Diócesis de Celaya alista conmemoración a un siglo de la gesta cristera

Guanajuato Desconocido
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Eugenio Amézquita Velasco

-La Diócesis de Celaya anunció la realización del Congreso Cristero y actividades para conmemorar un siglo de la resistencia histórica.
-El obispo Víctor Alejandro Aguilar Ledesma indicó que la conmemoración busca promover un profundo examen de conciencia social.
-Las jornadas incluirán eventos masivos y culturales el próximo 22 de agosto de 2026 en el estadio de béisbol de Celaya.
-Las autoridades eclesiásticas aclararon que los llamados a la violencia armada no representan la postura oficial de la Iglesia.
-El clero hizo un enérgico llamado preventivo a los hogares para evitar la posesión de artefactos peligrosos que pongan en riesgo a menores.

La Diócesis de Celaya anunció la realización del Congreso Cristero y una serie de actividades diocesanas para conmemorar el centenario del inicio de la resistencia e historia martirial en México, un acontecimiento que marcó la vida de fe del pueblo católico y que se desarrolló formalmente entre el 31 de julio de 1926 y 1929.

Durante una conferencia de prensa encabezada por el obispo de la Diócesis de Celaya, Monseñor Víctor Alejandro Aguilar Ledesma; el responsable de la comisión diocesana, padre Asunción Morales Barrientos, y el ingeniero Carlos Rocha, las autoridades eclesiásticas detallaron que esta conmemoración no busca la nostalgia, sino un profundo examen de conciencia y la renovación del compromiso social ante los problemas actuales de violencia, polarización y secularismo que enfrenta el país.

Antecedentes históricos y memoria martirial

El padre J. Asunción Briones recordó que el conflicto se originó tras la promulgación de la Ley Calles por parte del entonces presidente Plutarco Elías Calles y la Constitución de 1917, las cuales restringían drásticamente las funciones de la Iglesia católica, prohibían la educación religiosa, expulsaban a ministros extranjeros y limitaban la vivencia pública de la fe. Esto llevó a los obispos a suspender el culto público desde el 31 de julio de 1926 hasta julio de 1929.

La inconformidad social tuvo su epicentro en el centro y occidente del país, destacando regiones como los Altos de Jalisco, Zacatecas, Guanajuato, Michoacán y Chihuahua. El presbítero subrayó que en la Diócesis de Celaya se recuerda con especial devoción a mártires de aquel periodo, como el padre Elías del Socorro Nieves —asesinado entre Cortazar y la Cañada de Caracheo—, los hermanos Sierra, y el beato José Trinidad Rangel, originario de Dolores Hidalgo, cuyos testimonios fortalecieron la fe de las comunidades.

Fases de conmemoración y congreso masivo

Las actividades conmemorativas se han estructurado en tres etapas principales:
-Etapa Sacerdotal: Desarrollada del 22 al 26 de junio con una semana de reflexión martirial para todo el presbiterio diocesano en los santuarios de Atotonilco y San Miguel Allende.
-Reflexión Parroquial: Del 19 al 31 de julio, enfocada en la oración y la contemplación de la generosidad de los mártires en las diferentes rectorías y parroquias.
-Congreso Cristero y Jornadas en Decanatos: Conferencias temáticas previas y un evento masivo programado para el sábado 22 de agosto de 2026 en el estadio de béisbol de Celaya, a partir de las 4:30 de la tarde y hasta las 8:00 de la noche.

El programa del congreso masivo incluirá momentos de oración, veneración de reliquias de primer y segundo grado de mártires, una conferencia magistral y una celebración eucarística presidida por el obispo Víctor Alejandro Aguilar Ledesma junto al presbiterio concelebrante.

El calendario de ponencias y reflexiones previas en los decanatos comprende sedes como la comunidad de Barajas en Paseo del Grande (efectuada el 24 de julio), el Colegio Independencia en Dolores Hidalgo (17 de agosto), el Teatro Ángela Peralta en San Miguel Allende (18 de agosto), el templo de San Francisco en Comonfort (19 de agosto), el templo de San José en Cortazar con procesión al lugar del martirio del padre Nieves (20 de agosto), el Seminario Diocesano en Celaya (20 de agosto), el Colegio Miguel Hidalgo en San Luis de la Paz (21 de agosto) y una sesión adicional en San Diego de la Unión (20 de agosto a las 10:00 de la mañana).

Postura ante el contexto social y declaraciones del clero

Durante la sesión de preguntas y respuestas, las autoridades eclesiásticas abordaron diversos tópicos de interés público. Cuestionado sobre posturas radicales recientes de actores eclesiásticos respecto al uso de las armas, Monseñor Aguilar Ledesma aclaró que los llamados a la confrontación armada no representan la postura oficial de la Iglesia. Enfatizó que la construcción de paz requiere pensamientos, lenguajes y acciones pacíficas, recordando que la resistencia cristera dejó un saldo aproximado de 250,000 muertos y que la vía actual debe ser el diálogo, la negociación y la exigencia legítima de los derechos humanos y la libertad religiosa.

Asimismo, al ser consultados sobre la seguridad y los recientes incidentes de violencia en el estado que afectaron la vida de un menor de edad debido a la presencia de artefactos explosivos en hogares, el obispo lamentó profundamente el suceso y lanzó un enérgico llamado de atención a los padres de familia y a la sociedad para evitar la posesión de armamento o municiones caseras que pongan en riesgo la vida de los niños.

Finalmente, la jerarquía católica invitó a la feligresía, movimientos laicos, jóvenes y a la sociedad en general a participar en estas actividades de manera gratuita, destacando que el activismo social de los laicos es indispensable para proponer soluciones a los complejos retos actuales y construir un futuro fincado en las libertades fundamentales y la reconciliación. 

Transcripción de las intervenciones de los asistentes

Monseñor Víctor Alejandro Ledesma: 
Muy buenos días y bienvenidos a estas instalaciones de nuestro obispado. Con nuestra rueda de prensa queremos dar a conocer las actividades con motivo del centenario de la gesta cristera que estamos organizando para conmemorar esta fecha histórica, que para nosotros no es solo recordarla y conmemorarla, sino también celebrarla, y especialmente para nosotros poder tener algún compromiso en nuestra vida de fe como iglesia particular.

Es verdad que es un acontecimiento que se dio ya hace cien años, empezó propiamente el 31 de julio de 1926 hasta 1929. Son cien años que ahora, después de haberlo meditado y de haberse organizado una comisión para preparar estos distintos eventos, quiero pasarle el micrófono al padre Asunción Morales, que es el encargado de la comisión, y también a Carlos Rocha, que ha estado muy activo y dará un pormenor de los detalles de la celebración.

Padre Asunción Briones Barrientos: 
Muchas gracias, buenos días. Centenario martirial de nuestra diócesis de Celaya dentro de esta semana que es de gran relevancia para la Iglesia en México y para nuestro país, donde conmemoramos uno de los acontecimientos que han marcado la vida de fe de nuestros pueblos, al recordar que hace cien años se promulgó la Ley Calles del entonces presidente de la república, Plutarco Elías Calles, que restringía las funciones de la Iglesia católica en nuestro país con la promulgación de la ley y la Constitución de 1917, cuyos postulados, por citar algunos, estaban la prohibición de la educación religiosa, la expulsión de religiosos y sacerdotes extranjeros del país y una limitación muy drástica en la vivencia de la fe pública.

Situación que llevó a los obispos de México a tomar una decisión muy drástica, que es suspender el culto público a partir del 31 de julio de 1926 hasta lograr un acuerdo en julio de 1929. Al pueblo cristiano católico se le priva de lo más grande y valioso para su vida, que es la manifestación de su fe, celebrar los sacramentos y alimentarse espiritualmente con el sagrado cuerpo y sangre de nuestro Señor Jesucristo. Por tanto, la inconformidad y la impotencia no se hicieron esperar.

Muchos hombres y mujeres en diferentes partes de la república, con su epicentro en el centro del país y occidente, sobre todo en los altos de Jalisco, Zacatecas, Guanajuato, Michoacán y Chihuahua, por citar algunos de los más sobresalientes, se levantaron en defensa de la fe y de la Iglesia, participando también muchos jóvenes, mujeres y hasta niños en esta lucha, custodiando y ayudando como pudieran. Un buen número de sacerdotes organizados con la feligresía celebraban clandestinamente la santa misa y rezos como el rosario por temor al ejército callista; otros más tomaron las armas y salieron a luchar y defender esta causa.

Muchos laicos y sacerdotes fueron masacrados, muchos también finalmente derramaron su sangre como la de nuestro Señor Jesucristo con el grito de "¡Viva Cristo Rey!" y "¡Santa María de Guadalupe!", lo cual se convierte en una gran luz que ilumina la fe de nuestro pueblo. En nuestra diócesis, como en la de todo el país, estamos conmemorando este acontecimiento que ha marcado la historia y lo hacemos no de manera nostálgica, sino que lo celebramos haciendo un serio examen de conciencia, queriendo renovar nuestro compromiso especialmente el social.

Damos gracias a Dios porque la sangre derramada por aquellos hermanos ha florecido, sostenido y fortalecido actualmente la fe de nuestro pueblo. No es casualidad que en estos lugares mencionados donde más se concentraba el mayor número de católicos de nuestro país es donde actualmente se palpa y se vive más profundamente nuestra fe católica. A cien años, nuestros obispos ven esta fecha no como un capítulo doloroso, sino como una página luminosa que interpela actualmente a la Iglesia en México en medio de un país azotado por la violencia, las ideologías destructivas, la polarización, la corrupción y el secularismo agresivo.

Por tanto, este acontecimiento es un llamado a los católicos mexicanos de hoy para que, como los de ayer, sepamos dar razón de nuestra esperanza no solo con palabras, sino con una fe encarnada en la defensa de la dignidad humana, la justicia social y la libertad religiosa en un país que aún arrastra heridas abiertas de violencia y polarización. El testimonio cristero se presenta hoy como un signo de fe; los obispos en México no piden revancha ni olvido, sino verdad, reconciliación y sobre todo fidelidad.

Por tanto, el grito de "¡Viva Cristo Rey!" y "¡Santa María de Guadalupe!" no es un grito de batalla del pasado, sino una profesión de fe para el presente y para poder construir el futuro de nuestra querida patria. En este tenor, tenemos algunas o hemos tenido ya algunos acontecimientos que nos están ayudando a celebrar este acontecimiento que, como nos ha subrayado y acentuado mucho nuestro Señor Obispo, es un acontecimiento que no podemos dejar pasar en valde, sino que debemos darle todo el peso que tiene.

Hemos tenido algunas acentuaciones en diferentes etapas que nos llevan a celebrar el congreso cristero en el mes de agosto. Cabe hacer mención que en nuestra propia diócesis tenemos algunos mártires de ese tiempo para gloria de Dios y bien de nuestro pueblo, como es el caso del padre Elías del Socorro Nieves, allá masacrado entre Cortazar y la Cañada de Caracheo; los hermanos Sierra también de ahí de la Cañada de Caracheo; el beato José Trinidad Rangel, de Dolores Hidalgo, y algunos otros los cuales aún no se inicia la causa de su beatificación, pero está el testimonio también del pueblo que da fe de su entrega.

Una primera etapa que hemos vivido fue la etapa sacerdotal; tuvimos una semana de reflexión martirial para todo el presbiterio de la diócesis en el santuario de Atotonilco y en San Miguel Allende entre el 22 y el 26 de junio, también con una buena participación y un muy buen contenido. En la segunda etapa, que es la que estamos viviendo ahora, es la reflexión en las parroquias y rectorías que va del 19 al 31 de julio; se está convocando y se está invitando a la feligresía a reflexionar y a orar contemplando la figura, la persona y la generosidad de nuestros mártires, y tendrá su momento final el 31 de julio, fecha también del inicio del mandamiento.

Cabe mención que a nivel provincia también hubo un acontecimiento, una congregación que se tuvo en toda la provincia del Bajío en el santuario de Cristo Rey, en el Cubilete, el 7 de julio; fue también un momento de reflexión que unió a los miembros de la provincia en esta celebración. La tercera etapa son las conferencias en los decanatos, que son parte ya del congreso cristero que tendrá su culmen en la celebración masiva del sábado 22 de agosto del presente año en el estadio de béisbol de aquí de la ciudad de Celaya.

Nos congregaremos desde las 4:30 de la tarde en el estadio y pensamos que podrá terminar el evento hacia las 8:00 de la noche. Ahí se tendrá el momento de oración, se hará la veneración de reliquias de primer y segundo grado de algunos mártires, se tendrá una conferencia magistral sobre la vida martirial de nuestro país y, desde luego, la santa misa que será presidida por nuestro obispo Don Víctor Alejandro Aguilar Ledesma y sacerdotes concelebrantes.

Como dato adicional y para ubicar las ponencias y conferencias en los decanatos, damos el elenco de algunos lugares: en Paseo del Grande, por ejemplo, fue un caso especial y se han adelantado teniendo ya a nivel decanato una reflexión de todas las parroquias el pasado 24 de este mes en la comunidad de Barajas; en Dolores Hidalgo será el lunes 17 de agosto en el Colegio Independencia; en San Miguel Allende será el martes 18 de agosto en el Teatro Ángela Peralta; en Comonfort será el miércoles 19 de agosto en el templo de San Francisco.

En el decanato de Juventino Rosas se realizará en Cortazar el 20 de agosto en el templo de San José de la parroquia; ahí serán las ponencias y reflexiones por la mañana desde las 10:00 de la mañana, después será una procesión hasta el lugar del martirio del padre Nieves, allá será la celebración y se tendrá algún convivio. Aquí en la ciudad de Celaya será el jueves 20 de agosto, lo haremos aquí en el seminario, Dios mediante, en el seminario hermoso; en San Luis de la Paz, el 21 de agosto en el Colegio Miguel Hidalgo, y tenemos una extra en San Diego de la Unión el jueves 20 a las 10 de la mañana, que también es parte del decanato de Dolores.

Agradecidos con Dios y con todo el pueblo cristiano católico, seguimos peregrinando en esta diócesis, fuertes en la fe, firmes en la esperanza y constantes en la caridad. Ese es el programita que estamos llevando a cabo y que estamos realizando para culminar, repito, en la celebración masiva del sábado 22 de agosto en el estadio de béisbol. Están invitados.

Prensa: 
¿Cuántas personas esperan que vengan, o invitan desde los jóvenes hasta quiénes? ¿Para quién es este encuentro?

Padre Asunción Briones Barrientos: 
Es para todo el pueblo de Dios, grupos, movimientos de las parroquias, movimientos eclesiales, desde luego jóvenes y demás. De cada parroquia se está pidiendo que venga una representación; a veces no es fácil mover tanta gente desde el norte, por ejemplo, pero sí creo que de cada parroquia mínimo estarán participando un autobús de personas o menos, quizás algunos mucho más.

Desde luego aquí en la ciudad no es el tema del transporte, quizás es más fácil llevar, aunque también la sociedad no es tan religiosa como lo es para el norte de la diócesis. Esta parte de la historia será lo que se estará compartiendo en estas conferencias: la historia de conocer cómo se llevó a cabo esta guerra cristera, conocer las causas, dar a conocer también a los mártires que muchas veces no los conocemos.

Monseñor Víctor Alejandro Ledesma: 
Lo importante es primero conocer esta parte de la historia que quedó por más de 50 años sepultada, olvidada, le cayó el polvo del olvido de forma intencional tanto por parte del gobierno, en la educación y en la parte de la historia, pues casi absolutamente quedan dos renglones donde dicen qué pasó, pero no dice quiénes ni por qué. Y por parte de la Iglesia hubo un descuido u olvido quizá por el dolor y la vida misma, como que era importante en su tiempo no tocar esos temas que estaban muy sensibles en ese momento y vivían todavía bastantes hijos de cristeros, hijos de mártires, y se dejó un poco el tiempo sanando.

Pero en el centenario, los obispos en una asamblea vimos importante que primero le llamáramos resistencia cristera, no guerra cristera, resistencia cristera porque realmente fue en ese tiempo no solo de 1926 sino años antecedentes, y eso es lo que queremos que también se conozca: ¿qué pasó antes de 1926 en la historia y cómo se llegó a esta resistencia cristera, que fue por parte del gobierno también impedir la libertad religiosa, es decir, la expresión pública de la fe?

Esto fue creando un ánimo de confrontación a tal grado que hubo situaciones como una bomba que pusieron en la Villa de Guadalupe, hubo también por parte del gobierno y de otras instituciones que se apoderan de algunos centros... todo eso fue un caldo de cultivo. No quiero sacar toda la historia, pero fue conocer todos estos datos, no solamente qué pasó sino por qué pasó, por unos antecedentes.

Pero también significa dar gracias a Dios por todos nuestros abuelos y bisabuelos que supieron vivir y defender la fe no solo con palabras, sino especialmente por su vida, incluso llegando a entregar su vida. No es que ellos buscaron la muerte, sino murieron por defender la fe; es el martirio. No es que ellos quisieran morir o buscaran ser mártires, sino que precisamente querían defender su fe y por defender su fe fueron martirizados.

También queremos aprender de la historia, es decir, qué se hizo mal en ese tiempo por parte del gobierno, por parte de la Iglesia, y qué enseñanzas nos deja ese acontecimiento tanto al gobierno como a la Iglesia, y cómo se deben resolver hoy los temas como la libertad religiosa, que el gobierno debe tutelar porque es un derecho humano inalienable. Cuando esto se toca es muy sensible tocar la libertad en cualquiera de sus líneas, ya sea la expresión, la libertad religiosa, la libertad de tener bienes particulares, etcétera.

Creo que son temas para sacar enseñanzas y compromisos también, y creo que para nuestra Iglesia sana pues también implica conocer nuestros mártires, nuestra historia. Una diócesis, una iglesia, una nación que no conoce su historia se dice que está condenada a repetir los mismos errores; es conocer la historia, aprender de ella y seguir construyendo un diálogo, comunión y una nación en la que todos podamos vivir en libertad, atenta a las libertades fundamentales del ser humano, y entre ellas está la libertad religiosa, la libertad de expresar libremente nuestra fe en oración.

Es parte de lo que queremos también revitalizar en la vida diocesana, que el martirio de estos hermanos nuestros nos impulse y nos anime a seguir comprometidos en la defensa y vivencia de nuestra fe.

Prensa: 
Las conferencias, ¿tendrán algún costo?

Padre Asunción Briones Barrientos: 
No tiene ningún costo, por el contrario, lo importante es que se conozca y que se impacten del espíritu martirial que hemos vivido, que finalmente ese testimonio valiente de nuestros mártires hoy es nuestra luz y nuestra fuerza. Decía uno de los primeros escritores del cristianismo, Tertuliano, que la sangre derramada era semilla de nuevos cristianos; entonces creo que es lo que queremos también exaltar: la valentía y preguntarnos qué tanto estamos también dispuestos a ser testigos valientes en estos tiempos, que tienen su complejidad. En aquel tiempo había muchas complejidades, hoy también las tenemos quizás de otra manera.

Prensa: 
Solo que me dé su opinión justamente hablando de esta defensa de la libertad, el polémico padre Pistolas habla justo de tomar armas y defender nuestras libertades.

Monseñor Víctor Alejandro Ledesma: 
Creo que es importante recalcar la figura del padre Pistolas, que se llama Alfredo, que tiene su modo muy particular de tomar como casi las noticias. Creo que a partir de ahí es más bien un llamado que no tiene una repercusión realmente eclesial ni es una reflexión por parte de la Iglesia; es una voz que clama él en su canal y en su mundo, pero no es un llamado de la Iglesia, no es un llamado de aquí de Morelia —bueno, pertenece a la diócesis de Morelia— ni tampoco es el sentido de todos los sacerdotes el tomar armas.

Creo que tenemos que aprender a construir la paz, y para construir la paz tenemos que tener pensamientos de paz, lenguajes de paz y acciones de paz. No podemos construir un país que ya está ensangrentado con más violencia; tenemos que comprometernos a defender nuestra fe, defender nuestros principios, pero la manera no es el conflicto. Creo que la manera es dialogando, negociando, exigiendo también, pero sin llegar a estos medios tan drásticos y radicales que la historia ya nos enseñó que esa confrontación trajo cantidades enormes.

Estamos hablando de 250,000 muertos en esa resistencia, lo que creo que no es la manera de volver a repetir un hecho. El gobierno debe entender la enseñanza de que no se debe reprimir la libertad religiosa de un pueblo, y también nosotros el pueblo entendemos que debemos exigir de manera adecuada y ordenada estos derechos que tenemos como seres humanos de expresar nuestra fe. Lo del padre Alfredo pues es una opinión personal de él, no es postura de la Iglesia, es postura de un sacerdote y hay que dejarla en ese contexto.

Prensa:
Por último, ¿qué tanta diferencia hay desde la guerra cristera hasta actualmente en cuanto a defender la fe?

Monseñor Víctor Alejandro Ledesma: 
Las diferencias ahora son de forma. Digamos, la Iglesia desde su inicio, desde su fundador nuestro Señor Jesucristo, ha sido perseguida; no es nuevo. En el tiempo de Jesús, el primer mártir, vinieron después todos los apóstoles, todos también fueron martirizados. Después vino toda la época de los santos padres, una parte muy importante de la iglesia donde también hubo persecución con tantos padres de Antioquía, romanos; el tiempo en Roma, pues muchos de ellos fueron también martirizados, llevados al teatro, muchos fueron colgados, se burlaban de ellos.

Mencionar: "Ustedes son la luz del mundo", les colgaban en unos postes. Después podemos pasar a tiempos de la Revolución Francesa, donde en nombre de la igualdad, de la libertad y de la fraternidad realmente fue una verdadera persecución, quemaron templos, etcétera. Y pasemos a nuestra historia: nuestra historia desde siempre ha sido una iglesia perseguida; ha habido momentos menos turbios, otros más ríspidos, otros de cierta simulación, pero bueno, siempre ha estado ahí.

En regiones del mundo, por ejemplo, hoy ser cristiano significa señal de muerte. Te pueden matar por el solo hecho de que tú eres cristiano católico. Hoy, digamos, los linchamientos de la Iglesia pues no son paredones ni fusilamientos; hoy son linchamientos mediáticos, y como iglesia estamos acostumbrados a que mediáticamente nos linchen, que si pasó esto, que si pasó aquello, y hacerlo viral. El Señor nos lo dijo: "A ustedes los perseguirán", y bueno, somos conscientes de que ser cristianos conlleva dar testimonio de nuestra vida, y esto incluye también para los de antes y para los de hoy tener como riesgo de vivir coherentemente nuestra fe la posibilidad de un linchamiento mediático o hasta material.

Prensa:
Bien, ya nada más en otro tema aparte de la rueda de prensa, pedir su opinión respecto a este caso de este niño Pepito, lo que sucedió la semana pasada y que termina con el fallecimiento del pequeño, y que deja una cierta incertidumbre de la seguridad que pueden vivir hasta los niños en su propia casa, en su propio jardín, al encontrar este tipo de artefactos. ¿Cuál es su postura?

Monseñor Víctor Alejandro Ledesma: 
Primero, es muy lamentable la muerte del niño y un pésame también a su familia, una palabra de aliento a sus papás y también una llamada de atención tanto a los mismos padres de familia como a la misma sociedad en general. Creo que no podemos tener nosotros en nuestra casa almacenar o poseer este tipo de munición casera, como es el caso de esta granada con la que los niños pueden jugar y no alcanzan a dimensionar las consecuencias de activar un arma, de tener acceso a armamento.

Creo que es importante que en las casas, en los hogares, los padres estén muy al pendiente de todo esto que sucede.

Padre Asunción Briones Barrientos: 
Queremos reiterar la invitación a toda la feligresía en general, especialmente a movimientos laicos, de parroquias, y no solo que trabajen en la iglesia sino en la sociedad, con un breve mensaje en el sentido de que una de las grandes aportaciones de la gesta cristera es la activación social de los laicos, que no fue posible sin la participación de las mujeres y de los jóvenes. Este elemento de la gesta cristera es súper importante para entender cómo pudo haber sido posible la manifestación social.

Entonces el activismo social de los laicos es súper necesario para poder subsanar los problemas tan complejos que estamos viviendo hoy en la actualidad; por lo tanto, invitamos a jóvenes, a movimientos, a laicos en general a que conozcan la historia para que podamos entender nuestro presente y podamos proponer una construcción de un futuro que sea mejor para nuestro país. Muchas gracias.
#MetroNewsMx #GuanajuatoDesconocido

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