- La historia de los obispos de Celaya muestra que los nombramientos se han mantenido en estricto secreto hasta la preconización oficial.
-El nombramiento episcopal es un proceso confidencial coordinado por el Nuncio y resuelto por el Papa, ajeno a partidos políticos.
-La preconización es el anuncio oficial y público del Vaticano nombrando a un nuevo obispo, término derivado de los antiguos heraldos.
-Para ser obispo se exigen sólidas virtudes, buena reputación, al menos 35 años, 5 de sacerdocio y estudios eclesiásticos superiores.
-En la antigüedad, santos obispos fueron elegidos por aclamación popular, un método que evolucionó con la historia de la Iglesia.
-La Lucha de Investiduras y el Concordato de Worms en 1122 garantizaron la autonomía de la Iglesia frente al poder temporal.
En la historia de los cinco últimos obispos que ha tenido la Diócesis de Celaya y hasta este próximo que será el sexto obispo de Celaya, jamás se supo quién ocuparía el cargo por primera vez ni los sucesores de él. Así lo demuestra la historia de la Diócesis de Celaya y las publicaciones de medios. La noticia se dio en el preciso instante que la Santa Sede publicó oficialmente las llamadas respectivas preconizaciones.
En los años setentas, jamás se tuvo noticia de que Mons. Victorino Álvarez Tena, obispo de Celaya, oriundo de Puruándiro, Mich., sería el primer obispo de Celaya. La información se reservó por la Santa Sede hasta el último momento. cabe destacar que Mons. Álvarez tena fue padre conciliar, es decir, participante en el Concilio Vaticano II.
Hechos semejantes se dieron en las preconizaciones de Mons. Jesús Humberto Velázquez Garay, Mons. Lázaro Pérez Jiménez, Mons. Benjamín Castillo Plascencia y del mismo Mons. Víctor Alejandro Aguilar Ledesma. Es la primera vez en la historia de la diócesis de Celaya, que uno de sus obispos en funciones, es preconizado obispo para otra diócesis del país.
Celaya tuvo a sus obispos hasta el final de sus vidas o por renuncias presentadas ante la Santa Sede, por lo que en sus registros destaca haber tenido dos obispos eméritos, en estos casos, Mons. Velázquez Garay y Mons. Castillo Plascencia.
Los mecanismos que la Iglesia tiene para el caso
No se puede saber de antemano de forma oficial ni certera quién será el próximo obispo. Todo el proceso de selección y nombramiento está blindado por estrictas normas de confidencialidad y reserva eclesiástica.
Primero, que existe el secreto en la consulta. Las investigaciones y consultas discretas que realiza el Nuncio Apostólico con sacerdotes, obispos y laicos están sujetas a una estricta confidencialidad. A las personas consultadas se les exige guardar absoluta discreción sobre el proceso y sobre los nombres evaluados.
En segundo, la reserva en el Vaticano. La terna de candidatos que se envía a Roma, el análisis del Dicasterio para los Obispos y la decisión final del Papa son de carácter estrictamente reservado.
En cuanto a las especulaciones y rumores, es importante señalar que aunque en los círculos católicos o en medios de comunicación locales suelen circular "quinielas", nombres probables o filtraciones extraoficiales, estas son meras suposiciones y muchas veces resultan incorrectas, ya que la decisión final es un acto soberano del Papa.
¿Qué es lo que se conoce como preconización?
La preconización es el acto oficial y público mediante el cual la Santa Sede -el Vaticano- anuncia el nombramiento de un nuevo obispo, arzobispo o la provisión de una sede episcopal. Es la forma formal en la que se comunica a la Iglesia universal y a la opinión pública quién ha sido designado por el Papa para asumir el gobierno pastoral de una diócesis.
El término proviene del verbo preconizar, con orígenes lingüísticos e históricos. Deriva del latín tardío praeconizare, que significa "proclamar públicamente", "anunciar de forma solemne" o "alabar". El verbo latino se compone a partir de praeco, praeconis, que en la antigua Roma era el pregonero o heraldo oficial encargado de dar los bandos, decretos y avisos importantes a viva voz en las plazas públicas. Está estructurado con el prefijo latino prae-, que significa "delante de" o "antes".
En conjunto, etimológicamente significa "hacer una proclama pública" o "anunciar a voz de heraldo". Este concepto histórico se conservó en el lenguaje eclesiástico para designar el momento en que se hace oficial el nombramiento de las altas jerarquías de la Iglesia ante la comunidad.
¿Cuándo se dará a conocer el nombre del sexto obispo de Celaya?
El nombre del nuevo obispo se conoce de manera pública, oficial e irrevocable únicamente el día de la preconización. En esa fecha exacta, establecida por el Vaticano, la Oficina de Prensa de la Santa Sede en Roma y la diócesis involucrada hacen el anuncio de forma simultánea ante la opinión pública y la Iglesia local.
La determinación de quién puede ser obispo en la Iglesia Católica está estrictamente regulada por el Código de Derecho Canónico. El proceso combina requisitos de perfil personal y académico con un riguroso sistema de consulta confidencial coordinado por el Vaticano.
Los requisitos para ser obispo
Para que un sacerdote sea considerado apto y elegible para el episcopado, debe cumplir con diversos requisitos. Entre ellos las virtudes y la reputación. Destacar por su fe sólida, piedad, sabiduría, prudencia, celo pastoral y buenas virtudes humanas, además de gozar de una intachable reputación. Debe tener cumplidos al menos 35 años de edad. También haber recibido la ordenación sacerdotal desde hace al menos cinco años.
En lo académico Poseer un doctorado o una licenciatura en Sagrada Escritura, Teología o Derecho Canónico en una institución aprobada por la Sede Apostólica, o al menos ser verdaderamente experto en esas materias.
El proceso de selección y nombramiento del obispo, nada que ver con los "circos" partidistas, los "albazos" y las campañas fuera de tiempo: Canon 377
A diferencia de los cargos políticos o gubernamentales, el nombramiento de un obispo no responde a elecciones populares, campañas ni propuestas públicas de partidos, sino a un proceso interno de carácter confidencial.
Se efectúa la consulta local. El Nuncio Apostólico (el representante diplomático del Papa en el país) es el encargado de investigar y proponer candidatos. Para ello, realiza consultas discretas y por escrito a obispos, sacerdotes, consagrados y laicos de reconocida prudencia para conocer nombres y perfiles idóneos.
La confección de la terna. Con base en la información recabada, la Nunciatura elabora una lista de tres candidatos (conocida como terna) acompañada de sus expedientes biográficos y pastorales, la cual es enviada a Roma.
El estudio y decisión papal es el centro del tema. Los expedientes llegan al Dicasterio para los Obispos en el Vaticano, donde se analizan a detalle. Finalmente, es el Papa, como Vicario de Cristo, quien tiene la libertad absoluta para tomar la decisión final y nombrar al nuevo obispo, sin estar obligado estrictamente a elegir de la terna propuesta.
La teología católica enseña que el episcopado es un sacramento y un ministerio de origen divino vinculado directamente a la sucesión de los apóstoles. Los obispos no actúan como delegados políticos o representantes de facciones ciudadanas, sino como pastores cuya autoridad proviene de Cristo y se ejerce en comunión jerárquica con el Papa.
La historia de la Iglesia en la perspectiva histórica del nombramiento
En los primeros siglos del cristianismo, la elección de los pastores se realizaba de manera ordinaria mediante el consenso, el sufragio y la acclamatio -aclamación- del clero y del pueblo de Dios (vox populi, vox Dei).
-San Ambrosio de Milán (339–397): Siendo gobernador civil y aún catecúmeno, fue aclamado unánimemente por el pueblo en 374 para pacificar disturbios religiosos, siendo obligado a bautizarse y ser consagrado obispo.
-San Martín de Tours (c. 316–397): Elegido en 371 por la aclamación fervorosa de la comunidad de Tours, que se impuso ante las dudas del clero por su aspecto humilde.
-San Cipriano de Cartago (c. 200–258): Elegido en 248 por el clamor y el sufragio unánime de todo el pueblo cristiano de Cartago (suffragio plebis), que acudió en masa a su casa para rogarle aceptar el cargo.
-San Atanasio de Alejandría (c. 296–373): Tras la muerte de su predecesor en 328, el pueblo y el clero de Alejandría lo rodearon y aclamaron unánimemente como el pastor que los guiaría y defendería en la fe.
-San Nicolás de Mira (c. 270–343): La tradición señala que, reunida la asamblea popular para elegir obispo, se acordó por signo divino aceptar al primer varón que entrara al templo; al aparecer Nicolás, la multitud lo aclamó al instante.
-San Gregorio Nacianceno (329–390): Aclamado de forma insistente por el pueblo fiel en momentos de profunda crisis doctrinal, especialmente en Constantinopla, donde la presión de la comunidad lo llevó a aceptar la sede.
-San Fabián (Papa y Mártir, m. 250): El historiador Eusebio relata que, en el año 236, una paloma se posó sobre su cabeza durante la asamblea en Roma, desatando la aclamación unánime del pueblo al grito de "¡Digno!".
-San Agustín de Hipona (354–430): Aunque primero fue aclamado y señalado directamente por el pueblo en la iglesia para recibir el presbiterado, su labor hizo que la comunidad lo reconociera y aclamara como baluarte episcopal.
-San Paulino de Nola (c. 354–431): En el año 409, la muchedumbre del pueblo de Nola lo rodeó y aclamó unánimemente como su obispo, venciendo su profunda resistencia y deseo de vida ascética.
-San Pedro Crisólogo (c. 406–450): Aclamado por el fervor del pueblo y el clero de Rávena como su pastor, un reconocimiento comunitario que validó su camino hacia la consagración episcopal.
Durante la Edad Media, la intervención de monarcas y señores feudales generó graves conflictos -como la Lucha de Investiduras-, lo que impulsó a la Iglesia a blindar su autonomía y reservar exclusivamente al Papa la potestad de nombramientos.
La Lucha de Investiduras: La separación de Iglesia del estado en la Edad Media
La llamada Lucha de Investiduras fue un conflicto político y religioso que enfrentó al Papado y al Sacro Imperio Romano Germánico entre finales del siglo XI y principios del siglo XII. Su eje central era la disputa sobre quién tenía la autoridad legítima para otorgar las "investiduras" -el anillo y el báculo, símbolos del cargo episcopal- a los obispos y abades.
El Papa Gregorio VII impulsó la Reforma Gregoriana, buscando liberar a la Iglesia de la intromisión feudal y la simonía -la compraventa de cargos eclesiásticos-. El Emperador Enrique IV, defendía el derecho tradicional de los monarcas laicos de nombrar obispos, ya que estos cumplían funciones políticas y territoriales clave en el imperio.
La escena conocida como la Humillación de Canossa, en el año 1077, es un episodio histórico donde el emperador, tras ser excomulgado por el Papa, tuvo que esperar descalzo en la nieve frente al castillo de Canossa para obtener el perdón pontificio.
El Concordato de Worms (1122)
Puso fin formal a la disputa a través de un pacto acordado entre el Papa Calixto II y el emperador Enrique V. Se estableció una distinción clave: la Iglesia obtendría el derecho exclusivo de elegir y consagrar a los obispos con la autoridad espiritual, mientras que el emperador conservaba la facultad de entregarles los feudos y poderes temporales.
Esto marcó un hito en la historia occidental al sentar las bases conceptuales para la separación entre el poder político (el Estado) y la autoridad religiosa (la Iglesia). Consolidó la centralización del poder del Papado en Roma y redujo significativamente la influencia de los emperadores sobre la jerarquía eclesiástica. #MetroNewsMx #GuanajuatoDesconocido


