Anacleto González
El Evangelio de hoy es Marcos 2, 13-17
“En aquel tiempo, Jesús salió de nuevo a caminar por la orilla del lago; toda la muchedumbre lo seguía y él les hablaba. Al pasar, vio a Leví (Mateo), el hijo de Alfeo, sentado en el banco de los impuestos, y le dijo: ‘Sígueme’. Él se levantó y lo siguió".
"Mientras Jesús estaba a la mesa en casa de Leví, muchos publicanos y pecadores se sentaron a la mesa junto con Jesús y sus discípulos, porque eran muchos los que lo seguían. Entonces unos escribas de la secta de los fariseos, viéndolo comer con los pecadores y publicanos, preguntaron a sus discípulos: ‘¿Por qué su maestro come y bebe en compañía de publicanos y pecadores?’"
"Habiendo oído esto, Jesús les dijo: ‘No son los sanos los que tienen necesidad del médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores’.”
Reflexión teológica y espiritual
A la luz de las Sagradas Escrituras, el llamado de Leví es un signo de la gracia gratuita de Dios. En el Antiguo Testamento, Dios escoge a quienes parecen insignificantes o indignos: Moisés tartamudo (Éx 4,10), David pastor (1 Sam 16,11), Jeremías joven temeroso (Jer 1,6). En el Nuevo Testamento, Jesús confirma esta lógica: llama a un recaudador de impuestos, considerado traidor y pecador. Así se cumple la profecía de Oseas: *“Misericordia quiero y no sacrificios”* (Os 6,6), que Jesús mismo cita en Mt 9,13.
Los Padres de la Iglesia vieron en este pasaje la misericordia transformadora.
- San Agustín: “Dios no escoge a los que son buenos, sino que hace buenos a los que escoge.”
- San Jerónimo: subraya que Leví, convertido en Mateo, muestra cómo la gracia cambia la identidad.
- San Juan Crisóstomo: destaca que Cristo se sienta con pecadores para sanarlos, no para aprobar su pecado.
- San Gregorio Magno: recuerda que la mesa de Jesús es figura de la Iglesia, donde todos son invitados.
- San Basilio: la conversión es inmediata, como la respuesta de Leví.
- San Ambrosio: la misericordia de Cristo es medicina para el alma.
- San Ireneo: Cristo recapitula la historia humana, llamando incluso a los despreciados.
- San Atanasio: la encarnación se muestra en la cercanía con los pecadores.
- San Cipriano: la Iglesia es comunidad de pecadores perdonados.
- San León Magno: la autoridad de Cristo se manifiesta en el perdón.
- San Gregorio de Nacianzo: la mesa con pecadores es signo de la universalidad de la salvación.
- San Clemente de Alejandría: Cristo es el verdadero médico del alma.
- San Ignacio de Antioquía: la Iglesia es hospital espiritual.
- San Efrén el Sirio: la misericordia de Cristo es luz que ilumina las tinieblas.
- San Juan Damasceno: la gracia transforma radicalmente la vida del llamado.
El Catecismo enseña que Cristo vino a salvar a todos (CIC 606-608). El llamado a Leví muestra que la vocación cristiana no depende de méritos humanos, sino de la iniciativa divina. La Iglesia es “santa y pecadora”: santa por la gracia, pecadora por sus miembros. Este pasaje nos recuerda que la misión de la Iglesia es acoger, sanar y reconciliar.
La Doctrina Social subraya la dignidad de toda persona, incluso la más marginada. Leví, despreciado por su oficio, es elevado por Cristo. Esto ilumina la opción preferencial por los pobres y excluidos. Como dice Evangelii Gaudium de Francisco: “La Iglesia está llamada a ser casa abierta, no aduana.” El gesto de Jesús es modelo para la inclusión social y pastoral.
Los papas plasman en sus documentos el llamad a la misericordia.
-San Juan Pablo II, Redemptoris Missio: la misión es llevar la misericordia a todos.
-Benedicto XVI, Deus Caritas Est*: el amor de Cristo se manifiesta en la cercanía a los pecadores.
-Francisco, Evangelii Gaudium: la Iglesia debe salir a las periferias.
-León XIII, Rerum Novarum: la dignidad del trabajador, incluso del despreciado, es reconocida.
-Pablo VI, Evangelii Nuntiandi: la evangelización es anuncio de misericordia.
San Antonio Abad, cuya memoria celebramos hoy, dejó todo para seguir a Cristo en el desierto. Su radicalidad recuerda la respuesta inmediata de Leví. Ambos muestran que la llamada de Cristo exige desprendimiento y confianza total. Otros santos, como San Francisco de Asís, Santa Teresa de Calcuta y San Carlos Borromeo, vivieron esta cercanía con los pobres y pecadores como signo de fidelidad al Evangelio.
El Evangelio de hoy nos invita a reconocer que Cristo es el médico de nuestras almas. Su llamada no depende de nuestra pureza, sino de su misericordia. Como Leví, estamos llamados a levantarnos y seguirlo, dejando atrás lo que nos ata. La Iglesia, siguiendo a su Señor, debe ser hospital de campaña, lugar de acogida y reconciliación.
En la memoria de San Antonio Abad, recordamos que la respuesta radical a Cristo transforma la vida y abre caminos de santidad. El Evangelio nos impulsa a vivir la misericordia en nuestras comunidades, en la sociedad y en la misión de la Iglesia. #MtrNewsMx #GuanajuatoDescoocido

