El llamado de Dios a la conversión: Pbro. Andrés Soria Huerta

Guanajuato Desconocido
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Eugenio Amézquita Velasco

Durante la celebración de la Santa Misa celebrada a las 10:00 horas en la Santa Iglesia Catedral, el presbítero Andrés Soria Huerta ofreció una reflexión centrada en la misericordia divina, el arrepentimiento y la responsabilidad moral de los creyentes a partir de las parábolas evangélicas del Evangelio de San Mateo.

En su homilía, el presbítero abordó el pasaje de la cizaña y el trigo para analizar la paciencia con la que Dios trata las faltas humanas. El Padre Soria Huerta advirtió sobre el riesgo de interpretar la tolerancia divina como una licencia para postergar la rectificación de conducta o para justificar el rechazo al cambio personal.

"A nosotros acá internamente nos puede hacer resonar: 'todavía tengo oportunidad, todavía tengo opción de seguir en mi pecado... que al fin y al cabo el Señor me va a perdonar'. Es más un consuelo, es más una solución que un plan para nosotros", señaló durante el acto litúrgico.

El clérigo enfatizó que la misericordia debe comprenderse como una oportunidad para revisar las acciones pasadas y asumir un compromiso ético en el presente, en lugar de asumirla como un cálculo hacia el futuro. Subrayó que el proceso de conversión y la práctica de las virtudes requieren constancia, disciplina y tiempo para consolidarse en la vida cotidiana.

Asimismo, mediante alegorías sobre el desarrollo gradual de las acciones humanas, el sacerdote explicó que la renuncia a las malas prácticas —como la mentira— debe ir acompañada de la adopción activa de conductas honestas en todos los ámbitos de la vida.

La ceremonia religiosa concluyó con un llamado a la congregación reunida en el recinto catedralicio a no fijar plazos arbitrarios para la mejora personal y a actuar con pronta responsabilidad en sus convicciones éticas y espirituales.



La transcripción íntegra de la homilía del Padre Andrés Soria Huerta

Padre Andrés Soria Huerta:
El Evangelio de San Mateo tiene varias secciones; creo que son cinco y tienen su desarrollo como en una parte discursiva y luego vienen milagros. Segunda parte: algo discursivo y luego milagros. Tercera parte: discurso y milagros, y así. La primera parte fue cuando escuchábamos el Sermón de la Montaña y también algunos milagros después de esto. La segunda parte fue el discurso discipular, el envío de los apóstoles, y recientemente terminamos ese bloque también con alguno de los milagros. La semana pasada escuchamos y empezamos el tercer bloque, donde se presentan siete parábolas que hablan acerca del Reino de los Cielos. La semana pasada escuchamos la primera y la más larga en redacción de estas parábolas, que fue la parábola del sembrador.

Entonces tenemos aquí la liturgia que responde luego luego, ¿verdad? Pero la parábola del sembrador hace énfasis en qué tipo de terreno somos nosotros y en al dar fruto la semilla que es plantada en nuestra vida, la semilla de la palabra del Padre que es el sembrador. Entonces, qué tanto aprovechamos si se riega, si se echa a perder, si empieza a crecer pero no tiene fruto, si lo ahogan las espinas o si da fruto al treinta, sesenta o ciento por uno. Hoy escuchamos otras tres parábolas del Reino de los Cielos, otra vez de un sembrador, pero ya no pone énfasis en el terreno; ahora pone énfasis en que, así como los personajes —ya los explica Jesús quién representa a cada uno—, hay que poner atención especialmente en la cizaña que los enemigos siembran junto con el trigo.

Y aunque la lógica hubiera sido "vamos a quitarla", con este razonamiento que va dirigiendo hacia lo que Jesús quiere decir: "no lo arranques, no vaya a ser que lo arranquemos también junto con el trigo". Si juntamos lo que en la primera lectura también se menciona en esta última frase para interpretar esta parte de la parábola, "ya que al pecador le das tiempo para que se arrepienta", podemos aquí encontrarnos con la grandeza de la misericordia que Dios tiene para cada uno de nosotros. Pero aquí hay que tener cuidado, porque cuando escuchamos esto de que le da al pecador tiempo para que se arrepienta, deja hasta el final la cizaña y no la va a arrancar del trigo porque va a dar oportunidad hasta el tiempo de la cosecha, cuando los ángeles ya hagan esa separación.

A nosotros acá internamente nos puede hacer resonar: "todavía tengo oportunidad, todavía tengo opción de seguir en mi pecado, de seguir en mi mal, de seguir en mi distancia de Dios, de seguir en los elementos que a uno también lo tienen fuera de la gracia de Dios, que al fin y al cabo el Señor me va a perdonar". Y a lo mejor alguna vez en la vida pudimos tener esta manera de pensar, planeando cómo utilizar nosotros a nuestra manera la gracia de Dios y su misericordia, y no al revés, aprovechándola por lo que ya hicimos, por lo que ya ha pasado, por lo que hemos experimentado, por lo que tenemos que corregir. Otra forma de verlo es de este momento hacia el pasado, lo que ya sucedió, lo que ya pasó y lo que ya hemos vivido.

Tenemos elementos que purificar. Bendita misericordia de Dios que me salva, me sana, y todavía en este tiempo que ha pasado el Señor me estaba esperando y me topo con Él, que me tenía paciencia; me topo con Él, que me tenía este amor, esta gran comprensión y su amor para que el día de hoy, por todo lo que pasó ayer, entonces ahora sí me acerco y aprovecho su misericordia, porque sigue siendo eficaz aunque se me haya ofrecido todo el tiempo que pasó. Es diferente a verlo hacia el futuro: "todavía puedo, al cabo el Señor me va a perdonar". A veces, cuando escuchamos estos bonitos momentos que nos dan consuelo para entender cómo funciona la misericordia de Dios, me acuerdo que en algunas pláticas sobre confesiones y el amor de Dios se pone el ejemplo de "imagínate que un gran pecador...".

Es decir, para entender el alcance de la misericordia de Dios, un gran pecador, alguien que era malo, alguien que tenía situaciones en las que no se acercaba mucho a Dios y que sufre un accidente, llega al momento último de su vida, si en ese último momento se arrepiente, todavía el Señor lo perdona, como diciendo "Dios lo alcanza". Repito, es más un consuelo, es más una solución que un plan para nosotros, porque si no, no falta quien diga: "Ah, entonces le puedo seguir; al fin y al cabo me puede esperar a mi último momento, y al último momento el Señor me tiene que perdonar porque se supone que así es, ¿no?". Y nosotros le damos forma a esa manera de actuar del Señor, siendo más bien que nosotros, al experimentar el amor de Dios, tiene que haber un cambio y una conversión que realmente nos conquiste.

Pues vamos a llamarle así: la contemplación de la gracia de Dios nos tiene en un papel en el que nosotros tendríamos que saber anunciar todavía mejor, y con base en nuestra experiencia, cómo hemos aprovechado hasta este momento la misericordia de Dios, por aumentar otra parábola para esto. Si hay una rampa y al inicio de la rampa hay algún agujero o en una calle pendiente hay un bache, luego luego, si uno soltara un balón, nada más dejarlo rodar, y se topa luego luego con el bache, ahí se queda atorado, ahí se estaciona. Pero si el bache estuviera más bien al final del camino, igual rueda y rueda, agarra vuelo, corre y corre, llega al bache, no se detiene ahí, sino que por la velocidad que ya lleva lo golpea, lo brinca y continúa su camino; es difícil que se quede allí atorado.

Así también en una vida de virtud: una parte es que el Señor nos purifica, una parte es que el Señor nos perdona el arrepentimiento, y la segunda parte o lo que sigue después de esto es la vida en comunión con Dios, donde la parábola de la semilla de mostaza y la de la levadura, una vez que empieza como un grano muy pequeño o un polvito ahí, va teniendo su efecto a lo largo del tiempo. Es como en la naturaleza humana: las virtudes van también transformando nuestra vida, no de un día para otro, sino conforme vamos trabajando, vamos teniendo ritmos, disciplinas, experiencia y crecimiento en las cosas buenas, en las cosas de Dios. Y si nos agarra un mal paso cuando apenas estamos iniciando, por ejemplo los que van saliendo de alguna situación de un vicio, dejar algo malo que se quiere dejar luego luego, pero es que ya llevabas vuelo en esa cuestión.

Lo sueltas al inicio de la rampa, no hay seguimiento de vida cristiana, no hay oración, pues se estanca luego luego. Es diferente a quien en la vida lleva la oración, la vida sacramental, lleva la cercanía con el Señor, la confianza, y entonces en un momento en que se topa con una situación de pecado, el amor no se acaba, sino que continúa la noción o la constancia de que no se aleja uno del camino del Señor por ese estorbo que se topa uno en el camino. Tal vez así como no podemos o no conviene más bien ponerle una fecha de cuándo nos vamos a convertir o cuándo vamos a hacer bien las cosas, sino que mientras más pronto lo hagamos mejor, porque el resto del camino que nos queda es lo que va a madurar esos valores del Reino de los Cielos en nuestra propia vida.

Y así, si es de la mentira de lo que queremos salir, bueno, en la práctica de la verdad es donde no es solo renunciar a dejar de ser mentiroso, sino ser una persona honesta en todos los campos, no solamente cualquier cosa que nos imaginemos o cualquier pecado en el que nos estacionemos, no solamente es dejar de hacerlo, sino la virtud en la que ciertamente nos está estancando esa realidad de pecado en la que no hemos soltado. ¿Cómo vivimos nosotros esta experiencia? ¿Cómo aprovechamos, no más que aprovechar de que ya nos sirve ahora, no como lo planeamos como una oportunidad, sino cómo experimentamos y aprovechamos la misericordia de Dios para crecer en nuestra conversión y que el Reino de los Cielos se manifieste en nuestras vidas?

Porque las parábolas de la siguiente semana tienen que ver más con la convicción de aquella persona que encuentra el Reino de los Cielos y ya no lo suelta, ya no lo deja, y ya es parte de su cotidiano vivir en la misión. Pero es necesario justamente este elemento de encontrar en la misericordia el renovar nuestro camino y podernos poner con constante confianza en manos del Señor. Pidámosle al Señor para que las rutinas de nuestra vida estén marcadas por este ajuste, para poder vivir constantemente en el amor de Dios y que podamos cumplir cada vez mejor su voluntad. #MetroNewsMx #GuanajuatoDesconocido

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