Mons. Benjamín Castillo Plascencia, el Pastor de la dulce mirada

Guanajuato Desconocido
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Eugenio Amézquita Velasco

Con el alma envuelta en el incienso de la gratitud y el corazón latiendo al ritmo de las campanas de nuestra amada Diócesis, que doblan a luto, le damos gracias a Dios por habernos regalado a un hombre que no solo fue pastor, sino padre; un hombre cuya vida fue un puente tendido entre el cielo y la tierra guanajuatense.

Mons. Benjamín Castillo Plascencia (1945 – 2026), IV Obispo de Celaya: El Pastor que caminó con su pueblo

Hoy, Celaya llora con el amor de un hijo que ha quedado huérfano de presencia física, pero que se reconoce heredero de una fe inquebrantable. Don Benjamín no solo ocupó la sede episcopal; él habitó el corazón de cada rincón de nuestra tierra, desde las calles de la ciudad hasta los senderos de los otros diez municipios que, como hermanos, hoy se unen en un solo clamor de cariño: Apaseo el Alto, Apaseo el Grande, Comonfort, Cortazar, Santa Cruz de Juventino Rosas,  Villagrán, San Miguel de Allende, Dolores Hidalgo, San Luis de la Paz y San Diego de la Unión.

Un destino forjado en la santidad y la mística

La historia de nuestro fallecido obispo fue tejida por manos divinas desde su infancia en Guadalajara. Como un detalle precioso que guardaba con humildad, recordamos siempre su formación en la escuela parroquial de Santa Teresita, bajo la guía del Pbro. Román Romo González, hermano de sangre del gran mártir Santo Toribio Romo. 

Allí, entre las páginas del periódico "Lluvia de Rosas", el pequeño Benjamín aprendió que la fe cuesta la vida, pero que esa vida se entrega con alegría. Fue ese aroma de santidad cristera el que perfumó su vocación y lo convirtió en un alumno aventajado del amor al Evangelio.


El visionario de Mi Nueva Catedral

Su mirada siempre estuvo puesta en el horizonte, no por ambición personal, sino por la dignidad del culto a Dios. Don Benjamín fue el gran impulsor y el alma detrás del proyecto de la Mi Nueva Catedral de Celaya. Él no veía solo piedras y concreto; veía un hogar para el perdón, un refugio para la esperanza y un símbolo de una Iglesia joven y vibrante que se atreve a construir futuro. Cada cimiento puesto bajo su mirada es hoy un testimonio de su audacia como constructor de comunidades.

Un Padre sonriente y cercano

Lo recordaremos así: con su pluma dispuesta para anotar las necesidades de sus fieles, con esa sonrisa franca que desarmaba cualquier protocolo. Aquel niño que en quinto de primaria "no se dejó llevar al Seminario" porque Dios tiene sus tiempos, terminó entregando más de medio siglo al servicio del altar. Desde su ordenación en 1974 hasta sus 20 años como obispo que celebramos con tanto júbilo, su ministerio fue una "Misericordia de Dios" hecha carne.

Hasta pronto, Don Benjamín

Hoy, su familia —aquella que nació de doña María de Jesús y don Benjamín— y su familia espiritual —nosotros, sus hijos de la Laja-Bajío— le decimos: Gracias. Gracias por los 10 años de entrega total en Celaya, por ser el obispo del nuevo milenio, por su sencillez de pastor que olía a oveja y su sabiduría de padre que sabía escuchar.

Que los ángeles le salgan al encuentro y que Santo Toribio Romo le dé la bienvenida a la mesa del Reino. Aquí, en su Diócesis, su recuerdo será el faro que siga iluminando la construcción de esa Catedral que él tanto amó, y su nombre quedará grabado, no solo en mármol, sino en la memoria agradecida de un pueblo que tuvo el honor de llamarlo "Nuestro Obispo".

Descanse en paz, el Pastor de la dulce mirada.
#MetroNewsMx #GuanajuatoDesconocido

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