Chispitas de lenguaje: Ciencia ficción

Guanajuato Desconocido
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Enrique R. Soriano Valencia

sorianovalencia@hotmail.com  

El subgénero narrativo conocido como ciencia ficción tiene un nombre equivocado. No obstante, sus aportes a la vida cotidiana han hecho que lo ficticio sea una realidad que actualmente disfrutamos en sociedad. 

Este subgénero literario se caracteriza por hacer de los avances científicos y tecnológicos –reales o hipotéticos– el punto de partida de las tramas.

El término fue acuñado en 1926 en inglés por Hugo Gernsback en la revista Amazing Stories: science fiction. Sin embargo, por alguna razón, se incorporó a nuestro idioma de forma literal, sin tomar en cuenta que en inglés la adjetivación es a la inversa que en español. Por ejemplo, a Bat man se le traduce como el hombre-murciélago (hombre amurcielagado, persona con rasgos de murciélago). Esto es, el adjetivo murciélago se enunció antes que lo calificado, el hombre. 

De ahí que el nombre del subgénero narrativo deba ser ficción científica. Enunciar ciencia ficción implicaría que los elementos científicos en los que se basa son totalmente ficticios, falsos; pues el vocablo ficción funciona como calificativo de ciencia. Si así fuera, entonces el subgénero se clasificaría dentro de la fantasía, pues ningún elemento tendría una base comprobable. No obstante, el caso es diferente, pues la narración se nutre de la ciencia para exponer una realidad plausible.

Ejemplifico con uno de sus padres: Julio Verne. En su novela De la Tierra a la Luna, el autor hace un riguroso análisis del apogeo y perigeo de los cuerpos celestes y deduce que los mejores puntos para llegar a la Luna desde la Tierra son Texas y la Florida.  Como en el momento en que escribe la aventura Texas estaba en disputa entre Estados Unidos de América y México, decide ambientar su trama en la Florida. Por ello, no existieron presuntas visiones al futuro como algunos quieren hacer suponer. 

Además, toda la novela es un impecable tratado de balística (parte de la física que estudia la trayectoria de los cuerpos).

Por su parte, H. G. Wells, otro de los padres de la ficción científica, antes que Einstein postulara la Teoría de la Relatividad, basado en las discusiones científicas sobre considerar el tiempo como la cuarta dimensión (largo, alto y profundidad, las otras tres) desarrolla su novela La máquina del tiempo. Además, en la aventura retoma los postulados de Darwin para suponer que la raza humana es diferente a la actual en el futuro. Esto último, la mayoría de los escritores del subgénero no lo consideran porque describen a los futuros humanos con las características actuales, incluso en sus relaciones económicas y sociales (como sucede con Isaac Asimov). 

La ficción científica también ha tenido sus aportes sociales: la televisión, los tanques de buzo, las trasmisiones inalámbricas y hasta algunas armas, por mencionar solo algunos. John Logie Baird, quien sentó las bases del televisor, reconocía abiertamente que su interés nació de las lecturas de Julio Verne durante su infancia. Jacques-Yves Cousteau inventó el tanque de respiración de los buzos también gracias a Verne. La especialidad en Robótica de la ingeniera se le debe a Asimov. #MetroNewsMx #GuanajuatoDesconocido

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