La fe nos permite caminar sobre las tempestades: Obispo de Celaya

Guanajuato Desconocido
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Eugenio Amézquita Velasco

-La fe es reconocer la presencia del Señor en nuestra vida, aceptar esa presencia y vivir en ella, incluso en medio de las adversidades.
-El ser humano suele encerrarse en su propia "cueva" mental o espiritual, impidiéndose ver la luz y la realidad tal como son, ocultando la presencia de Dios.
-El verdadero encuentro con lo divino requiere abandonar los intentos de moldear a Dios a nuestra medida y, en su lugar, conocerlo a través de la revelación en las Sagradas Escrituras y la oración interior.

En el marco de la misa dominical celebrada este 9 de agosto de 2026 en la Catedral de Celaya, Mons. Víctor Alejandro Aguilar Ledesma, Obispo de la diócesis, ofreció una homilía centrada en la necesidad de descubrir la presencia de Dios ante las tempestades de la vida. El prelado enfatizó que, frecuentemente, las personas viven en una "oscuridad" autoimpuesta, comparándola con una cueva de la cual el Señor nos invita a salir para permitir que Él pase por nuestra existencia.



Durante su mensaje, el Obispo subrayó un error fundamental en la condición humana: el intento de concebir a Dios conforme a nuestras propias conveniencias. "La realidad nos antecede", señaló, insistiendo en que el Creador debe ser comprendido como Él es, y no como nos gustaría que fuera. Asimismo, advirtió sobre la dificultad de interiorizar en un mundo marcado por el ruido, el aturdimiento y las distracciones virtuales, que nos desconectan de la experiencia real de la fe.

Al reflexionar sobre el pasaje evangélico donde Jesús camina sobre las aguas y los discípulos, presas del miedo, lo confunden con un fantasma, Mons. Aguilar Ledesma destacó que el pánico nos coloca en un "modo avión" espiritual que nos impide ver la divinidad. "Si el Señor está con nosotros, nada podrá contra nosotros: ni el aire, ni el viento, ni las tempestades", afirmó, recordando que la seguridad no proviene de la ausencia de problemas, sino de la fortaleza otorgada por la confianza plena en Cristo.

El Obispo de Celaya vinculó la falta de resultados en nuestras peticiones a una carencia de "fe de la calidad de lo que se pide". Explicó que el camino de la fe exige atrevimiento y una coherencia entre lo que se solicita y la disposición para vivirlo. En este sentido, exhortó a los fieles a mantener su confianza puesta en el Señor, lo cual no eliminará los desafíos de la vida, pero sí evitará que estos nos espanten o nos hundan.
Finalmente, el Obispo dedicó un espacio para agradecer la labor del padre Rafael, quien tras cuatro años de servicio en la Catedral, emprenderá una nueva misión pastoral. El prelado destacó la importancia de permitir que los sacerdotes vivan experiencias en distintas comunidades para enriquecer su ministerio y formación, un gesto que fue correspondido por la comunidad con un caluroso aplauso de despedida.

La transcripción de la Homilía del Sr. Obispo Mons. Víctor Alejandro Aguilar Ledesma

Mons. Víctor Alejandro Aguilar Ledesma:
Estimados hermanos, hoy en este domingo la palabra de Dios nos invita a saber descubrir la presencia de Dios en nuestra vida, a saber reconocer esa presencia, saberla confiar por la fe y vivir en ella. La primera lectura nos dice cómo el profeta, encerrado en una cueva, escucha al Señor decirle: "Sal de la cueva y asómate, porque el Señor va a pasar".

Existe una experiencia humana en la que, cuando uno vive sin Dios, sin su presencia, es como residir en una cueva oscura donde todo, a tientas, se puede medio conocer; es difícil, cuando uno vive en la oscuridad sin luz, apreciar el color de las cosas, porque si no hay luz, no hay color. Mucha gente se mete en cuevas: en su propia cueva mental, en su propia cueva espiritual, y a veces el Señor te dice: "Sal de tu cueva, porque voy a pasar por tu vida".

Ahora bien, el descubrir al Señor no es como uno quiere que sea, porque a veces uno pretende que Dios sea como uno lo concibe, como uno lo piensa, y ese es uno de los grandes errores humanos. Las cosas no dependen de nosotros, nosotros no les damos existencia; la realidad nos antecede. Yo no voy a inventar un árbol; Dios es como Él es, y hay que conocerlo como tal, no como a mí me gustaría que fuera, ni intentar hacer un Dios a mi medida. Muchos de los antepasados deificaron los elementos naturales —el aire, el agua, los relámpagos, el sol—, pensando que ese era el Dios; pero esas son criaturas, obras de Dios que hablan del Creador y, a través de su belleza, poder y fuerza, nos acercan a Él, mas no son Dios.

Después, el profeta experimentó la brisa suave, aquella que indica al hombre que descubre a Dios en la tranquilidad, en la paz de su conciencia y de su interior. La oración y la reflexión nos llevan a conocer al Dios bíblico, el que se revela en Jesucristo y en la Sagrada Escritura; ese es al Dios que debemos conocer, quien se manifiesta de una manera sencilla y tranquila. Sin embargo, en un mundo hoy ruidoso, lleno de tantas cosas y ajetreo, ¿a qué horas podemos descubrir la presencia de Dios en nosotros? Con tanto ruido, difícilmente tenemos tiempo de entrar en nosotros mismos, en nuestra conciencia. Si en este momento, aunque estén aquí callados, no se han podido concentrar, es porque su mente ya fue a su casa, ya regresó, ya anduvo en mil partes; como decía Santa Teresa, traemos la "loca de la casa", que es la imaginación.

Qué difícil es hoy para el hombre interiorizar. Como decía San Agustín: "Tarde te conocí, belleza tan antigua y tan nueva; yo buscándote fuera y tú dentro de mí". El Señor ahí nos habla, en esa brisa suave de la conciencia, del silencio y de la oración; pero hay que darnos esos tiempos en este mundo aturdido, donde la gente anda desconectada de la realidad, conectada con otras realidades virtuales. Dios es tan real que, a veces, hacemos que no exista porque no lo hemos experimentado.

San Pablo tenía tantas ganas de que sus paisanos conocieran a Dios que decía: "Yo quisiera verme hasta privado del conocimiento que tengo de Jesús con tal de que tú tuvieras esta experiencia". Pero uno no puede hacer la experiencia por otra persona; podemos invitar, persuadir, exhortar, pero tú tienes que hacerla. Sal de tu cueva, conoce al Señor, experimenta su amor y su presencia en tu vida a través de la fe.

Una de las cosas que nos impiden conocer a nuestro Señor Jesucristo son las turbulencias del tiempo, las tempestades de la vida que golpean nuestra existencia, como les pasó a los discípulos en el lago después de la multiplicación de los panes. Jesús bien sabía lo que iba a hacer; pobres apóstoles, iban de coscorrón en coscorrón, sin acabar de entender quién era Él. Hoy les aparece en el lago y otra vez se espantan, no saben qué hacer, están llenos de miedo. Eran pescadores, conocían el mar, no era la primera vez que les pasaba algo así; pero cuando uno se pone en "modo avión" por el miedo, no ve nada y hasta confunde a Dios, pensando que es un fantasma.

El problema es que no hemos entendido que la presencia del Señor nos da seguridad. ¿Quién me hará temblar? El Señor es mi fortaleza, pero eso necesitas vivirlo así. Cuando los vientos son contrarios a la barca y difícil avanzar, todos nos llenamos de miedos; por eso el Señor está con nosotros, para ayudarnos a enfrentarlos, a superarlos y avanzar. Si Él está con nosotros, nada podrá contra nosotros: ni el aire, ni el viento, ni las tempestades. Todo lo podemos en Aquel que nos conforta, siempre y cuando tengamos fe.

Cuando Jesús les dice: "Tranquilícense, no teman, soy yo", y Pedro, con esa humanidad tan característica, dice: "Señor, si eres tú, manda que vaya hacia ti". Y el Señor le dice: "Ven". Si ya aprendiste que yo soy el Señor, que calmo las tempestades, que multiplico los panes, que camino sobre el agua, entonces camina. Pedro da los primeros pasitos, pero al ver las olas, al volver a mirar su fragilidad, comienza a hundirse y grita: "¡Sálvame, Señor!". Qué terquedad la del ser humano, que nos cuesta tanto vivir desde la fe, que preferimos vivir llenos de miedos y de zozobras. El Señor le dice: "Pedro, ¿por qué dudaste?".

Yo me pregunto: a veces no tenemos la fe suficiente para lo que pedimos. Pedro quería caminar sobre el agua, algo que rompe las leyes físicas; los milagros son precisamente eso, hechos que no puedes explicar científicamente. El problema es que, a veces, no tienes la fe para lo que pides. Hoy, la fe es reconocer la presencia del Señor en nuestra vida, aceptar esa presencia, vivir y caminar en ella; entonces, ni el agua ni el viento nos hundirán. No quiere decir que no habrá tempestades —sí las habrá—, pero ya no nos espantarán porque nuestra fe está puesta en el Señor.

Pidámosle al Señor que esta palabra nos ayude a descubrir su presencia que pasa por nuestra vida, a saberlo recibir en nuestro corazón y en nuestra conciencia, para caminar en el mundo, en medio de las adversidades, con la paz que nos da la fe. Que el Señor les bendiga en este domingo. 

También damos gracias a Dios por estos cuatro años que ha estado aquí el padre Rafael ayudándonos en la catedral; ha llegado el momento de que vaya a otra parroquia para tener otra experiencia, para que siga formándose y enriqueciendo con sus talentos a otras comunidades. Hay que dejar que los sacerdotes tengan experiencias, que suban a la barca y enfrenten vientos contrarios, porque en todas partes la gente es similar y los retos, aunque diferentes, exigen la misma entrega. Agradecemos al padre Rafael, le deseamos mucho bien en su nueva parroquia y le brindamos un aplauso. #MetroNewsMx #GuanajuatoDesconocido

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