Orduña de Abajo: El sabor eterno de la Navidad

Guanajuato Desconocido
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Eugenio Amézquita Velasco

-Chayito Landín Moya relata que en Orduña de Abajo, comunidad indígena de Comonfort, la Navidad se celebra con buñuelos y atole.
-La tradición no tiene una fecha de inicio clara en la historia, pues se pierde en el tiempo y en la memoria de los antepasados.
-Don Antonio Landín Valle, padre de Chayito, cumplirá 90 años este 21 de diciembre, siendo un pilar de sabiduría y cultura en el pueblo.
-La preparación comienza con la cestería de carrizo para crear el colote, un canasto que puede medir hasta dos metros de altura.
-Las familias de la comunidad, unas 40 en la actualidad, se organizan para elaborar al menos un costal de harina por cada hogar.
-Para voltear los buñuelos se utilizan varitas especiales de carrizo, cortadas con precisión de nudo a nudo por las manos artesanas.
-Doña Flor, una de las abuelas de la comunidad, enseña que incluso un pedazo de tubo o madera sirve de rodillo para evitar el cansancio.
-El proceso incluye recolectar leña para el fuego y lavar mesas desde un día antes para colocar los buñuelos sobre manteles limpios.
-El secreto de la masa está en el agua de hoja de tomate, que se mezcla con harina blanca o integral antes de golpear la pasta con fuerza.
-Chayito destaca que el trabajo es una fiesta de unión donde vecinos y familiares se suman para ayudar a personas adultas como Doña Severa.
-La gente de Orduña no regala lo que le sobra, sino que comparte con gusto lo mejor que tiene, poniendo el alma en cada pieza de harina.
-Familias de comunidades lejanas como El Durazno bajaban históricamente en burros para recoger buñuelos y repartirlos en sus cerros.
-El 24 de diciembre a las seis de la tarde inicia el reparto tras el arrullamiento del Niño Dios, en una ceremonia llena de misticismo.
-El atole se prepara con maíces criollos negros o morados y se le añade piedra de tequesquite, que aporta un sabor salado y medicinal.
-La invitación queda abierta para que los visitantes lleven sus ollitas y bolsas para recibir buñuelos secos, enmielados y atole de puscua.

Crónica de un regalo ancestral: El corazón de Orduña en un buñuelo

En las entrañas de Comonfort, donde el río Laja susurra historias de tiempos idos, existe un rincón llamado Orduña de Abajo. Es una de las catorce comunidades indígenas que mantienen viva la llama de la identidad, y es aquí donde María del Rosario, Chayito Landín Moya, mujer de raíces profundas y manos artesanas, nos abre la puerta a una tradición que no conoce de calendarios, sino de afectos.

La Navidad en Orduña no llega con luces de neón, sino con el crujir del carrizo. Todo comienza con la creación del colote, ese canasto monumental que llega a medir más de dos metros y que aguarda ser llenado con el fruto del esfuerzo colectivo. Chayito, promotora incansable de su cultura, nos recuerda que esta es una herencia de 40 familias que se vuelven una sola cuando el aroma a leña y harina empieza a inundar los patios.

El ritual es meticuloso. Se preparan las varitas de carrizo, cortadas con la sabiduría de las abuelas como Doña Flor, quien enseña que hasta un simple tubo o un palo de madera puede ser la herramienta perfecta si se usa con ingenio. Hay una mística en el agua de hoja de tomate que bautiza la harina y en los brazos fuertes, como los de Marisol, la hermana de Chayito, que golpean la masa hasta encontrar el punto exacto de la perfección.

Pero lo más valioso no es la receta, sino el espíritu de buena vecindad. Chayito evoca con nostalgia a Doña Severa Moya y a Don Antonio Landínn Valle, tesoros vivientes de la comunidad. Nos cuenta cómo la gente se suma, cómo las manos se multiplican para que nadie se quede sin su ofrenda. Es una estampa que parece sacada de un México antiguo, donde el egoísmo no tiene cabida.

La historia de los hombres que bajaban del cerro de El Durazno con sus burros y costales para llevarse el atole y los buñuelos a los rincones más alejados, es el testimonio más puro de lo que significa compartir. No se juzga al que pide mucho, se le llena el costal porque se sabe que ese alimento llegará a otras bocas necesitadas. Es la diplomacia del corazón, la que construye la paz.

Este 24 de diciembre, tras el arrullamiento del Niño Dios y bajo la bendición del padre Arturo, Orduña se convertirá nuevamente en un altar de generosidad. Habrá atole morado de maíz criollo, con ese toque saladito del tequesquite medicinal, y buñuelos rociados de azúcar o bañados en piloncillo. La invitación de Chayito es clara: traigan su olla, su bolsa y quítense la pena, porque en Orduña lo que se entrega es el alma misma de un pueblo que se niega a olvidar quién es.

La entrevista completa a Chayito Landín, por el periodista Eugenio Amézquita Velasco

Eugenio Amézquita Velasco:
Bueno, pues estoy platicando aquí por la línea telefónica con María del Rosario Landín Moya, unos apellidos que en Orduña de Abajo, el municipio de Comonfort, ahí pegadito del río Laja, un lugar hermosísimo que además oficialmente es un lugar, es una comunidad indígena oficialmente reconocida, una de las 14 creo que son 14 comunidades indígenas que tiene Comonfort, pues tiene una gran belleza y Chayito, pues ahí es de ahí, es de ahí de ese lugar, los Landín Moya de ahí son, un saludo muy respetuoso al profe Toño y a tu hermana la Ingeniero que también son gente que se mueve, que hace cosas ahí por la comunidad. 

Y Chayito, pues me estabas platicando fuera de entrevista que pues sí, ya se viene la Navidad y hay una tradición que se realiza ahí en Orduña que es esto de los buñuelos, muy parecido a algo que también hacen en Semana Santa porque comparten los alimentos, pero ahorita pues ya se acerca la Navidad, estamos en las vísperas, en las posadas y me hablabas de los buñuelos. Gracias por tomarme la llamada Chayito y platícame pues desde cuándo, por qué, cómo y todos estos pasos y este cuidado hasta para dónde colocar los buñuelos.

Gracias Chayito.

Chayito Landín Moya:
Muchas gracias, hola, buen día. Pues te podría platicar, dar una fecha, pero yo creo que no tenemos una fecha en la historia, se pierden las las fechas, ¿verdad? Yo por ejemplo tengo 60 años, estoy por cumplirlos.

Eugenio Amézquita Velasco:
Estás muchacha, hombre, estás muchacha todavía.

Chayito Landín Moya:
Sí, estoy muchacha, pero mi papá va a cumplir 90 años el día de mañana.

Eugenio Amézquita Velasco:
Saludos, vamos a rescatar un reportaje que tenemos por ahí. Adelante, sigue.

Chayito Landín Moya:
Y entonces pues vamos viendo por las fechas, ¿verdad? Que es una tradición, efectivamente, se viene Navidad y aquí en la comunidad de Orduña ofrecemos una rica tradición y les digo rica porque son los buñuelos, se regalan buñuelos, buñuelos y atole, pero no es cualquier tradición, sino que esta tradición que tenemos comienza mínimo, mínimo, ocho días antes o diez días o desde que empieza diciembre, les voy a decir por qué, porque comenzamos, Orduña de abajo es una comunidad indígena, como lo dice mi colega, entonces esta comunidad se reconoce por la cestería también de Carrizo, comenzamos con el canasto, si yo como artesano, que yo soy artesano, me reconozco como artesano.

Eugenio Amézquita Velasco:
De las mejores que hay en Orduña, me consta, de las mejores y promotora de la cultura también.

Chayito Landín Moya:
Cultura tradicional de aquí, entonces se comienza con un canasto, con un canasto le llamamos el colote, pero este colote mide desde 80 centímetros y hay algunos que miden hasta los dos metros, porque se llenan de buñuelos, mínimo cada familia, ahorita en la actualidad son 40 familias, se van recorriendo conforme les va tocando, por ejemplo, empieza como les digo en el canasto, se manda a hacer, si yo no lo sé hacer, yo en lo personal para mí es un canasto muy grande, no los he fabricado esos, la verdad, entonces se manda a hacer el canasto con el vecino, con el amigo, con los artesanos para que lo hagan y se lo elaboran, ya hay que ir previniendo todo lo que se requiere, comprando la harina, mínimo por familia.

Como les decía, elaboran en buñuelos un costal de harina, se van entonces, se preparan los canastos, se preparan las varitas, les llamamos varitas, que también son de carrizo, para voltear los buñuelos, incluso este año aprendí algo nuevo y yo sé hacer las varitas y sé hacer también para voltearlos, más sin embargo, hoy con doña Flor, una persona también, personas de las abuelas de aquí de la comunidad, me dice, no Chayito, porque le dije, aquí están las varitas doña Rosita, me dice doña Flor, perdón, me dice, no Chayito, aquí traigo yo las varitas, yo me traje unas, ayer me puse a hacerlas y dice, porque la varita tiene que ser de una medida, y entonces dije, siempre la hacíamos, a veces nosotros pues, como al "hay se va", ¿verdad?

Mas, sin embargo, ella me dijo, no, se busca un carrizo grande y les llamamos como una caña, para las personas que no conocen el carrizo, es como si fuera una caña, como parecido al bambú, parecido a la caña de azúcar, es un tubo, así es el carrizo y si se fijan, tiene los espacios de nudo a nudo, entonces me dice la señora, tiene que buscarse un carrizo grande, mínimo de unos 10 centímetros, de nudo a nudo, entonces son cuatro, cuatro nudos o tres, chico y grande, y me dice, y la punta tiene que ser del tercero o del cuarto, para que quede la punta, por ahí ya les mandaré fotos y todo, con mucho gusto, se los voy a llevar.

Eugenio Amézquita Velasco:
Gracias Chayito, claro que sí, porque esta entrevista la vamos a publicar tal cual, como la estamos escuchando, adelante.

Chayito Landín Moya:
Entonces les digo, esa es la varita para voltear los buñuelos, se preparan las varitas, se van lavando los rodillos, pero ¿qué creen que también? Doña Flor me dice, no Chayito, puede ser un palo de escoba, puede ser una madera, antes no teníamos los rodillos, yo llego con mi cesta y me dice, ya no, yo traigo aquí también puede ser un tubo, un pedazo de tubo y de hecho, porque cuando es rodillo, a veces hasta nos lastima, las manos nos cansan, las manos con los espacios de los rodillos, y yo me acomodo, me dice ella, muy bien, hasta con un mismo carrizo, y pues les digo, se aprende, todos los días ya la edad que llevábamos haciendo buñuelos, ya vamos aprendiendo día con día, por eso es muy importante la convivencia.

Eugenio Amézquita Velasco:
Una pregunta Chayito, antes de que continúes, hay público, y te lo digo, porque yo lo anoto en nuestra página, pues hay público que es del extranjero, hay público que tenemos en Centro y Sudamérica, y algunos de los términos que tú estás mencionando, pues les son nuevos, el primero esto del colote es el canasto, quiero pensar que es eso.

Chayito Landín Moya:
Claro, es un canastote.

Eugenio Amézquita Velasco:
Ok, ese es uno, y la otra, ok perdón, y la otra es el buñuelo, el buñuelo se hace de harina, es una pasta que se extiende y luego después se cuece en aceite o manteca, no sé, pregunto.

Chayito Landín Moya:
A eso iba, a eso iba, les voy a ir explicando, ahorita vamos con las varitas, de acuerdo, para que vayan imaginándose, yo los invito a que imaginen todo el proceso que se lleva, como les digo, se compra la harina, se preparan las varitas, efectivamente, perdón, el colote es un cesto, un cesto imagínense, hasta dos metros puede medir, o dos metros veinte, incluso me han dicho, dos metros veinte que mide el canasto, y de ancho tiene un metro, o bien uno veinte de ancho, entonces ahí es donde se van acomodando los buñuelos.

Posterior a esto, ya el día que se elaboran, también se recolecta la leña, que no falte la leña, porque tiene que ser cierto fuego para ir dorando los buñuelos, sí, entonces se recolecta la leña, después de tener ya nuestra leña y todo eso, hay que lavar mesas ya un día antes, hay que lavar mesas bien lavaditas, ¿qué creen?, que anteriormente, yo recuerdo con mis abuelos, que ponían tendedores de mecate, para los que no conocen el mecate, pues son los hilos para amarrar, sí, entonces poníanlos y ahí se colgaban, ahí colgaban los buñuelos, ahora ponemos mesas, se lavan desde un día antes las mesas, se les pone un mantelito y ahí se va preparando, pues bien, el día en que ya, como es el día de hoy que nosotros comenzamos, hay personas que empiezan desde el día 17, 18 a preparar sus buñuelos, según los que vayan a hacer y también según la familia que vaya a asistir.

Nosotros en lo personal siempre comenzamos el día 20 o el día 19 para alcanzar a terminarlos, bueno, pues entonces damos continuidad y se van, se pone, ¿qué creen?, a cocer las hojas de tomate, también para agregarle esta agua para batir la harina, harina blanca, puede ser harina blanca, harina integral ahora, sí, pero se bate para batir, eso es, ahí está el secreto para batir la harina, hay que preparar también nuestras tinas para batir, cada, de hecho, una tina cada costal, es un costal de, ahorita son medios, ya no son los costales que había antes de 50 kilos, tan grandes, ahora son de 25, entonces vamos, tina por costal, le agregamos una, vaciamos el costal de harina, se le va agregando el agua que les digo que se prepara con hoja de tomate, se le va agregando para irla amasando y ahí es donde se tiene que golpear la harina, que ya irla amasando, amasando, amasando y es lo fuerte, yo en lo personal no soy tan fuerte.

Pero, sin embargo tengo mi hermana Marisol, que es muy buena para eso y también tenemos a que a veces llega, es una fiesta, créanlo, créanlo, yo te digo, Amézquita, que es una fiesta y es una unión y eso es lo bonito, porque a veces llegan y no llegan las vecinas, por ejemplo mi mamá, que ya es una persona adulta, créelo que por ejemplo esta amiguita llega, le ayudamos doña Seve, le ayudamos, ya tiene quien le ayude ¿no?

Eugenio Amézquita Velasco:
¿Cómo se llama tu mamá, Chayito? 

Chayito Landín:
Severa Moya Aguilar 

Eugenio Amézquita Velasco:
ella es esposa de don Antonio Moya, uno de los, si es Antonio ¿verdad? Sí, él es uno, es todo un tesoro el señor, tuve gusto entrevistarlo para la cuestión de los injertos, pero seguimos con la artesanía Chayito, esta actitud de la gente de cooperar, de colaborar, de sumarse, creo que esa es la joya que tiene Orduña y de compartir. 

Chayito Landín Moya:
yo creo que sí, es lo que nos distingue a los habitantes de Orduña, porque te voy a decir, no regalamos por regalar lo que nos sobra, regalamos con gusto lo que tenemos ¿sí? o lo que logramos como una, vamos de compartir, pero algo grande, algo bonito, lo mejor ¿sí?

Por ejemplo ahorita que es la tradición de los buñuelos, nos esmeramos, al menos en mi familia y creo que en la mayoría de las familias, es lo bonito, de que tiene el corazón, porque tiene, al comerse ustedes un buñuelo de aquí de Orduña, están recibiendo risas, están recibiendo amor, están recibiendo esa convivencia de las amistades, de los familiares que vienen, incluso como dices tú, me están escuchando en el extranjero, personas, familiares que vienen del extranjero, como aquí llegan varios, y están preparando sus buñuelos también en sus casas.

Eugenio Amézquita Velasco:
Chayito, una pregunta, perdón que interrumpa, una pregunta, yo siempre he pensado y además no solamente lo pienso, lo he probado, lo testimonio, de que cuando la comida, los alimentos se hacen con cariño, con amor, tienen otro sabor muy diferente a que cuando se hacen, o si tú quieras a la mala, o te entregan las, o te dan de comer, así como que estén ahí para que ya no estés dando lata, este, yo creo que, creo que estos obsequios de la gente, los buñuelos, el atole, me imagino que es atole blanco, ese de Puscua, como lo conocemos acá, este, lleva otro sabor, no sé si estarás de acuerdo conmigo.

Chayito Landín Moya:
Efectivamente, por eso te digo, porque estamos poniendo el corazón, y estamos poniendo esas ganas, ese amor para compartir, y sabemos que no lo vamos a compartir nada más aquí a los vecinos, sabemos que lo vamos a compartir a todas las personas que vengan, incluso a veces que me han preguntado, que yo he invitado personas de fuera, les he dicho, vayan, oiga, pero cómo voy a pedir, a mí me da pena, es que ahí, precisamente de eso se trata, quítense la pena, quítense la pena, miren, por ejemplo, les voy a, si tengo tiempo, puedo contar una anécdota.

Eugenio Amézquita Velasco:
Adelante, adelante.

La anécdota en la comunidad de El Durazno

Chayito Landín Moya:
Aquí hay una persona, una familia, de esas familias, que viven lejos en las comunidades, se llama el Durazno, el Durazno es una comunidad que está frente a mi comunidad de Orduña, hacia el cerro, entonces, si conocen sobre la carretera, es San Jerónimo, y hacia arriba, entonces, por esos cerros, está en la comunidad del Durazno, una comunidad pequeña, era pequeña, ya ahora es más grande, pero sin embargo, venían dos personas en sus burros, cada año, principalmente para este 24 de diciembre, y se traían su burrito, uno o dos burros, y a veces la gente los criticaba, porque decía, es que se traen costales, y piden, y se llevan dos costales llenos, entonces, ajá, sí, así te lo platico, y se llevaban un bote o dos, que eran de leche, se los llevaban llenos de atole.

Y entonces decían, pero estas gentes, esas llevan mucho, mucha gente los criticaba, pero yo les, o sea, yo no me quedé con la duda, y les pregunté, le digo, si se acaban todos los buñuelos, porque a veces dicen, no, bueno, para qué piden tanto, si se va a desperdiciar, y me dice, sí, es decir, y ya cuando yo conocí su comunidad, porque a veces eso ya es otra historia, ¿verdad?, cuando vamos nosotros por la cucharilla, para hacer el súchil en las cuando después ya tuvimos un acercamiento, pues de hecho, nosotros íbamos por el pulque, pero yo no sabía que eran ellos, íbamos, cuando íbamos a por la cucharilla, pues nos sentábamos ahí con ellos, y les comprábamos queso, y ellos ya nos esperaban, porque tenían un ingreso, bueno.

Entonces, ellos, pues ya nos esperaban también cuando nosotros íbamos por la cucharilla, porque era un ingreso para ellos, entonces ellos se llevaban los buñuelos, y cuando yo me doy cuenta, me dicen, ya verás que llega el tiempo de los buñuelos, por allá nos vemos, pues estos señores eran los que bajaban para repartirlos allá a la comunidad, ¿sí?, a las demás familias. Qué bonito, créanlo, que yo lloré cuando me platicó la historia y me platican las demás, pero no me lo platicaron ellos, me los platicaron las personas de ahí de la comunidad, ¿sí?, los jovencitos, los niños, entonces, pues ya después a veces hasta hay personas que les llevan algo, pero entonces les digo que ustedes compartan, y nosotros a veces juzgamos sin conocer, ¿sí?, criticamos sin conocer, y esas personas, no, cuando yo ya me enteré, pues llévense, adelante, los que gusten.

Eugenio Amézquita Velasco:
Porque eso se trataba, fíjate, perdón que te interrumpa nuevamente, Chayito, pero esto que estás comentando nos habla del corazón de la gente de Comonfort, nos habla del corazón de la gente de las comunidades rurales de Comonfort, y nos habla específicamente de este darse de la comunidad de Orduña de abajo hacia las otras comunidades. Yo creo que nos están poniendo el ejemplo de cómo se puede lograr una buena vecindad y la paz, sobre todo, la paz que es tan importante. Preguntarte, Chayito, bueno, ¿y estos buñuelos cuándo se entregan?

Aquí en México las posadas, que es el novenario previo a la Navidad, empieza el 16 de diciembre. ¿Estos buñuelos se preparan y se entregan cuándo? Perdón, pregunto.

Chayito Landín Moya:
Ahorita ya llevamos un colote lleno de buñuelos. Ese colote se reparte, por ejemplo, aquí a las personas que a lo mejor alguien me trajo, el día que les tocó a ellos me trajo a mí, o trajo a mi mamá, nos trajo a la familia. Entonces el primer colote, el primer cesto, para los que no saben qué es un colote, el primer canasto, se reparten a los familiares o a los amigos de aquí de la comunidad, por ejemplo, el día de hoy por la tarde.

Les llevamos unos dos, tres buñuelitos. Ah, pues fulanito me trajo la primera ofrenda, entonces yo le devuelvo su ofrenda también para este año que a mí me tocó. Para eso es el primero.

Y ya los otros dos o tres ya son, ahora sí, entonces estos buñuelos se reparten el día 24 de diciembre aquí. Entonces el 24 los esperamos aquí en Orduña porque ese día a las 6 de la tarde se comienzan a repartir los buñuelos. Siempre primero es el arrullamiento de la imagen del Niño Dios, ahora va a ser al revés, ahora va a ser primero, se van a dar los buñuelos y termina con una misa.

Por ahí lo que me decías, creo que tienes el gusto de conocer al padre Arturo que es originario de aquí de la comunidad, estamos muy bendecidos también por él. Entonces él viene y oficia cada año la misa aquí en su comunidad el día 24, efectivamente, y se empieza a repartir los buñuelos ese día. Yo los invito a que prueben.

Tú me decías del atole blanco de Puscua, como mejor lo conocen. ¿Qué crees? Que se hace también el atole de puscua, como le llamas, pero también hacemos el atole nosotros de color ya sea morado o ya sea negro, porque todavía a Orduña conservamos los maíces originarios, semillas originarias de estos dos colores.

Eugenio Amézquita Velasco:
Estamos hablando de maíz criollo, del natural, del nativo.

Chayito Landín Moya:
Maíces criollos. Y este maíz negro o morado o rojo, como le llaman, créanlo, que es lo que decimos, es otro sabor. Y este atole se prepara con la piedra de Tequesquite.

La piedra es una piedra gris que aparte es medicinal. No todo lo que se pone en los alimentos de aquí de la comunidad o de nuestro bello México, créanlo, no es nada más por algo. Todo es aparte de alimento, es medicina también.

El tequesquite es medicina y ese atole lleva un puñito de Tequesquite y le da un sabor saladito, delicioso. Imagínense la combinación de sabores. Imagínense el atole un poquito saladito con un buñuelo rociado de azúcar o bien enmielado con piloncillo.

Eugenio Amézquita Velasco:
No, no, ya me entró el hambre. Pues yo quiero agradecerte, Chayito. Miren, Chayito, me hace favor de enviarme imágenes, capsulitas de video, pero quise en esta ocasión hacer la entrevista porque la vamos a transcribir, así que palabra por palabra ustedes van a poder leer todo lo que Chayito nos dijo en esta entrevista, compartírselas y dejar un testimonio que sea historia en las redes sociales, en la web, para que se animen a acudir a Orduña esta Nochebuena, el día 24 de diciembre y participar con la comunidad de este regalo, de este don, que la verdad lo único que uno puede decir es muchas gracias, Orduña, muchas gracias, Chayito.

Chayito Landín Moya:
Te agradezco también a ti, igual los esperamos con mucho gusto. Y vengan, no les dé pena, vengan, yo les digo, tráiganse una bolsa, porque a veces andan consiguiendo, tráiganse una olla para su atole, una para sus buñuelos secos y también que crezca mezquita, que también se les da buñuelos remojados o buñuelos en dulce, ¿sí? Y se empiezan con piloncillo.

Entonces también pueden pedir otra olla para los buñuelos endulzados, para sus buñuelos secos que les duren. Y ya tienen la cena de Navidad, así de simple, ¿sí? Pues Orduña los espera con los brazos abiertos.

Y créanlo, que va el corazón de todas esas manos que intervinieron para preparar esos buñuelos, el amor desde nuestras mamás, de nuestras abuelas, porque aquí están, y principalmente de la gente bonita de Orduña de abajo, municipio de Comonfort, Guanajuato.

Eugenio Amézquita Velasco:
Muchas gracias. A ti, Chayito, y felicidades a Don Toño por su cumpleaños 90, que es mañana.

Chayito Landín Moya:
No, gracias, yo se los digo. Gracias, un abrazo.

Eugenio Amézquita Velasco:
Soy Eugenio Amezquita, con Chayito Landín, de Orduña de abajo, a través de Guanajuato Desconocido y Metro News.
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