Eugenio Amézquita Velasco
-El profesor Ildefonso Solorio, orgulloso egresado de la Normal de Roque, relata sus vivencias a 100 años de la fundación escolar.
-La mística del maestro rural se forjó entre actividades agropecuarias, talleres de oficio y una disciplina férrea en el internado.
-Con solo 18 años, Solorio inició su labor docente enfrentando el reto de escuelas unitarias con casi 70 alumnos de todas las edades.
-"Los pebecos", como se apodaba a los estudiantes de Roque, guardan recuerdos entrañables de hermandad y carencias compartidas con honor.
-El maestro recuerda con precisión a sus directores y mentores, figuras clave en su formación técnica, pedagógica y sobre todo humana.
-La vocación de servicio llevó a este docente a escalar peldaños desde las aulas rurales hasta la supervisión de escuelas secundarias.
-Para Solorio, ser maestro rural implica ser un actor de cambio que impulsa servicios básicos como agua y luz en las comunidades.
-La entrevista destaca la nostalgia por una época donde el respeto al maestro era el pilar fundamental del tejido social comunitario.
-El egresado de Roque advierte sobre la crisis de valores actual y el "síndrome del emperador" que afecta a las nuevas generaciones.
-A pesar de los cambios sociales, el profesor sostiene que la educación debe ser el vínculo principal entre la familia y la escuela.
-Con 56 años de servicio, su memoria permanece intacta, evocando nombres de secretarias, choferes y colegas que marcaron su camino.
-El relato viaja por la geografía guanajuatense, desde los caminos de terracería de Jerécuaro hasta las sierras profundas de Calvillo.
-El amor de sus antiguos alumnos se manifiesta en homenajes anuales, demostrando que la huella de un buen maestro es imborrable.
-La mística roqueña se define por no permitir que el pueblo sea víctima de traiciones, fomentando siempre la cultura y la justicia.
-La charla cierra con el emotivo himno de Roque, un canto de gloria que simboliza el inquebrantable espíritu de amor por el magisterio.
La Escuela Normal Rural de Roque no es simplemente una institución; es un ecosistema de transformación social que ha moldeado el rostro de Guanajuato durante un siglo. Al escuchar al profesor Ildefonso Solorio Hernández, egresado de la generación 64-69, se desvela una verdad profunda: la vocación docente en México nació de un matrimonio indisoluble entre el intelecto y la tierra. La escuela, denominada en su tiempo Gabriel Ramos Millán en honor al apóstol del maíz, no solo entregaba títulos, sino que forjaba caracteres a través de la vida de internado, donde el rigor de la banda de guerra a las cinco y media de la mañana marcaba el inicio de una jornada de servicio total.
La identidad del "roqueño", marcada por el curioso apodo de "los pebecos", encierra una mística de humildad y resistencia. Aquellos jóvenes, como el profesor Poncho, llegaban con poco más que el pasaje y un hambre voraz de superación. Los recuerdos de las tripitas en la calle Insurgentes de Celaya tras un examen de admisión incierto, o la lluvia torrencial que bautizó su aceptación como el alumno número 47 de 50, son fragmentos de una épica personal que se vuelve colectiva. En Roque se aprendía a desquelitar, a manejar el azadón y la hoz, y a cuidar colmenas tanto como se aprendía psicología o matemáticas. El maestro rural era, por definición, un polímata del bienestar comunitario: tipógrafo, carpintero, encuadernador y, sobre todo, líder social.
El análisis de la trayectoria de Solorio es un viaje por la geografía del compromiso. Desde las escuelas unitarias de Guadalupe en Comonfort, donde a los 18 años ya educaba a jóvenes casi de su misma edad, hasta las profundidades de la sierra en Calvillo y los rincones de Celaya, como Los Huesos. Su ascenso a supervisor y doctor en educación no lo alejó de su raíz; al contrario, reafirmó la mística de que el maestro debe ser un promotor que impida que el pueblo sea víctima de sus gobernantes.
Hoy, ante una sociedad que enfrenta la deformación de valores y el abandono de la disciplina familiar, la voz del profesor emana una sabiduría necesaria: la educación es el único puente capaz de rescatar a la juventud de la violencia y la orfandad cultural. El homenaje que recibe año con año en la sierra es el testimonio vivo de que el amor de un maestro es la única semilla que nunca deja de dar fruto.
La transcripción de la entrevista al Maestro Ildefonso Solorio Hernández
Eugenio Amézquita Velasco:
Bueno pues tengo en la línea telefónica al maestro Idelfonso Solorio, un profesor que creo ya está jubilado pero que es parte de la historia de la educación en Celaya y que además pues tiene una gran cantidad de experiencias y de conocimientos pero el motivo por el que hago esta llamada y esta entrevista al maestro Poncho como todos lo conocemos, compañero maestro, es porque él también es es roqueño así como dicen ellos, es egresado de la escuela de Roque y quisiera profesor pues que nos platicara cómo llegó usted a la escuela de Roque, por qué llegó ahí, cómo se dio esto, sus experiencias, los profesores que le tocó tener, los directores que quizá en ese tiempo, el hombre que en ese instante tenía la escuela Roque porque en la historia pues ha tenido diferentes nombres según las necesidades educativas de la época y pues ya al haber egresado pues dónde el profe Poncho ha trabajado, dónde no ha trabajado y cuánto no ha hecho el maestro Poncho. Maestro muchas gracias por recibirme llamada y pues platíquenos, compártanos esta experiencia a 100 años de que nació la escuela de Roque, gracias maestro.
Ildefonso Solorio Hernández:
Es muy interesante y muchas gracias por tener esa atención de poder me interrogar con todo gusto para mí es un honor estar platicando sobre estas enormes experiencias y vivencias que tuvimos en la escuela normal rural de Roque, Roque Guanajuato. Esta escuela normal rural, este, como normal rural, tuvo aproximadamente del 1959 a 1969, fue normal rural, fueron ocho generaciones, yo fui de la última generación, de la generación 64-39. Se llamó Escuela Normal Rural Gabriel Ramos Millán.
¿Quién fue Gabriel Ramos Millán? Pues fue un diputado, un senador, que sobre todo centró su mejoría hacia la vida de los campesinos. Fue creador de la Comisión Nacional del Maíz con la intención de mejorar pues las diferentes variedades de este cultivo.
Por esta razón tenía el nombre Normal Rural de Roque Guanajuato, este, el diputado Gabriel Ramos Millán. Pero los "roqueños" teníamos un pseudónimos ahí también, nos decían los "pebecos". ¿Por qué no?
Porque según eso, generaciones anteriores nos daban pasta dental de marca "pebeco". Había unos compañeros que al bolillo le ponían la pasta y se la comían. Por eso nos decían los "pebecos".
Es muy interesante saber que en la vida de internado existen infinidad de vivencias, de emociones, de tristezas y sobre todo de logros. Estos seis años que tuvimos, pues la característica fundamental de estar internados, pues fue a través de una beca. Presentamos alrededor de 50 y tantos compañeros aspirantes.
Yo vivía, mis padres vivían en Jerécuaro, y de allá vine. Fue una gran experiencia porque casi, pues como éramos diez hermanos, mi padre era maestro, mi madre no, se dedicaba al hogar, pues me vine casi con el puro pasaje. Una anécdota de esa época es que presentamos el examen como a las 10 de la mañana y por bocina, por micrófono nos dijeron que por la tarde nos iban a dar los resultados.
Resulta que no. Nos iban a dar resultados hasta el día siguiente, y pues yo sin comer ni nada, una familia, no supe de qué compañero llevaron ahí a presentar el examen, no supe si se quedó o no se quedó, pero al fin de cuentas veníamos aquí a Celaya, aquí por la calle Insurgentes, en la esquina Insurgentes, aquí por la Indita, una carnicería "La Indita", entre Insurgentes y Galeana, vendía una señora, tenía un puesto de tripitas y me dijeron pues vamos a Celaya y empezamos a comer o cenar, y pues las mejores tripitas que me he comido en toda mi vida.
Llegamos, regresamos a Roque, nos quedamos ahí a dormir, había camas, al día siguiente hasta las 6 de la tarde había un aguacero pero enorme, fue cuando nos llamaron por micrófono para escuchar los nombres de quienes fueron los afortunados, íbamos a los (números) 40 y no, todavía no escuchaba mi nombre, hasta el 47, de los 50 que nos quedamos, fue cuando recibí la noticia, fue muy nostálgico eso porque yo no fui en la primaria un alumno excelente, tampoco fui muy mediocre, pero sí sobre todo me interesaba en la primaria, y esta escuela sobre todo, pues a qué nos dedicábamos, a las 6 de la mañana ya teníamos la primera clase, porque a través de la corneta y la banda de guerra, que tocaba a las 5 y media de la mañana, pues nos parábamos rápido, teníamos clase, ahí nos daban los alimentos, cada mes nos daban el famoso "pre".
Eran 30 pesos cada mes, nos vestían, a veces nos daban botas, nos daban uniformes, todo eso era muy grato, muy grato para nosotros, pues desde luego que aprendimos muchas cosas, muchas cosas. Estoy muy agradecido con la escuela de Roque, aprendimos sobre todo a formarnos como profesores, como profesor, hacíamos limpieza de la escuela en la tarde, nos dedicamos a actividades agropecuarias, a darle de comer a las gallinas, a limpiarle a los cerdos, a las vacas, todo eso, a ver las abejas.
Ahí aprendimos todas las situaciones, a poder enseñarnos a desquelitar, a hacer zanjas, a tomar la pala y el azadón, la hoz, creo que eso fue un gran aprendizaje, practicábamos el deporte, indudablemente que eso, y había diferentes talleres, era muy interesante eso de los talleres, había talleres de encuadernación, de imprenta, de herrería, talleres de talabartería, donde hacen las ollas, todo eso para nosotros fue una gran experiencia, y en la noche nos dedicamos a ir a la biblioteca, a consultar libros, eran estudiantes, existía mucha hermandad, me encanta eso, mucho compañerismo, colaboramos unos con otros, cuando nos decían, préstame tu libro de apuntes, tu cuaderno de apuntes, creo que añoramos principalmente esos primeros días, desde luego a nuestras familias, yo añoraba a mi familia, al pueblo de Jerécuaro donde vivíamos, y pues todo esto, todo esto fue un gran regreso, un gran regreso.
Quiero comentarte en relación a los maestros, pues tuvimos infinidad de maestros con mucha distinción, yo no puedo decir que había malos maestros, teníamos unos maestros muy competentes, muy competitivos, de tal manera que estoy muy agradecido por todo ello, en mi instancia, fueron tres directores, un director muy estricto, llamado Gilberto Lozano Montañez, después vino otro director, Jesús Valdés Robles, y el último director, de Aguascalientes, Misael Macías Velázquez, y muchos maestros que aún recuerdo, como el maestro Leónides, que nos daba matemáticas, nos daba psicología, muy interesante eso, el maestro de Cuestión Física, Luis Bravo, la esposa Margarita Aguirre, había un matrimonio; el maestro Solache y la maestra Mercedes Mejía, que interesante eso, la maestra Peña que nos enseñaba a declamar, la cuestión de Oratoria, todo esto, había concursos, el maestro Luis Gallardo, que aún tengo entendido que todavía vive aquí en el FOVISSSTE, en Celaya, el maestro Rubén Moreno, él era el peluquero, y el maestro Maximino Martínez.
Había una maestra de danza, de baile, que nos enseñó a bailar a todos, mucho, con mucha paciencia, la maestra Esther Cisneros, y su pariente, el maestro Jesús Cisneros, que nos daba la materia de ética, un maestro carpintero de apellido chino, llamado Víctor Wong, nos enseñó mucho carpintería, el maestro Socorro Gallardo también nos enseñó carpintería después, en la cuestión de agricultura, las agropecuarias, el ingeniero Villareal, tuvo un nombre muy, muy agradecido, uno de los maestros que también cabe mencionar, el maestro Salvador Soria Cardona, él nos enseñaba sobre todo la cuestión de las artes, a dibujar, a pintar, a modelar, todo eso, ah, pero había otro maestro de artes también, llamado Jesús Roaro, él fue el autor del coro, de la música... ahorita al final voy a cerrar con lo que es el coro, un maestro de imprenta, el maestro Antonio Delgado, otro de electricidad, el maestro Obregón, recordamos con mucho cariño a las secretarias, a Martita Vázquez y a Dominga, al chofer que siempre llevaba, nos llevaba hasta allá a Celaya, al mandado, a los diferentes lugares, a poder dar clase cuando hacíamos nuestras prácticas pedagógicas.
A Panchito Vázquez, a los mismos en cursos, al señor Juan Vera, un velador que por cierto, si hay tiempo les voy a comentar, me gusta de Juan Vera, y así por el estilo creo que nos sentimos muy agradecidos con todos estos maestros, con todos los maestros, con todos los empleados, que por su gran voluntad férrea, con su acrecentado valor humano, por su humildad, no se diga, y por su sencillez, y su sinceridad con la que nos trataban, que nos hicieron de nuevo formadores como maestros reales, con un inquebrantable espíritu de servicio, eso es de mucho, muy importante, no sé si hay algo más.
Eugenio Amézquita Velasco:
Pues la verdad es que me sorprende la memoria, profesor, después de tantos años, estamos hablando de mediados del siglo XX, 60 años, pero si parece que los tiene aquí en la punta de la lengua, recordándolos a todos perfectamente bien, profesor, al egresar usted de Roque, ¿a dónde se integró?
Ildefonso Solorio Hernández:
Integré a la comunidad de Guadalupe, aquí cerca del municipio de Comonfort, cerca de Empalme Escobedo. La verdad yo me formé creyendo que iba a atender nada más un solo grupo, pero a la mera hora, como maestro de escuelas unitarias, ahí se llamaban escuelas unitarias, de primer a cuarto, de primer a cuarto grado tenía 69 alumnos, eran dos salones, y pues se ve uno en la necesidad de poder atenderlos y darles buenos aprendizajes a sus chamacos, tenía un alumno de 17 años, yo terminé la normal a los 17 años, porque era la normal de 3 años, yo estudié en escuelas 3 años de secundaria, y ahí en Roque, y 3 años de lo que se llamaba profesional, por unos 6 años como internado, y yo terminé a los 18 años mi carrera de profesor de educación primaria, estudié.
Después de trabajar allí en Guadalupe, me fui a estudiar a trabajar al (municipio de) Guanajuato, un pueblito, un ranchito que está entre las sierras, se llama Calvillo, ahí también duré 2 años, y pues me regresé nuevamente acá a mi pueblo, acá a Celaya, estuve trabajando en uno de los lugares más lejos de Celaya, en la comunidad que se llama Los Huesos, allá de Rincón de Tamaño para allá, de Los Huesos me fui a La Cruz, y luego a la escuela Primaria, y también a la Primaria Club de Leones.
También trabajé en la escuela Moisés Sáenz, en lo que fue Escuelas Primarias, después adquirí una plaza en secundaria, la secundaria 2 en la Ramón García Garibay, y después de trabajar 10 años, fui uno de los fundadores de esa escuela, me fui de subdirector a la secundaria Castellanos de Juventino Rosas, ahí duré 5 años de subdirector, terminé de subdirector y ahí mismo me quedé, me dieron el nombramiento de director en esa misma escuela, también duré 5 años.
Después, otros 5 años estuve como jefe de enseñanza, escalando y escalando desde el punto de vista profesional, 5 años de jefe de enseñanza, el jefe de enseñanza se dedica exclusivamente a lo técnico-pedagógico en las escuelas secundarias. Después de ahí, me otorgaron una plaza de supervisor en la ciudad de Irapuato, ahí estuve 20 años trabajando como supervisor de escuelas secundarias generales, y ahora actualmente superviso escuelas secundarias en esta región de Celaya.
Tengo 9 escuelas públicas y 2 escuelas privadas. Y pues ahí andamos echándole ganas. Estudié en la ciudad de Puebla, también 6 años mi especialidad de físico-químico, después estudié la maestría en lo que fue el Complejo Allende, y estudié después el doctorado en el IPEP, que es el Instituto Pedagógico de Estudios de Posgrado. aquí en Celaya, y el segundo doctorado lo hice aquí en la Universidad Pedagógica Nacional.
Y ahí andamos, echándole ganas a la vida, tratando de servir a las comunidades. Y créeme que me siento muy a gusto, por lo que de las normales tenemos los egresados. Una mística muy importante de normal rural nos caracteriza principalmente por mostrar siempre una gran vocación de servicio.
Nos caracteriza por estar al pendiente de la cultura popular, y la verdad en esas escuelas se aprende a ser un promotor social, para que el pueblo no sea víctima ni cómplices de cuando somos traicionados por nuestros propios gobernantes.
También somos actor de cambio en las comunidades, en las comunidades donde estuve impulsé en ese tiempo el agua y la luz eléctrica, y sobre todo en ser maestro rural, pues sobre todo organizador del pueblo para resolver diferentes problemas colectivos, desde el punto de vista de cooperativas, dotación de agua potable y electrificación. Yo creo que esa mística de ser maestro nos sentimos muy honrados, muy orgullosos de ser los maestros rurales.
Y yo creo que en eso nos caracterizamos por el servicio a la comunidad, el servicio al pueblo. Y la verdad me siento muy honrado de ser egresado de la normal rural de Roque.
Eugenio Amézquita Velasco:
Nos acaba de compartir lo que es la mística de ser profesor, de ser un maestro. Estamos hablando, como se decía desde siempre, cuando uno estudiaba o era uno profesor, auténticos apóstoles, auténticos enviados a buscar la mejoría de las comunidades o del lugar donde uno estuviera trabajando. Y quiero hacer este comentario que es importante.
El maestro Ildefonso está comentando de Jerécuaro, pero estamos hablando de un Jerécuaro que hoy usted partió a Jerecuaro, y Apaseo el Alto hacia Jerécuaro. Bueno, pues la carretera está pavimentada, está en muy buenas condiciones. En la época de él no había carretera, si mal no recuerdo.
Era totalmente terracería, profesor.
Ildefonso Solorio Hernández:
Sí, efectivamente era un terracería. Nos trasladábamos por Acámbaro, de Acámbaro a Salvatierra y de Salvatierra a Celaya.
Eugenio Amézquita Velasco:
Considero que fue un gusto llegar a ver a los alumnos y darles clase. Yo creo que ese era el motor, profesor, nuestros alumnos.
Ildefonso Solorio Hernández:
Efectivamente, debemos sentirnos orgullosos para lo que fuimos formados. Desde luego que en la escuela normal, en el alma mater, pues la verdad, yo le debo mucho, mucho.
Eugenio Amézquita Velasco:
Profesor, los tiempos han cambiado y pareciera que también la disciplina, las actitudes, el respeto ya no es igual y esto no sé qué tan provechoso, tan benéfico o tan desastroso ha sido para la formación de los nuevos mexicanos. Profesor, a lo mejor estoy equivocado. Quisiera con eso cerrar la entrevista, profesor.
¿Qué me podría decir de los tiempos actuales, de lo que se vivió y de lo que estamos viviendo, maestro?
Ildefonso Solorio Hernández:
Desde luego que efectivamente los tiempos cambian. Las personas, las voluntades, las emociones cambian. Y esto es principalmente debido a que en el seno familiar debemos inculcar a nuestros hijos valores, hábitos, buenos hábitos, para que de esa manera puedan ser buenos ciudadanos.
Y en el seno familiar (actualmente) hay malos hábitos y se hablan de puras maldiciones, no se tratan bien. Ahora hay el famoso "síndrome del emperador", que consiste en que los padres les gritan a los... más bien los hijos les gritan a los padres, esto de que les "brincan las trancas", eso no se usaba antes. Antes, pues sí, a veces los padres nos pegaban, con trabajo de corregirnos.
Ahora, un padre que golpea a los hijos, pues es sancionado. Un maestro que golpea o agrede físicamente o verbalmente, es sancionado. Son otros tiempos, muy difíciles.
Pero creo que una de las condiciones o de las formas que debe mejorarse esto, es a través del cambio de tener una sociedad mucho más fuerte en cuanto a darle más cultura a las familias. Para ser padre de familia no hay cultura, no hay escuela, no nos preparan para ser padres. Y pues cuantas veces vemos que chamaquitas de 14, 16 años ya son madres solteras.
Y pues estos cambios que se dan en la sociedad, chamaquitos de 14, 16 años andan en la violencia, andan en las drogas, y pues tenemos mucho que un reto como maestros, como docentes, que atender un reto que es el cambio de mentalidad hacia la sociedad mexicana.
Eugenio Amézquita Velasco:
¿Estarás de acuerdo conmigo que ahora pareciera que más que formación lo que hay es deformación maestro?
Ildefonso Solorio Hernández:
Efectivamente hay una deformación. Esta deformación como que va de mal en peor. Yo tengo 56 años de servicio.
Veo en las escuelas secundarias, sobre todo en el baño de las niñas, de las mujercitas, se ven maldades, pornografía. Y esto debe ser una cultura que eliminar, que los padres debemos involucrar a nuestros hijos para el bien. Debe ser esto a través de muchas conferencias, de prácticas, incluso si la Iglesia contribuye con buenos hábitos debe contribuir hacia la formación de buenos ciudadanos.
Si las escuelas, ¿de qué manera pueden contribuir? Pues a través del interés de los padres. Acercar más a los padres.
Esto es de acuerdo a la nueva escuela mexicana, donde las comunidades tienen que estar más de cerca en las escuelas atendiendo a sus hijos, según el artículo 129 de la ley general de Educación.
Eugenio Amézquita Velasco:
Estamos de acuerdo que eso no es nada nuevo. Eso viene desde hace muchos años. El asunto es que en la práctica pareciera letra muerta, ¿no?
Ildefonso Solorio Hernández:
Sí, efectivamente.
Eugenio Amézquita Velasco:
Maestro, quiero agradecerle, de veras, porque no estoy platicando con el funcionario, ni estoy platicando con un empleado de gobierno, estoy hablando con un profesor que, como usted lo acaba de decir, más de medio siglo dedicado a la educación, que ha visto desde épocas remotas, vamos a decirlo así, cuando un México todavía bien rural, nuestro Guanajuato todavía bien rural, no había caminos, había todavía que desplazarse, como lo digo, a pie, a caballos, y es que nos iba bien.
Pero qué amor también de las comunidades cuando ven en su maestro una persona que realmente los quería ayudar. Y yo creo que esa es, al final, maestro, la gran satisfacción, ver a nuestros alumnos formados y a las comunidades que nos recibieron con ese cariño, ese amor y ese recuerdo tan grande por los profesores, y más por un egresado de Roque.
Ildefonso Solorio Hernández:
¿Qué crees? los días 26 y 27 me invitan de diciembre? Año con año me invitan a Calvillo, es municipio de Guanajuato, en la sierra, está entre Dolores, Hidalgo y Guanajuato, y me invitan para hacerme un homenaje.
Eugenio Amézquita Velasco:
¡Ay, maestro! O sea, después de tantos años, yo le voy a pedir que, si este año Dios le concede ir, profesor, le encargo fotografías y ya nos compartirá para Metro News y Guanajuato Desconocido la reseña de ese hermoso recuerdo y esa forma de recibirlo usted. Quiero agradecerle, maestro, su tiempo, ni primera ni última vez, este espacio está totalmente a su disposición, maestro, y a su servicio.
Ildefonso Solorio Hernández:
Muchísimas gracias por ese tiempo y ese espacio para poder dialogar. Me despido con las estrofas del coro de la Escuela de Roque, cuando lo entonábamos con todo cariño, con todo amor y a todo pulmón.
Siempre unidos en coro,
cantemos este himno de gloria y honor.
Y un grato recuerdo llevemos
de esta escuela con gran esplendor.
¡Viva Roque!
Eugenio Amézquita Velasco:
¡Viva Roque, maestro! Muchas gracias. Soy Eugenio Amézquita, con el maestro Ildefonso Solorio, un exroqueño de cepa, a través de Metro News y Guanajuato Desconocido.
Muchas gracias, maestro. Hasta luego. Gracias, profe.
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