"Sean pastores con olor a oveja": Papa Francisco

Guanajuato Desconocido
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Eugenio Amézquita Velasco

-Un encuentro de amor filial, en el momento de recibir la confirmación, el abrazo de fe, amor y reconocimiento al Padre y Pastor. 

Eugenio Amézquita Velasco

-Mons. Víctor Alejandro Aguilar Ledesma, V Obispo de Celaya, en la Santa Misa Solemne con Confirmaciones por las fiestas patronales de Nuestra Señora de la Salud, en el templo parroquial de la colonia Latinoamericana. La escena lo dice todo. 



El momento que desarmó a todos

El encuentro eleva la trascendencia del sacramento convirtiéndolo en una epifanía de la gracia divina en su estado más puro. La escena del pequeño confirmando frente a Monseñor Víctor Alejandro Aguilar Ledesma nos revela que la plenitud del Espíritu Santo no depende de capacidades intelectuales o físicas, sino de la apertura de un corazón sencillo ante el amor de Dios.

Cuando el obispo realiza la unción con el santo crisma, trazando la señal de la cruz en la frente del pequeño, no estamos viendo simplemente a un fiel, sino a un "soldado de Cristo" que recibe su investidura. La reacción inmediata y profunda del pequeño, ese instante de reconocimiento y plenitud, nos habla de un encuentro personal con el Amor que no necesita palabras, pues ocurre en el lenguaje del alma. 

Es la prueba viviente de lo que el obispo mencionaba en su homilía: Dios se revela a los sencillos y humildes, a aquellos que, lejos del narcisismo y el orgullo, se dejan tocar por la mano de la Iglesia.

El momento es cargado de una ternura que desarma: el obispo, con la investidura de su ministerio, se inclina ante la dignidad sagrada de este hijo de Dios, y el pequeño responde con la alegría de quien se sabe amado, de quien se siente, por fin, investido con una fuerza que viene de lo alto. 

Es una escena que nos recuerda la profunda verdad de nuestra fe: la vida es un don, y en la vulnerabilidad de este pequeño, la Iglesia entera se ve reflejada y confirmada en su propia misión de ser signo de esperanza.

Al observar su rostro, iluminado por la gracia, entendemos que el "orden" del que hablaba Monseñor Aguilar Ledesma no es una imposición externa, sino la armonía que surge cuando Dios toma posesión de una vida. 

Este pequeño, en su pureza, es un testigo de la fe más elocuente que cualquier tratado; es la confirmación de que, ante la mirada de Dios, todos somos llamados a la santidad, y que el Espíritu Santo, cuando se le abre la puerta, no conoce limitaciones humanas. 

Es, en última instancia, una lección de amor que nos invita a todos a dejar de lado la soberbia para volver a ser, como él, discípulos sencillos, agradecidos y profundamente felices en el Señor. #MetroNewsMx #GuanajuatoDesconocido

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