Chispitas de lenguaje: Ciencia ficción II

Guanajuato Desconocido
0

 



Enrique R. Soriano Valencia
sorianovalencia@hotmail.com 

En mi colaboración anterior abordé el género ciencia ficción. Sostuve que el nombre está equivocado, debe ser ficción científica, argumentos que no repetiré esta semana. Hoy abordaré otros aspectos.
Se le llame ciencia ficción o ficción científica, en ambos casos es un oxímoron. Este es el término gramatical para identificar conceptos formados a partir de dos vocablos con acepciones opuestas. La combinación no se limita a la suma de significados; se crea un nuevo concepto.

Pensemos en que el género de fantasía ha creado los muertos-vivientes. Por supuesto, se trata de un oxímoron. Lo que está muerto, no vive. El vocablo viviente (adjetivo) califica a muerto, una persona sin signos vitales. Sin embargo, en la fantasía su fusión inventa lo que llama zombis (vocablo de origen haitiano), un muerto animado, sin voluntad o voluntad trastocada que actúa –según la fantasía– por impulso de supervivencia (¡debe alimentarse!) o bajo la voluntad de un ser, este sí, vivo.  

En el caso que nos ocupa, la ciencia implica la búsqueda de la verdad a través de un método riguroso para validar las conclusiones. Ficción, por su parte, es el fingimiento de la realidad, es una invención, algo no real. Por ello, fuera de la literatura, no podrían combinarse ciencia con ficción. De ahí que sea un oxímoron pues ha creado un concepto literario.

Ahora bien, los autores que se valen de la información científica para crear alternativas de realidad hacen ficción científica. Se diferencia de la ficción llana o fantasía en que estos últimos crean condiciones que no tienen ningún sustento científico, a pesar de forzar una lógica. El hombre araña es total y absoluta fantasía por más que suponga su creación a partir de la picadura de una araña radiactiva. Ello no tiene un sustento científico de forma rotunda, es un absurdo. En la ficción científica o ciencia ficción la trama se debe desarrollar a partir de la información científica ya consolidada. 

Por ello, un caso excepcional es cuando la fantasía provoca avances científicos. La serie de televisión Star Trek es fantasía. Su tecnología, mundos y civilizaciones visitados no tienen mayor sustento científico. Sin embargo, curiosamente, impactaron de niño a un futuro científico mexicano que revolucionaría el concepto de viajes sin violar lo postulado por Einstein de que nada puede moverse más rápido que la luz. 

La luz viaja a una velocidad de 300 mil kilómetros por segundo. Para dimensionar, la luz del Sol tarda en llegar a la Tierra ocho minutos, a Plutón (el último planeta), cinco horas y media; en cruzar la galaxia 100 mil años. Por tanto, para explorar los confines del Universo –la misión–, los guionistas de Star Trek debieron inventarse un supuesto salto warp. 

En el Instituto Max Planck de Alemania, Miguel Alcubierre desarrolló un modelo matemático que contrae el espacio-tiempo delante de una nave y se expande detrás (burbuja de curvatura o warp bubble), lo que permitiría a una supuesta nave ir al otro lado del Universo sin violar las leyes de la Relatividad. La fantasía se hizo ciencia, no fue ciencia ficción. #MetroNewsMx #GuanajuatoDesconocido

Publicar un comentario

0 Comentarios

Publicar un comentario (0)

#buttons=(Ok, Go it!) #days=(20)

Este sitio web emplea cookies con el fin de optimizar tu experiencia de navegación.. Revisa Ahora
Ok, Go it!