Eugenio Amézquita Velasco
-Monseñor Víctor Alejandro Aguilar Ledesma exhortó a los jóvenes de la colonia Latinoamericana a asumir la fe como un eje de orden, gratitud y responsabilidad social, más allá de las exigencias del entorno actual.
-En el marco de la fiesta patronal de Nuestra Señora de la Salud, el prelado subrayó que la sabiduría cristiana y la humildad son las únicas herramientas eficaces para combatir la soberbia y el caos existencial.
-El obispo de Celaya advirtió que una vida sin un fundamento espiritual sólido conduce inevitablemente a la desorientación y al egoísmo, invitando a la comunidad a recuperar el sentido de la gratitud ante el don de la vida.
En la Santa Misa Solemne celebrada este sábado 4 de julio de 2026, en el templo parroquial de Nuestra Señora de la Salud, Monseñor Víctor Alejandro Aguilar Ledesma administró el sacramento de la confirmación a un grupo de jóvenes de la parroquia. Durante su homilía, el obispo de Celaya planteó una profunda reflexión sobre la necesidad de integrar la fe en la vida cotidiana, frente a una sociedad que calificó como inmersa en el sufrimiento, la violencia y la confusión.
El prelado destacó que la confirmación no debe ser vista como un mero rito de paso, sino como la plenitud de la gracia bautismal que compromete al fiel a ser "luz y fermento" en el mundo. Citando a San Pablo, Monseñor Aguilar Ledesma hizo un llamado contundente a abandonar el "desorden egoísta" que caracteriza a las estructuras actuales. En su análisis, el obispo sostuvo que cuando el individuo pierde el referente de Dios, su vida y su entorno se transforman en un caos, intentando justificar constantemente sus propias carencias en lugar de buscar la rectitud.
Un punto central de su mensaje fue la importancia de la gratitud como puerta de acceso a la sabiduría. Según el jerarca, la ciencia y el conocimiento técnico carecen de propósito si no están acompañados de humildad, advirtiendo que el orgullo intelectual y el poder sin sacrificio derivan en corrupción. En este sentido, recordó la enseñanza sobre el "yugo" del Señor, definiéndolo como la disposición necesaria para que el creyente camine en rectitud y encuentre descanso ante la ansiedad que genera la cultura del consumo y el éxito inmediato.
El obispo Aguilar Ledesma también instó a los jóvenes a cuidar el orden externo —como reflejo del orden interior— para mantener una vida coherente. Insistió en que, en un mundo que ofrece soluciones superficiales a problemas existenciales, el cristiano está llamado a ser una presencia que "da vida". Concluyó que el matrimonio y la vida ciudadana deben ser espacios de servicio, donde la prioridad sea hacer feliz al otro, superando la mentalidad de exigencia que, a su juicio, agota las relaciones humanas y sociales.
Ante la crisis de valores, el obispo enfatizó que la salida no reside en el poder político o el hedonismo, sino en el encuentro personal con la divinidad, la cual otorga una carga ligera a la existencia.
La transcripción de la homilía de Mons. Víctor Alejandro Aguilar Ledesma, obispo de Celaya
Monseñor Víctor Alejandro Aguilar Ledesma:
Saludo con cariño a mis hermanos sacerdotes, gracias por invitarme. Saludo también a todos ustedes, papás, padrinos y madrinas, que hoy vienen acompañando a nuestros niños, adolescentes y jóvenes que, hoy por la confirmación, reciben la plenitud del Espíritu Santo, dándole plenitud a la gracia bautismal y asumiendo el compromiso de ser testigos valientes de Jesucristo en el mundo, de su evangelio, de su valor y de su reino, tanto por sus palabras como por sus obras. De manera que ustedes, jóvenes, sean en el mundo el Buen Cristo, sean luz y fermento en la humanidad, de manera que esta humanidad que huele a violencia, sufrimiento y dolor, sea una humanidad donde el Papa nos invita ahora, "Magnífica humanitas", a que cada persona sea reconocida y valorada como hija o hijo de Dios.
Ustedes pues les toca en este mundo, ustedes les toca junto con nosotros, pero ustedes están más jóvenes que nosotros, con más fuerza, más ilusión, más vida, más tiempo esperamos, ¿verdad?, para que puedan ser en el mundo esos cristianos católicos. No quizá como nosotros, que nos pueden tachar que hemos hecho las cosas bien; no, aprendan lo que hacemos mal, aprendan lo que hemos hecho bien, disculpen lo que hemos hecho mal y supérennos, supérennos en todo, siendo mejores estudiantes, mejores ciudadanos, mejores cristianos, mejores, mejores, mejores, gracias al Espíritu Santo que en ustedes esto se puede lograr, que se puede lograr.
San Pablo hoy en la segunda lectura lo dice muy claro: nosotros no vivimos conforme al desorden egoísta del hombre, no vivimos conforme a eso. A veces uno quiere eso, perdónenme, ir con eso. ¿Cuál sería el desorden? No les pongo ejemplo, ustedes los conocen mejor que yo. Nosotros con la fuerza del Espíritu, y ahora sí, descubrimos nuestras malas acciones y viviremos, es decir, con la fuerza que hoy reciben de este Espíritu Santo, ustedes pueden ser mejores, no vivan conforme a este desorden que hoy el mundo nos ofrece, que muchos de nosotros desgraciadamente nos apegamos a él.
En lugar del desorden, llevemos el orden que nos pide el Espíritu; en ese orden, pues, está primero Dios, después está Dios y después sigue Dios. Cuando uno está en Dios y vive en Dios, la vida está ordenada; cuando uno no tiene a Dios en su vida, se vuelve un desorden en su casa, en sus pensamientos, en todas partes, y a veces empezamos a justificar nuestro desorden y pensamos que estamos bien. Desgraciadamente dice el dicho: cuando tú no vives como piensas, acabarás pensando como vives, es decir, justificando nuestra manera de vivir. Por eso necesitamos no vernos a nosotros mismos en el espejo, en un narcisismo, espejito espejito, pues yo también; hay que vernos delante de Dios como él nos ve y como él nos conoce, pero para eso hay que conocer a Dios.
Por eso dice el Señor Jesús hoy en el Evangelio: primero, gracias. Esto es lo primero en la vida, jovencitos, gracias, gracias. Tú, al despertar en la mañana, al abrir tus ojos, ¿qué tienes que decir? Gracias, Padre. Antes de exigir, de enojarte, de pelearte, primero da gracias. ¿Por qué? Porque de Dios Padre proviene todo don perfecto, toda buena dádiva. El que es agradecido deja la puerta abierta para nuevos beneficios; quien no es agradecido cierra las puertas y cree que todo lo merece, todo lo exige, acaba solo porque no hay gratitud. Muchas cosas, jovencitos, no entran en el mundo de los derechos ni de las exigencias, caen en el campo de lo gratis, la vida misma. A veces ustedes dicen: es que yo no pedí venir a la vida. Nadie pidió, porque los dones no se exigen, los dones se reciben, y la vida es un regalo, es un don, nadie puede pedir, nadie lo puede exigir, solo Dios concede la vida.
Por eso cuando ustedes digan a sus papás ¿para qué me trajiste al mundo?, y le echen la culpa a sus papás, ellos no sabían que iba a venir así, por ahí chaparro, otro, no, no lo pudieron ni pedir, ellos tampoco, ellos eran un hijo, no sabía ni cómo iba a llegar. El hijo es un don, no se puede pedir. Yo, aunque la ciencia a través de toda la ingeniería tratan de suplir a Dios, sin embargo, no lo pueden suplir, porque el hombre con toda su capacidad, con todo su orgullo, no puede crear vida, no puede manipular lo que Dios ha hecho, pero no lo pueden hacer ellos. El día que el hombre diga: yo puedo crear un espermatozoide, yo puedo crear uno, entonces ya estaremos hablando de otra cosa, pero mientras no crean la vida, manipulan la vida, ser humano no puede más que, a veces, nuestro orgullo, ¿verdad?, nos hace sentir muy grandes. Por eso el hombre cuando cree saber muchas cosas, se infla, y por eso la sabiduría o la ciencia sin humildad es soberbia, dice el Papa, es empezar a construir una torre de poder y de confusión. Hoy el mundo, por eso estamos así confundidos, porque todo el mundo cree que puede todo, que sabe todo, que nadie le puede enseñar nada, por eso no sabes nada, por eso el Señor dice: Gracias, Padre, porque has revelado estas cosas, ¿a quién?, a los humildes, a los sencillos.
La Virgen María también dice: Dios ha hecho grandes cosas en mí porque ha mirado la humildad. Entonces, las grandes cosas Dios las hace en los humildes; en cambio, Dios resiste al soberbio y da su gracia a los humildes. Gracias, Padre, porque así te ha parecido bien. Hemos visto como grandes hombres estudiosos han escrito grandes obras sobre Dios, y después descubre uno que hay grandes místicos que ni fueron a la Sorbona, ni a la Gregoriana, ni a la Pontificia, y de repente uno escucha obras de estas cosas, ya ves una Conchita, ya ves una Faustina, ya ves esta gente, a veces gente humilde que tú conoces, en los pueblos, en los ranchos, gente humilde y sencilla, pero ¿qué sabiduría?, porque la sabiduría no es tener conceptos, ideas; ser sabio es saber vivir.
Ya ves, a lo mejor sabe muchas cosas, termina viviendo conforme al Espíritu de Dios, pero hay mucha gente que quiere saber, que puede sacar dos, tres títulos, pero no sabe qué hacer por su vida; su vida es un desorden aunque sabe muchas cosas, puede ser un gran médico, ¿en qué acabas?, no sabes qué hacer con su vida. Por eso la sabiduría es saber, ¿y en qué consiste la sabiduría?, dice la palabra de Dios, en conocerlo a él, dichoso el que conoce a Dios.
Por eso sigue Jesús en el Evangelio diciendo: Gracias, Padre, porque has revelado las cosas para la gente sencilla. Dice Jesús, ¿por qué?, porque nadie, nadie conoce al Hijo, a Jesucristo, sino su Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquí está lo importante, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Y ahí, cuando dice se lo quiera revelar, pues ya depende de lo que él quiere, mientras otros por mucho deseo consiguen, Dios se lo da a su amigo. Gracias, Padre, porque así ha parecido bien. Por eso ustedes, jóvenes, jovencitos, ¿qué es lo más importante en su vida?, Dios, conocerlo, darle gracias a Dios y vivir esa sabiduría que tiene Dios.
Por eso uno de los dones del Espíritu Santo se llama sabiduría; les pongo un ejemplo, hay muchas personas que dicen: ay, yo quiero tener dinero, tener cosas. Mira, antes de pedir dinero, antes de pedir cosas, dile a Dios para que sepas qué vas a hacer con ese dinero, qué vas a hacer por esas cosas, primero tienes que tener sabiduría. Si no, esas cosas te van a hacer daño porque viven bajo el desorden egoísta tuyo, esas cosas en lugar de serte útiles, te van a dañar. Personas que tienen mucho dinero, y no está mal, el problema es que si una persona por mil pesos es un desorden y le pide a Dios que le dé un millón de pesos, si ahí eres un caos, un desorden, ¿qué no harás con un millón de pesos? Por eso muchos que obtienen riqueza sin sabiduría, y la sabiduría de Dios, vean que estamos, llámense profesionistas, llámense laicos, llámense políticos, todo dinero, poder sin sacrificio, eso se llama corrupción, maldad, sin Dios tu vida es un desastre.
Pero bueno, dices hermano, padre, pero pues ya mira cómo ando, ah, dices, no te apures, ven a mí, ven todos los que están cansados, agobiados por la carga, por la vida, vengan a mí, yo los voy a aliviar, porque muchos de nosotros no hemos aprendido eso y por eso vivimos cansados, agobiados, traqueteados. Ah, bueno, podemos sacar más de cómo andamos, y hay gente que anda así de buena, y todo, muy contentos, muy felices, ¿verdad?, en otros lugares, gente amargada, deprimida, todo está mal, hay gente con la cantaleta de que el gobierno está mal, la economía está mal, la religión está mal, la familia está mal, esta comida no sirve, la contaminación, el ambiente, la violencia, la inseguridad, la impunidad; después de platicar, bueno, vamos a suicidarnos, vamos a tomar pastillas y vamos para allá, no, no, no, no, por ahí no es, la salida no es esa, dice el Señor, ven a mí. Hermano, es así, y muchas veces caemos en otras cosas buscando la solución en el poder, en el licor, en el sexo, en el desorden, eso no te va a ser feliz de verdad, aunque te digan que va a estar padre, no, de verdad.
Y tú, jovencito, este es el tiempo de tomar decisiones, muchos te van a invitar a hacer cosas malas, al desorden, no vayas a misa, también eso de Dios es el siglo pasado, tú vive bien, sé tú, libre, un ser de pensamiento libre, de manga ancha, de mente abierta, es decir, desordenado, lo que te pegue la gana, esa es la libertad, pero eso no es libertad, eso es otro desorden. Por eso ustedes, dice el Señor hoy en el Evangelio, vengan, tomen mi yugo sobre ustedes; ese yugo significa aprendan como yo, tengan un corazón manso y humilde, porque con esa humildad reconoces la grandeza de Dios, reconoces la grandeza de tu hermano y su divinidad, reconoces tu propia dignidad, ¿sabes el lugar que ocupan las cosas en tu vida?, es decir, se le llama el yugo. Ustedes a lo mejor tan chiquillos no conocen eso, pero más viejos sí, el yugo se les ponía a las yuntas para hacer los surcos, terrenos donde se siembra, para que la línea se vaya derechita, y así los dos estaban ahí, los bueyes, para que los surcos se fueran derechitos, les ponen un yugo y el surco salía derechito, derecha, iban derecha, iban, otro lado. Por eso cuando se habla del matrimonio, se llama cónyuge, sí, los que traen el mismo yugo, es decir, los que caminan por aquí, no el hombre por allá y la mujer por acá, o sea, hay que andar juntos, para caminar juntos para que la línea salga derecha, recta.
O sea, ¿cómo ser algo recto en la vida, señor?, para que no te vayas chueco, no te vaya chueco, no te salgan rayas así por todos lados. ¿Cómo vamos a vivir en rectitud?, ponte el yugo del Señor, yugo, dice el Señor, y encontrarás descanso. No hay nada que te haga más feliz que haberlo cumplido y hecho bien el orden, no hay almohada más cómoda para dormir que la conciencia tranquila de haber cumplido con tu deber, nada de que compra esto para mí, las bolitas de no sé qué, toma yo, no hay más satisfacción que el orden cumplido, que el deber hecho, es conciencia. El otro siempre está con el peligro que ha robado, descubre que no sé qué, sacan de las redes sociales es que aquel no, buscan no sé dónde, te mandan un estado, quién es más que ella, no, como ratas es que más habla, no, que el deber, toma y aprendan de mí, manso y humilde de corazón, y encontrarás descanso.
Sanito el corazón, nuestro corazón está inquieto y no encuentra descanso hasta que encuentra al Señor, una vez encontrado al Señor nuestro corazón tiene descanso. Solo en Dios descansa la vida, y si no, por eso todo el mundo ahí trae sus pastillitas para dormir, pastillitas para despertar, pastillitas para ir al baño, pastillitas para algo, al rato tienes una vida llena de estrés, pues le llamamos cortisona, no sé cada cosa, y ahora los deportistas, ¿verdad?, le ponen una pausa, ahí vamos a tener a media misa, ¿verdad?, para que se rían, porque apenas 15 minutos y ya están. Hermanos, a lo mejor nos pasa que no estamos ninguna en una ansiedad, estás en un caos, estás afuera, quieres estar adentro, estás aquí, quieres salir, estás allá, ya quieres meterte, te quieres casar, ya te quieres divorciar, estás divorciado y te quieres volver a casar, espérate, orden. No, no me refiero ustedes, son los chiquitillos, se mete a estudiar ingeniería mecánica, termina en eléctrica y después agronómica, pero hace cuarto año de derecho, ¿qué crees?, no me gusta.
Ahora quiere estudiar otra cosa, ¿qué es un chimpancé?, es un desorden de cabeza. San Pablo dice: nosotros no podemos vivir conforme al desorden egoísta, esto no, guarda el orden, y el orden te guardará. Empezando, jovencitos, a ir a ordenar su cuarto, todo, es porque así como está afuera nuestras cosas, así está nuestro interior, ¿cómo está ese cuarto?, si tienes todos tus libritos en orden, tu ropita colgada bien, tus tenis lavados que no vuelan así a sudor y perro muerto, si no los pones, guardas en tu lugar, y si eso sabes poner en orden las cosas, tu mente va a empezar por orden y vas a vivir ordenado. La señora tiene su, su cosito, ¿no?, así, fíjese así, que está todo el Señor, como tiene su taller, como tiene su escritorio, su oficina, el señor, no tiene su, el orden externo es manifestación del orden interno, el desorden externo es síntoma del desorden interno. Si vemos este desorden en la sociedad, ¿qué está indicando?, un desorden interno en la sociedad, y ese desorden se manifiesta en todos los huesos. ¿Y cómo vamos a ordenar eso?, dice San Pablo hoy, ustedes con la ayuda del Espíritu Santo tenemos que acabar todas esas acciones malas desordenadas, y dice ahí San Pablo: y entonces vivirán. Y entonces vivirán.
Por eso, quien vive conforme al Espíritu de Dios, es una persona viva y tiene ganas de vivir, y la gente que está con él, que convive con él, da vida, ya no es el aquel que te quita, sí, mismo ahora, te juntas con una persona que vive conforme al Espíritu, y esa persona te da vida. Fíjense, por ejemplo, un matrimonio, un matrimonio debe ser provida, o procreativo, debe ser creativo también del amor, que se casa es para darle vida al cónyuge, no es para hacer su martirio, no es matrimonio, matrimonio es el cónyuge que va junto con el otro, anotando que el otro está feliz, no que el otro me haga a mí feliz, es que tú es el que te preocupas de ser feliz al otro, porque si el esposo se preocupa de ser feliz a la esposa y la esposa se preocupa de ser feliz al hombre, ¿quiénes van a ser felices?, pero si el hombre está esperando que ella me haga feliz, ¿quién está esperando que él me haga muy feliz?, ¿qué va a pasar?, los infelices esperando, y así se me va a ir la vida porque yo estoy esperando que él, y así pasa con los papás, con los hijos, con los hijos, los papás, con los gobiernos, los ciudadanos, con los fieles y los padres. Tomen yugo ustedes y descansen porque yugo suave y carga ligera, porque cuando hacen las cosas por amor la carga te aligera, cuando haces las cosas fuerzas, no por Dios, ni por Dios, ni para Dios, te va a pesar, te aburre, te cansa, pero cuando haces las cosas por amor, con amor, la vida es ligera. Con Dios la vida es ligera, en cambio sin Dios la vida es pesada.
Cuando pregunta la señora, ¿cómo es?, ¿cómo es la vida?, ¿es dura?, es que qué falta amor, con amor, con amor, pero con el amor de Dios, no se agarra, no se agota, con ese amor de Dios puedes amar a tus hermanos, a tu esposo, a tu esposa, a tu vecino, a tu vecina, hermano, hasta tu enemigo puede ser, tome es más, tendrán paz y la vida será ligera. ¿Quién quiere una vida pesada?, no, sí queremos una vida, sentirnos sin tanto peso, porque el amor de Dios, y ese Espíritu Santo que es el amor de Dios, hace conmigo, a ustedes jovencitos, para que tengan ese amor de Dios en ustedes, tengan ganas de vivir, y a la gente que se junte con ustedes, las ganas de vivir, por esa persona que tiene vida, canta, baila, se baña, estudia, convive, se viste, se peina, se abriga, tiene vida, tiene ganas de vivir. Ustedes, jovencitos, es lo mismo, levántese temprano, una, pónganse una ropita limpia, de ser marca, quítese esa pijama mata-pasiones, se levantan, rezan y dicen: Gracias, Padre, por este día, gracias por mi familia, gracias porque tengo qué comer, gracias por los alimentos, gracias por mi familia, gracias porque me das vida hoy, voy a ir a misa para darte gracias, y vas a ir a misa para dar gracias.
A misa venimos a agradecidos, tenemos mucho de qué dar gracias a Dios, no los que venimos a darte a sacar nuestros problemas, venimos a dar gracias. Por eso le decimos en la misa: En verdad es justo darte gracias, siempre y en todo, y aceptar la vida como el Señor lo ha querido. Gracias, Padre, porque así te pareció bien, que mi madre esté alta, bonita, de ojos verdes, o que esté blandita, o que esté gordita, chonchita, mi madre, gracias Señor, gracias por este hijito, por esta hijita, gracias, sangre, gracias, Padre, porque así me pareció, gracias porque hoy viste esto, incluso la enfermedad, gracias porque has perdido a más, la enfermedad, gracias Padre.
Por eso la misa se llama Eucaristía, esa misa, aquí venimos los que somos agradecidos, tenemos muchas gracias. Pues cada domingo, jovencitos, hay que venir a qué, a dar gracias. Todos tenemos mucho que dar gracias, pues gracias a Dios por esta celebración, gracias a todos por su presencia. Vamos a recibir este espíritu de Dios, el Espíritu Santo, para que viene de Dios, a conocer a Dios, a amar a Dios, ponernos un yugo sobre nuestro corazón, nuestra vida, y a través de él para poder vivir ligeros, para aliviarnos de nuestras enfermedades y sentimientos, y sobre todo es el amor, para vivir, pero siempre para dar gracias. Que así sea, que así sea. Pónganse de pie.


