Eugenio Amézquita Velasco
-Santa Margarita enfrentó al "alma hecha fuego" de un confesor presente en el Purgatorio por egoísmo y vanidad
-El Sagrado Corazón revela que incluso faltas "pequeñas" como el orgullo retrasan la gloria eterna tras la muerte.
-La Santa sufrió dolores físicos y espirituales continuos durante meses para liberar a una sola alma necesitada.
-Las almas no solo sufren fuego; padecen una tortuosa "pena de deseo" e insaciable sed de unirse a Jesús.
Al revisar los escritos autobiográficos de Santa Margarita María Alacoque, aparecen escenas que en su momento le fueron sobrecogedoras y permitidas por el Sagrado Corazón de jesús: Sus encuentro con las Ánimas del Purgatorio. Los escritos de esta santa -que incluyen su autobiografía y sus cartas, narran estos encuentros no como un cronista, sino como una protagonista que sufre y reza por estas almas bajo la guía de su "Divino Maestro".
La aparición del religioso benedictino (El alma "hecha toda fuego")
Este es quizás el encuentro más célebre relatado por la Santa. Mientras estaba en el coro, se le presentó un alma que le causó un terror absoluto al principio.
Describe que el alma estaba rodeada de llamas tan intensas que, al verla, parecía que el suelo del monasterio se consumía. El alma le reveló que era un religioso que la había confesado anteriormente. El alma le confesó que su purgatorio era tan riguroso porque, durante su vida religiosa, había antepuesto su interés propio, su comodidad y su reputación a la gloria de Dios. Había usado su talento para ser estimado por los hombres en lugar de buscar la pureza de intención.
Le pidió a Margarita que ofreciera sus sufrimientos, oraciones y mortificaciones durante tres meses para lograr su liberación. Margarita aceptó, y relata que sintió durante ese tiempo que cada momento de su vida (desde el comer hasta el dormir) estaba cargado de un dolor físico y espiritual "ofrecido" por esa alma.
La superiora fallecida
En otra ocasión, se le apareció una antigua superiora de la Visitación por la cual ella sentía gran respeto. El alma se presentó ante ella para pedirle que solicitara a las hermanas de la comunidad que hicieran oraciones y misas por ella.
A pesar de haber sido una religiosa de vida recta, el alma le reveló que debía purificarse de "ciertas complacencias propias" y de "apegos a los honores del cargo" que tuvo mientras gobernaba la comunidad. Margarita narra esto con sencillez, como una lección sobre lo difícil que es gobernar sin que el corazón se pegue a la estima de las subordinadas.
Las apariciones durante la Santa Misa
Margarita menciona que, con mucha frecuencia, durante el Santo Sacrificio de la Misa, las almas se hacían presentes ante ella para "pedir que las uniera al Sagrado Corazón". Ella percibía su estado no solo como una pena de fuego, sino como una "pena de deseo", una sed insaciable de estar junto a Jesús, que era lo que más las torturaba.
¿Qué le dijo el Sagrado Corazón sobre esto?
Aquí reside el núcleo del tema. Jesús no solo permitía estos encuentros; los utilizaba como una herramienta pedagógica para la formación de Margarita. Según los escritos de la Santa, el Sagrado Corazón le enseñó "Hazte su refugio". Jesús le dio a entender que la devoción a su Corazón es la vía más rápida para sacar a las almas del Purgatorio. Le decía que las almas que han amado su Corazón en vida tienen una "marca" que las hace más cercanas a Él, pero que si esa marca no era total, debían ser purificadas.
El Sagrado Corazón le explicó que las almas sufren allí porque "no supieron amar con la intensidad que Él exigía". Jesús le decía: "A muchos los amo tanto que no puedo permitir que entren en mi gloria sin estar perfectamente limpios, porque mi Corazón no puede soportar la más mínima mancha de egoísmo".
Jesús le encargó que su vida fuera una "ofrenda continua". Él le dijo: "Hija mía, tú tienes el poder de aliviar sus penas porque tú tienes mi Corazón. Lo que tú me pidas a través de mis heridas, te lo concederé para ellas".
Margarita María, en su Autobiografía, concluye que estas visitas le causaban un miedo inicial natural, pero que luego se transformaban en un "ardiente deseo de padecer". Ella entendió que, si las almas del purgatorio sufrían tanto por faltas "pequeñas" -como el apego a la estima o la falta de caridad-, ella, que tenía la gracia de las revelaciones, debía vivir en una "perpetua penitencia" para evitar ese fuego.
Para ella, el Purgatorio no era un lugar lejano, sino la prueba constante de que el Sagrado Corazón es "un fuego consumidor" que no deja nada sucio entrar en su presencia. Esta conciencia la llevó a ser más estricta consigo misma, no por miedo al castigo, sino por puro deseo de no ofender nunca a Aquel que tanto la amaba.
Santa Margarita María de Alacoque veía el Purgatorio como una extensión de la justicia del Amor Divino. Se evita la interpretación de que estas visiones fueran simplemente "espectros"; para ella, eran "almas necesitadas de amor". Con ello, se respeta la teología católica de la época y el carácter humilde de Margarita, quien siempre se presentó como un instrumento indigno de un Corazón infinito. #MetroNewsmx #GuanajuatoDesconocido


