/FOTOS: Jasiel Suárez García, de Molcajetazo Deportivo
-En Victoria, la devoción se cincela en piedra y se teje en seda, reviviendo el misterio de Cristo con alma pura.
-Niños con lanzas de madera y cascos de papel custodian la tradición, sembrando esperanza en el surco de la fe.
-El Sr. Cura J. Andrés camina entre su gente, bendiciendo el polvo y el esfuerzo de una Iglesia viva que no olvida el sacrificio de Cristo.
-Las Marías de Victoria, con mantos de sobria dignidad, reflejan la fuerza y el rezo callado de la mujer mexicana.
-Entre máscaras y túnicas brillantes, el noreste de Guanajuato abraza su historia bajo el sol del calvario fiel.
-Sin lujos pero con el corazón, cada uniforme y marcha es un regalo de amor para el Nazareno que camina el pueblo.
El corazón de un pueblo en marcha
Observar estas escenas es entrar en un santuario de fe comunitaria. En Victoria, la Semana Santa no es una representación teatral externa; es una vivencia que se lleva en la sangre. La presencia del Sr. Cura J. Andrés Hurtado Reyna, párroco de esta porción de la Diócesis de Querétaro, es el hilo conductor que bendice y guía este esfuerzo. Su figura entre la gente representa la Iglesia que camina con su pueblo, la que no se queda sólo en el altar y en el interior del templo, sino que sale al encuentro de la historia, compartiendo el polvo del camino y el calor del mediodía.
Lo que más conmueve el corazón es la participación de la niñez. Se observan a pequeños "soldados" o "romanos" con sus lanzas de madera y sus cascos de papel aluminio adornados con plumas fucsias. En sus rostros no hay juego, hay una seriedad sagrada. Es la inocencia puesta al servicio de la tradición de la Iglesia. Esos niños, con sus túnicas brillantes y sus sandalias sencillas, están aprendiendo que la fe es algo que se camina, que se hereda y que se defiende con alegría. Cada paso que dan es una semilla plantada en el surco de la identidad cristiana del guanajuatense.
El contraste de colores en las imágenes es un grito de vida. El amarillo, el violeta, el azul eléctrico y el rojo púrpura no son solo estética; son el lenguaje de un pueblo que celebra su fe con toda la paleta de colores de la creación.
La imagen del "Dimas" o "Gestas" cargando el madero con el letrero de "INRI" colgado al cuello, refleja esa identificación del pueblo mexicano con el sufrimiento: el Cristo que sufre es el hermano que padece, y cargarlo es un acto de amor supremo.
Un mensaje de esperanza desde el noreste
Estas escenas son un testimonio de resistencia cultural y espiritual. En un mundo que se vuelve cada vez más frío y digital, Victoria, Guanajuato, nos regala una lluvia de realidad trascendente. El Sr. Cura J. Andrés Hurtado Reyna, al encabezar esta comunidad, no solo preserva una tradición de Semana Santa y espera en la Pascua, sino que mantiene viva la llama de una fe que da sentido al trabajo, al dolor y a la alegría del pueblo.
Cada niño que hoy porta una lanza de madera, cada joven que se viste de romano para escoltar al Nazareno, y cada mujer que reza en silencio al paso de la procesión, está diciendo que Dios vive en los detalles sencillos, en la fe de los humildes y en la belleza de lo auténtico.













