Eugenio Amézquita Velasco
El Arcángel San Rafael es una de las presencias celestiales más entrañables, consoladoras y luminosas de la tradición judeocristiana. Su nombre hebreo, Rafa-El, se traduce literalmente como "Medicina de Dios" o "Dios sana", una denominación que define con precisión su misión providencial en el cosmos: ser el instrumento divino de la sanación física, espiritual, mental y emocional de la humanidad.
En la jerarquía angélica, San Rafael es considerado uno de los siete arcángeles que tienen el inmenso privilegio de asistir permanentemente ante el trono de la gloria de Dios, tal como él mismo lo revela en las Escrituras.
A diferencia de San Miguel, cuya figura se yergue con la espada y el estandarte del combate contra el mal, o San Gabriel, el mensajero de los grandes anuncios y de la Encarnación, San Rafael se manifiesta bajo una luz de cercanía, compasión, discreción, guía y restauración. Es el compañero de peregrinaje por excelencia, el médico celestial enviado por el Creador para ungir las heridas del alma y del cuerpo, disipar las tinieblas de la ceguera espiritual y devolver la paz a los hogares afligidos.
La fuente primordial, detallada y canónica donde se detecta y se menciona a San Rafael se encuentra en el Libro de Tobías, un fascinante texto deuterocanónico del Antiguo Testamento que narra la intervención directa y providencial del arcángel en una familia piadosa pero probada por el sufrimiento y la amargura.
-El viaje de Tobías y el compañero misterioso (Tobías 5):
El anciano Tobit, un hombre justo que ha quedado ciego, se encuentra sumido en la tristeza y envía a su joven hijo Tobías a cobrar una tierra lejana una suma de dinero. Para protegerlo en el arriesgado trayecto, Tobías busca un guía y se cruza con un joven apuesto, educado y bien dispuesto que resulta ser el arcángel Rafael bajo la apariencia humana de un hombre llamado Azarías, hijo de Ananías. Desde ese instante, el arcángel se convierte en el fiel protector, consejero y compañero de ruta del muchacho.
-El pez milagroso y la superación del mal (Tobías 6):
Durante el viaje, al acampar a la orilla del río Tigris, un pez gigantesco sale del agua con la intención de devorar a Tobías. Siguiendo las instrucciones precisas dadas por el arcángel, el joven atrapa al pez y extrae su hiel, su corazón y su hígado. Rafael le explica que estos elementos poseen un profundo poder medicinal y espiritual: quemar el corazón y el hígado del pez ahuyenta al demonio Asmodeus —el espíritu maligno que había matado a los siete maridos anteriores de Sara—, permitiendo que Tobías se case con ella en un ambiente de gracia; por su parte, la hiel del pez es el remedio exacto para curar las cataratas de su padre.
-La curación de la ceguera y la gran revelación (Tobías 11-12):
Al retornar al hogar familiar, Tobías aplica la hiel del pez sobre los ojos de su padre Tobit, quien recupera instantáneamente la vista entre lágrimas de gratitud y alabanzas al Creador. Cuando la familia, desbordada de alegría, intenta recompensar generosamente al guía Azarías ofreciéndole la mitad de sus bienes, el arcángel revela finalmente su verdadera identidad celestial con estas memorables palabras:
"Yo soy Rafael, uno de los siete ángeles que están presentes y tienen entrada ante la gloria del Señor... Bendecid a Dios todos los días y cantad sus alabanzas. No temáis, la paz sea con vosotros. Bendecid a Dios por los siglos." (Tobías 12:15, 17).
-Asociación en el Nuevo Testamento:
Aunque el nombre de San Rafael no aparece explícitamente en los textos neotestamentarios, la tradición cristiana ha visto tradicionalmente un reflejo de su ministerio sanador en el relato del Evangelio de San Juan (5:2-4), donde se describe la piscina de Betesda en Jerusalén, cuyas aguas sanaban a los enfermos gracias a la bajada periódica de un ángel del Señor que agitaba las aguas.
Los Santos Padres y Doctores de la Iglesia sobre San Rafael
La patrística y los grandes doctores de la Iglesia han profundizado con rigor teológico en el papel consolador y médico del arcángel:
-San Agustín de Hipona: En sus análisis sobre la providencia divina y los ángeles ministeriales, destaca cómo Dios no abandona al hombre en sus destierros terrenales, enviando a mensajeros como Rafael para guiar los pasos de los peregrinos y custodiar la integridad de las familias.
-San Gregorio Magno: Al comentar las jerarquías celestiales en sus famosas homilías, subraya que a aquellos espíritus celestes que realizan operaciones de curación profunda y compasión singular se les asocia con el nombre de Rafael, reflejando cómo la misericordia de Dios desciende para reparar las dolencias humanas.
-Santo Tomás de Aquino (Doctor Angélico): En la Suma Teológica, al tratar la naturaleza de los ángeles y su capacidad de asumir cuerpos aparentes para interactuar con los hombres, examina el episodio del libro de Tobías. Santo Tomás explica que la manifestación corpórea de San Rafael demuestra la condescendencia y docilidad de los ángeles para cumplir misiones específicas de salvaguarda y auxilio bajo la voluntad divina, sin alterar su esencia incorpórea.
La doctrina católica enseña que la existencia de los seres espirituales e incorpóreos que la Sagrada Escritura llama ángeles es una verdad de fe. El Catecismo de la Iglesia Católica (CIC 336) afirma que "desde su comienzo hasta la muerte, la vida humana está rodeada por su custodia y intercesión". En este gran ejército de espíritus protectores, San Rafael ocupa un lugar preeminente como el símbolo de la sanación integral que Dios regala a sus hijos.
La Tradición y el patronazgo devocional
A lo largo de los siglos, la devoción popular ha consagrado a San Rafael como el protector universal de sectores muy específicos de la vida humana.
-Los viajeros y peregrinos: En recuerdo del largo y seguro viaje que realizó acompañando a Tobías.
-Los enfermos, médicos, enfermeros y farmacéuticos: Honrándolo bajo su título de la "Medicina de Dios".
-Los ciegos y quienes padecen afecciones visuales: En memoria de la restauración de la vista del anciano Tobit.
-Los novios, los matrimonios y la salud familiar: Por su intervención decisiva para unir en santo matrimonio a Tobías y Sara, ahuyentando las fuerzas de la división y la discordia.
Su festividad litúrgica se celebra conjuntamente con los arcángeles San Miguel y San Gabriel cada 29 de septiembre, recordando que los mensajeros del cielo están siempre dispuestos a guiar y sanar a quienes invocan la ayuda divina. #MetroNewsMx #GuanajuatoDesconocido


