Eugenio Amézquita Velasco
-La procesión del silencio en Celaya nació como expresión devocional inspirada en Sevilla, España, y no como desfile cultural. Su esencia es profundamente religiosa y comunitaria.
-Históricamente, la procesión representa el acompañamiento fúnebre de la Virgen María al sepulcro de su hijo. Es un acto de recogimiento, no de protagonismo ni de reinterpretación.
-Las cofradías celayenses han sido pilares de esta tradición, con registros históricos que evidencian su continuidad generacional y su compromiso con el respeto litúrgico.
-El silencio no es ausencia, sino presencia reverente. Participantes y espectadores están llamados a guardar respeto, como parte integral del rito y su significado.
-Desde albañiles hasta figuras públicas, la procesión ha reunido a personas de todos los sectores, demostrando que la fe no distingue jerarquías sociales.
-El folleto conmemorativo del 50 aniversario, aunque perfectible, se basó en entrevistas a cofrades y fuentes eclesiásticas, reafirmando el carácter religioso del evento.
-Así como el “carrito de la posada” tiene raíces religiosas de casi 200 años, la procesión del silencio comparte ese origen espiritual, no folclórico.
-La procesión ocurre en un momento extraordinario del calendario cristiano: el Viernes Santo. Su ubicación temporal refuerza su sentido de duelo y esperanza.
-Incluso personajes históricos como Francisco Eduardo Tresguerras estuvieron ligados a cofradías, mostrando que esta práctica tiene hondas raíces en la identidad celayense.
-Rafael Soldara observa la Procesión del Silencio con rigor histórico y sin faltar a la memoria colectiva, iluminando un hecho devocional de casi tres cuartos de siglo de existencia
A 62 años de su instauración, la Procesión del Silencio reafirma su carácter profundamente religioso y comunitario, según revela el historiador Rafael Soldara Luna, director del Museo de Celaya Historia Regional. En entrevista con Metro News-Guanajuato Desconocido, Soldara Luna, quien es distinguido investigador e historiador, autor de diversos libros que son punto de referencia para investigadores y director del Museo de Celaya, precisó que esta tradición no nació como desfile ni manifestación cultural, sino como lo que hasta la fecha es: un cortejo fúnebre que acompaña simbólicamente a la Virgen María en el sepulcro de su hijo. Inspirada en las cofradías sevillanas, la procesión celayense exige recogimiento, respeto y silencio absoluto.
El historiador destacó que su origen está documentado y que su sentido devocional no puede ser tergiversado. La participación de figuras públicas y familias enteras confirma su arraigo social. No se puede reinterpretar esta expresión sin rigor histórico porque se atenta contra la memoria colectiva de Celaya. La entrevista cuenta con varios antecedentes documentales y periodísticos realizados por Metro News-Guanajuato Desconocido plasmados en los siguiente artículos:
La Procesión del Silencio de Celaya, no es un desfile, sino un acto luctuoso
La entrevista a Rafael Soldara Luna
Eugenio Amézquita Velasco: Bueno, pues estoy nada más y nada menos con el licenciado Rafael Soldara Luna, historiador, director del museo de arte, del museo de aquí de Celaya, el Museo Regional de Historia Regional, y Rafa, pues mira, el motivo de la entrevista es este: yo recuerdo que cuando la procesión del silencio cumplió 50 años, fuiste participante central en un cuadernillo, vamos a llamarlo así, donde está toda una reseña histórica desde la primera procesión del silencio, que tenía un nombre y después ya tomó el nombre actual, procesión del silencio.
Desde tu investigación, desde el análisis de 50 años de procesión del silencio, ¿Cuáles son realmente los orígenes? ¿Era un desfile, era una marcha, una especie de manifestación cultural? ¿Cuál fue el real origen de la procesión del silencio en Celaya? Gracias, Rafa.
Rafael Soldara Luna: Muchas gracias, Eugenio, al contrario, bienvenido al Museo de Celaya Historia Regional y también a todo el auditorio y tus seguidores de Metro News y de Guanajuato Desconocido.
Bueno, pues sí, efectivamente tuvimos la fortuna de participar en el 50 aniversario de la procesión del silencio y en ese momento se quería hacer un pequeño tríptico o políptico, una hojita de información, y quisimos más bien entrevistar a varios integrantes de las cofradías, sobre todo a sus representantes, y eso permitió hacer un folleto. El folleto, por supuesto, es siempre mejorable; siempre hay datos que debemos incluir, contemplar. Hay algunos cambios en algunos elementos decorativos que podemos precisar o ampliar. No es un documento definitivo, pero lo que sí es interesante es resaltar que es una expresión comunitaria pero completamente religiosa.
Surge como una propuesta que un grupo de personas que simpatizaba con la fiesta brava visitó esta tradición en Sevilla, en España, y vieron cómo la comunidad se vuelca completamente hacia esta expresión religiosa, cómo había una preparación para poder participar a través de cofradías en donde se desarrollaba esta procesión de acompañamiento a la Virgen María, haciendo este ejercicio de ilustrar todos estos dolores o el trayecto del calvario de Jesucristo a través de imágenes religiosas particularmente muy antiguas. Y bueno, pues de ahí surge particularmente la iniciativa de proponer una procesión en Celaya.
Eugenio Amézquita Velasco: Rafa, digo, no lo digo con afán de presunción sino simplemente por la experiencia de 45 años en los medios de comunicación. Allá por los años 80, en lo personal me tocó cubrir la fuente eclesiástica aquí en Celaya. A la fecha seguimos atendiendo esa fuente, pero yo recuerdo que en las entrevistas que hice a los diferentes frailes y sobre todo también a los Caballeros de Colón, que en su momento estaban llevando las riendas de este acto devocional, ellos me decían que de hecho la procesión del silencio es una especie de procesión fúnebre que va acompañando en la ida y en el regreso a la Virgen María para depositar el cuerpo de su hijo en el sepulcro. Obviamente ahí está la connotación. ¿Tú también encontraste esto que estoy mencionando?
Rafael Soldara Luna: Sí, completamente, porque fíjate que no solamente hablamos de la importancia de una preparación de los cofrades, de los participantes, sino también del resto de la comunidad. Precisamente por ello se denomina procesión del silencio, porque van literalmente en silencio, pero todos los espectadores, que también pueden ser de la misma feligresía o turistas o invitados que están participando del acto, deben observar una actitud de respeto, de recogimiento, de no realizar otras actividades que irrumpan con la dinámica o el espíritu de esta procesión.
Entonces, a mí me parece que es algo que debemos retomar, que debemos reconocer como parte de este ejercicio. Regresar a los orígenes. El reconocimiento de los orígenes que dieron sustento o que justificaron la necesidad o la creación y las características de esta expresión tan importante, repito, religiosa, y que tiene otro tipo de impactos, pero fundamentalmente es religiosa.
Eugenio Amézquita Velasco: Yo recuerdo también otro momento en que te hicimos una entrevista en tu calidad de historiador. Estábamos analizando otra devoción que existe en la ciudad, que se presenta en Navidad y que es el carrito de la posada. Investigando encontramos que tiene casi 200 años esta tradición y que fue iniciada por un guardián del templo de San Francisco. Tú te recordarás esto: en paz descanse el padre Mariano Sánchez.
Así es, tú recordarás en paz descanse al padre Rogelio Segundo, al padre Arturo Ríos, y tu servidor y tú, obviamente como parte, que se hizo una entrevista y además está en la historia de Celaya, está documentado por Luis Mendoza y Velasco. Está señalado esto y creo que hay una analogía en cuanto a que los orígenes de la procesión del silencio, como lo de la posada, son orígenes totalmente religiosos.
¿Estás de acuerdo conmigo también? Bueno, no sé. Yo hablaba de que es una procesión fúnebre, un cortejo fúnebre que va acompañando a la Virgen. Para hacer una similitud y que nos quede bien claro, yo creo que cuando aquí en México alguien termina la misa, sacan el cuerpo presente, las misas de cuerpo, lo suben a la carroza fúnebre y va una columna. Esa persona está a pie, o sea, personas en vehículo, pero que al paso de esa carroza hay personas que se detienen, se persignan, no sé si hagan una oración, pero manifiestan respeto tanto para el cuerpo que va ahí como para los familiares. Y a veces se hace un silencio. Creo que hay una similitud con esto.
Rafael Soldara Luna: Con la procesión del silencio, pues sí, Eugenio, y sobre todo destacando que la procesión del silencio es una expresión, es un componente dentro de un periodo muy particular que es la Semana Santa, el Viernes Santo. No es todos los días, es algo completamente extraordinario en el calendario litúrgico, y es parte de esos preparativos para el Domingo de Resurrección.
Entonces sí es importante entender todo este episodio de la historia de la Iglesia para comprender cuál es la dimensión, la importancia y la trascendencia que esto puede tener en la expresión religiosa.
Eugenio Amézquita Velasco: Sin decir nombres, Rafa, pero yo recuerdo que alguno de mis jefes en el Sol del Bajío —aquí le mando un saludo, mi casa, donde les digo que está mi "ombligo" periodístico, ahí nací— me decía que había muchas personas de las que participaron en la procesión. Había hasta políticos, gente de cierto nivel, gente que venía hasta de fuera a participar. Obviamente guardaban el anonimato, pero de alguna forma venían a expiar posiblemente sus pecados o a manifestarle su amor y su devoción a la Virgen María en ese momento de dolor. ¿Tú tienes noticias de esto, de que algún personaje, sin decir nombres, haya participado?
Rafael Soldara Luna: Sí, cómo no, y no solamente de manera aislada sino con sus hijos, con su familia, con los papás. Es una tradición familiar que se ha ido incluso heredando. Ya cuando los abuelos no pueden, continúan los hijos o los nietos. Y bueno, pues es algo muy interesante. Tenemos muchos ejemplos en nuestra historia. Por ejemplo, el mismo arquitecto Francisco Eduardo Tresguerras también formó parte de una cofradía. No precisamente participó en una procesión así, porque esto estamos hablando que tiene 62 años más o menos, pero es muy interesante porque había una serie de normas, de reglas, y precisamente era una característica muy particular que tenían que respetar.
Creo que hasta la fecha se tiene, por parte de las cofradías, un registro pormenorizado de todas las personas que las integran. Y ahí podemos conocer cómo había primos, tíos, conocidos contemporáneos de él, incluso albañiles o personas que se dedicaban a la construcción como arquitectos o como agrimensores, que es el sinónimo de los actuales ingenieros.
En la procesión del silencio, hasta la fecha hay mucha participación de personas muy conocidas en el ámbito público, social, político, económico, industrial, comerciantes, de todo. Es una pequeña muestra de la complejidad de nuestra sociedad.
Eugenio Amézquita Velasco: Soy Eugenio Amézquita, estoy con el licenciado Rafael Soldara Luna, historiador y director del Museo de Celaya Historia Regional. Regresamos, no se vayan.
Eugenio Amézquita Velasco: De regreso en esta cápsula con el licenciado Rafael Soldara Luna, buen amigo, colaborador, historiador y director del Museo de Celaya Historia Regional.
Rafael, siguiendo con este tema de las cofradías, tú has tenido oportunidades de tener a la mano archivos históricos en las parroquias donde se fundaron diferentes tipos de cofradías, diferentes agrupaciones. ¿Cuáles eran y cuáles son las características de estas cofradías en la historia de la Iglesia aquí en Celaya? Gracias, Rafael.
Rafael Soldara Luna: Sí, Eugenio, bueno, pues de antemano era muy común durante toda la época novohispana, por ejemplo, la integración de cofradías porque eran agrupaciones derivadas o que surgían de la comunidad, de la feligresía, y generalmente estaban integradas, como mencionábamos, por familias, por vecinos, por personas que tenían algún tipo de afinidad porque trabajaban en un mismo tipo de actividad: de la construcción, del calzado, o eran comerciantes.
Algo muy interesante es que había un control, un registro pormenorizado de quienes integraban estas cofradías. Tenían una dirección espiritual, es decir, eran grupos que sí eran supervisados, que tenían una serie de actividades bajo la guía de un religioso. Tenían un templo como sede, por decirlo de alguna manera, y una imagen religiosa. Se reunían periódicamente y algo que es muy importante: tenían también esta actividad social de buscar algún tipo de beneficencia.
No solamente se reunían para orar, convivir o hacer comunidad, sino que realmente buscaban que estas agrupaciones tuvieran un impacto social. ¿En qué momento terminaban estas cofradías? Pues cuando pasaba el tiempo y los cofrades prácticamente morían, cuando ya no había posibilidades, cuando las circunstancias —por ejemplo, de guerra o económicas— no lo permitían, entonces entraban en una especie de suspensión.
Platicábamos que el arquitecto Tresguerras propuso la creación de una cofradía con los religiosos franciscanos. Su templo sede fue el Templo de la Tercera Orden. El libro de registro lo llevaba él, y prácticamente después de que fallece se trunca el registro de esta cofradía. Estaba sobre todo dedicada, si no mal recuerdo, a la devoción de la Eucaristía.
Algo muy interesante es que la cofradía estaba integrada por personas muy allegadas a la construcción. Era el arquitecto. Entonces, seguramente él vio esta necesidad porque había una tarea también muy importante de evangelización, de adoctrinamiento, de formación espiritual con la comunidad. Era un componente muy importante. Estamos hablando de principios del siglo XIX, y lo que mencionaba es que una vez que muere ya no hay seguimiento. Tal parece como si la cofradía nació con él y murió con él.
Nació y murió efectivamente con él, y existe el acervo documental en el Templo de la Tercera Orden.
Eugenio Amézquita Velasco: Yo recuerdo un poco, aunque no se trata de una cofradía sino de una orden, la Venerable Orden Tercera de San Francisco de Asís, que es el nombre histórico que durante casi 500 o 600 años tuvo la orden. Ahora se llama Orden Franciscana Seglar.
Te escuchaba y me estabas trayendo a la memoria a Emeteria Valencia.
Rafael Soldara Luna: Sí, cómo no, también.
Eugenio Amézquita Velasco: Porque Emeteria Valencia, aunque no es una cofradía sino una orden totalmente constituida por la Iglesia, no en un templo sino por la Iglesia Católica, estas eran las acciones que ella hacía: mucha caridad, creo que le dio mucho trabajo a mucha gente, hacía obras de caridad con la gente que no tenía muchas posibilidades, hizo casas, rescató templos aquí en Celaya.
Entonces creo que ella, de alguna forma, nos está dando una idea de cómo debe ser el comportamiento en una cofradía. No solamente algo meramente devoto, sino que hacía vida su fe, lo llevaba a la práctica, vivía la caridad. Creo que eso es parte también.
Por eso quiero pensar, con lo que tú me estás diciendo de Tresguerras, que él hizo la cofradía para que en un momento dado personas que no quisieran pertenecer a la Orden Tercera lo hicieran de otra manera.
Rafael Soldara Luna: Así es.
Eugenio Amézquita Velasco: Rafa, pues te agradezco esta siempre excelente entrevista. Venir con este señor no es pérdida de tiempo, es conocer más de Celaya. Y bueno, ¿qué puedo decir? Todo un experto en la historia de esta ciudad a la que él pertenece.
Rafael Soldara Luna: Muchas gracias, Eugenio, por los comentarios tan inmerecidos.
Eugenio Amézquita Velasco: Son merecidos.
Rafael Soldara Luna: Les envío muchos saludos y bueno, pues estamos para servirles.
Eugenio Amézquita Velasco: Gracias, Rafa. Soy Eugenio Amézquita con mi buen amigo, historiador y director del Museo de Celaya Historia Regional, Rafael Soldara Luna.
Gracias, Rafita. Gracias. #MetroNewsMx #GuanajuatoDesconocido