Adopción de la Inteligencia Artificial en la educación superior, dos perspectivas claramente diferenciadas

Guanajuato Desconocido
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Julián Guerra Ferrer/Redacción Editorial Metro News

-Un estudio en Guanajuato revela que estudiantes ven la IA como apoyo ágil, mientras docentes exigen marcos éticos y capacitación.
-La experiencia reduce el entusiasmo ciego en jóvenes; los maestros la ven como un reto a la autoría y al equilibrio del aula.
-Universidades deben crear políticas diferenciadas que fomenten el pensamiento crítico y aseguren el rol pedagógico del docente.

El análisis presentado por el Ing. Julián Ferrer Guerra nos ofrece una mirada reveladora y necesaria sobre cómo la Inteligencia Artificial está transformando nuestras aulas en Guanajuato. 

Lejos de ser un cambio uniforme, la investigación realizada por el Instituto Tecnológico de Celaya, con la participación de 890 personas, demuestra que el pupitre y el escritorio ven esta tecnología con ojos muy distintos.

Para los estudiantes, la IA es una aliada natural y cotidiana. Como nativos digitales, la han integrado a su vida a través del teléfono móvil para agilizar sus tareas. Sin embargo, el estudio arroja un dato fascinante: entre más usan la IA, más críticos se vuelven. El contacto constante rompe la idealización y les permite ver sus limitaciones, lo que demuestra que la juventud no acepta la tecnología de forma automática, sino que evoluciona hacia un uso más realista.

En la otra cara de la moneda están los docentes. Para ellos, la IA no es solo una herramienta de apoyo, sino un factor que puede alterar el corazón de la enseñanza. Los maestros evalúan la ética, la autoría del conocimiento y el riesgo de que el proceso formativo se desvirtúe. No es que rechacen la innovación por desconocimiento, sino que su vasta trayectoria actúa como un filtro profesional que exige condiciones claras, capacitación y respaldo institucional antes de abrirle la puerta del salón de clases.

La conclusión del Ing. Ferrer Guerra es contundente: la IA ya es parte de la educación actual y la discusión no es si usarla, sino cómo hacerlo. Las universidades tienen el reto de no aplicar recetas generales. Mientras que los alumnos necesitan guía para no perder el pensamiento crítico, los profesores requieren espacios de diálogo que protejan su rol esencial. Al final, la tecnología debe ser técnicamente viable, pero, sobre todo, social y humanamente significativa para todos los que integran la comunidad universitaria.

Adopción de la Inteligencia Artificial en la educación superior, dos perspectivas claramente diferenciadas

Por Ing. Julián Guerra Ferrer

La inteligencia artificial (IA) en la educación superior no puede ser considerado como un fenómeno homogéneo, ni tampoco que surja de forma lineal. De acuerdo con un estudio realizado por el Instituto Tecnológico de Celaya entre estudiantes y docentes universitarios en el estado de Guanajuato, en el que participaron 890 personas, que día con día conviven con está relativamente nueva tecnología, cuyo objetivo era determinar si había diferencias en las percepciones de ambos grupos sobre el uso y utilidad de la IA.

Los resultados permiten observar que las perspectivas de los estudiantes y docentes son básicamente diferentes en cuanto a su perspectiva, pero que además son interpretadas por lógicas diferenciadas debido a la lógica grupal respecto al rol que desempeñan en las instituciones de educación superior. Por ello resulta clave comprender en que contexto se dan dichas diferencias para lograr comprender cuales son las oportunidades y los retos que están ligados a la adopción de la IA en la educación Superior. No hay que perder el contexto que la discusión sobre la IA no radica en establecer si debe o no ser utilizada, sino por el contrario, en determinar la forma más adecuada de hacerlo, esto implica que la IA es parte de la educación de hoy en día.

Si se considera la perspectiva estudiantil, de acuerdo con los resultados del estudio, la IA representa una herramienta funcional, que permite a los estudiantes contar con un apoyo inmediato para poder realizar los trabajos propios de su actividad cotidiana, de una manera mucho más ágil, rápida y oportuna, optimizando con ello los procesos académicos en los que participan. Para una buena parte de los estudiantes, la IA se integra de forma casi natural al entorno digital en el que se encuentran inmersos, al igual que ha ocurrido con otras tecnologías que ha estado surgiendo en los últimos años. No perdamos de vista que los estudiantes de hoy en día son nativos digitales, que encuentran la integración de la tecnología de manera inmediata, el mejor ejemplo lo representa el teléfono móvil que se ha convertido en el integrador tecnológico, en el cual no podría faltar la IA.

En dicho contexto la intención de uso suele ser observada como un elemento que se interpreta como alto, es decir, lo estudiantes encuentran un alto grado en su disposición consciente a utilizar una tecnología en el futuro como parte de sus prácticas habituales. Esto es significativo aun y cuando de manera complementaria puedan observarse posiciones más críticas sobre la utilidad o facilidad de uso de la IA, lo podríamos interpretar como una posición en la cual los estudiantes consideran que la IA no es considerada como disruptiva, sino como una extensión pragmática de su actividad académica habitual.

Pero no deja de ser significativo un hallazgo observado en la investigación, a mayor experiencia previa con la IA, menor entusiasmo acrítico por parte de los estudiantes. Esto significa que lejos de reforzar una aceptación automática por sí misma, el familiarizarse con una tecnología pudiera conducir a una evaluación realista de sus alcances y limitaciones, los estudiantes son por naturaleza disconformes con el uso de la tecnología en la medida que avanzan en el uso de esta.

En términos sencillos, el uso continuo, hace que la herramienta tenga un efecto idealizado. Esto resulta particularmente importante, ya que desmonta la idea de que el simple contacto con la tecnología garantiza una percepción positiva sostenida.
Por el otro lado, los docentes demuestran una lógica distinta, ya que no buscan solo herramientas que funcionen o que sean fáciles de usar, sino que también evalúan que la IA pueda ser utilizada en la enseñanza, la evaluación, que se utilice con ética académica, y que responda a su propia identidad profesional. Por ello es básicamente percibida como tecnología que puede alterar el equilibrio fundamental en el salón de clases, poniendo en riesgo el proceso formativo, la autoría del conocimiento y su relación pedagógica con el estudiantado, de alguna forma puede percibirlo como un rival para su rol docente.

Por consiguiente, el docente tiende a tener una actitud reflexiva, condicional e inclusive cautelosa. Su experiencia previa no actúa como un indicador de habilidad técnica, si como un filtro profesional. Mientras mayor sea la trayectoria y conocimiento alcanzado por los docentes, también es mayor el nivel de exigencia con el que se evalúa la utilidad real de la IA, explicando la causa de que la intención uso docente dependa de factores adicionales, como pudiera ser la definición estratégica de su universidad respecto al uso de la tecnología, la posibilidad de recibir capacitación pertinente y la existencia de marcos éticos. 

Por ello es que observa no están en contra de la IA por desconocimiento, sino que limitan su adopción hasta que no puedan contar con las condiciones que preserven su actividad. 

Se puede inferir de ambas posturas en que la aceptación de la IA no es solo un problema tecnológico, sino que es un fenómeno social y organizacional, por consiguiente, las instituciones de educación superior deben abordad sus propios procesos a partir de esta consideración. Pretender que el abordaje instituciona de la utilización de la IA debe ser equiparable y dirigido a todos los grupos de interés institucional de la misma forma, sería ineficiente y contraproducente, se debe tener claro que los estudiantes buscarán un uso instrumental, pero se debe promover que su utilización responda a criterios de pensamiento crítico y formativo, mientras que los docentes requieren de espacios de dialogo, preparación y respaldo institucional que reconozca claramente su rol. 

Los resultados obtenidos del proyecto permiten concluir que es necesario que las universidades e instituciones de educación superior replanteen sus estrategias de adopción de la IA, donde el centro de acción se debe orientar dejando de lado su uso indiscriminado o el establecer restricciones para su utilización, enfrentando el desafío de construir una integración diferenciada, contextual y pedagógicamente intencionada. La Inteligencia Artificial más que una respuesta inmediata o autosuficiente, actúa como un reflejo que pone en evidencia las tensiones latentes entre la innovación tecnológica, las dinámicas pedagógicas y las culturas académicas.

La conclusión resultante más importe es que la discusión sobre la IA en la educación superior no debe girar solo en torno a su uso, como considerar claramente cómo, para qué y desde qué lugar se utiliza, reconociendo las diferencias entre estudiantes y estudiantes mediante políticas institucionales que reconozcan la intencionalidad a partir de los diferentes grupos de interés, para lograr que la adopción de la IA sea técnicamente viable, pero más importantemente significativa desde las perspectivas educativa y social. #MetroNewsMx #GuanajuatoDesconocido

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