Eugenio Amézquita Velasco
-La crisis de violencia en México exige una respuesta que trascienda lo político, centrada en la conversión personal y la paz profunda.
-Manuel Capetillo sostiene que la Virgen de Guadalupe no solo se aparece en México, sino que vive permanentemente en el corazón del país.
-El perdón a los enemigos y agresores se presenta como el muro principal que detiene la eficacia de la oración en el creyente actual.
-La consagración al Inmaculado Corazón de María es propuesta como una armadura espiritual necesaria para enfrentar las pruebas venideras.
-El testimonio del asalto violento sufrido por la familia Capetillo ejemplifica la delgada línea entre la providencia y la tragedia.
-La oración del Santo Rosario es definida no como un rito de costumbre, sino como una flecha de oro dirigida al Sagrado Corazón de Jesús.
-El análisis advierte sobre un estado de aletargamiento espiritual en la sociedad, instando a un despertar urgente mediante la fe viva.
-La rendición de la voluntad propia ante la voluntad divina se identifica como la clave para obtener la sanación integral y la paz.
Entre la espada y la gracia
La disertación de Manuel Capetillo en el V Congreso Diocesano Mariano de Celaya no debe leerse como un simple testimonio de fe, sino como una radiografía cruda y analítica de la situación que atraviesa el México contemporáneo. Con un lenguaje que evita eufemismos, el ponente establece una conexión directa entre la descomposición del tejido social —manifestada en el narcotráfico, el adulterio y la violencia doméstica— y un vacío de espiritualidad operativa que ha dejado a la sociedad "adormecida".
Contexto de una nación en crisis
Desde una perspectiva objetiva, el análisis plantea que México vive un "tiempo diferente", una etapa de transición donde las estructuras de seguridad humana han fallado, dejando al ciudadano en una vulnerabilidad extrema. El relato del asalto en su propio domicilio sirve como un caso de estudio sobre la fenomenología de la violencia: la presencia del mal frente a la respuesta de la gracia. Aquí, el análisis jurídico del estado de Guanajuato y del país se entrelaza con lo espiritual; mientras la ley busca la justicia punitiva, la propuesta editorial de Capetillo busca la **reparación del alma** a través del perdón, un concepto que, aunque difícil de procesar en el marco legal, es esencial para la salud cultural de una comunidad herida.
El impacto comunitario y el muro del rencor
Uno de los puntos medulares es la identificación de los "muros" que impiden el progreso social y espiritual. El diagnóstico es claro: el resentimiento es un lastre que detiene cualquier intento de pacificación. No se trata de una resignación pasiva, sino de un ejercicio de antropología cristiana donde el reconocimiento del "otro" -incluso del victimario- como hermano es el único camino para romper la espiral de odio. La crítica es fuerte hacia una religiosidad de mera costumbre; la nota advierte que ir a misa o rezar el rosario sin una coherencia de vida es una práctica estéril.
La consagración como estrategia de resiliencia
El análisis profundiza en la figura de la Virgen de Guadalupe y la Reina de la Paz como ejes de una resistencia cultural. La "consagración" se presenta aquí como un concepto técnico de la estenografía espiritual: un intercambio místico de corazones que busca dotar al individuo de discernimiento. En un entorno donde "abunda el pecado", la sobreabundancia de la gracia se manifiesta en la perseverancia. La mención del libro de San Luis María Grignion de Montfort y la disciplina de los 33 días no es un mero promocional, sino una metodología propuesta para la reestructuración del carácter individual frente a la adversidad.
La urgencia del despertar
México se encuentra ante un "segundo Pentecostés" o una crisis terminal. La elección depende de la capacidad de la comunidad para generar "cenáculos de oración" que funcionen como núcleos de resistencia ética y espiritual. El llamado es a un despertar consciente que abandone la magia y el pensamiento supersticioso -como las "limpias" o la brujería- para abrazar una fe racional, documentada y valiente. La seguridad nacional, sugiere este análisis, empieza en la paz del hogar y se sostiene con la fuerza de una voluntad entregada a principios superiores.
La transcripción de la conferencia de Manuel Capetillo dentro del V Congreso Diocesano Mariano de Celaya
Manuel Capetillo:
Vamos a iniciar en este momento pidiéndole a nuestro hermano un momentito. Han estado muy bendecidos en este día, pues hemos tenido la oportunidad de estar con nuestro señor obispo Víctor, también hemos estado con Monseñor Eduardo Chávez, y esta gracia, hermanos, en estos momentos es algo que debemos interiorizar. Darle gracias a Dios porque, como ustedes saben, los momentos que nos está tocando vivir son momentos muy especiales. Hemos entrado a un tiempo diferente, hemos entrado en una etapa donde nuestra madre santísima, ella como madre de la iglesia, nos está preparando para lo que estamos viviendo y para lo que vamos a vivir. Así que yo te invito, hermano, ponte un momentito de pie, por favor. Vamos a pedirle al Señor. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Hoy, Señor Jesús, queremos entregarte este día, este momento, a través de las manos inmaculadas de nuestra madre santísima Virgen María. Te quiero pedir esta gracia de que intercedas en este momento por cada uno de tus hijos que está aquí y que van a escuchar este mensaje. Qué mejor que tú se lo entregues a tu hijo Jesucristo. Cuando tú visitaste a tu prima Santa Isabel, contigo iba el Espíritu Santo. Ven, Espíritu Santo, ven por medio de la poderosa intercesión del Inmaculado Corazón de María, tu amadísima esposa. Ven, ven, Espíritu Santo, ven por medio de la poderosa intercesión del Inmaculado Corazón de María, tu amadísima esposa. Ven, ven, Espíritu Santo, ven por medio de la poderosa intercesión del Inmaculado Corazón de María, tu amadísima esposa. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, amén.
Se pueden sentar, muchas gracias. Hermanos, siempre es importante cada cosa que vayamos a emprender o hacer; hay que pedirle al Espíritu Santo, hay que pedirle a María Santísima que interceda para poder caminar en estos tiempos con discernimiento. Bien, es por eso que es tan importante un quinto congreso mariano como este, porque, hermanos, si nosotros no caminamos en estos tiempos en la consagración al corazón inmaculado de María Santísima, no vamos a poder. Es un tiempo donde nosotros, consagrados a ella y por ella, por medio de ella al Sagrado Corazón de Jesús, viviendo lo que ella nos está pidiendo en estos momentos que es la oración. La oración, hermanos, es una arma invencible. Es por eso que ella apareció en tantos lugares que ha venido apareciendo desde siglos.
Manuel Capetillo:
Ella, la mujer vestida de sol con una corona de doce estrellas, la luna bajo sus pies, la Virgen de Guadalupe, en estos momentos de nuestra historia es algo muy importante que tiene que ver en la misión. Si nosotros abrimos el corazón, si nosotros nos dejamos llevar por el Espíritu Santo en estos momentos que México pasa momentos tan difíciles, tan delicados, momentos graves... Pero recordemos: donde abunda el pecado, sobreabunda la gracia. Y México hoy en día está en tus manos, en mis manos, en las manos de cada uno de nosotros que trabajemos y nos dejemos llevar por el corazón inmaculado de María Santísima y la gracia de Dios. Es por eso que ella dijo en el año 2019 en Medjugorje, la Reina de la Paz, que es la misma Virgen, y que les voy a decir aquí algo maravilloso.
Manuel Capetillo:
Cuando estuvimos en Medjugorje, en casa de la vidente Marija Pavlović, antes que se le apareciera la Virgen, eran unas dos horas antes, y allí entramos a casa de Marija Pavlović y nos dijo: ¿qué hacen aquí mexicanos? La vidente. Yo dije: pero ¿cómo? ¿Qué, le caerán mal los mexicanos? Y yo le pregunté: ¿cómo que qué hacemos aquí? Aquí se aparece la Virgen María, se te aparece a ti. Y me contestó: aquí se aparece, pero en México vive la Virgen de Guadalupe. Y sí, hermanos, es una gracia. Hay una gracia muy grande, por eso que ella nos dijo en el 2019: los estoy preparando para nuevos tiempos, para que sean firmes en la fe y perseverantes en la oración, porque vendrán las pruebas, el pecado reinará y ustedes no podrán. Y lo vivimos. Antes de la pandemia nos dijo esto y vivimos la pandemia y, la verdad, fue muy difícil, fue muy duro.
Manuel Capetillo:
Y esto no ha parado, y esto va gradualmente. Hoy estamos en crisis de guerras, un momento muy, muy delicado con Medio Oriente, muy serio. Hermanos, hay que despertar. Ella nos acaba de decir, la Reina de la Paz, este mensaje. El mensaje dado a Marija el 25 de febrero del 2026, hace cuatro días: queridos hijos, en este tiempo de gracia los invito nuevamente a ofrecer sus vidas a Dios para que él los guíe hacia la resurrección por medio de su conversión personal. Hijitos, Dios está cerca de ustedes y atiende sus oraciones, pero ustedes están adormecidos; por eso él me ha enviado a ustedes para despertarlos y para que brillen en santidad como una flor en primavera. Gracias por haber respondido a mi llamado. Nos invita nuevamente a ofrecer nuestras vidas a Dios.
Manuel Capetillo:
Si tú y yo verdaderamente ofrecemos la vida a Dios nuestro Señor a través de las manos inmaculadas de María Santísima, hermanos, ese es el camino mejor, es el camino más perfecto. Fíjate, si nosotros a veces sentimos que le pedimos a Dios y pensamos que Dios no nos escucha. Yo veía el otro día un mensaje que Dios nuestro Señor le dio a Santa Brígida de Suecia, donde dos personas estaban orando y ella veía a esas dos personas, pero veía cómo la oración de una de ellas no tenía muros y llegaba muy bien. La otra veía que no podía pasar desde el primer muro. ¿Cuál puede ser el primer muro para que tu oración y mi oración no pase? El pecado. Pero aquí somos pecadores, pero nos levantamos. Pero hay situaciones en que nosotros en el pecado ya nos acostumbramos.
Manuel Capetillo:
Por ejemplo, en el confesionario, ¿qué hacemos ahí? Pues: padre, qué pena, padre, otra vez vengo a confesarme, pero otra vez vengo a confesar de lo mismo, de lo mismo. Y una y otra y otra, y un año y otro año, y no salimos. Qué importante darnos cuenta de eso. ¿Qué está pasando en esa confesión? ¿Qué está pasando en nuestra vida? ¿Qué está pasando en nuestra conciencia? ¿En dónde nos tiene atorados ese pecado? Nuestro caminar en las heridas. A veces caminamos y alguien nos ha lastimado, nos ha hecho algo, y tú dices: yo no lo puedo perdonar. O yo puedo decir: yo no lo puedo perdonar. Y tengo ese resentimiento, estoy lastimado, estoy herido, y ese es otro muro que no deja pasar mi oración. Amen a sus enemigos, dice el Señor, ¿no? Como yo los he amado.
Manuel Capetillo:
Es difícil caminar en una línea de este tipo cuando alguien te ha hecho algo, ¿no? Te han lastimado, te han ofendido. En estos momentos, hermanos, es un momento muy difícil porque hay familias que se desbaratan, se deshacen, se pelean; hay mucho adulterio, hay mucha separación. Los jóvenes, los niños, están muy alejados de Dios. La misma violencia que existe hoy dentro del hogar, dentro de la familia, es una violencia que se está manifestando hoy de una manera tremenda y es parte de lo que estamos sufriendo en nuestro país. Yo les quiero decir aquí: fui víctima, junto con mi familia, ¿de qué? De la violencia. ¿En dónde? En mi casa, en la casa de ustedes. Era un domingo como hoy, de repente estaba yo en el jardín dándole de comer a los perritos y oigo un grito de mi esposa que me dice: Manuel, Manuel.
Manuel Capetillo:
Digo: ¿qué le pasa? Algo le pasó, pero fuerte. Entro a la casa y cuando entro veo que dos tipos la tienen encañonada, todos tapados, vestidos de negro, y la tienen en la cabeza y en el pecho las pistolas. El impacto es muy fuerte, es muy duro. Y yo les digo: ey, ey, ¿qué pasa? ¿Qué quieren? ¿Qué es esto? Y cuando estoy así, volteo porque atrás de mí hay un tipo con un machete. Y cuando volteo veo al tipo del machete y veo a otro tipo aquí al lado que me está apuntando con la pistola. En ese momento vi la presencia de Dios y la presencia de Satanás. En ese momento te vienen muchas cosas. La primera que me vino fue quererme echar encima de él, pero no, no. Tenemos que ser dóciles, humildes. Cuando estoy así, sentí que Dios me dijo: dales lo que te pidan.
Manuel Capetillo:
Cuando me doy cuenta, ya tienen a mi hija otros con la pistola en la cabeza, y otros dos tienen a mi hijo. Mi hijo es un muchacho grande, jugador de fútbol americano, mide uno noventa y siete, es muy fuerte. ¿Y sabes qué? En ese momento él se los quita. Y al quitárselos, uno de ellos le hace así con la pistola, corta cartucho, muy nervioso el tipo. ¿Y qué creen que pasó? La bala se salió. Cuando él cortó cartucho, la bala salió volando. Él no lo podía creer, se quedó, no supo qué hacer. El que tenía la pistola cortó cartucho, se le fue la bala, no sabía cómo reaccionar, la pensó y se fue tras la bala. No nos hicieron nada, nos amarraron, pero no nos dieron ni siquiera una cachetada. Nos quitaron lo que teníamos, todo se lo llevaron, pero no nos pasó nada.
Aquí es donde quiero entrar al momento, hermanos, a hacer conciencia. ¿Por qué es tan importante estar en manos de Dios, en la gracia de Dios? Se le pudo ir el tiro en vez de salirse y, con los nervios que tiene, lo mata, o me matan, o matan a mi esposa. Por eso es tan importante. Los invito nuevamente a ofrecer sus vidas a Dios para que él los guíe hacia la resurrección. En un momento como este, recuerdo aquí un pasaje del evangelio, San Lucas 13. En aquel tiempo, algunos hombres fueron a ver a Jesús y le contaron que Pilato había mandado matar a unos galileos mientras estaban ofreciendo sus sacrificios. Yo veo esta escena hoy en día. Jesús les hizo este comentario: ¿piensan ustedes que aquellos galileos, porque les sucedió esto, eran más pecadores que todos los demás galileos?
Ciertamente que no. Y si ustedes no se convierten, perecerán de manera semejante. ¿Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé? ¿Piensan acaso que eran más culpables que todos los demás habitantes de Jerusalén? Ciertamente que no. Y si ustedes no se arrepienten, perecerán de manera semejante. Esto es palabra de Dios. Hermanos, qué importante entregarle el corazón a María Santísima de una manera consciente, viviendo estos momentos que nos llevan a ser conscientes de todo lo que estamos viviendo a través de su corazón inmaculado. Quiero decirles unas reflexiones. ¿Qué pasa cuando tú y yo nos consagramos al corazón inmaculado de María Santísima? Fíjate: es María, maestra de los apóstoles de los últimos tiempos, la que os llama a que os consagréis a mi Inmaculado Corazón.
Manuel Capetillo:
Consagración que os revestirá de luz del Espíritu Santo para que conozcáis en lo profundo el bien. Consagración que os llevará a despreciar los encantos y las falacias del mundo. Consagración que os hará sentir repugnancia y horror por el pecado. ¿Cómo voy a despertar? Estamos adormilados. ¿Cómo despertar para ser coherente en estos momentos en nuestra fe? Porque ahorita podemos ir a misa todos los domingos, todos los días, que es lo más grande y lo más hermoso, o podemos rezar todos los días el Santo Rosario, pero si mi oración y yo estoy atado, y yo según yo en gracia de Dios pero no perdono, o estoy atorado en algo, en el pecado... Porque alguien me hizo daño. Esta misma gente que entró a mi casa y nos hicieron vivir un momento tan difícil. Qué difícil es que yo le diga a Dios nuestro Señor: hazle su justicia, acaba con ellos.
Si digo eso, estoy alimentando el odio, el rencor. No: te pido por ellos, Señor, los perdono y, si puedo hacerles un bien, se los haré. Y eso es lo que tenemos que hacer hoy en día. Consagrarnos a ella para hacer un bien, para conocer perfectamente el bien. Solo así podemos caminar en este México y en este mundo, en esta crisis contra los hermanos. Todo lo que ha pasado estos días. No juzguemos, no perdamos el tiempo juzgando, hablando mal. Tenemos que aprender, y a veces aprender cuesta. Tenemos que pedir por nuestros hermanos que están en el narcotráfico, que están en la violencia; ellos son nuestros hermanos. Es tiempo de despertar, es tiempo de reaccionar, es tiempo de consagrarse a ella. Consagración que intercambiará místicamente nuestros corazones.
Consagración que os enrolará como soldados rasos del ejército victorioso de los corazones triunfantes. Qué bárbaro, qué fuerte. Y aun así, ya consagrados, aun así revisando nuestra vida ahí en el confesionario, ahí revisando los diez mandamientos de la ley de Dios, ahí revisando cómo vivimos los sacramentos, cómo vivimos la caridad, cómo vivimos la misericordia. Pero el primer mandamiento de la ley de Dios: amarás a Dios sobre todas las cosas. O sea, no puedes ir a otros lugares a buscar el bien, porque no lo hay. El bien solamente en la gracia de Dios, no en las limpias, no en la brujería. Y si hemos caído en una de estas cosas, es urgente que vayamos al confesionario. Y no nada más eso, es urgente reparar, cortar, aniquilar eso, quitarlo de nuestras vidas, porque eso es muy difícil de quitar.
Si no, tendremos consecuencias. Porque podrás pedirle perdón a Dios, y Dios nos perdona, claro que nos perdona, pero si no hemos reparado esa ofensa vamos a tener consecuencias. Entonces, hermanos, es por eso la importancia de decirle a nuestra madre santísima: madre, te doy mi vida, te doy mi corazón, haz de mí lo que tú quieras. Y aquí les traigo un librito que se llama "Preparación para la consagración total a Jesucristo por María Santísima", de San Luis María Grignion de Montfort. Treinta y tres días, hermanos, que van a cambiar tu vida, tu destino, tu familia. Al final los voy a ofrecer, pero quien lo quiera verdaderamente hacer, es una disciplina. Van a escoger un día específico de nuestra madre santísima para terminar tu consagración total por medio de ella a Jesucristo.
Pero ella también nos habla y nos dice: hijitos, la oración que os he venido a pedir desde el cielo, ¿cuál es? El rosario. Es el arma que debéis usar en este tiempo de la gran batalla. Aquí nos habló de que somos soldados rasos de su ejército. ¿Quieres ser de su ejército? Conságrate. Las cosas no van a ser fáciles, hermanos, las cosas se vienen muy duras, muy fuertes. La prueba viene muy fuerte, y la única manera para poder salir adelante es consagrado a ella y al Sagrado Corazón de Jesús, viviendo de una manera especial en los cenáculos de oración. Hoy, si la iglesia no vuelve y no se introduce de verdad al corazón inmaculado de María Santísima y a los cenáculos de oración, y por medio de ella al Sagrado Corazón de Jesús, no podremos salir adelante. El rosario es el signo de mi segura victoria, dice María Santísima.
Aquí traía yo un rosario que me acaban de regalar, bueno, a mi esposa. Este rosario es de la Virgen de la Revelación. ¿Saben cuándo fue la aparición de la Virgen de la Revelación? En 1947. ¿Qué pasó? María Santísima se le apareció a un comunista protestante, Bruno Cornacchiola, que quería matar a Pío XII. Ya tenía la daga con que iba a matar a Pío XII, pero miren, la oración de su esposa o el trato que hizo su esposa. Ella le dijo: mira, Bruno, ya estoy cansada de que me trates mal, que me pegues, que te metas conmigo cada vez que voy a la iglesia; ya no voy a seguir contigo. Te doy una sola oportunidad: haz los primeros nueve viernes de mes al Sagrado Corazón de Jesús, pero hazlos, y si después de esos nueve viernes no pasa nada en tu vida, yo me convierto al protestantismo.
Manuel Capetillo:
Los hizo, pasaron los nueve viernes y no pasó nada. Él le dijo a su esposa: pues te vas a tener que convertir. Él se fue a la placita donde está la caída de la cabeza de San Pablo, de las Tres Fuentes, y ahí se puso a escribir cómo iba a matar a Pío XII con sus hijos jugando a la pelota. La pelota se va y uno de sus hijos se va a la gruta. Él no regresa y Bruno le dice al otro: ve por él. Tampoco regresa. Al tercero: tráelos en este instante. No regresa ninguno. Bruno va por ellos y, cuando entra a la gruta, los ve postrados a los tres diciendo: qué bella señora, qué bella señora. Bruno los quiere mover y no puede, dice: están hechizados. De repente ve venir unas manos a sus ojos, le limpian sus ojos y ve a la santísima Virgen María. Una de las cosas que le dijo fue: ya deja de perseguirme, Bruno.
También me quedó muy grabado: cada vez que ustedes dicen el Ave María con el corazón, es como una flecha de oro que atraviesa el Sagrado Corazón de Jesús. Una flecha de oro, va derecho al Sagrado Corazón de Jesús. Es por eso, hermanos, que debemos pensar en nuestra vida hoy: ¿cómo es mi vida de oración? ¿Ya perdonaste? ¿Tienes a alguien que es tu enemigo? ¿Tienes a alguien con un dolor o un resentimiento que no has perdonado, que no rezas por él con amor? ¿O es un pecado que no te deja y no sales? Necesitamos... otro muro, ¿cuál es? Que no hay perseverancia. A veces estamos orando, ya le pedí a Dios, pero Dios no me escucha. Llevas seis meses y ya te cansaste y te retiraste. A lo mejor Dios te dice: a lo mejor era el día siguiente que te iba a conceder eso.
Manuel Capetillo:
A veces Dios permite eso porque no conviene en ese momento para tu vida concederte eso, para que nos esforcemos, para que crezcamos. Pero tenemos que pasar todos esos muros para llegar a un momento de la oración perfecta. ¿Cuál es la oración perfecta? La que hizo Jesucristo en el huerto de los Olivos: Señor, si es posible que pase de mí este cáliz, pero que no se haga mi voluntad, que se haga tu voluntad. Es ahí. Tuve una experiencia hace muchos años; estaba en Estados Unidos en un evento con muchísimas personas. Yo venía entrando y veníamos sacando fotos, platicando, y yo venía dando la espalda al altar. Unos comiendo, otros cantando, y cuando me doy cuenta volteo y veo que el santísimo sacramento está expuesto. Dios ahí. Dije: ¿eso no es Dios, verdad? Me dijo: sí es. ¿Y por qué estamos así todos y no lo pelamos?
Manuel Capetillo:
Es que dijo un padre que nos tenemos que acostumbrar que Dios está en todos lados. Me perdonan, pero aquí Dios está con su cuerpo, su sangre, su alma y su divinidad. ¿Dónde están los sacerdotes? Están comiendo en ese cuartito. Abrí la puerta y les dije: ¿de quién es la fiesta, de ustedes o de Dios? Uno se paró y me dijo: baja tu tono. Dije: tiene toda la razón, padre, perdóneme, pero yo me voy en este momento porque lo que está pasando allá afuera no es posible. Hubo una junta, vinieron los del comité, se armó un relajo. De repente se para un sacerdote y empieza a hablar, y era Dios en ese sacerdote. El Espíritu Santo hizo que pidiéramos perdón, hizo que saliéramos y reparáramos. Fue maravilloso. Llegué al aeropuerto, le hablo por teléfono a mi esposa y me contesta llorando.
Manuel Capetillo:
¿Qué tienes? No me contesta. ¿Qué tienes? Y llora más. Le dije: o me hablas o te cuelgo porque me va a dejar el avión. Y me dijo: nuestro hijo se está muriendo. ¿Qué dices? Nuestro hijo se está muriendo, ya no reacciona, está morado, ya no respira. Le dije: lo agarras en este momento y lo llevas al mejor hospital. Me dijo: no tenemos dinero. Lo llevas al mejor hospital, yo voy para allá. ¿Saben cómo venía en el avión? "Toma tu cruz, búscate a otro, yo no te entiendo. Toma tu rosario y búscate a otro. Yo vengo a pelearme por ti y mi hijo se está muriendo". El camino es largo. ¿Qué hago? ¿A quién voy? A ti, Señor, perdóname. No puedo nada sin ti. Lo que pase lo tengo que vivir contigo y en ti, porque de otra manera no puedo. Tomé mi cruz y mi rosario.
Llegué al hospital y fue el abrazo más difícil con mi esposa; mi hijo ahí lleno de aparatos, muriéndose. Ella me dijo: que se haga su voluntad. Y yo le dije: no, que lo sane. Que se haga su voluntad, Manuel, tienes que entender. Hermanos, hasta que no entendí y le dije a Dios "que se haga tu voluntad", el Señor lo sanó. Ya que lo sanó, llegó alguien y me dijo: ¿a quién se le ocurre traer al niño a este hospital, al mejor? Pues a mí. ¿Y quién lo va a pagar? ¿Dios? Dije: ¿quién más? Me cuestionaron por dejar mi carrera y no seguir en películas para tener dinero. Llegó una señora y me dijo: te voy a prestar mi tarjeta para sacar a tu hijo, pero comprométete ante la cruz que me vas a pagar. Me puse ante la cruz y le dije al Señor: ya me comprometí, a ver cómo le haces.
Manuel Capetillo:
Pasó una semana, pasaron dos, y no veía claro. Dije: voy a volver a torear, le voy a hablar a Eloy Cavazos para que me ponga en unas corridas y así pagar al hospital. Se lo dije a mi esposa y me preguntó: ¿y los eventos que tienes en las sierras con los pobres para hablar de María Santísima? Le dije: que me esperen, los cancelamos. Ella me dijo: hazme un favor, no me vuelvas a hablar del rosario porque eres un mentiroso. Tú que le dices a la gente que si se entregan, ella se preocupa de sus necesidades... ya no les digas mentiras. Dije: tienes razón. Seguí la última semana y tocaron a la puerta. Una señora que no conocía me dijo: mi marido y yo vivíamos en Argentina, queríamos ayudar a un sacerdote y no lo hallamos, lo vimos a usted en una película y decidimos ayudarlo. Traía un cheque que era justo lo que debía al hospital.
Manuel Capetillo:
De esas les puedo contar muchas, pero hermanos, eso no es magia; es el corazón, es tu vida, es tu entrega, es tu sacrificio, es tu penitencia, es tu oración, son tus rodillas, es Dios. México, levántate. Hagamos cenáculos de oración, eso es lo que tenemos que hacer hoy en la iglesia. Juntarnos para reparar por la vida, por la familia, por la violencia. ¿Qué esperamos, a que pasen más cosas? Entrégate. Cuando hagas tu cenáculo, acuérdate: donde estén dos o tres reunidos en su nombre, él ahí estará. Si estás sola, dile a María Santísima: quiero hacer este rosario en ti. Ella se une a nosotros. Renovamos el cenáculo de los apóstoles y vienen bendiciones abundantes. Nos prepara para el segundo Pentecostés que viene al mundo, hermanos, ahí viene.
Manuel Capetillo:
Le doy gracias a Dios por este momento en este quinto congreso mariano. Ojalá hagamos conciencia; que el rosario lo tomemos como un arma especial, que recemos con actitud, sin distraernos. No podemos rezar solo por costumbre, hagámoslo con el corazón. Ahí está María Santísima con nosotros y ese rosario es perfecto porque ella se lo presenta a su hijo. Así que preparémonos, no tengamos miedo. ¿No estoy aquí que soy tu madre? Tenemos un compromiso: luchar por la santidad. Vayamos al sagrario, ese es el monte Tabor donde Cristo nos transfigura. Quiero terminar con este libro, se llama "Encuentro con la verdad". Todos los días es un encuentro con la verdad en la humildad, en la caridad, en el servicio, en la adoración, en la oración y en el sufrimiento ofrecido.
Manuel Capetillo:
En este libro van a encontrar mensajes de María Santísima escogidos de Fátima, Medjugorje, el Movimiento Sacerdotal Mariano. Hay un milagro que tengo que decir: una persona que no creía en Dios y no perdonaba, tenía un odio. Cuando intentaba hablar con ella, siempre salía yo mal. Me dijeron que le iban a regalar el libro y dije: no, lo va a quemar. Se lo regalaron. A las tres semanas le habló a mi esposa preguntando: ¿qué le echaron a ese libro? Mi esposa dijo: ¿cómo que qué le echamos? Sí, porque cada que lo abro huele a rosas. Se convirtió, cambió, perdonó, se confesó después de muchísimos años. Ya se murió, pero en gracia de Dios. Allí voy a estar con estos dos libros, el mío y el de la consagración. Que Dios los bendiga y los proteja siempre. El aplauso fuerte a María Santísima. #MetroNewsMx #GuanajuatoDesconocido


