Eugenio Amézquita Velasco
La fe en la Santísima Trinidad es el cimiento de la Iglesia. Para responder a tus interrogantes, debemos viajar por la historia, la liturgia y la mística.
Aunque la fe en la Trinidad fue definida formalmente en los Concilios de Nicea -año 325- y Constantinopla -381-, la institución de una fiesta litúrgica específica tomó siglos.
En el siglo X y XI, se empezaron a celebrar misas votivas en honor a la Trinidad, pero no había una fecha universal. Fue el Papa Juan XXII quien, en el año 1334, extendió la festividad a toda la Iglesia Latina, fijándola para el domingo posterior a Pentecostés. Se celebra después de la venida del Espíritu Santo -Pentecostés- porque es a través de Él que comprendemos la revelación total del Padre y del Hijo.
En lenguaje sencillo, decimos que es un misterio no porque sea un "secreto" que Dios nos oculta por egoísmo, sino porque es una realidad tan grande y profunda que nuestra mente humana, limitada y finita, no puede abarcarla por completo.
Es como intentar meter todo el océano dentro de un vaso de plástico: el vaso no puede contenerlo todo, pero el agua es real. Nuestra razón entiende que Dios es infinito; por tanto, si intentáramos entender a Dios totalmente, dejaría de ser Dios. Es un misterio de fe, una verdad que aceptamos porque Él mismo se nos ha revelado.
Los Papas han defendido este dogma como el núcleo de la fe. San León Magno (Carta Dogmática "Tomus ad Flavianum"): Fundamental para definir la unidad de la naturaleza divina y la distinción de personas. Papa León XIII (Encíclica "Divinum illud munus", 1897): Un documento profundo sobre la presencia y la acción del Espíritu Santo en nosotros, que explica inseparablemente su relación con el Padre y el Hijo. Papa Francisco (Catequesis del 26 de mayo de 2013): En el Ángelus de la solemnidad de la Santísima Trinidad, explica que "la Trinidad no es producto de razonamientos humanos", sino el rostro con el que Dios se ha mostrado.
La leyenda de San Agustín y el niño en la playa
Esta es una de las historias más bellas de la tradición cristiana, recogida frecuentemente en la literatura hagiográfica (aunque no aparece en sus escritos personales, se atribuye a una revelación privada durante sus años de estudio del misterio).
Se dice que San Agustín caminaba por la orilla del mar, absorto en sus pensamientos, intentando comprender con su lógica brillante el misterio de la Trinidad para escribir su obra De Trinitate. A lo lejos, vio a un niño sentado solo en la arena. El niño había cavado un pequeño agujero y, con una concha marina, iba al mar, llenaba la concha de agua y volvía para verterla en el agujero. Agustín, curioso, se acercó y preguntó: "¿Qué haces, pequeño?". El niño respondió con sencillez: "Intento vaciar el mar en este agujero".
Agustín sonrió y le dijo: "Eso es imposible, pequeño, el mar es demasiado grande y tu agujero demasiado pequeño". El niño levantó la mirada -que algunos textos describen como una mirada divina- y replicó: "Es más fácil meter todo el mar en este agujero que entender el misterio de la Santísima Trinidad con tu inteligencia humana". Acto seguido, el niño desapareció.
Agustín comprendió que el misterio no es para ser "desmontado" por la razón, sino para ser adorado con el corazón.
¿Qué es la Santísima Trinidad?
Imagina que quieres explicarle a un amigo qué es el sol. El sol es una estrella (su ser), que nos envía luz (su presencia) y nos da calor (su efecto). Son tres cosas distintas, pero no puedes tener sol sin luz ni calor. Es el mismo sol.
La Santísima Trinidad es el misterio central de nuestra fe: Dios es uno solo, pero existe como tres Personas distintas: Padre, Hijo y Espíritu Santo.
-El Padre: Es la fuente, el que crea, el que ama desde el principio. Es como el "corazón" de Dios.
-El Hijo (Jesucristo): Es la Palabra de Dios hecha carne. Es Dios mismo que se hace humano para abrazarnos y enseñarnos el camino.
-El Espíritu Santo: Es el Amor que une al Padre y al Hijo, y que ahora vive dentro de nosotros, dándonos fuerza, paz y sabiduría.
No son tres dioses. Es un solo Dios. Las tres Personas son iguales en poder, en gloria y en eternidad. No hay una "más importante" que otra.
La Iglesia no se "inventó" la Trinidad. Fue un descubrimiento progresivo. En el Antiguo Testamento, se menciona que Dios siempre fue uno -el famoso "Escucha, Israel: el Señor es nuestro Dios, el Señor es uno"-, pero dejó señales. Cuando Dios dice "Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza" -Génesis 1, 26-. ¿Por qué dice "hagamos"? Habla en plural.
Tres hombres visitaron a Abraham junto al encinar de Mamré -Génesis 18-. Abraham se postra ante ellos como si fuera Dios. Muchos Santos Padres (como San Agustín) ven aquí una figura de la Trinidad.
Es en los Evangelios donde se nos cae el velo. En el Bautismo de Jesús, es el momento cumbre. Jesús sale del agua, el Padre habla desde el cielo diciendo "Este es mi Hijo amado" y el Espíritu Santo baja sobre Él en forma de paloma (Mateo 3, 16-17). Ahí están los tres, en un solo momento.
Luego Jesús nos ordena: "Vayan y bauticen en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo" -Mateo 28, 19-. Nota que dice "en el nombre" -singular-, confirmando que es un solo Dios.
Durante los primeros siglos, hubo gente que decía que Jesús no era Dios, o que el Espíritu Santo era solo una "energía". La Iglesia se reunió en Concilios para aclarar las cosas usando la Biblia y la Tradición.
En el Concilio de Nicea (325 d.C.), se declaró que el Hijo es "de la misma naturaleza" -consubstancial- que el Padre. En el Concilio de Constantinopla -381 d.C.-, se definió claramente la divinidad del Espíritu Santo.
San Agustín de Hipona, en su obra "De Trinitate", nos dio una clave genial: Dios es Amor. Para que haya amor, necesitas tres cosas: el que ama (Padre), el que es amado (Hijo) y el amor mismo que los une (Espíritu Santo). Si Dios es Amor, por fuerza tiene que haber Trinidad. De San Patricio se dice que usó un trébol de tres hojas para explicarlo a los irlandeses: tres hojas distintas, una sola planta.
A lo largo de la historia, la Iglesia ha registrado experiencias donde este misterio se hizo "sensible". De San Antonio de Padua se cuenta que, al explicar la Trinidad, el santo solía decir que es como una fuente: el agua que brota, el arroyo que fluye y el estanque que se llena. Es la misma agua, el mismo origen, el mismo fin.
De Santa Teresa de Jesús, ella misma cuenta en sus escritos que, en momentos de oración profunda, Dios le concedió entender este misterio de una forma que ella no podía explicar con palabras, sintiendo cómo las tres Personas habitaban en su propia alma como en un pequeño cielo.
San Juan de la Cruz hablaba de la Trinidad como el fuego del amor. Decía que la Trinidad es como una hoguera: el Padre es la leña, el Hijo es la llama y el Espíritu Santo es el calor. No puede haber hoguera si falta uno.
La Trinidad no es un acertijo para aburridos, es una invitación. Si Dios es Trinidad, significa que Dios no es un solitario. Dios es, en sí mismo, comunidad, familia y entrega. Cuando Dios te creó, no lo hizo por aburrimiento, lo hizo para invitarte a entrar en ese círculo de amor.
Cuando te persignas y dices "En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo", no estás recitando una fórmula mágica. Estás recordando que:
-Tienes un Padre que te cuida.
-Tienes un Hermano (Jesús) que camina contigo.
-Tienes un Espíritu (Santo) que vive dentro de ti para darte fuerza cuando crees que ya no puedes más.
Dios es más cercano de lo que imaginas: está arriba, está a tu lado y está dentro de tu corazón. Eso es la Trinidad. #MetroNewsMx #GuanajuatoDesconocido


