Eugenio Amézquita Velasco
-Mons. Víctor Alejandro Aguilar visitará la Parroquia Nuestra Señora de la Salud en Celaya este 4 de julio de 2026.
-La fiesta patronal en Celaya tendrá misas, confirmaciones y procesiones, centrando el evento en la vida espiritual.
-La Iglesia enseña que la fiesta patronal debe priorizar la liturgia y la fe sobre las celebraciones sociales externas.
-Las fiestas patronales, según la doctrina, deben evitar la mundanidad y enfocarse en la santificación de los fieles.
-Actividades externas como procesiones deben reflejar la vida interior y la devoción a la Virgen de la Salud.
Este 4 de julio de 2026, Mons. Víctor Alejandro Aguilar Ledesma, obispo de Celaya, hará acto de presencia en las fiestas patronales de la Parroquia Nuestra Señora de la Salud, anunció el Sr. Cura párroco Pbro. Noé Mendoza Núñez.
El sacerdote diocesano explicó que para esa fecha se tienen preparadas diversas actividades litúrgicas entre las que se cuentan las Primeras Comuniones Confirmaciones así como la Santa Misa. Precisó que se efectuará una procesión por las calles con la imagen peregrina a fin de anunciar estas actividades que son un acto de veneración plena a la Reina del Cielo, Madre de la Iglesi ay Madre de Todos los Hombres, la Santísima Virgen María, en su advocación de Nuestra Señora de la Salud.
¿Qué enseña la Iglesia Católica sobre las fiestas patronales de los templos, rectoría y parroquias?
La doctrina de la Iglesia Católica, fundamentada en la enseñanza conciliar de Vaticano II y el magisterio pontificio de los últimos dos siglos, es clara al establecer una jerarquía entre la devoción popular y la celebración espiritual.
A la luz de estos documentos, el motivo principal en las fiestas patronales de un templo dedicado, como en este caso, a Nuestra Señora de la Salud debe ser, indudablemente, la fiesta espiritual, mientras que la fiesta en la calle -el aspecto social y festivo- debe ser considerada únicamente un medio para manifestar la fe y nunca un fin en sí mismo.
El Concilio Vaticano II, en su constitución Sacrosanctum Concilium, subraya que la liturgia es la "cumbre a la que tiende la actividad de la Iglesia y al mismo tiempo la fuente de donde mana toda su fuerza". Por tanto, la fiesta patronal debe estar centrada en la celebración eucarística y sacramental, que actualiza la redención, subordinando cualquier manifestación externa a este fin espiritual.
Los Papas, desde la Evangelii Nuntiandi de Pablo VI hasta la Evangelii Gaudium de Francisco, han valorado la piedad popular, pero siempre bajo la condición de que sea evangelizada y guiada. La fiesta en la calle debe servir para el encuentro con Cristo a través de María, no para el mero entretenimiento. El mensaje es claro: la piedad popular es un "precioso tesoro" que debe conducir a la participación plena en la vida litúrgica de la Iglesia.
Bajo la advocación de Nuestra Señora de la Salud, la fiesta debe enfocarse en la intercesión de la Virgen para la curación del alma y del cuerpo, guiando a los fieles hacia su Hijo. Juan Pablo II, en su encíclica Redemptoris Mater, insiste en que el culto a la Virgen María siempre es un camino hacia Cristo; cualquier actividad festiva que oscurezca este propósito se aleja de la sana doctrina mariana.
La fiesta en la calle -convivencia, procesiones, música- tiene un valor antropológico y comunitario. Sin embargo, según el magisterio reciente, esta dimensión social debe fomentar la caridad, la unidad y la solidaridad parroquial, evitando los excesos de mundanidad que vacían de contenido el sentido religioso del patronazgo. La fiesta debe ser una ocasión para fortalecer el compromiso misionero y la atención a los enfermos y necesitados, honrando así la advocación de la "Salud" de María.
El equilibrio debe ser tal que el motivo principal sea la santificación de los fieles. Si una fiesta patronal prioriza los eventos sociales sobre la adoración, la oración y la caridad, corre el riesgo de convertirse en una festividad profana.
La Iglesia enseña que la fiesta externa es una "puerta" de entrada. Si la puerta es bella pero el interior está vacío, la evangelización fracasa. Por ello, la organización parroquial debe asegurar que todo lo que sucede en la calle -que es legítimo y bueno como manifestación cultural- sea un reflejo de lo que ocurre dentro del templo: la alabanza, la conversión y el encuentro con el Señor bajo la guía amorosa de Nuestra Señora de la Salud. #MetroNewsMx #GuanajuatoDesconocido


