútbol que antes producían maíz y frijol, y que hoy están ocupadas por casas, fábricas o, peor aún, se encuentran en total abandono.
¿A dónde se fue la tierra?
Andrés Mandujano Bueno y su equipo identificaron con precisión los destinos de estas tierras con datos duros basados en investigación.
El 41% del suelo perdido se convirtió en zonas urbanas (fraccionamientos y casas).
El 20% fue absorbido por el sector industrial, destacando la instalación de grandes plantas automotrices que, si bien traen empleo, demandan enormes extensiones de terreno y servicios.
El 7% se destinó a la construcción de vialidades y carreteras.
Un preocupante 32% se encuentra actualmente en desuso o abandono, derivado de la migración, la falta de rentabilidad del campo o la especulación inmobiliaria.
Metodología: tecnología satelital al servicio del campo
Para llegar a estas conclusiones, el equipo de investigación empleó herramientas de vanguardia en teledetección. Se utilizaron imágenes de alta resolución de Google Earth Pro y sistemas de información geográfica para comparar los mapas de uso de suelo del año 2009 con la realidad observada en 2024.
Además, se aplicó un indicador científico llamado Índice de Resistencia Atmosférica Visible (VARI). Este índice mide el verdor de la vegetación desde el espacio. Los resultados confirmaron un deterioro drástico: el verdor del municipio cayó de niveles positivos en 2009 a valores negativos en 2024, lo que demuestra científicamente que la mancha gris del concreto está ganando la batalla al verde de los cultivos.
¿Quiénes participaron en este trabajo de investigación?
Esta investigación es fruto de un esfuerzo interinstitucional de alto nivel. Junto a Andrés Mandujano Bueno, colaboraron destacados especialistas como Juan Francisco Buenrostro Rodríguez (del CIMMYT), Micaela de la O-Olán y Víctor Montero Tavera, estos últimos también del INIFAP. El trabajo se concentró en el Campo Experimental Bajío, un centro neurálgico para la ciencia agrícola en México.
Conclusiones y consecuencias: el costo de la modernidad
La conclusión más fuerte del estudio es que la pérdida de tierras no es pareja. La mayor parte del suelo que se transformó en industria o zonas urbanas era tierra de riego de alta calidad. Esto significa que estamos perdiendo nuestras mejores tierras, aquellas que cuentan con pozos y tecnología para producir alimentos de manera constante.
El impacto en la producción es directo: se estima una pérdida potencial de casi 8,000 toneladas de frijol. Aunque el maíz ha intentado compensar la situación incrementando su superficie a costa de otros cultivos, la presión sobre el suelo es insostenible a largo plazo.
Recomendaciones y soluciones: hacia un futuro sostenible
El trabajo del M.C. Mandujano Bueno no solo señala el error, sino que propone una ruta de acción. La investigación sugiere diversas soluciones. Entre estas se cuentan el Ordenamiento Territorial Estricto. Las autoridades municipales y estatales deben delimitar zonas de protección agrícola que sean intocables para la industria o la vivienda.
Así mismo, las Políticas de Mitigación y que es necesario incentivar que las tierras de temporal no caigan en el abandono, apoyando a los productores para evitar que la migración vacíe los campos.
Equilibrio Industrial-Agrícola, ya que si bien la industria es motor de desarrollo, su expansión debe planificarse en suelos de baja vocación agrícola para no sacrificar la soberanía alimentaria.
Finalmente, el Monitoreo Constante, es decir, utilizar de forma permanente las herramientas de censado remoto para detectar cambios de uso de suelo ilegales antes de que el daño sea irreversible.
En resumen, la investigación de Andrés Mandujano Bueno es un espejo que nos muestra una realidad incómoda: estamos cambiando nuestra capacidad de alimentarnos por un crecimiento urbano desordenado. Proteger el suelo agrícola de Celaya y del Bajío no es solo un tema de campesinos; es una cuestión de supervivencia para las ciudades del mañana. #MetroNewsMx
MC Andrés Mandujano Bueno: El maestro que revoluciona el campo desde el Bajío
El campo mexicano enfrenta hoy desafíos monumentales, como lo son los suelos agotados, costos de producción por las nubes y una crisis climática que no da tregua. Ante este panorama, la figura del Maestro en Ciencias Andrés Mandujano Bueno emerge como un pilar fundamental para la agricultura nacional, transformando la teoría científica en soluciones reales para los pequeños y medianos productores desde su trinchera en el Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias -INIFAP-.
Como Investigador Titular del Programa de Fertilidad de Suelos y Nutrición Vegetal en el Campo Experimental Bajío, Mandujano Bueno ha dedicado más de una década a una misión crítica: devolverle la vida a la tierra. Su enfoque no es solo académico; se trata de una gestión integrada que busca que la agricultura sea un negocio rentable y, sobre todo, sustentable.
Ciencia aplicada para el bolsillo del productor
La labor de Mandujano se distingue por el impulso de prácticas de bajo costo que generan un alto impacto. Entre sus aportaciones más relevantes destacan la implementación de la rotura vertical y el establecimiento de curvas de nivel, técnicas diseñadas para mejorar la estructura del suelo y la retención de agua.
Además, ha sido un promotor incansable de la labranza de conservación y el uso de abonos órgano-minerales. Estos últimos, aplicados tanto en forma sólida como líquida, no solo nutren a la planta, sino que funcionan como un escudo natural para el control de plagas y enfermedades, reduciendo la dependencia de agroquímicos costosos y dañinos. Su trabajo con biofertilizantes ha demostrado que es posible producir más con menos, siempre respetando el equilibrio del ecosistema.
Un legado de conocimiento
Más allá del campo, el investigador ha plasmado su experiencia en una vasta obra que incluye libros, folletos técnicos y artículos científicos. Estos documentos se han convertido en manuales de consulta obligada para entender los sistemas productivos tanto del Bajío como de otras regiones de México, siempre con un enfoque práctico y digerible para quienes trabajan la tierra día con día.
Ganador del Premio Cargill-CIMMYT a la Seguridad Alimentaria y Sustentabilidad
En 2023, la trayectoria de Andrés Mandujano fue coronada con el Premio Cargill-CIMMYT (Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo), uno de los reconocimientos más prestigiosos en el sector agroalimentario de América Latina.
Este premio es una alianza estratégica entre Cargill, una de las empresas de alimentos más grandes del mundo, y el Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo (CIMMYT). Su objetivo es identificar y recompensar proyectos innovadores que busquen resolver el hambre en México y promuevan prácticas agrícolas responsables.
El premio se divide generalmente en cuatro categorías:
-Productores.
-Investigadores -donde destacó el M.C. Mandujano-.
-Estudiantes.
-Opinión pública o líderes de pensamiento.
Los evaluadores buscan proyectos que demuestren resultados medibles en la protección del medio ambiente, la viabilidad económica de los agricultores y el aumento en la producción de alimentos básicos. Ganar este premio significa que el trabajo de Mandujano es considerado "punta de lanza" para garantizar que las próximas generaciones de mexicanos tengan comida en la mesa sin agotar los recursos naturales. #MetroNewsmx


