El misterio del nuevo nacimiento: El Evangelio del dia

Guanajuato Desconocido
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Anacleto González

-Evangelio según San Juan (3, 1-8)

Había entre los fariseos un hombre llamado Nicodemo, magistrado judío. Este fue a ver a Jesús de noche y le dijo: «Rabbí, sabemos que has venido de parte de Dios como maestro, porque nadie puede realizar los signos que tú haces si Dios no está con él».

Jesús le respondió: «En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de lo alto no puede ver el Reino de Dios».

Nicodemo le preguntó: «¿Cómo puede nacer un hombre siendo viejo? ¿Acaso puede por segunda vez entrar en el vientre de su madre y nacer?».

Jesús le contestó: «En verdad, en verdad te digo: el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. Lo que nace de la carne es carne, lo que nace del Espíritu es espíritu. No te sorprendas de que te haya dicho: “Tienen que nacer de lo alto”. El viento sopla donde quiere y oyes su ruido, pero no sabes de dónde viene ni a dónde va. Así es todo el que ha nacido del Espíritu».

Raíces en el Antiguo Testamento: La promesa del Espíritu

El diálogo entre Jesús y Nicodemo no surge en el vacío, sino que es la culminación de la esperanza profética de Israel. En el Antiguo Testamento, la idea de una transformación radical del ser humano ya estaba prefigurada. El profeta Ezequiel (36, 25-27) es el antecedente más directo: "Derramaré sobre ustedes agua purificadora... les daré un corazón nuevo y pondré en ustedes un espíritu nuevo".

Este pasaje establece la base del rito bautismal que Jesús elevará a Sacramento. Nicodemo, como maestro de la Ley, conocía estas promesas, pero su error radicaba en interpretarlas como una reforma moral externa y no como una recreación ontológica. El "ruaj" -viento/espíritu- que aleteaba sobre las aguas en el Génesis -1, 2- es el mismo que ahora Jesús presenta como el agente de la Nueva Creación.

Los Santos Padres: El misterio de la iluminación divina

Para los Padres de la Iglesia, este encuentro nocturno simboliza el paso de las tinieblas del pecado a la luz de la gracia. San Agustín, en sus tratados sobre Juan, señala que Nicodemo representa a los judíos que, aunque atraídos por los milagros, aún temían confesar a Cristo a plena luz del día. Agustín subraya que el "nacimiento de lo alto" no es una repetición de la biología, sino una participación en la vida divina. Por su parte, San Juan Crisóstomo destaca la humildad de Nicodemo al acercarse a Jesús, pero critica su mirada carnal; el Crisóstomo explica que así como el cuerpo se forma en el seno materno, el alma se forma en la fuente bautismal por el poder del Espíritu, superando la limitación de la herencia adámica.

Doctores de la Iglesia: Gracia y naturaleza

Santo Tomás de Aquino, en su Summa Theologiae, utiliza este pasaje para explicar la distinción entre la generación natural y la regeneración espiritual. Para el Doctor Angélico, el bautismo no es una metáfora, sino una causa instrumental de la gracia santificante. 

El "nacimiento de agua y Espíritu" implica que el Espíritu Santo es el agente principal que infunde las virtudes teologales. Tomás aclara que el Espíritu "sopla donde quiere" para reafirmar la gratuidad absoluta de la salvación: nadie puede merecer por sí mismo el Reino; es un don que desciende "de lo alto". 

Asimismo, San Juan de la Cruz, Doctor Místico, ve en este viento espiritual la moción interior que guía al alma a través de la noche oscura hacia la unión perfecta con Dios, donde el alma llega a ser "espíritu de espíritu".

Doctrina de la Iglesia Católica: El sacramento de la regeneración

El Catecismo de la Iglesia Católica -CIC 1213-1215- enseña que el Bautismo es el fundamento de toda la vida cristiana y la puerta que abre el acceso a los otros sacramentos. Citando explícitamente a Juan 3, 5, la Iglesia afirma que este nacimiento es necesario para la salvación. 

El Concilio de Trento definió contra los errores de su tiempo que el agua no es solo un símbolo, sino un elemento necesario para la materia del sacramento. La Doctrina establece que por el Espíritu somos hechos "hijos adoptivos", participando de la naturaleza divina -2 Pe 1, 4-. Esta regeneración borra el pecado original y nos incorpora al Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia, otorgándonos un carácter indeleble que nos consagra para el culto cristiano.

El pensamiento papal ha profundizado constantemente en esta "novedad de vida". León XIII, en su encíclica sobre el Espíritu Santo, Divinum Illud Munus (1897), explica que el Espíritu es el alma de la Iglesia y el motor del renacimiento individual. 

En tiempos más recientes, San Juan Pablo II en Dominum et Vivificantem (1986), describe el encuentro con Nicodemo como el momento en que se revela la "economía de la gracia". El Papa polaco destaca que el Espíritu Santo es quien convence al mundo en lo referente al pecado para poder abrirlo al perdón y a la vida nueva.

Benedicto XVI, en su obra Jesús de Nazaret, analiza a Nicodemo como un buscador de la verdad que finalmente encuentra la respuesta no en una nueva ley, sino en el misterio de la Cruz, pues el diálogo termina con la alusión a la serpiente levantada en el desierto. 

El Papa emérito subraya que nacer del Espíritu es entrar en la "comunión del amor" que es Dios. Finalmente, el Papa Francisco, en sus homilías de Santa Marta, ha recordado que la libertad cristiana es precisamente ser como el viento: dóciles al Espíritu. 

Francisco advierte contra un cristianismo estático o "de salón" que intenta controlar al Espíritu Santo, recordándonos que el nuevo nacimiento nos pide valentía para dejarnos llevar por las periferias de la fe, sin saber siempre a dónde nos conducirá el Señor, pero confiando en su ruido providencial.

El diálogo de Jesús con Nicodemo resume el drama humano ante lo divino. La "carne" representa al hombre cerrado en su propia finitud, en sus leyes y en su lógica de mérito. El "Espíritu" representa la irrupción de Dios que rompe los moldes humanos. 

El mensaje para el cristiano de hoy, en este tiempo pascual, es que la resurrección de Cristo no es un hecho externo, sino una posibilidad interior. Nacer de lo alto significa vivir bajo una nueva ley: la ley del amor y de la libertad de los hijos de Dios. 

Como Nicodemo, estamos invitados a salir de nuestra "noche" personal, de nuestras dudas y miedos, para sumergirnos en el agua que purifica y dejarnos impulsar por el viento del Espíritu, que siempre nos empuja hacia la construcción del Reino en la historia. #MetroNewsMx #GuanajuatoDesconocido

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