Eugenio Amézquita Velasco
Hoy, la Santa Cruz no es solo un madero histórico hallado por una emperatriz persistente; es el símbolo de la entrega absoluta y la victoria sobre la muerte, que sigue adornando las obras en construcción y los cerros de nuestra patria.
Para los pueblos mesoamericanos, el símbolo de la cruz no era totalmente ajeno, pero tenía un significado distinto. Representaba los cuatro rumbos del universo -los cuatro puntos cardinales- y el centro, donde se unían el cielo, la tierra y el inframundo.
La sustitución del Tequahuitl. Los evangelizadores, al notar que los indígenas veneraban el "Árbol de la Vida" o el Maguey, aprovecharon la similitud formal para introducir la Cruz de Cristo. La fiesta de la Santa Cruz -3 de mayo- coincidía casi exactamente con el inicio de la temporada de lluvias y los ritos a Tláloc. Los misioneros desplazaron las peticiones de lluvia hacia la Cruz, convirtiéndola en un símbolo de fertilidad y protección de las cosechas.
Como los indígenas no estaban acostumbrados a celebrar cultos en espacios cerrados -templos-, los evangelizadores crearon los atrios. En el centro de estos patios se erigieron las monumentales Cruces Atriales.
Estas cruces suelen ser de piedra y no tienen el cuerpo de Cristo -el Crucificado-. En su lugar, presentan los Instrumentos de la Pasión -Arma Christi-: los clavos, la corona de espinas, la escalera, el gallo de San Pedro, la lanza y el sudario. La cruz del atrio de San Agustín Acolman o la de Huamantla son joyas del arte tequitqui -mano de obra indígena con temas cristianos-. Los rostros de los ángeles en la base de estas cruces a menudo conservan rasgos indígenas.
La Leyenda de la Cruz de Huatulco
Uno de los datos más fascinantes y documentados por cronistas como Fray Juan de Torquemada es la Cruz de Huatulco. Según la leyenda, siglos antes de la conquista, un hombre blanco y barbado -que algunos identificaron después con Santo Tomás- dejó una cruz plantada en la arena de la costa de Oaxaca. Se cuenta que el pirata inglés Thomas Cavendish intentó derribarla, quemarla y arrastrarla con sus barcos en 1587, pero la cruz permaneció intacta. Este hecho fue documentado por la Iglesia y partes de esa cruz fueron enviadas a la Catedral de México y al Vaticano.
En la región del estado de Guanajuato, la cruz fue un símbolo de "pacificación" durante la Guerra Chichimeca. La tradición dicta que muchas ciudades -como Querétaro en el cerro del Sangremal en 1531- se fundaron tras la aparición de una cruz en el cielo durante una batalla entre otomíes cristianos y chichimecas. En lugares como Celaya y Comonfort, la veneración a la Santa Cruz se arraigó profundamente en las comunidades otomíes, quienes la vestían con flores y listones, una práctica que sobrevive hasta hoy.
La asociación de la Santa Cruz con los albañiles en México tiene una raíz teológica y social. Cristo como Arquitecto, donde los evangelizadores enseñaron que Cristo era el "constructor de la Iglesia". Se instauró la costumbre de colocar una cruz bendecida y adornada con flores de papel en la parte más alta de las construcciones cada 3 de mayo. El objetivo era pedir protección contra accidentes -caídas- y asegurar que la estructura fuera sólida. Documentos coloniales ya mencionan que los dueños de las obras debían ofrecer una comida a los trabajadores este día, como un acto de hermandad cristiana.
En el centro de México, especialmente en zonas rurales, surgieron las cruces de Ánimas. Estas cruces presentan en su base o en el centro figuras que representan a las almas en el purgatorio. Eran colocadas en las entradas de los pueblos o en los caminos para que los viajeros rezaran por los difuntos, una tradición impulsada fuertemente por los franciscanos.
En las crónicas de Bernal Díaz del Castillo, se menciona que una de las primeras acciones de Hernán Cortés en cada pueblo que visitaba era ordenar la limpieza de los templos locales -teocallis- y la colocación inmediata de una cruz de madera y una imagen de la Virgen, marcando así el inicio de la "conquista espiritual".
Esta presencia de la cruz en México no fue solo un cambio de religión; fue la fusión de la piedra volcánica, la mano de obra indígena y la fe europea que dio como resultado la identidad visual y espiritual que vemos hoy en cada esquina de nuestras ciudades. #MetroNewsMx #GuanajuatoDesconocido


