Eugenio Amézquita Velasco
-La Procesión de las Cruces en Comonfort representa una herencia franciscana que une fe, identidad y cultura.
-Habitantes del Pueblo Mágico recorrerán las calles este Martes Santo en un acto de fervor único en Guanajuato.
-La feligresía reafirma su compromiso espiritual con un trayecto que culmina en la Plaza Dr. Mora tras salir del templo.
Bajo una profunda herencia franciscana que ha permeado el alma de sus habitantes por siglos, Comonfort se prepara para celebrar este próximo 31 de marzo, Martes Santo, la Procesión de las Cruces. Esta manifestación religiosa, considerada única en su género dentro del estado de Guanajuato, no es simplemente un desfile de imágenes, sino una declaración de principios espirituales que recorre las principales arterias del Pueblo Mágico, transformando el entorno urbano en un escenario de misticismo y recogimiento.
El despliegue de religiosidad y fervor que distingue a esta demarcación se manifiesta en una columna procesional que parte del emblemático Templo Parroquial de San Francisco de Asís. Los contingentes se unen en un acto de fe encabezado por las autoridades eclesiásticas locales, específicamente por el Sr. Cura Felipe de Jesús Vázquez Santana, quien acompaña a los fieles en este camino de oración y penitencia. El trayecto se extiende por calles fundamentales como Abasolo, el Jardín Cinco de Febrero y Luis Cortazar, continuando por la Plazuela de Galeana, Ignacio Rayón y Benito Juárez, hasta concluir en la Plaza Dr. Mora.
Esta tradición, que hunde sus raíces en la labor evangelizadora de los hijos de San Francisco, representa para los habitantes de Comonfort un acto de amor supremo a Cristo Crucificado. Durante el recorrido, el ambiente se satura de una devoción que evoca la máxima de Tomás de Kempis: No hay cosa más querida por Dios ni más saludable para ti en esta vida que padecer gustosamente por Cristo. Los participantes viven plenamente este momento, consolidando el evento no solo como un patrimonio cultural, sino como un testimonio vivo de las costumbres que definen al Guanajuato profundo y, a veces, desconocido para el turismo de masas.
La importancia de la Santa Cruz en este contexto trasciende lo local para anclarse en la historia universal del cristianismo. El hallazgo de la Santa Cruz, conocido históricamente como la Invención de la Santa Cruz —del latín invenire, que significa encontrar—, constituye uno de los pilares más profundos de la arqueología sagrada. Este acontecimiento no solo rescató el instrumento material del sacrificio de Cristo, sino que consolidó la Cruz como el símbolo máximo de la victoria sobre la muerte y el pecado.
De acuerdo con la tradición de la Iglesia y los relatos de historiadores antiguos como Eusebio de Cesarea y san Ambrosio de Milán, el hallazgo se sitúa en el año 326 d.C. La protagonista de esta búsqueda fue la emperatriz santa Elena, madre de Constantino el Grande. Elena, movida por una fe inquebrantable, emprendió una expedición a Jerusalén con el objetivo de dignificar los lugares de la Pasión. En aquel tiempo, el Calvario estaba oculto bajo construcciones paganas; el emperador Adriano había mandado edificar un templo dedicado a Venus sobre el sitio de la crucifixión en un intento de borrar el culto cristiano. Elena ordenó la demolición de estas estructuras y la excavación profunda del terreno.
Según la tradición, se hallaron tres cruces ocultas en un pozo cercano al Gólgota. La identificación de la verdadera Cruz de Cristo, la Vera Crux, se atribuye a un signo milagroso. Ante la incertidumbre de cuál de las tres pertenecía al Redentor, san Macario, entonces obispo de Jerusalén, sugirió acercarlas a una mujer gravemente enferma. Al contacto con la tercera cruz, la mujer recobró la salud instantáneamente. Este hallazgo impulsó la construcción de la Basílica del Santo Sepulcro, donde se resguardaron las reliquias para la veneración de los siglos venideros.
Para la doctrina católica, la Cruz no es un simple objeto de recuerdo histórico, sino un misterio teológico que se explica bajo tres dimensiones fundamentales. En primer lugar, la Santa Cruz es el Altar del Sacrificio Único. La Iglesia enseña que la Cruz es el altar donde Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote, se ofreció a sí mismo como víctima inmaculada al Padre. En el Antiguo Testamento, los sacrificios eran sombras; en la Cruz, se realiza la redención definitiva donde la justicia divina y la misericordia se encuentran.
En segundo lugar, la Santa Cruz es el Árbol de la Vida. Existe una conexión tipológica directa entre el Génesis y el Calvario. Si por un árbol entró la muerte al mundo debido a la desobediencia, por otro árbol retorna la vida a través de la obediencia de Cristo, el Nuevo Adán. Finalmente, la Santa Cruz es signo de contradicción y victoria. Representa la lógica de Dios, que es necedad para los gentiles y escándalo para los judíos, convirtiendo la debilidad en fuerza y la derrota aparente en un triunfo real.
La relevancia de este signo en la vida del creyente abarca la liturgia y la identidad personal. La Señal de la Cruz es el primer signo que recibe el cristiano en su bautismo, un sello que indica pertenencia. Además, la doctrina enseña que es un arma poderosa contra las asechanzas del mal, pues el demonio retrocede ante el recuerdo del instrumento por el cual fue derrotado. Asimismo, otorga un sentido al sufrimiento humano; el católico une su dolor a la Cruz, dejando de ser este un absurdo para volverse redentor, siguiendo las enseñanzas de místicos como San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Ávila.
Hoy, la Iglesia celebra la Exaltación de la Santa Cruz cada 14 de septiembre, no para adorar la madera como materia, sino para adorar al Salvador que en ella estuvo clavado. La Cruz es, en última instancia, el resumen del Evangelio y el recordatorio visual de que tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único. Para el comonforense, para el guanajuatense y para todo fiel, la Cruz es el faro que guía a través de las tinieblas del mundo moderno, el estandarte que se porta en las procesiones de la vida diaria y el signo de esperanza en el que se confía ser recibido en la hora de la muerte. La Procesión de las Cruces en Comonfort es, por tanto, la actualización anual de este misterio de salvación, donde la comunidad se reconoce en el madero y camina junta hacia la luz de la Pascua. Ave Crux, Spes Unica. #MetroNewsMx #GuanajuatoDesconocido


