La familia, lugar donde Dios cuida la vida: Padre Jesús Palacios

Guanajuato Desconocido
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Eugenio Amézquita Velasco

-La familia no es una estructura perfecta o teórica, sino un taller cotidiano donde se aprende a amar en medio de la fragilidad.
-El abandono de los adultos mayores bajo el pretexto de la independencia personal revela una crisis de valores y gratitud social.
-La fortaleza de una sociedad se mide por su capacidad de proteger la vida, especialmente la de los no nacidos y los ancianos.
-San José y María representan a las familias migrantes que hoy huyen de la violencia, la inseguridad y la pobreza en el mundo.
-El amor verdadero se prueba en la dificultad; una sociedad que huye del sacrificio familiar está condenada a la desintegración.
-La fe debe traducirse en acciones concretas de perdón y respeto mutuo, evitando que la corrección se convierta en una ofensa.

La reciente alocución del Padre Jesús Palacios Torres en la Festividad de la Sagrada Familia de Nazaret, trasciende el ámbito litúrgico para posicionarse como una crítica social profunda sobre el estado de la célula básica de la sociedad. Al definir a la familia no como una entidad teórica o idealizada, sino como un taller de realidades crudas, la homilía pone el dedo en la llaga de una modernidad que parece haber priorizado la realización individual por encima de la responsabilidad vinculante.



El análisis destaca una contradicción dolorosa en la estructura social actual: el descarte de los adultos mayores. El orador utiliza una metáfora potente al comparar el aislamiento de los ancianos en los hogares con un corralón o bodega de objetos olvidados. 

Este fenómeno no es solo una falta de caridad cristiana, sino un síntoma de una sociedad que, al perder el respeto por su memoria y su origen, debilita sus propios cimientos. La fortaleza de una nación, se infiere del texto, es proporcional al cuidado que brinda a sus miembros más vulnerables, desde el no nacido hasta el anciano en su lecho de muerte.

Asimismo, la nota resalta la figura de la Sagrada Familia de Nazaret como un arquetipo de la familia migrante y perseguida. Al despojar a la figura de José, María y Jesús de la estética de los palacios y situarlos en la precariedad del desplazamiento forzado por la violencia, la homilía conecta directamente con la crisis de inseguridad, extorsión y pobreza que asuela a las comunidades actuales. 

La familia cristiana se presenta entonces no como un refugio de perfección inexistente, sino como un espacio de resistencia donde se aprende a amar en la dificultad.

La transcripción de la homilía completa del Padre José de Jesús Palacios

Padre José de Jesús Palacios Torres:
Lectura del santo Evangelio según San Mateo. 

Asistentes:
Gloria a ti, Señor. Después de que los magos partieron de Belén, el ángel del Señor se le apareció en sueños a José y le dijo: Levántate, toma al niño y a su madre y huye a Egipto; quédate allá hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo. José se levantó y esa misma noche tomó al niño y a su madre y partió para Egipto, donde permaneció hasta la muerte de Herodes. Así se cumplió lo que dijo el Señor por medio del profeta: De Egipto llamé a mi hijo. Después de muerto Herodes, el ángel del Señor se le apareció en sueños a José y le dijo: Levántate, toma al niño y a su madre y regresa a la tierra de Israel, porque ya murieron los que intentaban quitarle la vida al niño.

Se levantó José, tomó al niño y a su madre y regresó a tierra de Israel. Pero habiendo oído decir que Arquelao reinaba en Judea en lugar de su padre Herodes, tuvo miedo de ir allá; y, advertido en sueños, se retiró a Galilea y se fue a vivir en una población llamada Nazaret. Así se cumplió lo que habían dicho los profetas: se llamará Nazareno. Palabra del Señor. 

Asistentes:
Gloria a ti, Señor Jesús. 

Padre José de Jesús Palacios Torres:
Pueden sentarse. Como ya decíamos al inicio, hoy celebramos la fiesta de la Sagrada Familia y hay que contemplar a la familia como el lugar donde Dios cuida la vida. Los textos que hemos escuchado el día de hoy nos orientan precisamente a esta frase. Si pudiéramos pensar en un eslogan, podríamos decirlo así: la familia, lugar donde Dios cuida la vida.

Queridos hermanos, hoy la palabra de Dios nos habla de la familia, de cómo es la familia no desde la teoría, sino desde la vida real. Los textos que acabamos de escuchar nos muestran que la familia es un don de Dios, pero también es tarea y responsabilidad de todos. Por eso escuchamos responsabilidades de los papás para con los hijos, de los hijos para con los padres, del esposo para con la esposa y de la esposa para con el esposo. La familia entonces sí es un don de Dios, pero también es responsabilidad de todos. Así, en el libro del Eclesiástico se nos recuerda algo fundamental: el Señor honra al padre en los hijos y confirma la autoridad de la madre. Honrar a los padres no es solo obedecer cuando somos pequeños.

Honrar a los padres significa también cuidar, respetar y agradecer, especialmente cuando llegan a la debilidad, la enfermedad o la vejez. Cuántas veces el eslogan mundano de la realización personal, del ejercicio de la profesión o de independizarnos porque ya somos miembros de otra familia, va distanciando a los hijos de sus padres. Dicen que ellos ya tienen su propia familia, su esposa y sus hijos, y que no hay tiempo dado el ejercicio de su trabajo. Mientras tanto, los padres viejitos quedan allá arrumbados en su casa, sepa Dios con cuántas necesidades. En una sociedad que a veces descarta a los ancianos, la palabra de Dios es clara: quien cuida a sus padres construye bendición para su propia vida.

Podríamos decir que una de las fortalezas de la sociedad es justamente la atención a las personas adultas, a los padres en edad avanzada y a las personas mayores. Cuando la sociedad enseña que los adultos mayores deben tener un lugar importante dentro de la estructura social y familiar, será una sociedad fuerte. Cuando la sociedad nos motiva a que las personas en edad avanzada sean asiladas en algún lugar de atención específica, significa que ya son algo descartado para vivir entre nosotros. Es como decir: te vamos a mandar al corralón allá donde están todos los viejitos, al cabo te van a atender mejor que nosotros. Se dicen tantas cosas para deshacerse de esa responsabilidad que toda la sociedad debería atender.

Como dije, una de las fortalezas de una sociedad es el cuidado de sus adultos mayores, pero también lo es el cuidado de la vida en general, especialmente la de los recién nacidos y la de los no nacidos. Cuando una sociedad se vuelca en contra de estas dos columnas, es una sociedad tambaleante que se hunde en realidades sin valores. Es una sociedad que se va desmoronando y en la cual se van fincando intereses lejanos de lo que Dios quiere. La familia entonces es el primer lugar donde aprendemos que el amor verdadero no se abandona cuando cuesta. Hay muchos amores que se prometen hasta el fin, pero cuando surge la dificultad, se alejan. El amor verdadero no se abandona y esto se aprende en la familia.

San Pablo nos dice hoy: revístanse de entrañas de misericordia, bondad, humildad, mansedumbre y paciencia. No está hablando de ideas bonitas, sino de la vida cotidiana en casa. Qué mejor lugar que el hogar para ejercitarnos en estas virtudes; aprender a ser misericordiosos, bondadosos y pacientes entre hermanos. Son virtudes que se deben practicar entre esposos, de padres a hijos y de hijos a padres para hacernos cada vez más fuertes. San Pablo no habla al aire, nos está motivando a llevar una vida fortalecida y con Cristo al centro. Hay que ser misericordiosos cuando hay errores y paciencia cuando hay cansancio; saber perdonar cuando hay heridas, a veces involuntarias, y mantener el amor que sostiene la unidad.

San Pablo baja la fe a lo concreto, recordándonos que no es solo un pensamiento. Nos dice: esposos, ámense y respétense; hijos, obedezcan; padres, no humillen ni desanimen a los hijos. A veces, en el afán de corregir, es más la ofensa que la corrección. La familia cristiana no es perfecta; pensar que casarse por la iglesia elimina los problemas es falso, a lo mejor serán incluso más. Pero hay que subrayar que la familia cristiana es un taller donde se aprende a amar como Cristo ama. Es como un taller de carpintería donde todos los días se aprende, todos los días se desgasta la herramienta y todos los días se construye algo nuevo. Es un espacio de formación continua para aprender a amar al prójimo.

Por otra parte, el evangelio nos muestra a la Sagrada Familia en una situación complicada y en peligro. Al igual que muchas familias de hoy que viven situaciones difíciles y deben salir de su cultura o ciudad para refugiarse en otros lugares, la Sagrada Familia fue perseguida. Jesús, siendo niño, tuvo que huir, y María y José se convirtieron en migrantes empujados por la violencia y el miedo. Esto nos dice algo fuerte para nuestro tiempo: Dios quiso vivir la fragilidad de las familias que huyen, que luchan por sobrevivir, que viven en inseguridad, miedo o pobreza. Dios no escogió a la familia perfecta ni quiso que su hijo naciera en un palacio, sino que abrazó la realidad humana más vulnerable.

José aparece como un hombre silencioso pero valiente; escucha a Dios, se levanta de noche y protege la vida. Él es imagen de tantos padres y madres que, sin hacer ruido, sostienen a sus familias con sacrificio y fe. La palabra de Dios nos invita hoy a mirar nuestras propias familias para preguntarnos si hay respeto entre nosotros y si sabemos perdonar. Preguntémonos también si sabemos cuidar a los más frágiles, como los abuelos o bisabuelos. Cuidar no es solo acercar los alimentos; a veces al viejito lo tienen en el último rincón de la casa para que no dé mala imagen, mientras las visitas pasan por la sala elegante. Eso no es lo que Dios quiere, pues la dignidad humana no tiene rincones.

Finalmente, preguntémonos si Dios está presente en nuestras decisiones esenciales o si son decisiones meramente humanas. La Sagrada Familia nos enseña que Dios no nos quita los problemas, pero camina con nosotros en medio de ellos. En esta Eucaristía, es bueno tener en cuenta a tantas familias heridas por la violencia, la persecución, la extorsión o la pobreza. 

También debemos orar por los matrimonios en dificultad que ven amenazado su sacramento y por los hijos que se han alejado o desentendido de sus padres. Es un día para recordar que las personas mayores no necesitan solo cosas materiales, sino a alguien que les sostenga la mano y escuche sus palabras con amor y paciencia.

Que nuestras casas sean hogares donde se cuide la vida y escuelas de perdón donde se escuche la palabra de Dios. Como dije al principio, que nuestra familia sea el lugar donde Dios cuida la vida a través de cada uno de los instrumentos que él ha elegido: padres, hermanos e hijos. Convirtamos cada hogar en un espacio donde Dios habita, donde se protege la existencia y donde se encuentra la salvación. 

Que la paz de Cristo reine en sus corazones y que la protección de la Sagrada Familia de Nazaret acompañe siempre sus pasos, transformando cada dificultad en una oportunidad para crecer en la fe y en el amor compartido. Que así sea por siempre en el nombre del Señor. #MetroNewsMx #GuanajuatoDesconocido

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