Comonfort vive el Viacrucis en sus calles principales

Guanajuato Desconocido
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Eugenio Amézquita Velasco

-Con diversas imágenes, en Comonfort, la Parroquia San Francisco de Asís salió a las calles este Viernes Santo para el rezo del Santo Viacrucis; los participantes en la escenificación del Mártir del Calvario llevaron de manera vivida la Pasión de Cristo, antes de ser crucificado y muerto, tal y como aconteció hace casi 2000 años.

La Séptima Estación: Jesús cae por segunda vez; bajo el peso de nuestras reincidencias, el Amor se desploma de nuevo.

El camino hacia el Gólgota se ha vuelto un río de fatiga y sangre. Aquel que es la Palabra Encarnada, por quien todo fue hecho, yace ahora postrado en el polvo de Jerusalén. No es un accidente fortuito; es el misterio de la kénosis llevado al extremo: Dios se ha rebajado tanto que toca la tierra que Él mismo moldeó al principio de los tiempos.

El misterio de la flaqueza divina

Contemplamos la Segunda Caída. Si en la primera caída veíamos el inicio del suplicio, en esta segunda vemos la progresión del agotamiento. El cuerpo sagrado de Cristo, azotado y coronado de espinas, cede de nuevo. San Agustín nos recordaría que «se hizo débil para hacernos fuertes»* Sus rodillas golpean las piedras del camino, y el madero de la Cruz, ese altar portátil de la Redención, lo aplasta contra el suelo.

¿Por qué cae de nuevo el Omnipotente? La doctrina de la Iglesia nos enseña que Cristo carga no solo con el pecado original, sino con la reincidencia de sus hijos. Es la caída que representa nuestras vueltas al pecado después de haber sido perdonados; es el peso de la tibieza y de la mediocridad que nos hace tropezar una y otra vez en la misma piedra.

San Juan Crisóstomo nos diría que Cristo no cae por falta de poder, sino por exceso de amor. Cada vez que toca el suelo, está santificando nuestras propias caídas. Santo Tomás de Aquino, el Doctor Angélico, nos explica en la Suma Teológica que la Pasión fue el remedio necesario para todas las enfermedades de nuestra alma. En esta segunda caída, Jesús cura nuestra soberbia, esa que nos hace creer que después de habernos levantado una vez, ya no volveremos a fallar.

Jesús nos mira desde el polvo. Como escribió San Josemaría Escrivá en Vía Crucis: *«Cae por segunda vez... El cuerpo flaquea, pero el Amor quiere seguir». No es la derrota de un hombre, es la victoria de una voluntad que, aun quebrada físicamente, permanece invicta en su propósito salvífico.

El Papa San Juan Pablo II, en sus meditaciones del Coliseo, nos recordaba que esta caída nos interpela sobre nuestra capacidad de levantarnos. Es el eco de la Encíclica Dives in Misericordia: el Padre, rico en misericordia, nos busca en el suelo a través de su Hijo. 

La Segunda Caída es una lección de perseverancia final. Cristo nos enseña que caer es de humanos, pero levantarse es de redimidos. No importa cuán profundo sea el abismo de nuestra recaída, Él ha bajado más bajo que nosotros para que, al extender su mano desde el polvo, podamos aferrarnos a Él.

"Miradlo: está en el suelo. Pero ved cómo se apoya en sus brazos llagados, cómo busca el equilibrio, cómo sus ojos —nublados por la sangre y el sudor— buscan el horizonte del Calvario. No se queda allí. Se levanta porque el Amor no sabe decir basta hasta que lo ha entregado todo".

Oración:

Señor Jesús, que por nuestra fragilidad volviste a besar la tierra bajo el madero de la Cruz: danos la gracia de la contrición perfecta. Que cuando el peso de nuestras culpas y la vergüenza de haberte fallado nuevamente nos impidan mirar al cielo, recordemos que Tú estás ahí, en el suelo con nosotros, listo para levantarnos y conducirnos hasta la meta eterna. ¡Adorámoste, Cristo, y bendecímoste, que por tu Santa Cruz redimiste al mundo y a mi, pecador! #MetroNewsMx #GuanajuatoDesconocido

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