Eugenio Amézquita Velasco
-El arqueólogo Julio Celis Polanco convoca al Cerro del Culiacán para analizar el equinoccio como una herramienta técnica antigua.
-La ciencia desmitifica la "carga de energía": no hay evidencia física de que las pirámides o los cerros funcionen como baterías para el cuerpo.
-El equinoccio iniciará con exactitud este viernes 20 de marzo de 2026 a las 14:02 horas, marcando el fin del invierno astronómico.
-Pueblos prehispánicos usaban la astronomía por supervivencia; el equinoccio dictaba con precisión los ciclos de siembra y cosecha.
-La supuesta recarga energética es un mito New Age; el bienestar en las pirámides es un efecto psicológico por liberación de endorfinas.
-Físicamente, el cuerpo solo obtiene energía de los nutrientes; el sol en la cima solo aporta calor y riesgo de deshidratación.
-Arqueólogos advierten que el ascenso masivo a pirámides por el equinoccio causa erosión y daño mecánico irreversible al patrimonio.
-En el México antiguo, la arquitectura orientada no era mística, sino una base científica para la administración pública y social.
-El equinoccio es una posición geométrica orbital: el Sol no emite más energía ese día ni altera la física fundamental de la Tierra.
-La excursión en Cortazar el 22 de marzo busca entender cómo sociedades extintas dominaron el tiempo sin tecnología moderna. Inscripciones e informes vía contacto whatsapp: 411 134 3479.
CORTAZAR, GTO.- El Cerro del Culiacán, una de las elevaciones más emblemáticas del Bajío, vuelve a ser objeto de estudio y observación ante la llegada del fenómeno astronómico conocido como equinoccio de primavera. El arqueólogo Julio Celis Polanco ha convocado a una excursión técnica el próximo 22 de marzo para analizar, desde una perspectiva histórica y científica, cómo los antiguos pobladores de la región utilizaban esta montaña como un marcador calendárico de alta precisión.
De acuerdo con la transcripción de sus investigaciones, Celis Polanco enfatiza que el interés de los pueblos prehispánicos por este evento no respondía a una simple curiosidad, sino a una necesidad técnica de supervivencia. "Eran pueblos eminentemente agrícolas", explica el especialista, señalando que la observación de los astros permitía llevar un control estricto de los ciclos de siembra y cosecha. La excursión en Cortazar se presenta como una oportunidad para identificar los puntos geográficos que servían de referencia para medir el tiempo antes de la existencia de la tecnología moderna.
Para los habitantes de siglos pasados, el paso del sol por puntos específicos del relieve del Culiacán funcionaba como una herramienta de gestión de recursos. Según detalla el arqueólogo, estas comunidades construían estelas y estructuras arquitectónicas alineadas con la montaña para obtener referencias exactas. En la actualidad, el estudio de estos vestigios permite a la arqueología moderna entender el nivel de sofisticación en la ingeniería y la observación del cielo que alcanzaron estas sociedades extintas.
El mito de cargarse de energía en el equinoccio de primavera
Desde una perspectiva estrictamente científica -física, biológica y médica-, no existe ninguna evidencia, experimento controlado o medición cuantitativa que demuestre que el cuerpo humano se "cargue de energía" al situarse en la cima de pirámides o montañas durante el equinoccio o en cualquier otra fecha.
Para entender por qué esta creencia es un mito moderno y no un hecho científico, es necesario desglosar los conceptos desde la física y la arqueología.
La confusión del concepto "Energía"
En física, la energía se define como la capacidad para realizar un trabajo -cinética, potencial, térmica, eléctrica, etc.-. El cuerpo humano obtiene su energía exclusivamente a través de la metabólica -la oxidación de nutrientes de los alimentos-. Es cierto que al estar en la cima de una pirámide recibes radiación electromagnética -luz y calor- del Sol. Sin embargo, esta energía no se "almacena" como vitalidad; en exceso, produce quemaduras solares o deshidratación, no una "recarga" biológica. Aunque la Tierra tiene un campo magnético, su intensidad es muy baja -entre 25 y 65 microteslas-. No hay pruebas de que las estructuras piramidales concentren este campo de manera que afecte el metabolismo humano de forma positiva o medible.
El fenómeno del Equinoccio es astronómico, no energético
El equinoccio es una posición geométrica en la órbita terrestre. El Sol no emite "más" energía ese día, ni la Tierra experimenta una alteración en su física fundamental.
El equinoccio era un marcador de tiempo. Subir a un punto alto como el Cerro del Culiacán les servía para observar el horizonte y ajustar sus calendarios agrícolas.
La idea de "cargarse de energía" es una construcción cultural reciente -influenciada por el movimiento New Age de finales del siglo XX-, no una práctica documentada fielmente en los códices prehispánicos con ese fin "energético" personal.
Lo que muchas personas experimentan al estar en la cima de Teotihuacán o el Culiacán es un fenómeno real, pero psicológico y fisiológico, no energético. El esfuerzo físico de escalar la montaña o la pirámide libera dopamina y endorfinas, lo que genera una sensación de bienestar y euforia. Si una persona cree firmemente que recibirá energía, su cerebro puede reducir los niveles de cortisol -hormona del estrés-, provocando una sensación de paz y vitalidad. La vista panorámica y el aire fresco producen una respuesta de relajación en el sistema nervioso autónomo.
La Arqueología y la conservación
Desde el punto de vista del patrimonio, los arqueólogos señalan que el ascenso masivo de personas a las cúspides de las pirámides -como la del Sol- durante el equinoccio causa un deterioro acelerado de las estructuras por erosión mecánica. Por ello, en muchos sitios arqueológicos ya se ha prohibido subir a las partes más altas.
Científicamente, el cuerpo humano no es una batería que se cargue por proximidad a piedras o alineaciones astronómicas. El beneficio que puedes obtener de una visita al Cerro del Culiacán es el ejercicio físico, el enriquecimiento cultural y el descanso mental, los cuales son sumamente valiosos, pero operan bajo las leyes de la biología y la psicología, no de una energía mística.
El equinoccio de primavera: mecánica celeste y precisión astronómica
Desde un rigor estrictamente científico, el equinoccio de primavera es el momento en que el plano del ecuador de la Tierra pasa por el centro del disco del Sol. Este evento ocurre únicamente dos veces al año y produce un efecto global: el eje de la Tierra se sitúa de tal manera que ambos hemisferios reciben la misma cantidad de luz solar, lo que resulta en un día y una noche de duración prácticamente idéntica en todo el planeta.
Astronómicamente, este fenómeno marca el punto en que el Sol cruza el ecuador celeste moviéndose del hemisferio sur al norte. No es un evento que dure todo un día, sino un instante preciso en la órbita terrestre.
Para este año, los cálculos astronómicos indican que el equinoccio de primavera ocurrirá el viernes 20 de marzo de 2026 a las 14:02 horas -Tiempo del Centro de México-. Es en este minuto exacto cuando termina el invierno astronómico y comienza la primavera en el hemisferio norte. Este periodo de transición climática tendrá una duración aproximada de 92 días hasta que la Tierra alcance el solsticio de verano en junio. Es importante señalar que, aunque el evento ocurre el día 20, las excursiones y visitas a zonas arqueológicas suelen desplazarse al fin de semana más cercano por fines de logística y estudio de campo.
La gestión del tiempo en el México Prehispánico: Ciencia aplicada a la agricultura
En el México antiguo, la observación del equinoccio de primavera era entendida como una herramienta de administración pública y social. Las culturas del pasado, al no contar con calendarios digitales o satélites, desarrollaron una arquitectura orientada que hoy es objeto de análisis arqueoastronómico. No se trataba de una práctica mística aislada, sino de la base de su economía de subsistencia.
Julio Celis Polanco explica que estas civilizaciones vinculaban el inicio de la primavera con figuras como Xipe Tótec, quien en su mitología simbolizaba el "revestimiento" de la naturaleza. Sin embargo, más allá de la narrativa cultural de la época, la función real de estas creencias era proveer un marco conceptual para entender por qué la tierra cambiaba de color y cuándo era el momento óptimo para la labranza. El arqueólogo señala que utilizaban tanto marcadores naturales -cerros y montañas- como artificiales -pirámides y estelas- para indicar "el momento preciso en que el sol entraba en el equinoccio".
El análisis histórico revela que estos rituales y festividades eran el mecanismo para comunicar a las grandes masas campesinas que el ciclo de trabajo debía comenzar. La arqueología actual estudia estos eventos para documentar la historia de la ciencia en México, diferenciando claramente entre la importancia que estos hechos tenían para las culturas extintas y la realidad científica actual.
La visita al Cerro del Culiacán el 22 de marzo busca precisamente eso: observar el paisaje con los ojos del historiador para comprender cómo el ser humano, en ausencia de herramientas modernas, logró dominar el tiempo y el espacio a través de la observación metódica de la naturaleza. #MetroNewsMx #GuanajuatoDesconocido


