Eugenio Amézquita Velasco
-El historiador Márquez Frías expuso en Celaya los impactos sociales de la Revolución en Guanajuato más allá de las batallas.
-Guanajuato vivió la Revolución impulsada por élites locales para defender sus intereses y por la escasez de alimentos.
-Habitantes del campo se refugiaron en Celaya por la violencia de grupos armados, manteniendo estable su población.
-Las Batallas del Bajío se definieron por la estrategia de Obregón y la falta de parque y municiones en las tropas villistas.
-Hacendados de la región financiaron bandoleros para impedir que campesinos tomaran posesión de ejidos en San Miguel Octopan.
-El acaparamiento de granos y ataques a haciendas desataron una hambruna que obligó a muchos a sumarse a la rebelión.
-El régimen carrancista persiguió al clero en Celaya, imponiendo préstamos forzosos y la expulsión de sacerdotes extranjeros.
-En 1917 se contempló clausurar 16 de los 20 templos de Celaya, manteniendo abiertos solo cuatro recintos principales.
-Abusos a la población civil y la devastación económica impidieron a Celaya abastecer de víveres a las tropas de Obregón.
-La investigación rescata el papel de las mujeres guanajuatenses y la memoria histórica a través de corridos regionales.
Más allá de los famosos choques militares entre Francisco Villa y Álvaro Obregón en 1915, la Revolución Mexicana en Guanajuato estuvo signada por una profunda crisis social, desplazamiento de poblaciones, desabasto, tensiones agrarias y una severa persecución anticlerical. Así lo expuso el historiador José Andrés Márquez Frías durante su conferencia magistral “La Revolución Mexicana en Celaya: Más allá de las Batallas de Celaya (1911-1918)”, realizada en el patio del Museo de Celaya e Historia Regional.
El evento contó con la asistencia de autoridades locales del ámbito cultural e histórico, entre ellos Daniel López Vargas, coordinador de la Unidad del Archivo; María Dolores Segoviano Espinosa, coordinadora del Archivo Histórico; y Rafael Soldara Luna, director del Museo de Celaya e Historia Regional.
Orígenes de la lucha local y control de las élites
En su exposición, Márquez Frías subrayó que Guanajuato no fue un escenario accidental del conflicto ni se mantuvo aislado de la coyuntura nacional. Aunque el movimiento maderista inicial (1909-1911) registró menor intensidad que en el norte o centro del país, la entidad experimentó motines urbanos y huelgas rurales dirigidas a frenar la reducción de raciones de alimento y exigir mejoras laborales.
Dichas protestas fueron contenerse en gran medida por las élites municipales y patronales, representadas por cámaras de comercio locales. A decir del investigador, la lucha armada local no buscaba transformar de fondo las estructuras económicas o sociales, sino que fue financiada por una élite desplazada —hacendados, funcionarios e incluso clérigos— para defender sus propios intereses, aprovechando las proclamas nacionales de Madero, Villa o Carranza.
Crisis agrícola, escasez y desplazamientos
Entre 1911 y 1918, el impacto cotidiano sobre la población civil se manifestó en el desabasto de alimentos por acaparamiento comercial, robos constantes y la paralización de haciendas debido a los ataques de grupos armados o la migración de peones.
A diferencia de ciudades como Guanajuato capital, cuyo censo se redujo hasta en un 50% entre 1910 y 1921, Celaya no disminuyó su población, ya que funcionó como refugio para los habitantes de las zonas rurales circunvecinas debido a su guarnición militar y cuerpo de policía.
Las reformas agrarias carrancistas también provocaron fricciones violenta. En comunidades como San Miguel Octopan, representantes comunales denunciaron hostigamiento y robos perpetrados por bandoleros instigados por hacendados para evitar la entrega y cultivo de los ejidos expropiados.
Política anticlerical y vida cotidiana
El periodo carrancista trajo consigo medidas anticlericales en la entidad. Se impusieron préstamos forzosos a las autoridades eclesiásticas, se decretó la expulsión de sacerdotes extranjeros —como el caso del presbítero español Rosendo Oyeda en Celaya— y se limitó el funcionamiento de los templos.
En la cabecera municipal de Celaya, de un catálogo de 20 recintos religiosos, la autoridad municipal propuso mantener abiertos únicamente cuatro (San Francisco, El Carmen, La Merced y San Agustín), sugiriendo la clausura o restricción de templos menores y capillas de barrio.
Mitos de las batallas y divulgación histórica
Durante la ponencia, Márquez Frías abordó las narrativas populares en torno a las batallas del Bajío de 1915, señalando que los testimonios orales de la época atribuían la derrota villista a la falta de municiones o al uso involuntario de cartuchos de salva.
Para concluir, el historiador destacó el valor del corrido regional y la investigación con perspectiva de género como fuentes clave para comprender la memoria histórica local. Al respecto, presentó sus publicaciones Revolucionarias, delincuentes y afectadas: mujeres guanajuatenses durante el Porfiriato y la Revolución Mexicana, así como la obra El corrido en Guanajuato, de Hilario Pescador Razo, los cuales documentan la vida cotidiana y las expresiones culturales de los guanajuatenses durante el conflicto armado.
Transcripción de la Charla Magistral: «La Revolución Mexicana en Celaya: Más allá de las Batallas de Celaya (1911-1918)
Presentador:
El Maestro José Andrés Márquez Frías, Historiador, presentó la siguiente Charla Magistral: «La Revolución Mexicana en Celaya: Más allá de las Batallas de Celaya (1911-1918)», en el patio del Museo de Celaya e Historia Regional. Agradecemos la presencia del maestro Daniel López Vargas, coordinador de la Unidad del Archivo; la maestra María Dolores Segoviano Espinosa, coordinadora del Archivo Histórico; y el historiador Rafael Soldara Luna, coordinador del Museo de Celaya e Historia Regional.
Para dar inicio, nos es muy grato presentar a nuestro ponente del día de hoy: el historiador José Andrés Márquez Frías. Originario de Cortazar, Guanajuato, es historiador de profesión con grado de licenciatura y maestría. Ha publicado tres libros: Cortazar, a más de 300 años de historia: espacio y población (2017); Revolucionarias, delincuentes y afectadas: mujeres guanajuatenses durante el Porfiriato y la Revolución Mexicana en el siglo XIX; y Cortazar: una mirada a su tricentenario 2021. También realizó el documental El Padre Nieves: el martirio a los altares (2017) y elaboró el proyecto arqueológico Plazuelas, temporada 2000, con el INAH Guanajuato, investigando la historia del ejido del lugar de 1935 a 1945.
De igual forma, recibió una beca de investigación por el entonces Instituto de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana de 1999 a 2000. El Instituto Estatal de la Cultura de Guanajuato lo integró en el Programa de Estímulos a la Creación y Desarrollo Artístico en el 2002 para investigar el tema de las mujeres guanajuatenses. Por último, ha participado en diversos congresos de historia y en las Jornadas Estatales de Tertulias Literarias de Guanajuato. Les pido a todos que le brindemos un fuerte aplauso para darle la bienvenida y le cedemos la palabra.
Mtro. José Andrés Márquez Frías:
Bueno, muchas gracias por la presentación y por los aplausos inmerecidos. Espero satisfacer con la plática las expectativas que se tienen de esta. Quiero agradecer primero a Daniel López Vargas, titular de la Unidad del Archivo de aquí de Celaya; a la maestra María Dolores Segoviano Espinosa, coordinadora del Archivo; y a Rafael Soldara, director de aquí del Museo de Celaya, por la invitación que me hicieron. Fue una plática que no me esperé; estaba en el Archivo, llegó Rafael Soldara y me abordaron. Me dijeron: «Vamos a dar una plática». Me pidieron que les propusiera temas y les propuse tres: las fuentes para estudiar las batallas de Celaya y del Bajío, un tema sobre mujeres, y esta que les voy a presentar el día de hoy. Optaron por esta tercera, me imagino por ser un tema novedoso para Celaya. De las batallas de Celaya ya se ha hablado mucho y de las del Bajío en general, pero de Celaya se conoce poco de lo sucedido durante la Revolución Mexicana, y es de lo que les voy a hablar.
En la publicidad le pusieron «charla magistral»; eso de magistral se los agradezco mucho. Traigo abundante información, espero sea de su agrado y de su entera satisfacción. Voy a poner algunas imágenes y dos corridos de guanajuatenses de la época, corridos no conocidos. Conocemos corridos a nivel nacional: Pancho Villa, Emiliano Zapata, la batalla de Celaya, la toma de Zacatecas; pero no conocemos nada sobre los corridos en el estado de Guanajuato. Espero me aguanten la plática, va a durar alrededor de 40 a 45 minutos. Más que una plática va a ser una lectura, traigo aquí el texto preparado porque sí es extenso lo que les voy a exponer.
Yo le titulé «La Revolución Mexicana en Celaya: más allá de las batallas del Bajío». Más que de las batallas de Celaya, es de las batallas del Bajío, porque en la región se desarrollaron enfrentamientos entre Pancho Villa y Álvaro Obregón. Bajo los estudios que se han realizado sobre la Revolución Mexicana en el estado de Guanajuato, se puede afirmar que esta entidad no permaneció aislada del acontecer nacional ni fue escenario accidental para que villistas y carrancistas se enfrentaran entre abril y julio de 1915. Aquí hubo lucha armada cuyas causas se dieron por inconformidades internas, aun cuando los rebeldes y los políticos de la entidad se abanderaron con los planes revolucionarios de otras partes del país. Como lo subraya David LaFrance para el movimiento maderista nacional, los grupos locales se dijeron seguidores de Madero a pesar de que sus posturas no fueron fiel copia de los planteamientos de dicho líder. Los revolucionarios de México se mostraron más liberales que el propio Madero y se abanderaron con los postulados del Plan de San Luis con el objetivo de exigir el cumplimiento de demandas no contempladas en dicho documento, e incluso con la intención de vengar agravios locales y personales.
Según David LaFrance, el estado de Guanajuato fue de las entidades donde los movimientos políticos y subversivos maderistas se manifestaron con menor rigor a inicios de la Revolución (1909-1911) en comparación con el norte y centro de México. No obstante esta relativa pasividad, Guanajuato manifestó una lucha armada y una serie de protestas sociales como los motines urbanos (mayo-julio de 1911) y las huelgas rurales (1911-1912), las cuales fueron controladas muchas de las veces por las élites municipales y estatales. Dichas protestas buscaron mejorar las condiciones laborales, salariales y sociales de los trabajadores, además de exigir que a los peones del campo no se les redujera su ración alimentaria. La manera de contrarrestar los referidos movimientos sociales fue con la oposición de la Cámara Nacional de León, la cual logró con sus similares de Silao suspender las exigencias de los medieros, jornaleros y peones.
Posteriormente, la lucha armada determinó las circunstancias en la entidad, intensificándose entre mediados de 1914 y 1915 con el paso de las fuerzas carrancistas y villistas hacia la Ciudad de México tras la derrota del ejército federal huertista. Esta presencia norteña provocó que el Bajío guanajuatense viviera la escisión revolucionaria (villistas contra carrancistas), la cual ocasionó una severa inestabilidad agrícola, demográfica y política. Durante y después de esta etapa, los habitantes sufrieron la cotidianidad de los robos de alimentos y dinero, enfrentamientos armados, asesinatos, ataques a poblaciones, violación de mujeres, préstamos forzosos y la persecución de los llamados enemigos de la revolución.
A causa de esto se registraron migraciones internas y externas, detonadas por la crisis económica, la carestía de alimentos y el desempleo casi generalizado. Ante la hambruna, la población en general —que en su mayoría permaneció al margen de levantarse en armas— se vio en la necesidad individual o colectiva de robar alimentos y dinero para subsistir. Aunque no se adherían formalmente a los grupos armados locales, la población manifestaba su simpatía por líderes de renombre nacional, especialmente por Pancho Villa. En los archivos locales de Celaya y Salamanca existen numerosos documentos sobre esta inclinación. Los manifestantes solían ser hombres que, en estado de ebriedad, gritaban «¡Viva Villa!» a altas horas de la noche, siendo perseguidos por la patrulla nocturna. Friedrich Katz señala al respecto que Villa mantenía una disciplina notable y no permitía que sus hombres saquearan o robaran a voluntad al tomar una ciudad, a diferencia de los bandoleros locales.
Para comprender la dinámica de estos grupos locales —a quienes la población calificaba de bandidos—, destacan varios hechos sucedidos en el Bajío: el 22 de mayo de 1916, tras los disturbios en Santa Cruz (hoy Juventino Rosas), la población quedó abandonada y tuvo que organizarse para defenderse de las depredaciones; en agosto, un grupo asaltó y descarriló un tren de pasajeros en Pénjamo; y a finales de año, fuerzas de Ramón Ortiz y Francisco Palo Alto asaltaron un tranvía en Juventino Rosas. Debido a estos ataques, entre 1916 y 1917, habitantes del norte y oriente del distrito de Celaya se desplazaron a la cabecera municipal, la cual contaba con guarnición militar y cuerpo de policía para su defensa.
Cabe apuntar que los autoproclamados revolucionarios de la entidad no pretendían cambiar las estructuras políticas o sociales vigentes. La lucha fue patrocinada y dirigida por una parte de la élite local (hacendados, rancheros, clérigos y funcionarios) que buscaba conservar el orden establecido o adaptarlo a sus intereses. La división en la entidad se manifestó entre quienes buscaban ascender a cargos políticos tras ser afectados por los gobiernos en turno, y quienes aspiraban a la continuidad del poder. Fue esa élite desplazada la que conformó a los grupos rebeldes para defender sus posiciones, aun cuando jefes como el profesor Cándido Navarro o el mediero Benito Canales sí mostraron una preocupación real por la justicia social. Respecto a la tropa, esta era enlistada de manera obligada por los patrones o se sumaba en busca de subsistencia y venganza.
En cuanto a las fases del conflicto en Guanajuato (1911-1914, 1914-1915 y 1915-1918), la primera etapa estuvo motivada en gran medida por la inequidad en el pago del impuesto predial rural. En el distrito de Silao, principal foco de rebelión en 1911, las haciendas y ranchos aportaban una cuota tributaria desproporcionadamente mayor que las propiedades urbanas, a diferencia de León, donde la relación era inversa pero cuyas fincas rurales pagaban la contribución al fisco más alta del estado (18%).
Respecto a los enfrentamientos de las Batallas del Bajío y la derrota villista, existen tres factores clave señalados por la historiografía y los testimonios de la época:
1. La estrategia militar y posición defensiva asumida por Álvaro Obregón.
2. La falta de suficiente parque y municiones para los villistas, tanto al inicio como al final de los combates.
3. La afirmación extendida entre los combatientes y pobladores de que el parque utilizado por las tropas de Villa era de salva.
Sobre esto último, en Celaya se conservaba el testimonio de veteranos como don «Churo» Vélez, quien recordaba cómo las balas villistas no surtían efecto. Incluso contaba que, durante un momento crítico, el cornetista de Obregón confundió la orden de «retirada» y tocó «avanzada»; los obregonistas se lanzaron al frente y, al encontrarse con unos villistas desarmados y sin parque efectivo, consolidaron la victoria. Para profundizar en estos aspectos, se puede consultar mi artículo «Las batallas del Bajío: una visión historiográfica», publicado por el Archivo General del Estado, así como mi tesis de licenciatura El impacto social de la Revolución Mexicana en el Bajío guanajuatense: 1914-1918.
Paralelamente a las acciones militares, el proceso de reparto agrario desencadenó fuertes tensiones en la región. Con la aplicación de las leyes revolucionarias, comunidades como Cortazar, Iramuco (Acámbaro), La Magdalena (Valle de Santiago), Uriangato (Yuriria) y San Miguel Octopan (Celaya) iniciaron la restitución o dotación de tierras. Sin embargo, los hacendados afectados financiaron a grupos subversivos para impedir que los campesinos tomaran posesión de los ejidos. Mientras que en Valle de Santiago las fuerzas de Inés Chávez García arrasaron con el pueblo de La Magdalena, en Celaya el acoso se concentró en los líderes comunitarios.
En San Miguel Octopan, los indígenas dotados con tierras de las haciendas de Jáuregui, Molina y Moralitos sufrieron constantes amenazas y robos. Documentos del archivo municipal muestran las declaraciones del entonces presidente municipal de Celaya, José Pérez Vela, y del apoderado legal del pueblo, Lucas Camargo, junto con su ayudante José María Carreño. Ambos representantes testificaron que los bandoleros actuaban bajo el patrocinio directo de los administradores de las haciendas afectadas para obligarlos a abandonar los campos, señalando que, mientras los campesinos eran perseguidos a muerte, las instalaciones de las haciendas permanecían intactas sin sufrir asaltos.
Esta paralización del campo, sumada al acaparamiento de mercancías por parte de los comerciantes, detonó una severa carestía de alimentos y una hambruna generalizada en todo el país. Como señala la documentación oficial de Celaya de la época:*“Ya el pueblo comienza a resentir la necesidad por el alza del maíz, y muy de temerse es que la consecuencia inmediata sea el aumento del bandidaje por hambre”. Ante la violencia en las zonas rurales, miles de familias se desplazaron a las cabeceras urbanas. A diferencia de capitales como Guanajuato, donde la población disminuyó hasta en un 50% entre los censos de 1910 y 1921, Celaya mantuvo e incrementó su número de habitantes debido al flujo de refugiados que buscaban la protección de su guarnición militar.
A este panorama de crisis se sumó la política anticlerical del gobierno carrancista. Los revolucionarios consideraban a la Iglesia católica un factor de atraso y acusaron al clero de complicidad en el golpe contra Francisco I. Madero y José María Pino Suárez. En consecuencia, el gobierno procedió al saqueo y cierre de templos, la incautación de propiedades, la prohibición del repique de campanas y la imposición de préstamos forzosos. En Celaya, previo a las batallas de 1915, las autoridades locales debieron intervenir para evitar que mandos carrancistas se apoderaran de las joyas y coronas de la Virgen de la Purísima Concepción.
En respuesta a la persecución, algunos sacerdotes instaron a sus feligreses a sumarse a las guerrillas locales o apoyaron directamente a las fuerzas subversivas, como el caso del sacristán Julián Falcón, fusilado cerca de León en 1916. Ante esto, el régimen carrancista intensificó las sanciones: en 1917, aplicando la Constitución recién promulgada, Venustiano Carranza ordenó la expulsión de presbíteros extranjeros, entre ellos los religiosos españoles Cassiano Sánchez y Rosendo Oyeda, quienes oficiaban en Celaya.
Ese mismo año se decretó la regulación y cierre masivo de templos. Un documento del Archivo del Distrito de Celaya muestra que el presidente municipal sugirió que, de los 20 templos existentes en la ciudad, solo permanecieran abiertos cuatro para el culto público: San Francisco, El Carmen, La Merced y San Agustín. Los templos de barrio y capillas menores se propusieron para clausura por considerarse innecesarios o de uso secundario, mientras que la Parroquia se descartó debido a su extrema cercanía con el convento de San Francisco.
En balance, el periodo de 1911 a 1918 en Guanajuato dejó profundas secuelas locales: violencia contra la población civil —como los abusos cometidos por tropas carrancistas en San Miguel Octopan en 1915 o los asesinatos en San Nicolás Esquiros en 1916—, préstamos forzosos a hacendados y un estancamiento económico severo que llevó al municipio a negar auxilio de víveres a las tropas de Obregón por encontrarse la economía totalmente devastada.
Para concluir esta exposición, quiero mencionar el caso del jefe subversivo Francisco «Pancho» Palo Alto, quien operaba desde Santa Cruz (Juventino Rosas). Documentos de 1917 revelan que mantenía contacto con la celayense María Mercedes Mesa, encargada de enviarle parque e instigarlo a atacar la guarnición de la Hacienda de San Juanico. Aunque ella fue detenida en noviembre de 1917, el ataque a la hacienda se consumó en febrero de 1918 por las fuerzas conjuntas de Ramón Ortiz, Palo Alto y José Gutiérrez.
Aprovecho la ocasión para recomendarles dos obras fundamentales para profundizar en estos temas: mi libro Revolucionarias, delincuentes y afectadas: mujeres guanajuatenses durante el Porfiriato y la Revolución Mexicana, donde analizo la condición social, la participación armada, los delitos y las primeras manifestaciones del feminismo en la entidad; y el libro del investigador Hilario Pescador Razo, El corrido en Guanajuato, una recopilación documental de 68 corridos de la época con su contexto histórico, el cual incluye las composiciones dedicadas a personajes como Pancho Palo Alto y que se encuentra disponible de forma gratuita en formato digital.
Muchas gracias a todos por su atención. #MetroNewsMx #GuanajuatoDesconocido


