La corrección fraterna, el reto de amar hoy: Mons. Víctor Alejandro Aguilar Ledesma

Guanajuato Desconocido
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Eugenio Amézquita Velasco

-La corrección fraterna exige humildad y caridad, superando la soberbia y la ira que bloquean la autocrítica para evitar daños mayores en las familias.
-El obispo advierte sobre la crisis de autoridad donde padres contemporáneos ceden ante chantajes, perdiendo su rol formador frente a los hijos.
-Toda corrección cristiana debe fundarse en los mandamientos como norma objetiva, buscando genuinamente la salvación eterna del prójimo y no el desahogo personal.
-Ante relaciones tóxicas persistentes, el Evangelio avala cortar por lo sano con madurez y libertad cuando la amonestación no genera ningún cambio.
-La verdadera unidad eclesial y familiar requiere que Jesucristo ocupe el centro de las decisiones, alcanzando acuerdos sólidos a través de la oración.

La diócesis de Celaya vivió una jornada de profunda reflexión pastoral durante la misa dominical oficiada por Monseñor Víctor Alejandro Aguilar Ledesma, quien centró su mensaje en un tema crucial y complejo para la sociedad actual: la corrección fraterna. El jerarca católico lamentó que en la época contemporánea este principio humano y cristiano se haya vuelto difícil de aplicar debido a la pérdida de referentes objetivos y al rechazo generalizado a ser interpelados.



Durante su homilía, el obispo señaló que la falta de una noción clara de la verdad ha llevado a que cada individuo invente su propio código de conducta, normalizando prácticas nocivas arraigadas en la cultura popular. Frente a esta dispersión moral, recordó que los mandamientos de la ley de Dios constituyen el único punto de referencia auténtico para regular las pasiones humanas y garantizar el bienestar comunitario a través del amor al prójimo.

Un eje central de su intervención fue el análisis de la humildad como requisito indispensable para aceptar los señalamientos. Explicó que, al recibir una llamada de atención, el ser humano activa un sistema inmunológico espiritual dominado por la ira, la cual actúa como mecanismo de defensa para encubrir otros defectos. En este sentido, criticó la pérdida de autoridad en los hogares actuales, donde muchos padres abdican de su responsabilidad formativa por temor a las reacciones o chantajes de sus hijos.

Monseñor Aguilar Ledesma enfatizó que el motor de cualquier amonestación debe ser estrictamente el amor y el deseo genuino de que el prójimo alcance la salvación eterna, despojándose de cualquier intención de desahogo personal o confrontación estéril. Asimismo, retomó las directrices evangélicas sobre los pasos a seguir —desde el diálogo personal hasta la intervención comunitaria— y reconoció que existen circunstancias donde, tras agotar los intentos de reconciliación y persistir la cerrazón, es necesario poner distancia por salud emocional y espiritual.

Finalmente, el obispo concluyó exhortando a las familias y comunidades a buscar consensos basados en la gracia divina y la oración comunitaria, permitiendo que sea Jesucristo quien gobierne el centro de los hogares y las agrupaciones apostólicas para caminar unidos hacia la vida eterna.

La transcripción de la Homilía de Mons. Víctor Alejandro Aguilar Ledesma, Obispo de Celaya

Mons. Víctor Alejandro Aguilar Ledesma: 
Tenga la bondad de sentarse, por favor. Estimados hermanos y hermanas, al escuchar hoy la palabra de Dios, encontramos hoy un tema que es más fácil predicarlo y estudiarlo que vivirlo: el tema es sobre la corrección fraterna. Todos, especialmente nosotros los un poco más viejos, pues sabíamos y nos corregían nuestros padres, a veces con dureza, a veces exacerbadamente, a veces se les pasaba la mano, pero siempre el papá y la mamá nos corregían, inclusive los adultos corregían a los menores y a los pequeños; los maestros corregían a sus alumnos y así podíamos nosotros gracias a ellos y a sus correcciones enderezar nuestra vida. Cuando uno llegaba a la casa con una cosa que no era suya, te decía tu padre o tu madre: "¿Dónde es eso?", y decías: "Es que me lo encontré". Los chiquitillos inventan esas cosas y decía tu papá o tu hermano: "Regrésalo, ¿qué me encontré ni que nada!".

Cuando uno cometía una falta en la escuela, los maestros te reprendían; si persistían los daños, pues hablaban con los papás, como marca el evangelio: primero personal, luego dos o tres, el papá y la mamá, y después, bueno, si uno persistía, pues te corrían de la escuela, decían: "Pues tú no tienes remedio". También cuando los sacerdotes corregían a las comunidades, pues también hacían caso, ¿verdad? Pero ahora no, y ahora los patos le tiran a las escopetas.

Ahora, si algún laico que está en alguna asociación hay que corregirle, decirle que ya deje la asociación porque no está haciendo bien, luego van y te demandan los derechos humanos, y ahora tienen que ir a conciliación y arbitraje, ahora tienes que ir a... válgame Dios pues, o sea, no sé, pero hoy ya nadie se deja corregir, primero porque no tenemos una idea clara de lo que es la verdad. Entonces, cada quien inventó su verdad, entonces cada quien está bien, por eso es necesario tener un punto de referencia. Para nosotros los cristianos, en esto de la corrección —y eso no es como se hace en lo civil—, acá entre nosotros tenemos un punto de referencia que es para cada uno de nosotros los mandamientos de la ley de Dios.

Entonces aquí dice: "No robarás, no matarás, no cometerás adulterio", etcétera, etcétera. Todo esto, ¿por qué? Porque esto es para nosotros el mandamiento del amor. Dice San Pablo: "Esta es nuestra deuda, amar a los demás", y amar a los demás significa no hacerles daño; por consiguiente, yo no le puedo tomar sus cosas; por consiguiente, el hombre no puede andar con la mujer de alguien, es que acabo que mientras no te cachen... No es que te cachen o no te cachen, es que esto es lo que no debes hacer, o sea, tienes que tener una norma para que tu conducta, tus instintos, tus pasiones se regulen.

Si no, vamos a ser: "Es que yo digo que esto es bueno, pues yo digo que no", ah, bueno, pues entonces para uno va a ser bueno y para otro malo. Entonces, ¿cómo corriges a quién?, ¿quién está bien? Pues todo el mundo está bien, y aprendemos cosas hasta socialmente mal. Nosotros decimos: "El que no tranza...", ¿quién les enseñó eso?, todos se lo saben: "El más grande se amuela al más chiquito", "El pez más grande se come a lo más chiquito", o sea, es que no se puede, no se debe. Por eso necesitamos una norma objetiva que sea la expresión de nuestra caridad.

Mons. Víctor Alejandro Aguilar Ledesma: 
Segundo, tenemos que tener humildad, humildad para reconocer que todos nos equivocamos, que todos fallamos, unos en una cosa, otros en otra cosa, todos somos pecadores, todos. Entonces, todos necesitamos que alguien nos ayude a corregirnos, pero necesitamos humildad. Cuando uno le enseñaban los pecados capitales, decían: "Contra la soberbia, humildad". Entonces, no creas que tú siempre tienes la razón, no creas que tú siempre estás bien; o sea, nosotros tenemos que ser humildes, reconocer que nos equivocamos y que también necesitamos corrección, que nos corrijan. Todos, todos necesitamos corrección, todos nos equivocamos. Pero cuando el Señor dice "Corrige a tu hermano", todos estamos pensando que a nosotros nos toca corregir. ¿Por qué no nos ponemos del lado del que le toca que lo corrijan?, porque tú dices: "Ah, aquí nos dice cómo debemos corregir a los otros", sí, esa es una parte de lo que nos dice hoy el evangelio, pero también ponte del lado del que debe ser corregido, porque a todos también sí nos gusta corregir, nos gusta decir por dónde, queremos tener la última palabra, pero se nos olvida también que debemos ser humildes.

Y por eso, cuando una persona nos corrige o te corrigen, inmediatamente el sistema inmunológico del pecado sale a protegerte, y por eso lo primero que viene es el pecado capital de la ira. La ira es decir: el enojo me protege de todos los otros siete, de otros seis pecados capitales. Entonces, si tú eres una persona envidiosa, avariciosa, perezosa, etcétera, y te dicen algo, sale a defensa luego un pecado capital, ¿cuál?, la ira: "Me enojo, no me estés diciendo nada", entonces sale el pecado capital a protegerte de tus otros pecados capitales que tienes ahí, así ya no te van a decir nada porque ya se enoja. Y así le dicen a la gente: "No le digas nada a él, porque se enoja", hijo: "No le digas nada a tu hermanito, porque se enoja", porque sale el pecado capital luego primero a defender de los otros. Y en lugar de dejarse corregir, me enojo y me enojo, y para todo me enojo: "Eh, no me digas nada porque me enojo, y si me enojo yo no respondo, ya sabes cómo soy". Entonces te bloqueas, ¿verdad?, así como un sistema para que nadie pueda entrar y nadie te corrija y nadie te diga.

Por eso necesitamos la humildad, si no, va a ser muy difícil corregirnos. Y los pasos que se nos dicen tanto en el evangelio, y eso tiene esos principios, es decir que nosotros también somos responsables de la vida personal y de la vida de los hermanos, como dice el profeta Ezequiel: dice el Señor, si yo digo una palabra y esa es una palabra que sale de sentencia condenatoria, es decir, contra un hermano, ¿por qué?, porque ahí están los principios que son los mandamientos, tú tienes la obligación de decirlo, de amonestar. Cualquiera de nosotros tenemos esa obligación, eh.

Mons. Víctor Alejandro Aguilar Ledesma: 
Los padres de familia tienen obligación de corregir a los hijos, ¿sí o no? A ver, los niños, sí, ¿tienen obligación los papás de corregirlos? ¿Verdad que sí? Si el problema no es saber qué sí tiene que hacer, sino que lo hagamos, y hoy verdaderamente tenemos un montón de padres insignificantes, padres que hoy obedecen a sus hijos, hoy los hijos quieren regañar a los papás y tienen que decir lo que quieren y cómo van a hacer las cosas, porque si no: "Me enojo, ay, y si no me corto las venas", con chantajes, con cosas, es decir, se protegen, ¿verdad?, para que su sistema inmune no se sienta atacado porque están corrigiéndolo. Pero el amor debe ser el motivo de la corrección, el amor, porque nos interesa que el otro se salve. Por eso dice el Señor: "Dile a él, para que si te escucha y si te escuchó, se enmiende".

Pero es importante a veces decirle, porque es verdad que a veces estamos embotados en nuestro mundo y puede ser que no te percates de que estás mal, y puede ser cierto, por eso es importante advertir, amonestar. El término griego significa "haz que escuche", pero si el chiquitillo quieres que hablarle y trae sus audífonos inteligentes, necesitas quitárselos: "A ver, espérame, a ver, voltéame a ver y te voy a decir, escucha". Ya si después no quiere, pues hay que hablar con el psicólogo y el psiquiatra, pero bueno, primero tú tienes que decirlo, tú, pero por amor, dice San Pablo: no tenemos otro compromiso fuerte con el prójimo que amarlo, y amarlo es hacerle el bien, y hacer el bien es que se corrija para que salve su vida.

Es que a mí me interesa que te salves, a mí me interesa que no te condenes, a mí me interesa que te vaya bien en la vida, a mí me interesa que estés bien, por eso te digo esto, no, no, no es por desahogarme, no es por enojarme y decirte cosas o sermonearte, no, no, no, la intención no es esa, es porque te quiero y por eso te prohíbo esto, por eso te digo aquello, por eso te amonesto, por eso te recuerdo la palabra de Dios, por eso te recuerdo la ley de la moral, por eso te recuerdo lo que debes hacer, porque te quiero y quiero que vivas bien y quiero que te salves y quiero que un día seas feliz, no solo aquí en la tierra, sino vayas al cielo, me interesa tu salvación eterna, por eso te digo. 

Y eso tenemos obligación de hacerlo, pero con caridad, dice San Agustín: en lo fundamental, en lo esencial, hay que tener unidad, es decir, en los principios, en los mandamientos de Dios, esos son para todos, unidad; flexibilidad en lo accidental: que me gustan los chiles rellenos y a mí me gustan con huevo, eso no pasa nada; que a mí las palomitas me gustan con mantequilla y a mí me gustan con sal, es accidental, en eso no hay que pelearnos por eso.

Pero en todo, dice San Agustín, caridad, caridad. Si vas a decir algo, vamos a corregir algo, dilo, pero con caridad, no con desahogo de tu pasión, no porque estoy enojado, que sea realmente porque te interesa el bien de la otra persona, no decirle: "Mira, es que te digo esto porque mira cómo me haces sufrir", no, no es chantaje, "Ay, es que mira cuánto me haces gastar en tanto", tampoco, no estamos en una negociación, a mí me interesa que obres bien para que te vaya bien en la vida y salves tu vida, esa es mi intención de decirte esto, y escucha, escucha, pero con caridad.

Mons. Víctor Alejandro Aguilar Ledesma: 
Pero hay que decírselo a la persona, porque a veces lo andamos platicando a medio mundo, pues hay que ponernos de acuerdo qué le vamos a decir, cuando es uno y no te hace caso y luego son dos, bueno, pues dos, pero hay que ver cómo se lo vamos a decir, con caridad, para que te escuche, te escuche. Tercero, pues si ya no, dale a la comunidad, diría ahí San Mateo, que esto sería muy interesante que un día platicáramos cómo se hace la corrección en grupo, pero este no es el momento porque es un poco largo. Pero sí dice ahí también, dice nuestro Señor, aparte ya de la corrección y junto con la corrección, dice: "Y lo que ustedes aten quedará atado y lo que ustedes desaten quedará desatado".

Es decir, hay cosas que hay que atar, hay cosas que desatar, pero no se refiere solamente ahí el sacramento de la reconciliación, se refiere a esas relaciones que tenemos nosotros, unas relaciones realmente tóxicas, hay que ver cuáles relaciones nos ayudan a nosotros a vivir en comunión, en comunidad con los demás y nos llevan a Dios y nos llevan al bien, y cuáles relaciones también hay que romper porque nos separan de la comunidad, nos separan de la familia, nos separan del bien y nos separan de la vida eterna. Hay cosas que hay que romper de verdad, hay gente que se mete en una relación, en un ambiente y no lo rompes, por el bien de esa persona y el bien tuyo hay que romper aunque duela, dicen los médicos: hay que cortar por lo sano. 

O sea, si a una persona ya le diste, ya le dijiste, etcétera, etcétera, y persiste en el mal y no se corrige, dice ahí: pues ya déjala como pagano, es decir, ya no, pues no le insistas, pues tampoco, ¿verdad? Llega un momento en que pues es con tu libertad, tú te obstinas en el mal, tú te obstinas en hacer las cosas a tu modo, no entiendes, como dice la gente: ya te dijimos, ya esto, lo otro, aquello, hermano, pues que Dios te acompañe, Dios te bendiga, ahora ya no somos nosotros responsables, ahora serás tú. Y eso incluye a los hijos, hay hijos ya que tienen ahí 30, 35 años ahí todavía como parásitos en la familia, comiendo y bebiendo y chantajeando al padre y a la madre, ¿verdad?, y ahí los tienen, y la pobre señora ya de 70 años y el viejo ya fregón, ¿verdad?, y que todavía: "Dame para el cine, porque tú me trajiste al mundo y tienes obligación".

Anda la pobre viejita todavía por caridad. Pero todo esto, fíjense, todavía el Señor dice: hay que hacer un ambiente de oración, cuando dos o tres, pero dice ahí: se ponen de acuerdo, ahí va a estar el primer problema, cuando dos o tres se pongan de acuerdo, porque para ponerse de acuerdo hoy en estos días, ah, qué difícil está ponernos de acuerdo en algo, ponernos de acuerdo cómo vamos a obedecer a Dios o en esta familia cómo vamos a cumplir los mandamientos de Dios, ponernos de acuerdo cómo vamos a vivir en la iglesia, cómo nos vamos a comportar, ponernos de acuerdo, a ver, pónganse de acuerdo, está bien difícil ponerse de acuerdo, a veces uno domina al otro y el otro impone al otro. Por eso a veces nuestra oración de intercesión tampoco no, porque dice: "Pónganse de acuerdo", primero dice el Señor: "Pónganse de acuerdo y luego pidan lo que quieran y se les concederá". Pero primero pónganse de acuerdo, qué hermoso que una familia se pusiera de acuerdo, ¿qué vamos a pedir hoy a nuestro Señor?, pónganse de acuerdo en la oración, pónganse de acuerdo qué van a pedirle a nuestro Señor, qué necesidad tienen, pónganse de acuerdo, pidan lo que quieran, después dice ahí, pero no se ponen de acuerdo, piden lo que quieren y se les concede.

Mons. Víctor Alejandro Aguilar Ledesma: 
Y una cosa de la que tenemos que pedir todos es humildad, pedirle al Señor que nos conceda la gracia de corregir y dejarnos corregir, como dice aquel refrán chino: si la gente habla mal de ti y es cierto, corrígete; si no es cierto, ríete, pero hay que saber escuchar, porque Dios nos habla a través de su palabra, nos habla a través de los acontecimientos. Y hoy dice el salmo que escuchamos: hay que escuchar la voz de Dios, y a veces Dios nos habla por muchas cosas y te dice: "Ojo, atención a esto, estás haciendo las cosas mal, no esperes a que se descubra el pastel, no esperes a que te cachen, no esperes a que algo suceda grave, no esperes a que ya estés en la cárcel, no esperes a que ya una cosa suceda para que te des cuenta que debes corregirte, no esperes a que estés en el centro de rehabilitación, no esperes a que...". Si tú escuchas esto y dejas, dice el Señor, habrás salvado tu vida y si alguien te escuchó, habrá salvado también la tuya, qué importante, ¿verdad? 

Y finalmente dice: "Y esto en este ambiente de oración donde dos o tres se reúnen en mi nombre, yo estaré allí en medio de ellos". En medio, porque quien debe estar en medio de la iglesia es Jesús, su modo de pensar, de actuar, sus sentimientos, nuestra vida gira en torno a Cristo, la familia, el mero mero de la familia es Jesús, que se reúnen en torno a Cristo, el grupo del apostolado es Jesús que está en medio. No te pongas en medio, quítate de allí, no es nuestro lugar, el lugar en medio, ¿a quién le toca estar?

A Jesús, de manera que para todos sea el pensamiento de Cristo, las actitudes de Cristo lo que nos una, los que nos mantenga unidos, unidos en Cristo, que él está en medio. Hermanos, como les dije, pues este tema está más fácil predicarlo, estudiarlo, pero hacerlo... hoy, hermanos, que este mensaje de reconciliación nos ayude a reconciliarnos entre nosotros, perdonarnos si hemos ofendido a los demás y nos han ofendido, dejarnos corregir si hemos fallado, tener la humildad, tener la caridad y el amor para corregir al hermano a quienes están con nosotros, y en este sentido que sea hecho con amor, con caridad y que sea la caridad lo que reine en el corazón de cada uno de nosotros. 

En medio de nuestras familias, de nuestro grupo, nuestra iglesia, esté Jesús para que siendo como Jesús todos podamos caminar como hermanos juntos hasta la vida eterna. Que así sea, pónganse de pie, por favor. #MetroNewsMx #Guanajuato Desconocido

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