Eugenio Amézquita Velasco
-Comonfort convierte el asfalto en oración. El rezo de los misterios dolorosos transforma la procesión en un acto de fe.
-Cargar la cruz no es tradición, es imitación de Cristo. Fieles llevan el "Árbol de la Vida" como signo de victoria.
-El Padre Felipe de Jesús Vázquez coordina un sacramental, no un show. Como buen pastor, asegura que la piedad sea verdadera catequesis.
-Al salir al espacio público, la Iglesia santifica la calle. La procesión consagra el territorio bajo el señorío de Dios.
-La austeridad de la noche refleja el silencio y la espera de la Pasión de Cristo. El silencio es la protesta más fuerte contra el caos del mundo.
-Niños y ancianos forman parte del Cuerpo Místico. La procesión es sanación colectiva que une a la Iglesia a Cristo.
COMONFORT.- La Procesión de las Cruces en Comonfort, Guanajuato, que se vivirá este Martes Santo, es una de las manifestaciones de piedad popular más puras y teológicamente ricas y únicas en su género en esta fecha, en la región del Bajío. Bajo la guía del Sr. Cura Padre Felipe de Jesús Vázquez Santana, este acto no es un espectáculo, sino una extensión de la liturgia de la Pasión.
El paisaje sonoro: La oración como columna vertebral
La procesión misma revela que es, en esencia, un Rosario Viviente. Desde el inicio, se escucha la proclamación de los Misterios Dolorosos, específicamente la Flagelación y el camino al Calvario. El rezo constante del Padrenuestro y el Avemaría no es una repetición vacía, sino el cumplimiento de la exhortación de Jesús a "orar siempre sin desfallecer". Cada paso es una cuenta del rosario, convirtiendo el asfalto en un espacio de meditación profunda. Los cantos como *"Perdona a tu pueblo, Señor"* resuenan con la doctrina de la expiación. Es el reconocimiento colectivo de la culpa y la súplica por la misericordia divina.
Lo más impactante visualmente es la cantidad de cruces de diversos tamaños y materiales que recorren las calles. Para la Iglesia, la Cruz no es un símbolo de derrota, sino de victoria. Al cargar estas cruces, los fieles de Comonfort realizan una imitatio Christi -imitación de Cristo-. Como dice el Evangelio: "Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día y sígame". La procesión coloca a Cristo en el centro de la vida pública. No se busca la estética del objeto, sino la conexión espiritual con el sacrificio del Redentor.
La presencia y coordinación de la autoridad eclesiástica, en este caso el Sr. Cura Pbro. Felipe de Jesús Vázquez Santana es fundamental. Él no solo "organiza", sino que preside un acto devocional. Su participación asegura que la piedad popular no se desvíe hacia el folclore, sino que se mantenga unida a la doctrina cristiana. Él actúa in persona Christi, guiando al pueblo en su oración y asegurando que cada misterio meditado sea una enseñanza catequética sobre la Redención.
Al sacar la oración de las paredes de la Parroquia de San Francisco de Asís a las calles principales, el párroco cumple con la misión de una "Iglesia en salida", santificando el espacio público.
La Procesión de las Cruces muestra a personas de todas las edades, desde niños hasta ancianos, participando en un silencio respetuoso roto solo por la oración. La procesión une a la Iglesia peregrina -los que caminan en esta vida- con la fe recibida de sus antepasados. Es un acto de sanación colectiva donde el fiel "deposita sus penas en la Pasión de Cristo" para hallar consuelo espiritual. El constante rezo del Avemaría y las alusiones a María como "Madre llena de dolor" sitúan a la Virgen como la primera discípula que acompaña a su Hijo, enseñando a los habitantes de Comonfort a permanecer "al pie de la Cruz".
A diferencia de procesiones ruidosas o coloridas, la de Comonfort destaca por su austeridad. Representa la llamada Kénosis, el vaciamiento de Cristo. Al caminar por la noche, entre las sombras iluminadas por la fe, el fiel entra en un estado de introspección que el mundo moderno intenta suprimir. Es la "protesta del silencio" contra el caos de la vida cotidiana.
¿Qué es la kenosis?
Se puede usar una imagen muy sencilla y poderosa: el acto de vaciarse para poder llenarse de algo mucho más grande. La palabra viene del griego y significa "vaciamiento". Imaginar un vaso lleno de agua sucia o llena hasta el tope de las propias preocupaciones, orgullos, miedos o egoísmo. Para que Dios pueda poner su "agua pura" (su gracia, su amor) en cada uno, primero se tiene que inclinar el vaso y dejar que lo propio se vacíe. Eso es la Kénosis: hacerse pequeño para dejar espacio a lo grande.
San Pablo decía que Jesús, siendo Dios, no se aferró a su poder. Imaginar a un rey que se quita su corona y sus ropas finas para ponerse ropa sencilla, salir al pueblo, lavar los pies de sus trabajadores y compartir su pan. Jesús no dejó de ser Dios, pero "se vació" de su gloria para volverse uno del pueblo, igual en todo menos en el pecado. El eligió no usar su poder para sí mismo, sino para servir. Su Kénosis final fue la Cruz: ahí, Él se vació de todo, incluso de su propia vida, para que los hombres se salvaran.
No se necesita ser un teólogo para vivir la Kénosis; esta se puede vivir todos los días cuando se callado ante una injusticia personal por amor a la paz: En lugar de explotar y defender el orgullo, se vacía de la soberbia para dejar que la humildad de Cristo actúe en la persona. Cuando se dejan los propios planes para atender a un enfermo o a alguien que sufre. Se vacía el "yo" -tiempos, cansancio- para que el amor de Dios llene ese momento. Cuando se perdona a quien hizo daño, está vaciando su vaso de rencor para que el Espíritu Santo pueda llenar ese espacio con su perdón. En el silencio de esta procesión, cuando se camina en el silencio, se vacía de las prisas, de los gritos y del ruido del mundo, para que el alma esté en paz y pueda escuchar lo que Dios quiere decirte en tu interior.
La Kénosis es dejar de ser el centro del propio mundo para que Dios pueda ser el centro. Es entender que cuanto más se "vacía" de los propios caprichos y egoísmo, más lleno estás del amor y la presencia de Dios. Como decía un santo antiguo: “Él debe crecer, pero yo debo disminuir”. Eso es la Kénosis.
La Procesión de las Cruces en Comonfort es un sacramental. No es un evento para ser mirado, sino para ser vivido. Es el momento en que el pueblo de Comonfort se reconoce como un pueblo necesitado de redención, que camina bajo la sombra del madero buscando la luz de la Resurrección. Es, en palabras de la doctrina, la Iglesia que "camina entre las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios".
Esta procesión tiene la función de "abrir" el corazón del creyente. Una procesión -como la de las Cruces o la del Silencio- no es un fin en sí mismo, sino un camino. Al participar en ella, el fiel se despoja del ruido cotidiano, se pone en camino físico y espiritual, y dispone su alma para la conversión y la penitencia. Es un "preparativo" litúrgico que prepara el corazón para la celebración del Triduo Pascual.
También santifica las circunstancias de la vida -el territorio- y este es uno de los puntos más importantes. La Iglesia enseña que no hay espacio humano que no pueda ser santificado. Al sacar una imagen de Cristo o del Santísimo Sacramento a la calle, se reconoce que esta, que suele ser espacio de trabajo, comercio o incluso peligro, pertenece a Dios. La procesión detiene la rutina del mundo. Al convertir el asfalto en un "templo transitorio", la Iglesia recuerda al mundo que toda la creación es propiedad de Dios.
La procesión, al ser coordinada por los párrocos, se integra a la vida litúrgica. No es un evento cultural o turístico porque tiene una finalidad sobrenatural: la alabanza, la súplica de perdón y la profesión pública de fe.
A diferencia de un evento cultural donde el espectador es pasivo, el sacramental exige la participación. Al caminar en procesión, el fiel actúa como el "Cuerpo Místico de Cristo" en movimiento. Se ejercita la lex orandi, lex credendi -la ley de la oración es la ley de la fe-: lo que se hace con el cuerpo al caminar y cargar, refuerza lo que creemos con el alma.
Por lo tanto, esta procesión es un sacramental porque "sacramentaliza" el espacio público: transforma la calle en un lugar donde Dios pasa, donde el pueblo ora y donde la creación entera es puesta nuevamente bajo el señorío de Cristo. Es un vehículo que, a través de la piedad del pueblo, nos hace tocar lo divino sin salir de nuestra realidad cotidiana. #MetroNewsMx #GuanajuatoDesconocido


