La honestidad reemplazada por la corrupción, la fidelidad reemplazada por el fraude, la verdad reemplazada por la mentira: Obispo de Querétaro

Guanajuato Desconocido
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Eugenio Amézquita Velasco

-El sentido profundo de la Eucaristía exige una congruencia comunitaria que trascienda el mero cumplimiento formal.
-La reconstrucción del tejido social demanda erradicar la corrupción y el desamor mediante acciones cotidianas de justicia.

La festividad litúrgica de la Natividad de María y la advocación de Nuestra Señora de Loreto, celebrada con profunda devoción en la región, no constituye únicamente una conmemoración del santoral católico, sino un llamado urgente a la reflexión sobre el estado actual de nuestra sociedad y el papel que desempeñamos frente a los desafíos comunitarios. En el análisis compartido por monseñor Fidencio López Plaza, obispo de Querétaro, durante su visita pastoral a la parroquia de San José y del Santo Entierro, se delinean tres ejes fundamentales que trascienden el ámbito estrictamente religioso para interpelar la vida pública, la justicia y la fraternidad que tanta falta hacen en nuestros tiempos.



El primer punto neurálgico de esta reflexión desmitifica la idea de que la vida espiritual o la religión se agotan en el aislamiento o en el rigor abstracto, contraponiéndola con la metáfora del banquete de bodas y la comida compartida. En una época marcada por la fragmentación social, la prisa y la individualidad, la exigencia de que a ningún ser humano le falte casa, vestido y sustento se convierte en un mandato ético ineludible. Las instituciones y los ciudadanos comparten la responsabilidad de garantizar que los satisfactores básicos de la vida digna no sean un privilegio de unos cuantos, sino una realidad palpable para cada familia. La Eucaristía, vista desde esta óptica, se prolonga en el compromiso diario por erradicar la marginación y la indiferencia que laceran a nuestras comunidades.

El segundo eje aborda la poderosa imagen evangélica de las seis tinajas vacías y el clamor de "hijo, no tienen vino", interpretado magistralmente como la metáfora de una relación rota entre la ley y el pueblo, así como la crisis de los valores esenciales. Cuando monseñor López Plaza señala que la honestidad ha sido reemplazada por la corrupción, la fidelidad por el fraude y la verdad por la mentira, pone sobre la mesa un diagnóstico certero y sin eufemismos de los males estructurales que aquejan a la vida pública y social. Las leyes y los preceptos que no logran garantizar la justicia, la paz y la dignidad humana se convierten en cántaros vacíos que no logran saciar las necesidades más apremiantes de la población. La escasez de "vino" —entendido como el símbolo supremo del amor, la alegría y la fraternidad— refleja el miedo y la desesperanza de una sociedad que en demasiadas ocasiones camina sin rumbo, atrapada en simulaciones políticas o intereses de grupo que anteponen el poder al bienestar común.

Finalmente, el consejo mariano de "hagan lo que él les diga" ofrece la clave didáctica y espiritual para la reconstrucción del tejido social. No se trata de esperar soluciones mágicas, sino de asumir una colaboración activa en la obra de Dios donde la congruencia, el testimonio de vida y la corresponsabilidad ciudadana actúen como verdaderos motores de transformación. La paz que emana de estos mensajes no es la pasividad cómplice ante la injusticia, sino una paz firme, cimentada en la verdad, el respeto a la dignidad de la persona y la acción solidaria. En conclusión, la festividad de Loreto nos convoca a llenar las tinajas vacías de nuestra realidad con justicia, empatía y legalidad auténtica, recordando que la verdadera grandeza de una comunidad se mide por su capacidad de acoger, proteger y dar vida a los más vulnerables.

Transcripción de la homilía de Mons. Fidencio López Plaza, obispo de Querétaro

Monseñor Fidencio López Plaza: 
La paz esté con ustedes.

Asamblea: 
Y con tu espíritu.

Monseñor Fidencio López Plaza: 
Saludo y agradezco al padre Rogelio, su párroco, al padre Angelito, al padre Jonathan y al padre Toñito el servicio que están dando a esta parroquia. En nombre de Jesucristo, el buen pastor, y representando también a su obispo ordinario. Bienvenido a tu tierra también, padre Conrado. Saludo a las autoridades civiles y a todas y a todos ustedes, hermanos y hermanas de esta parroquia y santuario de San José y del Santo Entierro, y a todos ustedes, devotos de la santísima Virgen en su advocación de Loreto. 

La Virgen de Loreto es una de las advocaciones más bellas, es una de las advocaciones marianas más fascinantes de la Iglesia católica. Se trata de la celebración del nacimiento de la santísima Virgen. Se le llama de Loreto por el nombre del pueblo donde se dice que María nació, creció y sobre todo donde recibió el anuncio del ángel Gabriel, el lugar donde él le dijo: "Dios te salve, María, alégrate, el Señor está contigo".

Monseñor Fidencio López Plaza: 
Y ella, después de un discernimiento profundo, dijo las palabras que acabamos de escuchar en el evangelio: "Yo soy la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra". Desde entonces se dedicó a eso, a enseñar a los hijos de Dios a hacer lo que él nos dice. En este contexto, a la luz de la palabra de Dios que hemos escuchado, les comparto sencillamente tres breves reflexiones: la primera, sobre la religión como un banquete de bodas; la segunda reflexión, sobre la intercesión de la Virgen María: "Hijo, no tienen vino"; y la tercera, sobre el consejo de María: "Hagan lo que él les diga". 

Primera reflexión: la religión católica, hermanas y hermanos, no es la religión del ayuno. La religión católica es la religión de la comida. Sobre todo en la cuaresma insistimos mucho en el ayuno, en la pascua, y toda la vida deberíamos insistir más en la comida. Jesús en la última cena y ahora en cada misa nos lo dice claramente: "Tomen y coman todos". No dice: "Tomen y ayunen todos". Los cristianos solo ayunamos cuando otros no tienen que comer. Cuando todos no comen, hay que compartir con los hermanos, porque el deseo de Dios es que a nadie le falte casa, a nadie le falte vestido y a nadie le falte comida. Por eso los cristianos, después de escuchar en unos segundos en la misa: "Este es mi cuerpo que será entregado por ustedes", salimos a hacer Eucaristía todo el día y toda la vida.

Monseñor Fidencio López Plaza: 
Cuando a Jesús le preguntaban cómo era el cielo, cuando a Jesús le preguntaban cómo era el reino de Dios, él generalmente decía: "El reino de Dios es como un banquete de bodas", entre otras cosas porque en las bodas celebramos la fiesta del amor que se hace carne. En una boda el novio o el esposo puede decir públicamente: "Dios me ha amado en mi esposa, mi novia", y al revés. En la boda, pues, es donde más se nota que el amor se hace carne. 

Pues cuando el amor verdadero, cuando se tiene el amor verdadero, la experiencia se tiene también la experiencia de la comunión profunda, la experiencia de la unidad en la diversidad. En una boda el amor de Dios se hace esposo. En una boda el amor de Dios se hace esposa. En una boda el amor de Dios se hace hijo y se hace prójimo. En los momentos más bellos de comunión que viven, que se viven en el matrimonio, que se viven en la familia, tienen la experiencia de ser uno siendo dos, o tienen la experiencia de ser uno siendo muchos. Por eso una boda es la fiesta de la comunión, donde hay comida y bebida abundante, exquisita y gratuita para todos.

Monseñor Fidencio López Plaza: 
Por eso no podía faltar la intercesión de María en aquella boda: "Hijo, no tienen vino". La intercesión de María, "hijo, ya no tienen vino", es la intercesión de María ante todos los hijos de Dios a los que les falta la alegría y a los que les falta el amor. La boda es el símbolo de la relación del ser humano con Dios, y el vino es el símbolo del amor. En este contexto, la expresión "no tienen vino" es tremenda, porque significa que la relación entre Dios y el pueblo está rota. 

Las seis tinajas vacías de unos cien litros cada una simbolizan que la ley con sus 618 preceptos no tiene vigencia. Se han olvidado los principios, que la religión se ha reducido a un puro cumplimiento, que la relación con Dios está rota porque le falta el vino de la alegría y del amor. "No tienen vino, hijo, no tienen vino" significa que las necesidades básicas de muchos hermanos nuestros están amenazadas. Significa que hay muchos hermanos que carecen de casa, vestido y sustento, y que la justicia y la fraternidad están en crisis. "Hijo, no tienen vino" significa que muchas hermanas y hermanos caminan sin sentido, que han perdido la capacidad de soñar y que tienen miedo de caminar hacia delante. 

Lo más que hacen es dar vueltas alrededor de sus propios pies o bien retroceder. "Hijo, no tienen vino" significa que muchos valores evangélicos y humanos quedaron reemplazados por los antivalores: la honestidad reemplazada por la corrupción, la fidelidad reemplazada por el fraude, la verdad reemplazada por la mentira. "Hijo, no tienen vino" se refiere también a la crisis de fe que viven muchas familias y muchas personas por la falta de testimonio y de coherencia de los que nos llamamos cristianos. Hemos perdido la capacidad de demostrar nuestra fe con obras.

Monseñor Fidencio López Plaza: 
Por todo esto, la mirada de nuestra madre se dirige a los lugares donde falta la alegría y el amor a los hijos de Dios. Donde esto ocurre se hace presente la santísima Virgen en su advocación de Loreto, se hace presente la santísima Virgen. Ahí se detiene y nuevamente le dice a su hijo: "Hijo, no tienen vino, les falta la alegría, les falta el amor". "No tienen vino": la oración de intercesión de María ante rostros y nombres concretos de hermanas y hermanos con las tinajas vacías, porque les falta el vino, el amor. Así como decía el papa Francisco, así descubrimos que la oración de intercesión no nos aparta de la verdadera contemplación, porque la contemplación de Dios en los hermanos, la contemplación que deja fuera a los demás, es un engaño. 

Tercera reflexión: el consejo de la Santísima Virgen, "háganle lo que les diga". Fue la respuesta al ángel allá en la anunciación, y desde entonces se dedicó solamente a hacer la voluntad de Dios, y se lo enseñó también a su hijo Jesús, que su hijo antes de morir se la pasó rezando: "Padre, si es posible, que pase de este cáliz, pero que no se haga mi voluntad, que se haga la tuya". Ahí está el secreto, hermanas y hermanos, ahí está el consejo, este es el remedio que no falla: hagan lo que él les diga. Aquí y ahora la santísima Virgen en su advocación de Loreto nos vuelve a decir personalmente y a todos como parroquia, como a los sirvientes en las bodas de Caná: hagan lo que les diga. Jesús quiere hacer milagros en ti, en tu persona, entre nosotros, pero necesita nuestra colaboración. 

Es necesario escuchar bien lo que él nos dice y escuchar bien lo que él nos pide para que nuestra vida, nuestra familia y nuestra parroquia sea una vida alegre donde no se note que falta el amor ni el vino. María, nuestra querida madre en su advocación de Loreto, mírenla qué bella. Que María, nuestra madre en su advocación de Loreto, siga susurrando al oído de su hijo: "Hijo, no tienen vino", y en nosotros siga haciéndose carne, sigan haciéndose carne sus palabras: "Hagan lo que les diga". Que Dios les bendiga, hermanas y hermanos, que Dios nos proteja, que Dios nos dé la paz. Así sea, así sea. #MetroNewsMx #GuanajuatoDesconocido

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