La figura de Cristo es instrumentalizada en la política actual: Pbro. Manuel Rangel

Guanajuato Desconocido
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Eugenio Amézquita Velasco

-Jesús se retira a la soledad tras estar con las multitudes para propiciar un espacio de silencio interior y comunión personal.
-Ante las opiniones populares que lo confundían con profetas, Jesús cuestiona directamente a sus discípulos sobre su identidad.
-El texto examina cómo la figura de Cristo es instrumentalizada en la política actual, apartándose de su mensaje original de amor.
-Se destaca el primado de Pedro como piedra angular y la continuidad de la Iglesia a través de sus sucesores frente a los ataques.
-La homilía invita a los fieles a profundizar en el conocimiento de Cristo y a superar una fe superficial basada en rumores.

La reflexión dominical compartida por el presbítero Manuel Rangel en Celaya trasciende el análisis litúrgico tradicional para instalarse en una profunda crítica sobre cómo la figura de Cristo y la institución eclesiástica son instrumentalizadas en la esfera pública actual. A partir del pasaje evangélico donde Jesús interroga a sus discípulos sobre su identidad, la homilía desarma las distorsiones ideológicas que intentan reducir al Nazareno a un mero agitador social o político, o bien a un personaje diluido entre los rumores y las opiniones populares de la época y del tiempo presente.

En su exposición, el sacerdote aborda con rigor los intentos contemporáneos de politizar el mensaje evangélico, advirtiendo que instrumentalizar la figura de Jesús para combatir a los poderosos o ganar adeptos mediante causas partidistas constituye un error fundamental. Frente a estas corrientes que buscan llevar el agua a su molino ideológico, el análisis subraya que el mandato original se cimenta en un reino de amor y justicia basado en el mandamiento del amor mutuo y la rectitud moral, deslindándose de los afanes de confrontación que caracterizan la lucha por el poder terrenal.

Asimismo, la pieza editorial examina la continuidad institucional de la Iglesia a través del primado de Pedro y sus sucesores, destacando la entereza con la que el liderazgo eclesiástico ha enfrentado las presiones y descalificaciones de figuras del poder político global —como las recientes tensiones públicas con mandatarios—, optando por la prudencia institucional antes que por la polémica estéril. Esta perspectiva se enmarca en una visión crítica del mundo contemporáneo, donde el propio deterioro social, ambiental y moral es interpretado no solo como una crisis externa, sino como una consecuencia del alejamiento de los valores trascendentes. La conclusión editorial exige así un compromiso genuino y personal, instando a los fieles a superar la fe superficial de oídas para consolidar un testimonio de vida fundamentado en el conocimiento real del Hijo de Dios.



Texto íntegro de la homilía del Padre Manuel Rangel Magaña

Pbro. Manuel Rangel Magaña:
Siéntense un momento. Hoy el Señor se encuentra, es decir, después de haber predicado y de haber despedido a la gente, retirándose a un lugar apartado con sus discípulos. Si se han fijado, Jesús siempre habla después de estar con las multitudes; tiene un momento de silencio para él, pero se retira del mundo, de tantos ruidos y de tantas cosas, siempre a la soledad. Ahí es donde uno puede escuchar al Señor que nos habla al corazón —no de viva voz, sino al interior— y donde también nosotros podemos hablar personalmente con él.

En ese momento les hace una pregunta muy interesante a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que soy yo? Es decir, ¿qué opina la gente de mí? Me han oído predicar y me han hecho ver milagros, ¿qué piensan de mí?». Por supuesto, ellos rápidamente le contestan: «Unos dicen que eres Juan el Bautista que ya resucitó» (decía Herodes, pero a Juan Bautista yo le mandé cortar la cabeza, no puede ser Jesús); «otros dicen que eres el profeta Elías», aquel profeta de fuego que hablaba sin temor a nadie; «otros dicen que eres Jeremías», que siempre estuvo anunciando desastres para Israel si no se convertía, «o alguno de los grandes profetas de aquellos tiempos que ha vuelto».

Lo que no esperaban ellos era que les preguntara: «Y ustedes, ustedes los que han andado conmigo, todos los que han visto lo que he hecho, ¿ustedes qué piensan de mí?». Pedro se adelanta y le dice: «Tú eres el Mesías, el hijo de Dios vivo». Por supuesto, contesta muy bien, y Jesús alaba a Pedro diciéndole: «Dichoso tú, Simón, hijo de Juan» (porque él se llamaba Simón, y Jesús le va a cambiar el nombre a Pedro, que significa roca o piedra). Así como en la Biblia a los grandes personajes el Señor les cambiaba de nombre cuando les encargaba una misión importante, por eso le dice: «De aquí en adelante tú te vas a llamar Cefas, que significa roca».

Jesús, sin duda alguna, como él lo ha dicho, es la piedra que desecharon los constructores, los jefes de los judíos que debían ser los primeros en haber creído y no quisieron creer; lo persiguieron, lo llamaron blasfemo y condenado, pero él les muestra que verdaderamente es la piedra angular sobre la que se va a construir la Iglesia, siendo los apóstoles las piedras importantes en esa construcción. Por eso Jesús alaba a Pedro: «Yo te digo que tú eres Pedro, ya no serás Simón, serás Pedro de aquí en adelante. Te voy a dar las llaves del reino», constituyendo a Pedro como el jefe de su Iglesia y su sucesor. Y añade: «Y tú serás al que creas digno de entrar a mi casa, mi reino, tú le vas a abrir, y al que tú creas que no es digno, tú no le vas a cerrar». Desde ese momento le da los poderes a Pedro, poderes que van a respetar los apóstoles; nadie va a querer por envidia desplazar a Pedro, sino que el Señor lo designó y siempre lo van a tener en ese sentido.

Vendrán después sus sucesores, porque Pedro no puede vivir eternamente aquí en la tierra; tendrá que morir y va a morir crucificado también como Jesús en Roma, pasando por las mismas cosas: a Pedro lo persiguieron, lo atacaron y lo contradijeron. A su muerte, los apóstoles van a elegir a uno nuevo y no a cualquiera de ellos, sino a alguien diferente (siempre respetando la voluntad de Pedro y viendo en él a Jesús). Por eso nosotros también, ante los sucesores de Pedro —como el Papa actual, León—, tenemos que verlo así como representantes de Cristo y creer en él. El Papa también sufrirá ataques; ya vimos que apenas tomó posesión, el presidente Trump ya lo estaba atacando, y él dijo: «No, yo no voy a traer polémicas con este señor, que siga diciendo lo que él quiera, yo simplemente hago lo que debo como jefe de la Iglesia», porque este señor presidente se pelea contra todos, es su estilo, y hacerle caso sería un error.

Allí en Roma, en la Basílica de San Pablo, hay unos círculos altos con la foto de todos los papas. Cuando yo vi esos letreros, decía el guía que allí faltaban seis círculos, y que cuando ya se llenen, será el último papa y terminará la Iglesia. No sé si ya se llenaron los círculos, pero la Iglesia sigue todavía, y estamos aquí en este mundo esperando el final, que yo creo ya lo estamos acabo nosotros mismos con tantas inundaciones, incendios, pestes y cosas que están sucediendo en estos tiempos. Por eso solo resta esperar cuando el Señor lo diga, a que nos llame a su presencia.

Pero por lo pronto, esta pregunta que le hace a los apóstoles hoy también se las hace a ustedes: para ustedes, ¿Quién es Jesús? A lo mejor piensan diferente, porque en estos tiempos hay gente que piensa muy diferente: de Jesús solo dicen que fue un gran profeta, y otros lo aprovechan para llevar el agua a su molino, metiéndolo en cuestiones sociales y diciendo que vino a combatir a todos los poderosos, a buscar la justicia y a meterlo en la política. No, él vino a anunciar un reino de amor y de justicia desde un principio («ámense unos a otros», «den a cada quien lo que le toca y merece»), así que no podemos meterlo en la política ni aprovecharnos de eso para ganar adeptos. Si bien él vino a buscar la justicia, nosotros debemos convencernos de hacerla en el terreno que estemos.

Para ustedes, ¿quién es? A lo mejor también dicen vagamente que es Elías o el profeta Jeremías; y si no sabemos dar una respuesta, es porque no lo conocemos bien. Por eso tenemos que interesarnos en leer algo de su vida y comentarios a su evangelio que tanto nos deben ayudar a vivirlo, viéndolo siempre como el Hijo de Dios que vino a redimirnos para poder salvarnos, dando su vida para que nosotros también demos la vida como él (no en el martirio ni en la cruz, sino aceptando esas pruebas que el Señor nos pone y manteniéndonos firmes en Dios para poder perseverar hasta el final). Pónganse de pie.

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