Eugenio Amézquita Velasco
-La escultura Stella Maris, una creación monumental gestada por el artista Sergio Peraza, emerge como un hito de fe y arte que redefine el paisaje costero de Ciudad del Carmen, consolidándose no solo como una estructura de bronce de doce metros, sino como un símbolo viviente de la identidad histórica, la protección espiritual de los marinos y la devoción mariana que ha marcado la esencia de la isla desde 1717.
-El proceso de edificación de esta colosal figura, impulsado por una profunda comunión entre la ingeniería de alta especialidad y la sensibilidad del escultor, transitó por una planeación detallada que incluyó desde estudios batimétricos submarinos hasta la creación de un taller monumental en una histórica Troje en Tacubaya, convirtiendo la adversidad logística en una oportunidad para la maestría artística.
-Más allá de su imponente presencia física y su alineación astronómica con Santuario Mariano Diocesano de Nuestra Señora del Carmen, Stella Maris encarna una narrativa de amor filial y resistencia cultural, rescatando leyendas de la Guerra Cristera y consolidando un legado de esperanza que, en las manos del maestro Peraza, trasciende la materia para convertirse en un faro eterno de fe para los habitantes de esta región mexicana.
La historia de la escultura monumental Stella Maris no es únicamente el relato de un encargo; es, en esencia, la bitácora de una vocación que se reencontró con sus raíces en el momento preciso en que la vida exigía una respuesta trascendental. Todo comenzó una mañana de octubre de 2012, cuando el maestro Sergio Peraza recibió un llamado desde Ciudad del Carmen, Campeche. En un momento de tribulación personal y distanciamiento creativo, el escultor halló en la propuesta de crear una efigie de la Virgen del Carmen el motor para una reinvención espiritual y profesional. No fue una coincidencia, sino un reencuentro con el legado paterno: la imagen de la Virgen que su padre esculpió el año de su nacimiento ahora llamaba al hijo a perpetuar la fe en el horizonte carmelita.
El proyecto, inicialmente concebido como un símbolo sobre el malecón, escaló rápidamente hasta convertirse en un desafío de ingeniería y simbolismo oceánico. A través de la gestión del Lic. Jorge Urbina y la visión del escultor, la obra dejó de ser un monumento "adherido" al suelo para convertirse en una entidad que emerge del mar, como una Estrella Marina —Stella Maris— protectora de los navegantes. Esta decisión de diseño, que alinea el monumento con el altar de la catedral en un eje sacro perfecto, transformó el anteproyecto en una ambiciosa estructura de bronce de doce metros de altura, coronada por una aureola de cinco metros, capaz de desafiar las inclemencias de "la tormenta de los cien años".
La construcción de esta obra fue, a su vez, una lección de tenacidad. El escultor, carente de un espacio adecuado para las dimensiones monumentales del encargo, halló en la histórica Troje de Tacubaya el escenario idóneo. La instalación de un domo geodésico de diecisiete metros de diámetro permitió que el taller fuera, a la vez, laboratorio y santuario. Bajo el sol abrasador y entre la burocracia propia de un proyecto de esta magnitud —donde los expedientes, los planos batimétricos y las reuniones con ingenieros de PEMEX y expertos en maricultura formaban parte del día a día—, el equipo de Peraza trabajó con una fe inquebrantable.
Es imperativo resaltar el componente espiritual que atraviesa esta creación. La Virgen del Carmen no fue elegida por azar para este emplazamiento; su figura está intrínsecamente ligada a la historia de resistencia de la isla, al milagro de aquel 16 de julio de 1717 cuando se expulsó a los piratas, y a las leyendas populares que la narran caminando por la playa en los tiempos de la Guerra Cristera. El escultor, consciente de esta carga cultural, no solo buscó la perfección técnica en la fundición del bronce o la seguridad del anclaje submarino, sino que integró en el proceso el fervor de los habitantes, la sabiduría de los religiosos carmelitas y la esperanza de su propia familia.
El hecho de que el proyecto haya sobrevivido a la falta de presupuesto inicial para estudios ambientales, a las crisis de suministros de oficina, a los retrasos con proveedores de domos y a la presión de la secrecía exigida por el Ayuntamiento, demuestra que Stella Maris es una obra destinada a perdurar. Cada ajuste en AutoCAD, cada bocado de plastilina en la maqueta de cincuenta centímetros y cada jornada de trabajo a la intemperie en la Troje, fue un ladrillo en la edificación de este monumento al amor y a la fe.
La conclusión editorial es clara: Sergio Peraza no solo ha entregado una escultura de dimensiones colosales; ha devuelto a la sociedad una pieza que articula la memoria histórica con la modernidad técnica. La Stella Maris es, por definición, una victoria del espíritu sobre el materialismo, una obra que, al emerger de las aguas campechanas, nos recuerda que el arte monumental, cuando está imbuido de una causa noble y de un amor profundo por el oficio, es capaz de unir a un pueblo entero. Hoy, el monumento se alza no solo como un hito turístico, sino como la forma definitiva de la esperanza carmelita, un faro que, tal como predijo el maestro Peraza, cobija bajo su sombra el trabajo pesado para convertirlo en una gesta gloriosa.
Stella Maris: Bitácora de una obra monumental
El maestro y artista escultor Sergio Peraza narra en su bitácora, correos electrónicos y demás, la historia de esta obra.
Ciudad de México, 25 de octubre de 2012. A las 10:00 AM, recibí un correo electrónico del representante y consejero del Ayuntamiento de Ciudad del Carmen, Campeche. El comunicado era escueto, conciso y en un tono amigable, “a lo campechano”: “Sergio Peraza, queremos una escultura monumental en nuestra Isla, soy el encargado, nos encantaría que tú fueras el escultor ¿podemos agendar una cita? yo puedo ir a la Ciudad de México”.
En ese momento, atravesaba asuntos familiares y personales que me tenían alicaído y distraído de mi amor por la escultura. ¿Era esto una señal para regresar de inmediato o solo otro proyecto con entusiasmo pero poco gas? Era el atardecer de un capítulo de mi vida, pero sin saberlo, asomaba una alborada prometedora. El consejero viajó a la Ciudad de México y ese mismo día recibí otro mensaje: “Sergio Peraza, Maestro, el proyecto es la patrona Nuestra Señora del Carmen… es un gran proyecto sobre el malecón, te agradezco mucho. Un fuerte abrazo”.
Pasaron por mi mente evocaciones a mi niñez, mis pasos en templos consagrados a la Virgen, los recuerdos de mis primos -Padres Luis y Eduardo Piza- de la orden carmelita descalza, y las estudiantinas que cantaban a María del Monte Carmelo. Una imagen vibraba en mi corazón: la escultura de la Virgen del Carmen que mi papá había hecho para Tampico Madero el año en que nací. Dios ponía en mi camino un reencuentro con mi infancia y el recuerdo materno.
-26 de octubre: Empecé a crear mentalmente el proyecto. No dormí esa noche, estuve aprensivo. Por la tarde, en un café de Coyoacán, plasmé el planteamiento conceptual en servilletas.
-27 de octubre: Junto a mi mujer, Vanessa, realizamos investigación iconográfica de campo y bibliográfica sobre imágenes marianas y el culto a la Virgen del Carmen.
-23 de octubre (Email): Comencé a trazar el plano y solicité a Jorge las medidas reales o aproximadas de la imagen del Santuario Diocesano: altura, largo de la mano, medida del rostro, de pies a cintura, etc.
Regalé a mi mamá el escapulario que traje de Carmen. Ella, que había estado muy enferma, mostró una mejoría notable; mi hermana Patricia me contó que el día que recé por ella en la catedral, mi mamá caminó mucho más que en meses.
La Isla de Tris y la visión del artista
Ciudad del Carmen, 20 de noviembre de 2012. Desayuné con el Lic. Jorge Urbina, gestor del nacimiento de esta colosal obra. El Presidente Municipal, Dr. Enrique Iván González López, no pudo recibirme por atender el “Desfile conmemorativo del Aniversario de la Revolución Mexicana”. Lo primero que hice fue ir al Santuario Diocesano a orar ante la patrona y tomar fotografías.
En el malecón, Jorge me mostró la “Ubicación 1” -una plazoleta anexa-. Solicité un recorrido en lancha con el capitán Kaal para apreciar la perspectiva desde el mar. Regresando, el alcalde se escapó unos minutos para saludarme. Tras comer ceviche en el restaurante “Cayo Arcas” y comprar chiles habaneros, en el aeropuerto hice dibujos en mi libreta para Jorge, planteando la “Ubicación 2”: “En línea recta desde la catedral hacia el mar, en el mismo eje que surge desde el altar donde se encuentra la imagen venerada”.
Stella Maris y la solidez del proyecto (Diciembre 2012)
Según el dossier de esta obra, del maestro Sergio Peraza, el alcalde buscaba algo que dignificara la isla. Jorge Urbina narra: “Partimos de la base histórica de Ciudad del Carmen y su fe arraigada... así concebimos el nombre Stella Maris, que significa Estrella del Mar, por ser la designación de la Armada Española para la Virgen vinculada al mar y protectora de los marinos”.
Me reuní en la CDMX con el equipo y visité al Padre Luis Fernando, rector del Convento de San Ángel, para estudios adicionales. Entregué el primer proyecto que mejoró tras mi visita al Santuario. Definimos: bronce, 12 metros de altura y una aureola de 5 metros. Nos inspiramos en el diseño de la Plaza de San Pedro para el entorno.
En diciembre, mientras soñábamos en grande, surgió la idea de que la virgen no estuviera “adherida” al malecón, sino que emergiera del mar, creando un “arrecife artificial” en la base submarina.
-27 de diciembre: E-mail a Jorge solicitando coordenadas y programando una buceada.
-Reunión con el Ing. Francisco Caamaño Rico (UNAM): Experto en ingeniería hidráulica y maricultura. El ingeniero no solo nos asesoró sobre arrecifes artificiales y procesos de fauna marina, sino que ofreció un espacio en la carretera México-Cuernavaca para el proyecto.
Ejecución, administración y el nacimiento de "La Troje" (Enero - Marzo 2013)
-7 de enero 2013: El H. Ayuntamiento de Carmen me adjudicó el trabajo mediante el dictamen y requisición SAC/—/2103. (Expediente de 10 hojas).
-8 de enero: Envío al Alcalde el documento “Detalles Generales Proyecto Creación Monumento Virgen del Carmen Stella Maris”. La impresora agotó el tóner.
-26-27 de enero: Estrella Ceniceros, devota de la Virgen, nos ofreció el espacio de “la Troje” en Tacubaya para trabajar. El 30 de enero fuimos a verla y empezó la historia.
-Febrero 2013 (Skype con Qualti Soluciones Marinas): Reuniones con los ingenieros Caamaño Rico y Caamaño Ricken (padre e hijo) en Cozumel. Se realizó un estudio batimétrico (profundidades de 4.5 a 3 metros) y se levantaron planos con coordenadas UTM. Se generaron dos propuestas de ubicación y una memoria fotográfica por la bióloga Isabel Caamaño Ricken.
-5 de febrero: Jorge me comunica la urgencia de discutir si la escultura debe ser de mármol en lugar de bronce, la posibilidad de que la virgen gire y la necesidad de una junta con políticos y religiosos.
La consolidación del taller y el desafío de la estructura
En mis visitas fugaces (7-9 de febrero), conocí al Ing. Ernesto Azcárate, clave en la ingeniería submarina. Aceptó el diseño del “brazo” tipo muelle que gana 70 metros al mar. El Ing. Gustavo Azcárate (Empresa Oceanografía) tomó las riendas de la estructura interna, garantizada contra la “tormenta de los cien años”. Pasamos días diseñando en AutoCAD y café expresso.
-15 de febrero: Maqueta de 50 cm lista. Lectura intensiva de libros de arte sacro.
-20 de febrero: Reclutamiento de asistentes de artes plásticas.
-21 de febrero: Jorge informa que el Ayuntamiento no pagará el estudio de impacto ambiental de Qualti; buscarán otra empresa. El contrato sigue atorado.
-18 de marzo: Negociación con empresa de Domos geodésicos para instalar un domo de 17m de diámetro y 8.5m de altura dentro de “la Troje”, sin tocar las paredes históricas protegidas por el INAH.
El sueño en marcha (Abril 2013)
El constructor del domo resultó poco profesional, acumulando excusas y retrasos, convirtiendo dos semanas en dos meses. Mientras tanto, trabajamos a la intemperie, bajo el sol abrasador, usando solo mantas de tela y sombreros.
6 de abril: Instalación final de la carpa geodésica.
La historia de Stella Maris es la de cuatro grandes talleres creados desde cero. Nunca había tenido tanto espacio para la creación y tanta presión para realizarlo. Como bien aprendimos en el proceso: “Cuando el amor te cobija, el trabajo pesado se hace más llevadero”. La carpa quedó instalada justo a tiempo para protegernos de las primeras lluvias, dando inicio a dos años de creación ininterrumpida. #MetroNewsMx #GuanajuatoDesconocido













