No son una o dos: son 8 Procesiones del Silencio que vivirá Celaya este Viernes Santo

Guanajuato Desconocido
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Eugenio Amézquita Velasco

-Celaya habita una identidad colectiva de expiación. Ocho procesiones borran la frontera entre lo urbano y lo rural.
-"La calle es nuestra y sagrada". La comunidad reclama el espacio público y convierte el silencio en acto devocional.
-La fe no compite, se expande. Las ocho procesiones son brazos de un mismo cuerpo que busca dar consuelo.
-El celayense deposita sus penas en la Pasión de Cristo y acompañamiento del dolor de María para hallar sanación espiritual.
-De El Carmen a Rincón de Tamayo, la procesión es un hilo que une la historia religiosa de Celaya.
-El Viernes Santo es el espejo donde Celaya se reconoce a sí misma a través de Jesucristo y de la Virgen María.
-Muchas de estas procesiones presentan pruebas en video o en imágenes en redes sociales desde hace años, de cómo se realizan.


No es una, o dos o tres procesiones. Ocho procesiones del silencio se realizarán este Viernes Santo, entre las 19:00 y 20:00 horas en Celaya:
-Procesión del Silencio del Templo del Carmen, que cumple 63 años. Se desarrolla en la Zona urbana de Celaya
-Procesión del Silencio de la Parroquia del Carmen, cuyo templo está en Valle Hermoso. Zona urbana de Celaya
-Procesión del Silencio, en Parroquia San Miguel, en San Miguel Octopan. Zona rural de Celaya
-Procesión del Silencio en Parroquia San Bartolomé, de Rincón de Tamayo, anunciada en 2025, en la comunidad de Los Huesos. Zona rural de Celaya
-Procesión del Silencio, que luego cambio en 2025 a "del Santo Entierro", en la Parroquia La Asunción. Zona Urbana de Celaya
-Procesión del Silencio en San Juan de la Vega, Templo Parroquial de San Juan
-Procesión de los Cristos, Rincón de Tamayo.
-Procesión del Silencio en la colonia FOVISSSTE, para este año 2026.


El Viernes Santo, entre las 19:00 y las 20:00 horas, ocurre un fenómeno único en el Bajío mexicano. No es un evento aislado, sino una sincronía de fe que abarcará ocho puntos neurálgicos de Celaya, desde el corazón urbano del Templo del Carmen hasta las tierras labriegas de San Juan de la Vega y Rincón de Tamayo. 


Analizar estos ocho eventos en conjunto nos permite entender que Celaya no solo vive una tradición, sino que habita una identidad colectiva de expiación.

Cuando observamos estas ocho procesiones —urbanas, rurales y de barrios y colonias como el FOVISSSTE, para este 2026— se observa una unidad en la diversidad. 
-La tradición consolidada: La Procesión del Templo del Carmen (63 años) actúa como el eje histórico y estético.


-La resiliencia rural: En San Miguel Octopan, San Juan de la Vega y Rincón de Tamayo, la fe se mezcla con la tierra; es una devoción más ruda, más física, donde los "Cristos" y el silencio tienen un peso ancestral.

En conjunto, estos eventos forman una malla protectora de fe. Celaya se detiene. El ruido del motor y el comercio ceden ante el golpe del tambor y el arrastrar de las cadenas. Es un municipio que, por unas horas, borra sus fronteras entre lo urbano y lo rural para unirse en un solo sentimiento: el acompañamiento a la Mater Dolorosa, que sufre y llora por la muerte de su Hijo, Jesucristo.


¿Competencia o convergencia? Una respuesta al observador crítico

A quien quisiera ver esto como un "acto de competencia" entre parroquias o comunidades, la respuesta es clara: La fe no compite, se expande.


Si alguien intenta medir cuál es la procesión "mejor", "más grande" o "más antigua" para restarle valor a las demás, incurre en un error de lectura religiosa y sociológica así como, en el caso de una nota periodística, la plena ignorancia de quien escribe y el desconocimiento de las fuentes religiosas y de lo religioso en Celaya. Lo que ocurre en Celaya es una descentralización de lo sagrado. 

-No es competencia que Valle Hermoso tenga su propia procesión; es una necesidad de que el barrio tenga su propio consuelo. 
-No es competencia que FOVISSSTE inicie su camino en este 2026; es el nacimiento de una nueva raíz en el concreto.

Diríamos que no son eventos compitiendo por público, sino brazos de un mismo cuerpo extendiéndose para que ningún celayense, esté donde esté -en el campo o la ciudad-, se quede sin la oportunidad de vivir el misterio del Viernes Santo. La multiplicación de procesiones es signo de vitalidad, no de rivalidad. Quien piense lo contrario vive en el error y fuera de lo que es la Procesión Silente en todos estos lugares.


Estos ocho actos llevan insertos tres elementos fundamentales que los hacen indestructibles ante el paso del tiempo:

-La comunión de los santos, un puente hacia Dios. La procesión no es solo un acto de recordar el pasado, sino una vivencia presente de la Comunión de los Santos. Al cargar el mismo Cristo que cargaron los abuelos, la comunidad no está simplemente repitiendo un gesto; está ejerciendo un sacerdocio familiar. Los que nos precedieron en la fe no están "lejos", sino que, en el Cuerpo Místico de Cristo, caminan al lado de los vivos. Es la materialización de la promesa de que la muerte no tiene la última palabra: el Cristo de madera es el testigo de que la fe es un legado divino que Dios confía a las estirpes para que la luz del Evangelio nunca se apague. 

-La Cristificación del sufrimiento, el misterio redentor. Más que "dignificar" el dolor, la fe nos enseña a cristificarlo. El sufrimiento humano, por sí mismo, es estéril, pero cuando se une a la Pasión de Cristo, se vuelve participación en la Redención. El silencio de las procesiones es un vacío lleno de la presencia de Dios: es el momento en que el creyente deja de cargar sus penas solo y permite que Cristo sea el "Cirineo" de su vida. Al unir la enfermedad, el desempleo o el duelo a la Cruz, el fiel entiende que su dolor ya no es una tragedia sin sentido, sino una ofrenda que se une al sacrificio de la Cruz para la salvación propia y del mundo. 



-La consagración del espacio, la calle como templo. La procesión no es una "reclamación de soberanía ciudadana", sino un acto de consagración litúrgica. Al salir a las calles, la comunidad reconoce que el mundo entero es propiedad de Dios. La calle no se "toma" por derecho humano, se "santifica" por derecho divino. Al recorrer el territorio, los fieles están ejerciendo un acto de bendición. Se expulsa el miedo con la presencia de la Eucaristía o la imagen de Cristo, y se bendice el suelo que pisamos. Es la Iglesia saliendo al encuentro de la creación, recordándole al mundo que no hay rincón, por oscuro que sea, donde el Señorío de Cristo no tenga poder para reclamar su Reino. 

Lo que une a estos ocho eventos no es el folclore, sino el misterio de la Pasión hecho vida. Cada procesión es una extensión del Viernes Santo donde el pueblo de Dios se convierte en un solo Cuerpo, ofreciendo al mundo el único consuelo verdadero: que Dios no nos dejó solos en nuestro dolor, sino que caminó —y sigue caminando— con nosotros hacia la Gloria. 

Más allá del turismo y la cultura, existe algo profundamente espiritual

Al participar en el silencio, el celayense entra en un estado de introspección que el mundo moderno no permite. El silencio como lenguaje, en un mundo de gritos, el silencio de estas ocho procesiones es la protesta más fuerte contra el caos.
La imagen como espejo: Cuando el habitante de Los Huesos o de la zona urbana mira al Cristo de su procesión, no ve una estatua; ve su propia fragilidad humana redimida por la divinidad.

Celaya, a través de estos ocho eventos, no solo realiza actos religiosos; realiza un ritual de sanación colectiva. Es la demostración de que, a pesar de las distinciones geográficas o sociales, todos caminamos bajo la misma sombra del madero, buscando la misma luz de esperanza. El Viernes Santo en Celaya es, sencillamente, el momento en que el pueblo se reconoce a sí mismo a través de Dios. #MetroNewsMx #GuanajuatoDesconocido

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