
Eugenio Amézquita Velasco
Durante la misa dominical celebrada en la rectoría de Nuestra Señora de San Juan de los Lagos, el fraile Siervo de María, Fray Jorge María Olmos OSM, ofreció una reflexión centrada en el proceso de transformación interior, la paciencia divina y la necesidad de asumir actitudes éticas concretas frente a la prisa y la inercia del mundo contemporáneo.
Tomando como base las lecturas del Libro de la Sabiduría, la Carta de San Pablo a los Romanos y las parábolas evangélicas del capítulo 13 de San Mateo (la cizaña, la semilla de mostaza y la levadura), el religioso subrayó la naturaleza paciente de Dios frente a las fallas humanas, advirtiendo que la postergación de los deberes éticos no debe confundirse con una estrategia de vida.
La paciencia divina frente a la inercia cotidiana
A partir del pasaje bíblico en el que se contrapone el crecimiento simultáneo del trigo y la cizaña, Fray Jorge Olmos enfatizó que la coexistencia de aspectos positivos y negativos en la sociedad es una realidad cotidiana. No obstante, señaló que la tolerancia que otorga el marco de la fe no busca validar la permanencia en el error, sino ofrecer el espacio necesario para la conversión efectiva de las personas.
En su mensaje, contrapuso el ritmo vertiginoso de la vida actual con la maduración gradual de los valores humanos y espirituales:
"Hoy vivimos en el mundo con mucha prisa, andamos muy agitados, queremos todo rápido... Y el Señor dice: 'Déjenla que crezca para ver si se convierte, para ver si cambia'. La intención es decir que la paciencia es amor, que tengamos amor en la espera".
El presbítero insistió en que el silencio interior y la disciplina constante son condiciones necesarias para que las pequeñas acciones de bien generen cambios significativos en el entorno social. Utilizando la parábola del grano de mostaza y la levadura, sostuvo que las transformaciones reales no ocurren de forma intempestiva, sino mediante un trabajo paulatino y sostenido.
Ética práctica frente a respuestas evasivas
En la parte central de su homilía, el fraile hizo un llamado a evitar el egoísmo, la soberbia y la complacencia moral. Señaló que la evaluación de la propia conducta no debe dejarse para momentos límites o de crisis, sino que se construye a través del ejercicio diario de la responsabilidad.
El clérigo instó a la comunidad a traducir las convicciones en gestos palpables y desinteresados, diferenciando el compromiso auténtico de aquellas conductas reactivas que solo buscan la gratificación inmediata o la apariencia. "No se trata de acciones que parezcan algo momentáneo, sino de acciones pequeñitas y concretas de cuidado, de amor y de esperanza, para no desesperarnos y dejarnos guiar", puntualizó.
La ceremonia concluyó con un llamado a la congregación a asumir una postura de constante revisión personal, fundamentada en la confianza, la humildad y el trabajo cotidiano en beneficio de la comunidad. #MetroNewsmx #GuanajuatoDesconocido

