Eugenio Amézquita Velasco
-Con 95 años de vida y 71 de ministerio, Monseñor Félix Yáñez celebra su natalicio entregado al servicio del sacramento de la fe.
-El decano de la Diócesis de Celaya recuerda con gozo su ordenación en 1954, marcada por la devoción a la Purísima Concepción de María.
-Originario de Apaseo el Grande, el sacerdote agradece a Dios y a la intercesión de la Virgen por mantenerlo firme en el confesionario.
En los pasillos del Seminario de Celaya, el tiempo parece detenerse ante la figura de Monseñor Félix Yáñez Montoya. A sus 95 años de edad, el sacerdote de mayor antigüedad en la Diócesis no celebra solo un año más de vida, sino un sacerdocio de una fidelidad inquebrantable que inició bajo el manto de la Inmaculada Concepción. Con la lucidez que otorga una vida puesta en manos de Dios, Monseñor Yáñez comparte el gozo de alcanzar este aniversario de natalicio y vida sacerdotal con una sola certeza: todo es obra divina.
Nacido en la histórica tierra de Apaseo el Grande, Monseñor Félix recuerda con profunda nostalgia y alegría los cimientos de su vocación. Fue la guía de su párroco, Efrén Flores Rico, y la sabiduría de su madre, la señora Juana Montoya, lo que desarmó sus dudas infantiles. Con apenas diez años, la invitación al seminario parecía una idea lejana, pero el consejo materno de ir a probar y quedarse solo si le gustaba, terminó por sellar un destino que hoy cumple 95 años de edad.
Su ordenación, ocurrida el 28 de noviembre de 1954 en su pueblo natal, estuvo estrechamente vinculada a los festejos del centenario del dogma de la Inmaculada Concepción. Aquel joven que necesitó una dispensa por su corta edad, cantó su primera misa un 8 de diciembre, iniciando un octavario de fe que marcaría su existencia. Para el padre Félix, la Virgen María ha sido el apoyo fundamental en sus distintas advocaciones, especialmente la de Guadalupe y la Purísima, quienes lo han sostenido para transitar del pecado a la gracia.
Hoy, la imagen más icónica de Monseñor es verlo sentado en el confesionario, administrando el sacramento de la penitencia con una paciencia que solo nace del amor a las almas. Para él, estar ahí perdonando pecados es la forma de corresponder a los beneficios que Dios le ha otorgado. Con la humildad que lo caracteriza, afirma que su labor es simplemente perder la vida por el Evangelio, convencido de que es el Creador quien opera en cada una de sus acciones.
La comunidad diocesana se une en oración y agradecimiento por la vida de este hombre que, a pesar de los años, sigue en pie y trabajando con el entusiasmo de quien sabe que la vida es un regalo prestado para servir. Monseñor Félix Yáñez no es solo el decano de los sacerdotes, es un testimonio vivo de que la gracia de Dios es suficiente para sostener una existencia plena de alegría, paz y un inmenso amor por la Iglesia. #MetroNewsMx #GuanajuatoDesconocido

