Eugenio Amézquita Velasco
El presbítero Manuel Rangel destacó la profunda dimensión teológica y espiritual que implica el ministerio sacerdotal durante la víspera de la festividad de Corpus Christi. En una entrevista reciente, el religioso subrayó que la facultad de consagrar el cuerpo y la sangre de Cristo es un "don de la bondad divina", otorgado no por méritos personales, sino por designio de Dios para la renovación constante del misterio de la pasión y resurrección.
El padre Rangel equiparó la importancia de la Eucaristía con el pasaje bíblico del profeta Elías, describiéndola como el "pan para el camino" necesario para que los fieles encuentren fortaleza ante las adversidades y debilidades humanas. Según el sacerdote, este sacramento actúa como un sustento vital para el creyente, preparándolo para el banquete eterno.
Finalmente, el entrevistado reconoció que, pese a la fragilidad humana y la condición de pecadores que comparte el clero con el resto de la comunidad, el sacerdocio conlleva el privilegio de la mediación y el servicio. Rangel enfatizó que es a través de este sacramento que se cumple la misión de alimentar espiritualmente al pueblo santo, reafirmando el compromiso del sacerdote como instrumento de purificación y bendición.
La transcripción de la entrevista
Eugenio Amézquita Velasco:
Bueno, pues estoy con el padre Manuel, al que yo cariñosamente llamo mi tío, es mi tío espiritual, el padre Manuel Rangel. Le estaba yo preguntando: "Padre, para usted, como sacerdote, tener este regalo, este don de poder confeccionar con sus manos el Santísimo Cuerpo y Sangre de Jesucristo, ahora que se acerca la fiesta de Corpus, ¿qué significa para usted?".
Padre Manuel Rangel:
Para nosotros significa una gran bondad de Dios que nos ha llamado, como dice la Carta a los Hebreos; nos ha sacado entre muchos otros con un especial propósito, precisamente para que nosotros, como sacerdotes, renovemos ese misterio de la Pasión y Resurrección de Cristo cada vez que celebramos la Eucaristía. Y no solo manifestar la Eucaristía a los demás, sino, sobre todo, como Jesús dijo: "Soy el pan de vida, el que coma de este pan vivirá para siempre".
Es alimentarnos, como se le llama a la Eucaristía, "el pan para el camino", porque vamos de camino hacia el encuentro con Dios y tenemos que fortalecernos espiritualmente para poder llegar. Como aquel pasaje de Elías, que se sentía de pronto frustrado, perseguido y quería morirse; se quedó dormido al pie de un árbol, el ángel lo despertó y dijo: "Levántate y come, porque te queda mucho camino por recorrer".
Yo lo comparo con nuestra vida: tenemos que levantarnos de nuestro mal, de nuestro pecado, comer de este pan del cielo y tener fuerzas como Elías para llegar allá —él fue al monte Horeb, acá es para llegar hasta Dios—. Como alguien decía, somos indignos de todo esto de Jesús, pero Él nos hace dignos para poder alimentar al pueblo santo, para poder animarlo y, sobre todo, ofrecerle que este pan de vida, todo aquel que lo recibe, se va preparando para un día, como dijo Jesús en la Última Cena, comer nuevamente ese pan allá en el banquete eterno.
Por eso me parece, pues, primero, un gran favor del Señor que nos da ese derecho, aunque somos pecadores como todos —así lo dice la Carta a los Hebreos—, pero también que nos dé el privilegio de perdonar, de purificarnos y poder hacernos dignos de Él.
Eugenio Amézquita Velasco:
Gracias, Padre. Regálenos la bendición para el público; su bendición para los que van a ver este video, padre.
Padre Manuel Rangel:
Sí, pues para todos: la bendición de Dios omnipotente, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y permanezca para siempre. Amén.
Eugenio Amézquita Velasco:
Gracias, padre Manuel, a quien yo llamo mi tío. Soy Eugenio Amézquita y esto es Guanajuato Desconocido. #MetroNewsMx #GuanajuatoDesconocido


